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La amenaza del fundamentalismo islámico y la hipocresía del imperialismo

 

Lal Khan

(Pakistán, octubre de 2000)

 

Vivimos tiempos turbulentos. La época actual está caracterizada, por un lado, por los impresionantes avances científicos y tecnológicos, y por otro lado, por las condiciones de extrema regresión socioeconómica y miseria. Esta situación provoca un desarrollo socioeconómico mundial completamente desigual y convulsiones sin precedentes que ahora están estallando por todo el planeta.

Después de la Guerra Fría uno de los fenómenos más significativos ha sido el surgimiento del fundamentalismo islámico. Hay varias formas de fundamentalismo vinculadas al despertar de varias religiones, entre todas ellas, el fundamentalismo islámico es el más destacado y extendido. En zonas importantes de Asia y África se ha convertido en un punto focal de la actividad política, en un mundo unipolar que escapa al control de la “única superpotencia” (el imperialismo estadounidense).

Desde Egipto a Argelia se ha convertido en una amenaza para el orden social existente. En el cenagal sociopolítico de Oriente Próximo se está convirtiendo en un factor dominante. En Indonesia, Filipinas, Malasia y otros países “islámicos” del lejano oriente ha comenzado a imponerse, en medio de un contexto de decadencia social. Ha aparecido también en el subcontinente indio, en los conflictos étnicos y nacionales crónicos que maltratan esta desafortunada tierra. Su resurgimiento en Asia Central ha provocado nerviosismo entre los regímenes de Moscú y Pekín. En Irán, Arabia Saudí y Afganistán gobiernan versiones diferentes del mismo fenómeno y Pakistán se encuentra al borde de la barbarie fundamentalista.

¿Qué es el fundamentalismo islámico? ¿Cuál es su objetivo? El fundamentalismo no es un fenómeno nuevo aunque en los últimos tiempos ha adquirido un carácter virulento. El fundamentalismo moderno es la culminación reaccionaria de las tendencias que en la época moderna, caracterizada por la política y la economía mundiales, intentan recuperar el islamismo. Después del Renacimiento europeo y la caída, a finales del siglo XV,  de los ochocientos años de dominio musulmán en España, la mayoría del mundo musulmán comenzó un prolongado período de declive. Debido a distintos factores socio-históricos, el movimiento islámico contra la sociedad esclavista comenzó a estancarse. Los avances conseguidos por la ciencia y la tecnología —como la invención del álgebra—, empezaron a perder ímpetu y al final se frenaron.

El resurgente imperialismo occidental colonizó la mayoría del mundo musulmán. La revolución industrial en Europa creó las bases militares y económicas para esta colonización. Los corrompidos regímenes feudales en estos países islámicos se convirtieron en frenos para el desarrollo social. Hubo varios movimientos basados en la recuperación del islamismo dirigidos contra las monarquías feudales y más tarde contra los colonizadores.

Hubo algunos elementos progresistas, pero al basarse en unas relaciones sociales que correspondían a una época histórica primitiva, estos movimientos no encontraron una salida. Algunos de estos movimientos participaron en el Congreso de Oriente organizado por los bolcheviques en septiembre de 1920 en Bakú (Azerbaiján). Este congreso tuvo un contenido principalmente anti-imperialista y fue organizado para unir e inspirar la lucha, principalmente contra el dominio colonial británico. Con los patrones particulares del desarrollo socioeconómico de estos países bajo el dominio imperialista, este congreso tuvo un gran impacto en la naturaleza del movimiento antiimperialista y en particular, en estos movimientos islámicos. De hecho se escindieron en diferentes líneas ideológicas y metodológicas.

La Revolución Rusa de octubre de 1917 provocó un gran impacto en la lucha antiimperialista de estas sociedades islámicas. Proporcionó una perspectiva nueva y esperanza para la mayoría de los elementos más cultos, incluso dentro de estos movimientos islámicos. Por ejemplo, uno de los principales dirigentes de la escuela Deoband (la facción sunnita), Obaid UllahSindhi, estaba tan impresionado con la revolución bolchevique que a partir de ese momento su principal objetivo fue conocer a Lenin. Viajó a la Unión Soviética con este propósito en 1921. Resulta irónico que los actuales herederos de la misma escuela de pensamiento hoy sean los principales dirigentes del movimiento talibán en Afganistán y otros movimientos similares de otras zonas.

Otro erudito islámico, Maualna Hasrat Mohani, estaba tan impresionado con la revolución bolchevique que giró a la izquierda y se convirtió en el secretario general del Partido Comunista de la India en 1924. Maualna era un poeta y un revolucionario que estuvo en la cárcel y fue torturado por luchar contra el dominio imperialista.

Incluso durante el movimiento de independencia contra el imperialismo, el recién nacido proletariado en estos países, con la ideología de izquierdas, fue quien dominó la lucha. Pero la criminal teoría estalinista de las dos etapas dentro de estos movimientos de liberación nacional provocó que éstos no culminaran en revoluciones sociales. Hubiera sido completamente posible si los dirigentes estalinistas de estos partidos no hubiesen apoyado a la “burguesía nacional”, si los partidos comunistas hubieran mantenido una postura de clase independiente el resultado habría podido ser totalmente diferente.

Los ejemplos de la India, Irán, Irak, Siria, Sudán, Argelia, Indonesia y otros países son demasiado notorios como para ignorarlos. La política de colaboración de clase seguida por los dirigentes estalinistas y su ausencia de confianza en el proletariado, terminaron por abortar estas revoluciones y en algunos casos, como Irán, esta política fue la que llevó a la imposición del fundamentalismo islámico.

En el período de la posguerra el fundamentalismo islámico se convirtió en un fenómeno reaccionario y contrarrevolucionario. Fue utilizado principalmente por el imperialismo estadounidense para aplastar a los movimientos de izquierdas y progresistas de los países musulmanes. La principal corriente del fundamentalismo moderno se basa en el Ikhwan-ul-Muslimeen (hermandad musulmana) procedente de Egipto y otros países de Oriente Próximo, y en el Jamaat-e-Islami originario de Pakistán. El Ikhwan-ul-Muslimeen fue fundado en 1928 por Hasan al Banna (1906-1949) en Egipto. El Jamaat-e-Islami fue una continuación de este proceso, fundado en 1941 en la India británica por Maulana Abdul Ala Moudoodi (1903-1978). Comparados con el sufismo y otras corrientes moderadas de los movimientos islámicos, el Ikhwan-ul-Muslimeen y Jamaat-e-Islami tienen un carácter violento y muchos tintes neofascistas. Esto provocó el surgimiento de una versión más fanática del fundamentalismo islámico.

En los años cincuenta, sesenta y setenta en el mundo musulmán existían corrientes de izquierda bastante importantes. En Siria, Yemen, Somalia, Etiopía y otos países islámicos, se produjeron golpes de estado de izquierdas y el derrocamiento de los regímenes capitalistas-feudales corruptos llevó a la creación del bonapartismo proletario o estados obreros deformados. En los demás países también hubo movimientos de masas importantes encabezados por dirigentes populistas de izquierda. En el clima de la Guerra Fría algunos de estos dirigentes incluso desafiaron al imperialismo occidental y llevaron a cabo nacionalizaciones y reformas radicales. Las burocracias de Moscú y Pekín no estaban de acuerdo con esta clase de actos.

Uno de estos dirigentes fue Jamal Abdul Naser que se convirtió en el presidente de Egipto aupado por una popularidad de masas. Aunque la burocracia en Moscú se negó a que Egipto entrara en el Pacto de Varsovia y que nacionalizara la mayor economía de Oriente Próximo, Naser nacionalizó el Canal de Suez, una medida contraria a los intereses del imperialismo, especialmente de británicos y franceses. Esto culminó con la guerra de Suez en 1956 en la que británicos y franceses sufrieron una humillante derrota.

Hubo acontecimientos similares en otros países musulmanes, lo que provocó conmoción en Washington y otros centros del poder imperialista. A partir de ese momento, una de las piedras angulares de la política exterior estadounidense fue organizar, armar y fomentar el fundamentalismo islámico moderno como un arma reaccionaria contra la insurrección de las masas y las revoluciones sociales. Eligieron a Jamaat-e-Islami y Ikhwan-ul-Muslimeen para esta tarea, principalmente por su carácter fanático, violento y neofascista. Después de la derrota de Suez los imperialistas dieron prioridad a esta política. Gastaron ingentes sumas de dinero en operaciones especiales dirigidas por la CIA y el Pentágono. Suministraron ayuda, estrategia y entrenamiento a estos fanáticos religiosos.

Sin embargo, en estas sociedades los fundamentalitas tienen dificultades para conseguir una base de apoyo, porque una y otra vez surgen corrientes de izquierda. Al final, para su subsistencia y supervivencia, sólo les quedó la alternativa de caer en el regazo del imperialismo. La mayoría de estos estados tienen una naturaleza inestable y reaccionaria. Estos regímenes dependen del imperialismo USA para sofocar las rebeliones de masas a las que se enfrentan. Por eso en varios países el fundamentalismo islámico se ha convertido en un títere de los estados capitalistas-feudales en connivencia con el imperialismo. Hacen labores de espionaje, vandalismo y el asesinato de activistas de izquierda. Saquean los locales de la prensa de izquierdas, acosan a las mujeres, etc., Las pandillas de vigilantes de estos fanáticos islámicos se han convertido en la principal herramienta de la reacción y la contrarrevolución en estos países.

El conflicto más importante ocurrió en Indonesia que contaba con el Partido Comunista más grande fuera del antiguo bloque soviético. De nuevo apareció la teoría absurda y desacreditada históricamente de las “dos etapas”, la dirección del PC abrazó el frente populismo y la colaboración de clases. A pesar de esta política, la CIA no podía tolerar la insurrección revolucionaria en Indonesia. Habría desbaratado todos sus planes en el Pacífico. Habría supuesto un golpe devastador para sus intereses en el mundo. En la contrarrevolución más sangrienta del siglo XX murieron más de un millón de comunistas y sus familias fueron aniquiladas, fue un genocidio organizado y planificado por la CIA. Una vez más, la principal herramienta de esta operación fue el vástago indonesio de este moderno fundamentalismo islámico, el partido Sarakt-e-Islam.

En 1971 durante la guerra civil en Bengala oriental (ahora Bangladesh), los grupos terroristas de la Jamaat-e-Islami, Al-Shamsy Al-Badar, jugaron un papel similar con la ayuda del ejército pakistaní. Asesinaron a cientos de miles de activistas  de izquierda bengalíes, trabajadores, estudiantes, intelectuales y campesinos. Más de cien mil mujeres fueron violadas y quedaron embarazadas. Las víctimas pertenecían sobre todo al JSD y al soviet (consejo obrero) surgido al calor de la lucha revolucionaria.

La mayor operación encubierta de la CIA en la que ha estado implicado el fundamentalismo islámico ha sido en Afganistán. Esta operación comenzó después del derrocamiento del régimen reaccionario de Daud por parte de oficiales radicales del ejército, fue la llamada revolución Saur (primavera) de 1978. Durante esta operación, los imperialistas gastaron más de 32.000 millones de dólares en armas, apoyo logístico y militar. En realidad, la retirada de las tropas soviéticas en 1988-89 y la caída del gobierno de izquierdas de Najibullah en 1992, no fueron obra de la CIA y la Jihad (guerra santa), sino de la política burocrática y las luchas internas dentro del PDPA (Partido Democrático del Pueblo de Afganistán).

Lo que ocurre ahora y ha ocurrido antes en esta tierra trágica es el resultado directo de la intromisión estadounidense y la colaboración de fundamentalista-imperialista. La llamada Jihad afgana no sólo ha destrozado Afganistán, también se ha convertido en una amenaza y una fuente de inestabilidad en todo el sur de Asia. La CIA no sólo dio apoyo militar y logístico, principalmente a la facción Jamaat-e-Islami, también ayudó a desarrollar la producción de heroína y su comercio. Junto con el tráfico de drogas y la gran cantidad de armas pesadas que hay en toda la región, la situación está llena de peligros extremos y catástrofes sin precedentes. En el caso de que estallara una guerra civil también quedarían devastadas otras regiones fuera de las fronteras de Afganistán.

Se ha convertido en parte de la política de la CIA el uso de las drogas y otras formas de crimen para financiar la mayoría de las operaciones contrarrevolucionarias en las que participa. En Nicaragua durante los años setenta, la Contra conseguía con el comercio de cannabis y marihuana el dinero para la compra de armas destinadas a sus operaciones contra el régimen sandinista. Se pueden ver ejemplos similares en todas las guerras de rapiña fomentadas por EEUU en Asia, África y América Latina.

Esta política de drogas en Afganistán ha tenido un impacto desastroso en la juventud de todo el mundo. Hoy el 70% de la heroína procede de la mafia afgano-pakistaní. Los modernos laboratorios en la frontera afgano-pakistaní (donde se transforma el opio en heroína) fueron instalados con la ayuda de la CIA.

Después del colapso de la Unión Soviética y el régimen del PDPA en Afganistán, el imperialismo USA perdió interés en esta región y abandonaron Afganistán a su suerte con el monstruo que habían creado. Paradójicamente, el imperialismo occidental ahora utiliza su Frankestein del fundamentalismo islámico para asustar a los trabajadores y a las masas de los países capitalistas desarrollados. Desde el colapso del estalinismo los medios de comunicación occidentales han lanzado una campaña histérica para aterrorizar a los trabajadores en occidente y someterles a las presiones más atroces bajo un sistema capitalista decadente. Utilizan a Gadafi, Sadán Husein, los mullahs iraníes, los talibanes y Osama Bin Laden, los presentan como monstruos bárbaros que beben sangre y comen niños. Lo hacen con un objetivo concreto, ocultar los crímenes y la brutalidad del régimen saudí y otros similares que son los fieles sirvientes del imperialismo.

En un artículo aparecido en The Independent (Londres, 27/9/00) se admite esta hipocresía cuando comentaba un informe de Amnistía Internacional sobre Arabia Saudí: “Lo que Amnistía no cuenta es la estrecha relación petrolera que existe entre Arabia Saudí y EEUU, Arabia Saudí depende políticamente de las armas estadounidenses en el Golfo y teme a los ‘enemigos terroristas’ de EEUU, y debido a esta estrecha relación, EEUU no presiona nada para que las autoridades cumplan los derechos humanos. Incluso cuando decenas de miles de soldados estadounidenses entraron en el reino después de la invasión de Irak y la ocupación de Kuwait, continuó  la discriminación contra las mujeres”.

En los últimos diez años se han ejecutado en Arabia Saudí ¾oficialmente¾, a 28 mujeres por motivos religiosos, seis de ellas en los últimos 24 meses. Cientos de sirvientas, principalmente filipinas, son violadas, torturadas y azotadas bajo las leyes islámicas saudíes. Las mujeres no pueden conducir, no pueden salir libremente del país o recibir educación. Estos dictadores y monstruos también son la creación del imperialismo USA. Por ejemplo, Osama Bin Laden fue entrenado por la propia CIA. El 27 de agosto de 1998, en una entrevista concedida a AFP, Osama Bin Laden confesaba: “Cree mi primer campamento en Pakistán allí los voluntarios eran entrenados por oficiales estadounidenses y pakistaníes. Los estadounidenses suministraban las armas, el dinero, el régimen saudí...”.

Después del bombardeo de las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, EEUU lanzó setenta mísiles crucero desde el mar de Arabia hacia el campamento base de Osama, cerca de Jalalabad en la frontera afgano-pakistaní. Fue más un ejercicio de propaganda que una operación militar seria. En Oriente Próximo, las organizaciones fundamentalitas como Hezbolá, Hamás y otras fueron creadas por el servicio de inteligencia israelí, el Mossad, en los años sesenta y setenta. Fueron creadas para desestabilizar la OLP y subvertir el radicalismo de izquierdas dentro del movimiento palestino.

A pesar de la campaña de propaganda de los medios de comunicación occidentales contra el fundamentalismo, el imperialismo estadounidense continúa utilizando a estos fanáticos religiosos allí donde es necesario. Y los utilizará siempre que pueda para intentar aplastar el movimiento revolucionario, otra cosa es que puedan a partir de ahora tener éxito.

En 1996 la toma de Kabul fue posible después de alcanzar un acuerdo secreto entre el secretario de estado estadounidense para el Sur de Asia, Robin Raphael, los talibanes y la facción militar del antiguo general estalinista Shahanawaz Tanai. Este acuerdo fue promovido por el ISI (servicio de inteligencia pakistaní). Resulta irónico que también Benazir Bhutto, en Islamabad, apoyara este acuerdo, esto arroja luz sobre sus credenciales “progresistas”. El dinero para esta operación fue proporcionado por el gigante petrolero estadounidense: Unocal. No es casualidad que el antiguo secretario de estado USA, Robert Oakley, sea un empleado de Unocal. En las diferentes guerras de rapiña entre los estados imperialitas, especialmente los franceses y estadounidenses, los fundamentalistas islámicos son apoyados y utilizados según convenga a cada una de las partes. Este es el caso en Argelia, Sudán y otros países. Los imperialistas franceses y alemanes negocian abiertamente con los mullahs iraníes, todo en interés de sus empresas multinacionales, sobre todo las petroleras.

La razón principal para el resurgimiento del fundamentalismo islámico es el enorme vacío político creado por el colapso del estalinismo y la izquierda en estas sociedades. En el contexto de miseria económica, desempleo y pobreza, las masas se encuentran en un callejón sin salida. La arrogancia y desprecio de los monarcas y dictadores en el mundo islámico y árabe, añade más combustible al odio y la cólera de las masas. La traición histórica por parte de los partidos de izquierda, dirigentes sindicales y dirigentes populistas tradicionales ha añadido más dolor a la herida. Las democracias corruptas y el saqueo han incrementado la frustración social. Sin ninguna salida, los sectores atrasados de las masas y la pequeña burguesía miran hacia atrás. Los estrategas del fundamentalismo explotan para su propio beneficio los vicios de los actuales dirigentes capitalistas y ofrecen la ilusión de una vida mejor basada en las virtudes de una época lejana.

La hipocresía del imperialismo y el fundamentalismo es recíproca. Estos dirigentes islámicos utilizan los sentimientos anti FMI y anti imperialistas de las masas para ampliar su base social. Los elevados niveles de desempleo provocan el aumento de la lumpenización de la sociedad. Esta situación es capitalizada por las organizaciones islámicas, que no sólo proporcionan armas y dinero a estas hordas de jóvenes lumpenizados, también les proporcionan un santuario donde pueden ocultarse de la maquinaria estatal. Sectores importantes de jóvenes, frustrados y aturdidos, entran en el fundamentalismo de la misma forma que entrarían en el consumo de drogas. Como no pueden enfrentarse a los problemas de la sociedad entonces intentan utilizar el fundamentalismo como una forma de olvido. Más pronto que tarde estos jóvenes despertarán. Muchos jóvenes, sobre todo emigrantes del campo a la ciudad, se ven conmocionados por las condiciones sociales y culturales que encuentran en las ciudades. Miran hacia el fundamentalismo islámico en busca de piedad y honradez. Intentan encontrar la paz eterna en el Islam y conseguir consuelo para su alma y su mente. Pero cuando estos cautivos de la fe se enfrentan a la realidad del fundamentalismo islámico y ven su peor cara, quizás sea demasiado tarde. Llegan a un punto de no retorno. Muchos pierden la vida y los que sobreviven se encuentran frente a la criatura más monstruosa y corrupta del planeta.

Por otro lado, sectores importantes de la clase dominante que han saqueado el estado y la sociedad también utilizan el fundamentalismo como un escudo protector. La mayoría son barones de la droga y padrinos del dinero negro que se encuentra cómodos con el fundamentalismo. Por otro lado, utilizan una retórica antiimperialista para salvar su dinero de las medidas del FMI, ahorrarse impuestos, etc. También utilizan las fatwas de los mullahs para justificar y proteger los crímenes, el tráfico de drogas, etc. En países como Pakistán el cáncer de la economía negra está carcomiendo el cuerpo de la economía. Esta mafia ha adquirido un papel enorme en la economía, política, sociedad y el estado. La principal fuente de finanzas del fundamentalismo islámico procede del tráfico de drogas y otros sectores de la economía negra. Este proceso fue iniciado por el imperialismo USA. Ahora esta economía negra está interrumpiendo el funcionamiento del propio capitalismo.

En 1979 apenas había heroinómanos en Pakistán. En 1989 la cifra oficial era de 650.000. En 1992 la cifra subió a 3 millones y en 1999 la cifra oficial era de 5 millones. Otro aspecto peligroso es la implicación de las instituciones del estado en el comercio de drogas, especialmente el ejército. La profunda penetración de la economía negra en el aparato del estado está dejando su sello. Algunos generales ahora están implicados en las operaciones y organizaciones fundamentalistas.

La indulgencia del ISI con la economía negra ha ido tan lejos que se autofinancia con este tipo de operaciones económicas. Un antiguo jefe del ISI, el general Hameed Gul, en una entrevista concedida en Karachi al Herald decía: “Si los marxistas pueden tener la primera, segunda, tercera y cuarta internacionales ¿porque nosotros no podemos tener la brigada internacional islámica?”. Ahora esta clase de operaciones abarcan desde las repúblicas de Asia central a Nigeria, desde Sinkiang (China) hasta Argelia y desde Chechenia hasta Indonesia. Ahora Osama Bin Laden incluso intenta conseguir armas nucleares, químicas y bacteriológicas para luchar contra su mentor: el imperialismo estadounidense.

En una sociedad donde el estado es incapaz de proporcionar cuidados médicos, educación y empleo, el fundamentalismo islámico ha utilizado estas privaciones para construir sus propias fuerzas. Con grandes cantidades de dinero han creado escuelas religiosas (madrassas) para entrenar y desarrollar fanáticos desde muy temprana edad, que después se convertirán en materia prima de la locura religiosa. En Pakistán, el dictador militar y títere del imperialismo estadounidense, el general Zia-ul-Hap, instigó este proceso para sofocar el movimiento de masas y las corrientes de izquierda de la sociedad. En 1971, había 900 madrassas en Pakistán, al final del gobierno Zia había 8.000 madrassas registradas y otras 25.000 sin registrar.

En un sistema donde no funciona el sistema educativo público, estas madrassas se han convertido en la única posibilidad para que los hijos de las familias pobres reciban una educación. Las familias pobres que no pueden alimentar, vestir o educar a sus hijos, tampoco quieren que éstos sufran los horrores del trabajo infantil y por eso los envían a estas prisiones donde se convertirán en fanáticos histéricos dispuestos a asesinar en nombre de causas que ni ellos mismos comprenden.

En estas madrassas se les mantiene encadenados y con frecuencia sufren los abusos de los mullahs. Una gran mayoría nunca tienen la oportunidad de ver una mujer hasta que no alcanzan la edad adulta. Esto crea una psicología insana e intolerante que se puede ver en las calles de Kabul y en otras partes. Los talibanes (estudiantes religiosos) surgieron de estas madrassas pakistaníes, fueron educados por la secta islámica Deobandi bajo los auspicios de su grupo político, el JUI (Jamiat Ulma-e-Islam).

Otra razón importante para el surgimiento de este fundamentalismo se puede encontrar en el papel jugado por los dirigentes de izquierda y los políticos seculares democráticos. Su intento de desarrollar del capitalismo y su superestructura política —la “democracia parlamentaria”—, ha llevado a estas sociedades al borde del desastre. La miseria, la pobreza y la enfermedad acechan la tierra. Su liberalismo y democracia no ha conseguido dar comida, ropa y cobijo a las masas. Estos llamados liberales y demócratas se enorgullecen de ser títeres del imperialismo y el capitalismo que sólo explota a las masas. La izquierda estalinista ha seguido su discurso político en busca de la “revolución democrático nacional”, algo que nunca será posible en esta época de imperialismo y decadencia capitalista. La economía nunca ha sido lo suficientemente fuerte, ni para completar la formación del estado nacional ni para crear la superestructura de la democracia parlamentaria.

Después de llegar al poder y fracasar, estos “liberales” y “demócratas” recurrieron a la demagogia islámica. Enfrentados al malestar y descontento de las masas, estos reyes, dictadores y líderes democráticos se convirtieron en partidarios del Islam de una forma bonapartista. Intentaron conseguir el apoyo de las capas más atrasadas de la sociedad para poder mantener sus regímenes. Pero una vez comiencen las insurrecciones difícilmente sobrevivirán. La corrupción y el saqueo de estos regímenes democráticos fortalece la base del fundamentalismo islámico, sobre todo porque no hay una alternativa revolucionaria en el horizonte político.

A pesar de todo esto, el fundamentalismo islámico no ha conseguido desarrollar una base social de masas en la mayoría de los países islámicos. En Pakistán se presentaron unidos todos los partidos fundamentalistas islámicos en varias elecciones, nunca han conseguido superar el 5% de los votos. No tienen programa para resolver los problemas y la crisis de economías modernas y complejas. Ellos mismos están plagados de corrupción, crimen, etc., Sus métodos de operación son fascistas y bárbaros. Pero los llamados liberales y demócratas burgueses que se lamentan de la amenaza del fundamentalismo son los mismos que han creado las condiciones para que éste pueda existir. Gritan y se lamentan porque quieren conseguir la ayuda del imperialismo y de esta forma prolongar el saqueo y el robo.

Al mismo tiempo, los fundamentalistas islámicos están divididos en innumerables sectas y en luchas intestinas. Los shias no soportan a los sunitas, los deobandis no aguantan a los wahabis, y así sucesivamente. También están divididos en diferentes facciones de la economía negra.  Cuando llegan al poder abandonan sus ideologías puristas para seguir los dictados del estado burgués,  abriendo nuevos conflictos entre ellos.

En realidad el fundamentalismo islámico es un fenómeno reaccionario que representa una fase peculiar de una sociedad capitalista enferma, una sociedad estancada debido a la crisis orgánica del capitalismo. El fracaso del capitalismo a la hora de eliminar el feudalismo y las formas primitivas sociales todavía existentes, crea un terreno abonado para el fundamentalismo islámico. Este desarrollo desigual y combinado crea contradicciones que sirven de base para el surgimiento de tendencias reaccionarias en un período de reacción y crisis social. Incluso los miles de millones de dólares gastados no han servido para llevar adelante las tareas de la revolución burguesa, es decir, la revolución industrial, en los estados musulmanes ricos en petróleo. Esto demuestra el carácter reaccionario de estos gobernantes y su bancarrota histórica. El fundamentalismo islámico es un fenómeno temporal y superficial, su mayor enemigo es la historia y la civilización humanas.

Una vez la clase obrera entre en acción, el fundamentalismo islámico se desvanecerá como una gota de agua se evapora sobre la superficie de un hierro candente pero si no se eliminan las contradicciones y la crisis de la sociedad, el fundamentalismo regresará una y otra vez en cada período de reacción. Mantendrá a la sociedad y civilización humanas destrozadas hasta que se erradique la causa de su existencia, hasta que se eliminen todas las privaciones. El fundamentalismo es una manifestación peculiar de la agónica muerte del capitalismo. Sólo se podrá poner fin a esta plaga cuando se erradique el sistema al que va unido y eso sólo será posible con la revolución socialista.