el pueblo
llano sabe que habrá guerra”
Bertolt
Brecht
Afganistán está lleno de
sorpresas. ¿Y qué sorpresa más grande que el vertiginoso avance de la Alianza
del Norte en los últimos siete días? En menos de una semana las fuerzas talibán
han abandonado la mayor parte del norte del país, incluidas ciudades clave como
Mazar-e-Sharif, Herat, Kunduz, Taloqan, Maniyan, Jalalabad y la capital Kabul.
La pregunta es: ¿Cómo una fuerza que hace sólo dos meses controlaba la mayor
parte de Afganistán ha abandonado el campo de batalla tan rápidamente? ¿Ha
terminado la batalla?
En
realidad el rápido avance de la Alianza del Norte no es una sorpresa. En
Afganistán este tipo de avances son la norma, igual de rápido que cuando los
talibán ocuparon el país en 1994 y 1995. Una década antes la invasión rusa de
Afganistán sólo tardó unas cuantas semanas. Una de las causas de este fenómeno
es la pequeña densidad de población. Lo accidentado del terreno significa que
la mayor parte del territorio está deshabitado. Los ejércitos normalmente son
pequeños y móviles. Por eso la ruptura de las líneas del frente con frecuencia
termina en una rápida retirada.
La
cuestión nacional también juega un papel importante. Las tropas talibán en el
norte de Afganistán son principalmente phastun (junto a voluntarios de Pakistán
y Arabia Saudí) y luchan entre una población formada por otros grupos étnicos:
tayikos, uzbecos, hazaras, que fueron violentamente oprimidos por los talibán y
por lo tanto son hostiles a ellos. Por esta razón la Alianza del Norte
consiguió progresar rápidamente en esta región y era más difícil para los
talibán mantenerse una vez había desaparecido el temor.
Otra
característica de las guerras en Afganistán es la tendencia de los comandantes
a pasarse al enemigo. Esto es común entre los grupos afganos. Lo mismo ha
ocurrido con los talibán que capturaron Mazar-e-Sharif en 1997. Las facciones
comprometidas en la Alianza del Norte han luchado entre ellas con la misma
frecuencia que lo han hecho contra los talibán. Tan pronto como éstos se
retiraron del norte de Afganistán, los grupos que les apoyaron durante la
ocupación rápidamente se unieron a la Alianza del Norte.
También es
importante lo siguiente: los rusos ocuparon no sólo Kabul, sino todo el país,
muy rápidamente (desde su punto de vista) y apenas sin provocar daños. Pero los
problemas comenzaron después, cuando se encontraron frente una intratable
guerra de guerrillas. Lo mismo ocurrió en 1992 cuando los muyaidines
(básicamente los mismos que hoy forman la Alianza del Norte) ocuparon Kabul con
una velocidad sorprendente, y fueron expulsados a los tres años. Por último,
los propios talibán también avanzaron rápidamente y dominaron el noventa por
ciento de Afganistán, hasta que todo se volvió en su contrario.
Desde su
escondrijo el mulá Omar dice que la pérdida de Kabul y otras ciudades “carece
de importancia” y que están preparando la contraofensiva. ¿Es esto cierto? ¿O
es fruto de una mente enajenada? Los medios de comunicación occidentales
proclaman la victoria y la derrota de los talibán. Pero si se lee entre líneas
los discursos de los líderes occidentales, debajo del triunfalismo público se
esconde una nota de preocupación.
¿Retirada
o derrota?
Tony Blair ¾el propagandista más consumado e incansable de la causa del
imperialismo estadounidense¾ no ha
dudado en caracterizar los recientes acontecimientos como una “derrota” de los
talibán. Rechazó indignado cualquier sugerencia de que se tratase de una
retirada estratégica. Sin embargo, como es habitual, el primer ministro
británico es “más papista que el Papa”. Las posteriores declaraciones de
portavoces estadounidenses son completamente diferentes y admiten que el
abandono de Kabul, sin presentar resistencia, por parte de los talibán puede
obedecer a una retirada estratégica. Lo mismo dicen estrategas serios del
Capital que, a diferencia de Tony Blair, comprenden los peligros que pueden
aparecer cuando uno se empieza a creer su propia propaganda.
En un
informe de Stratfor publicado el 13 de noviembre y titulado: “La retirada
talibán fue una estrategia y no una derrota” se dice lo siguiente:
“Sobre la superficie parece una
ofensiva relámpago de la Alianza del Norte ¾apoyada
por el bombardeo de EEUU¾ y que ha
terminado con el ejército talibán en cuestión de días. Pero ¿han derrotado a
los talibán? Un examen de la retirada talibán sugiere que el grupo ha entregado
intencionadamente el territorio para adoptar tácticas más adecuadas a sus
fuerzas. Si EEUU y sus aliados malinterpretan la retirada talibán como una
derrota, rápidamente se podrían encontrar encerrados en una guerra de
guerrillas en Afganistán. Lo peor es que la guerra puede extenderse más allá de
las fronteras de Afganistán, los talibán y las fuerzas de Al Qaeda buscan
asegurar sus líneas de suministro además de capitalizar sus fuerzas y la
debilidad de sus contrincantes”.
La
característica más importante de la retirada de los talibán es que se ha
producido sin lucha. Ni el bombardeo estadounidense ni la ofensiva de la
Alianza del Norte explican este hecho. Los talibán tienen un curtido ejército
formado por muchos veteranos de la guerra contra la Unión Soviética. Los
propios estadounidenses han tenido que admitir que las fuerzas talibán eran
tropas de combate duras y que estaban presentando una dura y sorprendente
resistencia. Por lo tanto, es inexplicable porque se han ido sin luchar.
Varios
observadores occidentales han señalado que las fuerzas talibán se retiraron de
Kabul en orden aprovechando la oscuridad para evitar ser bombardeadas. El
objetivo era claramente evitar la batalla y preservar intactas sus fuerzas.
Stratfor, por ejemplo, señala que: “En la mayoría de los casos, la retirada
de los talibán fue premeditada y ordenada (..) La lucha que ocurrió en la
retaguardia a menudo estaba protagonizada por tropas extranjeras”.
“En contra de las
apariencias, la retirada de las tropas talibán fue intencionada y ordenada”, concluye
Stratfor. “No fueron derrotados. Se han ido pero su núcleo ideológico y
étnico está intacto, además cuentan con la mayoría de sus armas y equipamiento.
También han regresado a un territorio familiar y reforzado con el grueso de los
voluntarios árabes afganos de Osama Bin Laden. Los talibán están preparados
para adoptar una estrategia más adecuada a sus fuerzas tácticas y recursos”.
Los
estadounidenses no dieron la bienvenida a la ocupación de Kabul por parte de la
Alianza del Norte, pero no les quedó otra alternativa que aceptarlo y apoyarlo
públicamente. Bush no podía hacer otra cosa. Después de un mes de bombardeos
que no han conseguido ningún resultado serio, este era el mayor avance desde
que EEUU lanzó su campaña, en realidad es el único avance. El presidente Bush
declaró que sus rápidos avances son “un gran paso” hacia el objetivo de
capturar a los terroristas de Al Qaeda y presentarlos ante la justicia. Pero
detrás de bambalinas ya está maniobrando contra sus “aliados”.
Qué
Washington no controla la situación se puede ver en la conducta de la Alianza
del Norte. Cuando las tropas de la Alianza entraron en Kabul está claro que
ignoraron la petición que hizo el sábado Bush ¾en
presencia de Pervez Musharraf¾ para que
no entraran en la capital. El lunes por la noche la Alianza del Norte aún
prometía que sus fuerzas permanecerían en las afueras de Kabul. Pero el martes
sus tropas entraron al amanecer en Kabul y el presidente George W. Bush tuvo
que dar la bienvenida públicamente a las “maravillosa y alegres” escenas de las
ciudades liberadas de Afganistán. Pero en privado, está furiosos porque los
rebeldes han hecho caso omiso a su petición.
Este
desafío a las instrucciones del presidente estadounidense fue un aviso a
occidente de que la Alianza del Norte no está dispuesta a ser un títere de
EEUU. Esto va a tener consecuencias en el futuro. La Alianza del Norte dijo que
no le quedó otra opción que entrar en Kabul. Muchas de sus tropas el martes
todavía estaban fuera de la ciudad. Pero el rápido avance de la Alianza,
después de la captura de Mazar-e-Sharif, no sólo ha cambiado el equilibrio
militar, también ha reescrito la ecuación diplomática en Afganistán. Todo está
preparado par un futuro conflicto entre EEUU y la Alianza del Norte.
Bajo la
capa de amistad y solidaridad, las declaraciones públicas de los líderes de la
Alianza demuestra una actitud desafiante hacia Washington. Los éxitos militares
de las fuerzas de la Alianza del Norte han dado confianza a sus soldados y
comandantes por eso ahora pretenden hacerse cargo de la dirección política del
país. Como decía un veterano comandante, Ras Mohammed Urya: “No necesitamos
la ayuda de EEUU para tomar Taloqan (...) No necesitamos la ayuda de EEUU para
tomar Konduz. Después ya lo pensaremos”. La luz roja se ha encendido para
los estadounidenses en Kabul. Por eso los estadounidenses y británicos están pidiendo
a las Naciones Unidas que intervengan, supuestamente por razones
“humanitarias”.
No es
casualidad que los defensores más entusiastas de la intervención de la ONU sean
los dirigentes pakistaníes. Pervez Musharraf, el presidente de Pakistán, dijo
el martes pasado que Kabul debía ser rápidamente desmilitarizada y que los
“cascos azules” de la ONU deben desplegarse rápidamente para evitar un baño de
sangre. “Los acontecimientos en Afganistán se suceden muy rápidamente,
necesitamos movernos más rápido que los acontecimientos... Cuánto más dure este
vacío, mayor el peligro de choques étnicos”.
Todo es pura hipocresía. Al
gobierno de Islamabad no le importan los derechos humanos y los baños de sangre
en Afganistán, con tal de que sean sus aliados ¾los talibán¾ los que perpetren las masacres. Pero ahora que sus amigos
están cerca de su fin, exigen que las Naciones Unidas intervengan para
salvarles. El problema para la camarilla dominante pakistaní no es que haya un
vacío de poder en Kabul, sino que el vacío lo llenen sus enemigos mortales, la
Alianza del Norte. Esto no conviene ni a Washington ni a Islamabad, pero va a
ocurrir de cualquier forma.
Continuando
con la farsa diplomática, los líderes de la Alianza del Norte invitaron a las
Naciones Unidas a visitar Kabul y mantener la paz. Abdulá Abdulá, el ministro
de exteriores de la Alianza, también invitó a “todos los grupos afganos” ¾excepto los talibán¾ a viajar
a Kabul para hablar sobre un futuro gobierno de Afganistán. Lakhdar Brahimi, el
enviado especial de la ONU en Afganistán, perfiló los planes para dos años de
gobierno transicional, apoyado por una fuerza de seguridad multinacional. Al
hablar ante el consejo de seguridad de la ONU, Brahimi dijo que esperaba tener
una reunión entre los líderes étnicos y la Alianza del Norte “tan pronto como
humanamente sea posible”.
Tony Blair
inmediatamente urgió a la ONU a que se moviera rápidamente para llenar el vacío
político en Afganistán. Por eso envió urgentemente a 4.000 soldados británicos
según parece por razones humanitarias: mantener el orden en Kabul y ayudar a
las Naciones Unidas y agencias humanitarias.
Las unidades incluyen tres
comandos y la brigada 16 de asalto, incluido el 2º batallón, el regimiento de
paracaidistas y el 45 comando de marines, apoyados por el transporte aéreo de
la RAF, con helicópteros, ingenieros, equipos logísticos y expertos en
explosivos. Nada esto ¾dicen¾ va a ser utilizado en operaciones ofensivas con los talibán
ni la red de Bin Laden. Un pequeño número de fuerzas especiales británicas
están ya sobre el terreno ayudando a los estadounidenses.
Hay que
decir que estos regimientos, como los paracaidistas y los marines, son tropas
de combate de primera línea, cuyo principal objetivo no es cargar mantas y
sacos de harina. Está tan diáfano como el cristal que el despliegue urgente de
estas tropas en Kabul no está relacionado con las intenciones humanitarias,
tienen un objetivo más serio. Nos dicen que van a “mantener el orden” en la
capital, pero ¿no está la Alianza del Norte en Kabul? ¿No se supone que son
aliados? ¿No están ellos manteniendo el orden en la capital?
Para
preparar a la opinión pública en Occidente para la etapa próxima, en la prensa
se publican informes (la mayoría basados en rumores) sobre las supuestas
atrocidades de la Alianza del Norte. Es cierto que han asesinado a algunos
prisioneros talibán, sobre todo árabes y pakistaníes. Washington ha pedido a la
Alianza del Norte que se frene. Pero las exhortaciones morales de los líderes
extranjeros tendrán poco efecto en Afganistán. Como señala el Financial
Times: “No está claro que la coalición pueda físicamente evitar nuevas
atrocidades, especialmente debido a su escasa presencia en el terreno y su
reticencia a desplegar tropas pacificadoras de la ONU”.
A pesar de
las lamentables predicciones de los medios de comunicación occidentales, la
escala de estos asesinatos es menor que en las ocasiones anteriores, y nada en
comparación con las masacres perpetradas por los talibán en los territorios
ocupados del norte. No se han confirmado los informes de alteraciones del orden
público en Kabul. Todo lo contrario, la mayoría de los habitantes de Kabul
están felices al ver irse a los talibán y han dado la bienvenida a la Alianza
del Norte.
Por lo
tanto, ¿para qué enviar 4.000 soldados de combate británicos a Kabul? La
respuesta es evidente. El ejército británico va a Kabul, no por razones
humanitarias, no para mantener el orden, sino para desafiar la hegemonía de la
Alianza del Norte y evitar que se instale en el poder. Una vez más, la clase
dominante británica está haciendo el trabajo sucio a los estadounidenses.
“¿Un
gobierno de amplia base?”
El Financial
Times avisaba el 14 de noviembre: “Los diplomáticos también están
irritados por que la tarea de reconstruir Afganistán puede tener una dificultad
inconmensurable y el país de nuevo puede caer en la anarquía”. Mientras los
diplomáticos del Departamento de Estado se irritaban, los generales del
Pentágono ¾el presidente Truman dijo
de ellos que no eran capaces de marchar y mascar chicle al mismo tiempo¾ lo celebraban, creían que la caída de Kabul les liberaría
de la penosa necesidad de luchar en tierra. Sin embargo, el regocijo del
Pentágono es prematuro.
El cambio
rápido de la situación militar ha frustrado los intentos de los estadounidenses
de imponer una solución política en Afganistán que les favorezca. Como siempre,
las cuestión decisiva son las armas. Con la retirada de los talibán, la única
fuerza armada en Kabul es la Alianza del Norte. La única forma de controlar a
la Alianza del Norte y evitar que tomen el poder, es contraponiendo el poder
militar de Gran Bretaña y EEUU. Y la única forma de hacer esto es desplegar
tropas británicas y estadounidenses en el terreno tan rápido como sea posible.
Sin
embargo, como hemos visto, esta es una opción muy arriesgada. Se trata de
enviar tropas en un entorno muy explosivo y que no controlan. Las facciones en
lucha no han declarado el alto el fuego. Esta es una situación peligrosa para
desplegar tropas de la ONU. ¿Qué países están dispuestos a enviar tropas en una
misión tan arriesgada? Sólo EEUU y sus títeres extranjeros: Gran Bretaña y
Turquía. No se trataría de una fuerza de la ONU, sino una fuerza estadounidense
bajo la fachada de la ONU.
Los
estadounidenses hablan de un gobierno de unidad nacional de amplia base, pero
esto es poco realista en la situación actual. Los que pueden decidir el destino
del país son los hombres que tienen las armas y no los políticos sentados en
Washington y Peshawar. La Alianza del Norte ¾al menos
por el momento¾ se ha convertido en el
árbitro de Afganistán. Pero su limitada base creará nuevos problemas. Los
diplomáticos están ya avisando de una partición de ipso de Afganistán en
líneas étnicas.
Todo el
mundo está de acuerdo en que necesario un gobierno de unidad nacional de amplia
base. El problema es “cuánto de amplia” y ¿quién detentará el poder real?
Pakistán y los líderes phastun ¾Pyer Syed,
Ahmed Gaillani (líder del Frente Islámico Nacional de Afganistán)¾ convocaron el mes pasado una reunión de líderes tribales
afganos para lanzar un nuevo proceso de paz, también han dicho que ninguna
facción debería dominar: Gaillani señaló que: “La captura de una región por la
fuerza no trajo en el pasado la paz a Afganistán. Si no hay una fórmula política
apropiada, el problema no se resolverá”. Kabul debe volver a ser una ciudad
bajo la ONU y la Conferencia de Organizaciones Islámicas con “un gobierno que
represente a todas las facciones”. Y así sucesivamente. Muy bonito en teoría.
Nosotros ya dijimos que da igual quien gobierne, la Alianza del Norte insistirá
en controlar dos ministerios: defensa e interior, el ejército y la policía.
Como hace tiempo explicó Lenin, el estado está formado por cuerpos de hombres
armados, el resto no importa mucho.
Antes de
capturar Kabul, la Alianza del Norte parecía haber llegado a un acuerdo con
Mohammed Zahir Shah, el antiguo rey. Pero el martes los seguidores del rey
expresaron su desánimo porque la alianza había roto el acuerdo y había entrado
en la capital.
La cuestión
más controvertida es si incluiría a líderes talibán “moderados” en un futuro
gobierno. Pakistán, alarmado por los éxitos militares de la Alianza del Norte,
insiste en que se incluya a elementos “moderados”. ¡Naturalmente! Islamabad
quiere mantener a sus amigos en el poder. Pero después de tomar Kabul por la
fuerza de las armas y haber librado una guerra sangrienta con los talibán y sus
patrocinadores pakistaníes durante años, la Alianza del Norte no está de
acuerdo en esta cuestión.
La demanda
de incluir algunos líderes talibán en el nuevo gobierno puede que sea popular
en Islamabad, pero nada más. Moscú, uno de los principales colaboradores de la
Alianza del Norte, el martes reafirmó su posición de que los talibán deben ser
excluidos de un nuevo gobierno afgano. Los diplomáticos rusos han señalado que
Afganistán debe ser des-talibanizado igual que Alemania fue des-nazificada.
Esto es natural. Pakistán quiere colocar a sus títeres y Rusia igual.
Desgraciadamente, ambas opciones no son posibles.
Todo está
preparado para una serie de escisiones y las potencias extranjeras (que hay
varias) respaldarán a su facción particular en Kabul. De esta forma, incluso si
se formara un gobierno de “unidad nacional” no tardaría mucho en convertirse en
un gobierno de des-unidad nacional. Una vez más, los asuntos no se resolverán
en los corredores del parlamento, sino en las calles y las montañas.
Como
Pakistán y Rusia, Irán también es parte interesada en Afganistán. En realidad
es el principal colaborador de la Alianza del Norte. Apoyará a los hazaras y
otros elementos chiítas en la población. Esto agravará aún más los problemas de
la sociedad afgana. El periódico liberal Hayat-e-Nou ha avisado que la
Alianza del Norte podría comenzar a fragmentarse después de la captura de Kabul. Esto es correcto. La
Alianza es probable que no se mantenga unida. Es un bloque inestable de fuerzas
dispares que pueden romper en cualquier momento, y hundir al país en un caos
sangriento. Esto es lo que temen las potencias occidentales.
La Alianza
Nacional ya ha expresado su poca disposición a aceptar tropas extranjeras en
sus bases. No quieren ver Kabul ocupada por extranjeros. Lejos de controlar la
situación los imperialistas no tienen un pie firme en Afganistán. El terreno es
traicionero y cambiante. En estas arenas movedizas es muy fácil hundirse. Y
mientras, los talibán no han desaparecido en el aire.
La rapidez
del colapso de la defensa talibán, y la facilidad con que la Alianza ha entrado
en Kabul, ha llevado a muchos a pensar que la guerra se ha terminado y que los
talibán han desaparecido. Esta es una mala interpretación seria de la
situación. Tony Blair rápidamente insistió en que la “campaña militar
continuará”. Donald Rumsfeld, secretario de defensa de EEUU, también avisó el
martes que la guerra contra el terrorismo “continuaba”. Señaló que las fuerzas
especiales estadounidenses ahora estaban colaborando con los comandantes
rebeldes del sur de Afganistán, buscando a los líderes del régimen talibán y Al
Qaeda.
En un
artículo titulado: “Un avance peligroso” el Financial Times
(13/11/01) avisaba que la guerra con
los talibán no había terminado:
“A
pesar del aparente colapso en el norte, los talibán todavía son una fuerza
formidable durante un tiempo. Un oficial talibán dijo a la televisión Al Jazira
que su retirada de Kabul era parte de una estrategia deliberada. En lugar de
exponerse al bombardeo estadounidenses quedándose en posiciones fijas, los
luchadores talibán han huido a las colinas y continuarán con una guerra de
guerrillas al estilo muyaidin.
El rápido
cambio de la situación militar ha dejado a la ONU con los pies planos buscando
una solución política aceptable para todos los grupos étnicos de Afganistán y
las seis potencias vecinas”.
Estos avisos no son un accidente.
Después de recuperarse de la conmoción inicial los dirigentes occidentales se
han dado cuenta de que la guerra todavía no se ha ganado. Los principales
objetivos de la guerra de EEUU no se han conseguido. Bin Laden todavía está en
libertad. La organización Al Qaeda pesar de las pérdidas que sin duda ha
sufrido, todavía está intacta. Ni tampoco han destruido a los talibán. Todo lo
contrario.
Es verdad
que la caída de Kabul presenta potencialmente para los estadounidenses un contexto
logístico más favorable para su operación militar. Ha facilitado el apoyo
logístico y suministros para la campaña militar. Sin embargo, el problema
esencial sigue: para cumplir su objetivo EEUU y sus aliados deben enviar tropas
a las zonas phastun. Esto no se puede conseguir sin problemas. El enemigo ha
desaparecido de las ciudades pero no han acabado con él. Los talibán se han
retirado de las ciudades pero se reagruparán en las montañas y pueblos del
corazón phastun.
El rápido
colapso de las fuerzas talibán en el norte, en parte, es porque se trataba de
un ejército mayoritariamente phastun que luchaba en un ambiente hostil. El
norte está ocupado principalmente por minorías nacionales: tayikos, uzbecos y
hazaras. La Alianza del Norte fue capaz de capturar vastos territorios y fueron
recibidos como libertadores por estas nacionalidades que fueron salvajemente
reprimidas por los ocupantes phastun. La mayor debilidad de los talibán en
estas zonas es la razón por la que se han comportado con esta ferocidad
inhumana en Mazar-e-Sharif y Bamiyan. Los hazaras han sufrido particularmente
las atrocidades y el genocidio étnico y cultural.
Sin
embargo, el cuadro está cambiando. Después de la captura de Kabul, la Alianza
del Norte ha entrado en las regiones phastun, donde la actitud de la población
será diferente. La población de Kabul está mezclada. Muchos de los que salieron
a la calle a dar la bienvenida de la Alianza del Norte eran miembros de las
minorías nacionales. Pero en las tierras phastun del sur, la población verá a
la Alianza del Norte como los invasores extranjeros.
A pesar de
las autofelicitaciones públicas, los estadounidenses todavía se encuentran en
la oscuridad buscando una salida. Pero no encuentran ninguna. Una vez más, vemos
cómo los estadounidenses no han pensado en nada. Imaginaban que una vez
expulsados a los talibán de Kabul el problema quedaría resuelto. Pero este no
es el caso. La caída de Kabul se ha producido de una forma que no gusta a los
estadounidenses.
La talibán
pueden que hayan perdido la guerra pero no la potencia de hacer la guerra.
Utilizarán la guerra de guerrillas en las montañas. Lo hicieron antes y lo
harán de nuevo. Las tropas británicas y estadounidenses tendrán que entrar en
las zonas phastun para buscar y destruir misiones y allí serán el objetivo de
las guerrillas. Las bajas serán inevitables. En determinado momento tendrá un
efecto en la opinión pública de Gran Bretaña y EEUU.
Los
estadounidenses esperaban hacer todo rápidamente. Pero todo está resultado más
complicado y difícil, y la perspectiva de final se ha pospuesto
indefinidamente. Tendrán que mantener tropas no sólo en Afganistán, también en
Pakistán y en otros países de la zona para garantizar su estabilidad. No podrán
salir, y tampoco podrán salir los británicos una vez entren.
En
retrospectiva, la caída de Kabul será vista como un episodio más en la crisis
larga y sangrienta en Afganistán. Entre los estalinistas y los imperialistas
han reducido este desdichado país a cenizas. Ahora el caos amenaza con
extenderse a los países vecinos. Pakistán está preocupado porque la guerra se
pueda extender a las zonas phastun y que afecte al resto de Pakistán. Musharraf
está en una situación nada confortable. No tiene apoyo en un sector importante
de la sociedad pakistaní. En realidad, sólo tiene el apoyo de EEUU que está
obligado a apoyar debido a la ausencia de cualquier alternativa viable y el
temor a algo peor.
Washington
tendrá que sostener la bancarrota e inestabilidad del régimen en Pakistán, y en
otros estados “amigos” de la región, que se están desestabilizando. Si el
objetivo de este ejercicio era combatir el terrorismo, habrán conseguido lo
contrario. Antes de estos acontecimientos, los imperialistas podían mantenerse
a una distancia segura de las convulsiones y guerras de esta parte del mundo,
pero ahora están completamente implicados. Por sus acciones desde el 11 de
septiembre, EEUU y Gran Bretaña ahora se han medito en un lodazal, del cual les
va a ser difícil salir.