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MAYO 2001: HUELGA GENERAL EN GRECIA UNA LECCIÓN PARA LOS TRABAJADORES DE TODA EUROPA Alan Woods en Atenas
Bajo un ardiente sol, el mediodía del jueves 17 de mayo, decenas de miles de trabajadores griegos marcharon por las calles del centro de Atenas para protestar contra la política anti obrera del gobierno socialista de derechas de Konstantinos Simitis. Esta es la segunda huelga general en un mes. Aunque todavía no se han publicado las cifras finales lo que sí está claro es que ha sido un éxito. Se esperaba que el tamaño de la manifestación fuera bastante menor que la del 26 de abril. Pero ésta también ha sido grande: más de cien mil personas. Es evidente que han entrado a la lucha nuevas capas de la clase obrera. Entre el impresionante conjunto de banderas de prácticamente todas las sectores productivos, se podían ver también a los batallones tradicionales del movimiento obrero: metalúrgicos, impresores, trabajadores de la construcción... Y también muchos sectores que hasta ahora no se destacaban por su militancia. Había también grupos de artistas, escritores, músicos, secretarias, vendedores, trabajadores de las funerarias, camareros, peluqueras, maquilladores de artistas e incluso un grupo de policías uniformados. Junto a los trabajadores había grupos de pequeños propietarios: garajes, tiendas.... y también muchos estudiantes. También se podía ver a sacerdotes ortodoxos vestidos con su sotana negra. Los planes de pensiones del gobierno también les afecta y evidentemente no se contentan con esperar su recompensa en el cielo. Un vendedor del periódico marxista griego Sotsialistiki Ekfrast se acercó a un sacerdote y le dijo: "Padre, dame tu bendición y 300 dracmas" (el precio del periódico) a lo que él respondió: "Hijo, tu bendición es muy cara". El sacerdote compró el periódico y se fue en bicicleta. También algunos policías compraron el periódico. Un cambio fundamental Las dos huelgas generales en Grecia ¾ 26 de abril y 17 de mayo¾ , tienen implicaciones importantes para el conjunto de Europa. El terremoto social que ha estallado bajo los pies de la clase dominante griega indica un cambio fundamental en la situación. Grecia es el eslabón más débil del capitalismo europeo, y como señaló Lenin, el capitalismo siempre se rompe por el eslabón más débil. En los últimos años Grecia ha conseguido tasas de crecimiento relativamente altas, gracias al auge de la economía mundial. Ahora, la inversión productiva se ha estancado o ha aumentado muy poco y la tasa de desempleo es ya del 12%. La mayor parte de la inversión ha ido al sector servicios: bancos, seguros, bolsa, supermercados, etc. Al mismo tiempo se han destruido muchos sectores industriales. Grecia también se ha beneficiado del dinero procedente de la UE utilizado para financiar ambiciosos proyectos de obras públicas, el nuevo aeropuerto de Atenas, carreteras y puentes. Pero con el nuevo panorama económico el dinero de Europa también se agotará. El gobierno griego actualmente está gastando mucho dinero en los próximos Juegos Olímpicos previstos para el 2004, pero el coste de este proyecto ha superado ya en dos veces lo previsto y todo parece pronosticar que esta aventura provocará grandes pérdidas económicas. A pesar de las impresionantes cifras de crecimiento económico del 3-3,5%, la base de la economía es muy débil. El comercio con Europa es deficitario y sigue en aumento y demuestra que el capitalismo griego no está en posición para poder competir con sus principales rivales europeos. Además, para poder entrar en la zona euro el gobierno griego ha tenido que aplicar medidas de austeridad y recortes presupuestarios y esta política es la que provocado dos huelgas generales. Los antiguos griegos solían decir: "Aquellos a quienes los dioses desean destruir, son los primeros en volverse locos". La situación actual es una buena ilustración de esto. Grecia entrará en la zona euro precisamente en el momento en que se acaban los beneficios. Incapaz de competir con economías fuertes como Alemania y Francia, Grecia rápidamente tendrá serios problemas. En una recesión económica mundial se producirá una lucha feroz para conseguir nuevos mercados, incluso, por el más pequeño. En esta lucha Grecia tiene las de perder. Los términos impuestos por el acuerdo Maastricht no permite la devaluación monetaria ¾ la forma tradicional de defensa para una economá débil como la griega ¾ . Ni tampoco el resto de países europeos podrán salir en su ayuda. Por lo tanto, es de prever que la carga de la crisis recaerá sobre los hombros de la clase obrera. Los únicos sectores económicos que en los últimos años han florecido, son los relacionados con el parasitismo y la especulación. Se han gastado grandes cantidades de dinero en la bolsa y ahora ha colapsado. En un solo año en la bolsa se han perdido 15 billones de dracmas (731.700 millones de pesetas), el índice Atenas ha caído de 6.000 a 3.000 puntos. Los principales perdedores fueron cientos de miles de inversores de clase media que de la noche a la mañana vieron esfumarse los ahorros de toda su vida. Las perspectivas para la economía griega son aún peores. Los principales índices económicas apuntan a una debilidad crónica. La deuda pública supera el 100% del PIB, a pesar del maquillaje que ha hecho el gobierno de las cifras, para intentar demostrar que el déficit se ha reducido. Esto significa que a la clase capitalista griega no le queda otra opción que reducir aún más el gasto público. El actual nivel de vida de la clase obrera no es sostenible en el contexto del capitalismo y es intolerable para la clase dominante, pero los recortes y los ataques al nivel de vida también es intolerable para la clase obrera. Estamos ante una receta acabada para la lucha de clases en el próximo período. La fortaleza del proletariado Durante años la clase obrera ha estado en la retaguardia debido a los ataques del Capital. El número de huelgas bajaba cada año, lo mismo ha ocurrido en Gran Bretaña y otros países de Europa. En 1990 hubo 265 huelgas en las que participaron 2.133.389 trabajadores. En cifras de 1998 hubo 38 huelgas con la participación de 214.564 trabajadores. Las cifras de militancia sindical son similares: en 1981: 782.507 trabajadores y en 2001: 440.000. Los cínicos y escépticos han utilizado estas estadísticas para justificar las conclusiones más pesimistas con relación a la clase obrera y las perspectivas de la lucha de clases. ¿Cómo se puede explicar la práctica ausencia de huelgas durante todo este período? Explicarlo no es una cuestión sencilla. En parte se ha debido a la destrucción de industrias en el sector privado donde los sindicatos eran tradicionalmente fuertes. Las privatizaciones, los despidos y los cierres de fábrica, han diezmado a los sindicatos en muchas industrias. Esta situación ha generado en estos sectores industriales un clima de inseguridad y reticencia a la huelga. La caída de la URSS y la consecuente contraofensiva del Capital agudizó aún más una actitud a la defensiva del movimiento obrero. Y por último ¾ pero no menos importante¾ , el giro a la derecha de los dirigentes del Pasok y los sindicatos dejaron al movimiento obrero sin dirección. Las escasas huelgas (casi todas contra la privatización) terminaron en derrota debido a las desastrosas tácticas de una dirección sindical que jamás creyó en la lucha. Por último, debido a la combinación de todos estos factores, surgió entre la clase obrera un sentimiento de fatalismo que todavía prevalece: "No podemos ganar, por lo tanto, es inútil luchar". Esto a su vez provocó un descenso de la militancia y la actividad sindical además de la desmoralización de la vanguardia, que a su vez intensificó el giro a la derecha de la dirección que cada vez estaba más separada de la clase obrera y cedía a las presiones de la ideología burguesa. Entre las cúpulas del movimiento sindical salieron a la luz varios casos de corrupción que han provocado que los trabajadores recurran a la búsqueda de soluciones individuales a sus problemas. La extensión del trabajo a tiempo parcial y los contratos temporales sin ningún derecho, ha afectan en particular a la juventud. La presión despiadada a los delegados de empresa, la prolongación de la jornada laboral, la imposición de las horas extras obligatorias, trabajar el fin de semana, etc., ha dejado a los trabajadores exhaustos y con poco tiempo para preocupaciones sindicales o políticas. En pocas palabras, nos enfrentamos a un cuadro de reacción y retroceso en todos los frentes que aparentemente no tiene fin. Ante esta situación muchos sacaron conclusiones pesimistas. Algunos llamados teóricos escribían sobre la desaparición de la clase obrera. Todos ¾ excepto los marxistas¾ asumían que la clase obrera ya no estaba en el orden del día. Pero este derrotismo superficial estaba totalmente equivocado. Nosotros insistimos continuamente en que por debajo de la superficie de aparente calma había un mar en ebullición de furia, amargura, frustración y rabia que tarde o temprano y cuando menos se esperaba, saldría a la superficie. Los acontecimientos actuales han demostrado brillantemente esta predicción. La verdad es que la clase obrera griega nunca ha sido más fuerte que en la actualidad. Si incluíamos a todos los sectores, incluidos los trabajadores inmigrantes terriblemente oprimidos (albaneses, yugoslavos, kurdos, etc.,) la cifra total no es inferior a 2,7 millones de obreros de una población total de 11 millones de habitantes. Por su parte, el campesinado en este país anteriormente agrícola, ahora es una pequeña minoría. Las reservas sociales tradicionales de la reacción han desaparecido y la clase media, como han demostrado estas huelgas generales, gravita alrededor de la clase obrera. "¡Basta ya!" Trotsky solía hablar del proceso molecular de la revolución. Debajo de la superficie, invisible para los observadores superficiales, el descontento de la clase va en aumento, madura y alcanza el punto crítico donde la cantidad se transforma en calidad. La psicología de la clase se ha preparado a través de una larga experiencia de ataques, por un millar de alfilerazos que poco a poco han atizado la furia colectiva hasta el punto en que las masas han dicho "¡basta ya!". Una vez alcanzado este punto crítico cualquier accidente puede ser la mecha de una explosión social. Animado por el fracaso de los sindicatos a la hora de organizar una resistencia efectiva, Simitis se dispuso a aprobar más leyes anti laborales, incluida la flexibilización del trabajo y el derecho a los empresarios de despedir a voluntad. Esto provocó una oleada de furia que obligó a los dirigentes sindicales a convocar dos huelgas generales en octubre y diciembre de 2000. Estas huelgas no fueron demasiado exitosas, en términos de participación, no tuvieron un carácter nacional que fuese realmente efectivo para obligar al gobierno a recular. La respuesta de la huelga de diciembre fue más débil que la de octubre porque los trabajadores vieron que la dirección carecía de planes serios de acción y no tenía la intención de luchar hasta el final. Los dirigentes sindicales después de la huelga de octubre no hicieron nada y esperaron otros dos meses para convocar otra huelga, cuando ya el ambiente se había enfriado. En general, en todo este período la desconfianza en la dirección ha jugado un papel importante. "¿Por qué perder un día de salario en una acción ineficaz que no conseguirá nada?". Este era el argumento de muchos de los trabajadores, no estaban convencidos de que pudieran conseguir algo. Los dirigentes sindicales están siempre dispuestos a culpar a los trabajadores por su supuesta falta de responsabilidad. La realidad es muy diferente. La clase obrera siempre está dispuesta a responder cuando la dirección está decidida a luchar. Esto se pudo ver el 26 de abril. La chispa que ha encendido la mecha fue el intento de Simitis de introducir una ley de pensiones que las reduciría drásticamente. Su exceso de confianza fue producto de la incomprensión del ambiente social, que a su vez también era el resultado de la incapacidad de comprender el período anterior. El 26 de abril El 26 de abril todo salió a la superficie. Se celebraron reuniones acaloradas en toda Grecia. Los dirigentes sindicales derechistas sintieron la presión desde abajo, comenzaron a distanciarse del gobierno y se pasaron abiertamente a la oposición. Cuando el gobierno se dio cuenta de que se enfrentaban a una rebelión de masas, le entró el pánico, propuso la retirada de la ley e iniciar una mesa de negociación. El gobierno creían que esto sería suficiente para desconvocar la huelga, pero estaba equivocado. Incapaz de frenar a los trabajadores, los dirigentes sindicales comenzaron a hacerse eco de la indignación popular, exigieron la retirada total de la ley y se negaron a negociar, incluso amenazaron al gobierno con una "guerra social". La huelga general tuvo un seguimiento masivo, fue la huelga general más grande en décadas. La opinión unánime de los activistas sindicales era que esta huelga general era la más grande desde 1974 ¾ entonces había una situación revolucionaria¾ . Muchos creían que era la huelga más grande desde la Segunda Guerra Mundial. A la manifestación de Atenas asistieron más de 200.000 personas y el ambiente era muy militante. Estaban presentes tanto el sector público como el privado. Incluso participaron algunos sindicatos de empresa. Igual que cuando una gran piedra cae en un estanque, la huelga general provocó ondas que siguieron resonando incluso después de la huelga. La conciencia de la clase ha comenzado a cambiar. En lugar del viejo pesimismo y el derrotismo ha surgido una idea nueva: "¡Podemos ganar!". Esto ha provocado la extensión de las luchas a otros sectores concretos y algunos que no habían participado antes en la lucha: entre las dos huelgas generales del 26 de abril y 17 de mayo, han estado en huelga los trabajadores sanitarios, los estudiantes de institutos tecnológicos, profesores e incluso actores. La militancia sindical ha aumentado junto a la fe en el movimiento sindical. Los trabajadores siempre entran en los sindicatos cuando ven que están dispuestos a luchar por sus intereses. Pero los efectos de la huelga son más amplios. Personas que nunca habían tenido interés por la política ahora están sedientas de discusión política. Este es quizá el resultado más importante de la huelga del 26 de abril. Trotsky La historia de la revolución rusa señala que la característica más importante de una revolución es que las masas, que en períodos "normales" tienden a abstenerse en política y dejan las decisiones clave que afectan a sus vidas en manos de los demás, comienzan a participar activamente en política. Por supuesto, en Grecia este proceso está todavía en sus inicios, pero ya ha comenzado. Incluso los sectores más oprimidos y pisoteados han comenzado a hacer oir su voz. Las prostitutas de Atenas han comenzado a organizarse y manifestarse por sus derechos. Esto comenzó incluso antes de la huelga general, ahora estas mujeres pueden ver que su lucha contra la esclavitud forma parte de la lucha del conjunto de la clase obrera. También ellas participaron en la manifestación, aunque, no fueron con pancartas por temor a las represalias. El que una capa tan oprimida haya comenzado a movilizarse demuestra que algo serio está cambiando en la sociedad griega. Las repercusiones en el Pasok El 17 de mayo el Partido Comunista (PKE) participó en la manifestación. Desgraciadamente, parece que la dirección de este partido ha dado un paso atrás en la unidad de acción. El 1º de mayo convocaron una manifestación separada ¾ un paso que puede tener consecuencias negativas para el futuro del movimiento¾ . Pero las principales repercusiones se sentirán en el partido socialista (Pasok). Los dirigentes de la derecha están claramente tocados por la huelga. Varios antiguos seguidores de Simitis ya han comenzado a alejarse de él. Ya han aparecido las primeras fracturas en la dirección. Debido a la presión desde abajo ex – izquierdistas como Tsochatzopoulos, que como Ministro de Defensa se ha distinguido por su entusiasmo por la OTAN y el bombardeo de Yugoslavia ¡ahora cita a Marx! Esto demuestra lo que está por llegar. Hasta ahora la burguesía griega estaba contenta con Simitis, en la medida que les hacía el trabajo sucio. Pero Simitis ya no puede controlar a la clase obrera y por lo tanto empieza a dejar de ser útil. La actitud de la burguesía griega hacia el Pasok siempre ha sido la de "usar y tirar". El próximo año tendrá que preparar una campaña de desprestigio del Pasok y para ello contarán con la inestimable ayuda de los medios de comunicación. Como el ala de derechas del Pasok son burgueses en todo menos en el nombre, no será difícil escindir el Pasok. Pero los problemas para los capitalistas sólo acaban de empezar. El partido de la burguesía, Nueva Democracia, se enfrentará al movimiento de la clase obrera en condiciones de crisis social y económica. En estas condiciones y con el Pasok en la oposición, éste puede recuperar apoyo rápidamente y girar a la izquierda. Las posibilidades para los marxistas griegos crecerán con botas de siete leguas según se avance en la lucha de clases y se polarice la sociedad entre izquierda y derecha. Naturalmente, habrá subidas y bajadas, pero tarde o temprano habrá un choque entre las clases que pondrá en el orden del día la cuestión de la revolución ¾ o la contrarrevolución¾ en Grecia. Los recientes acontecimientos en Grecia son una respuesta decisiva para todos esos cobardes, desertores y escépticos que cuestionan el potencial revolucionario de la clase obrera. La manifestación se ha caracterizado por un tremendo espíritu de lucha y felicidad. Lo más interesante es que el gobierno retiró la ley de pensiones antes de la huelga. El ambiente militante continua y encontrará su expresión en nuevas huelgas. De una lucha defensiva los trabajadores pasarán a la ofensiva. Como me decía un activista sindical: "La psicología de la gente ha cambiado. Muchos trabajadores no se creían que pudiéramos obligar a Simitis a dar marcha atrás. Después de muchos años la gente se da cuenta de que ¡podemos hacerlo!". Ahora ha empezado a moverse la clase obrera, el genio ha salido de la botella y no será fácil volverle a meter en ella. Atenas, 17 de mayo de 2001 |