Corriente Marxista Internacional

En el número de mayo de El Militante analizábamos el contenido de la llamada “Hoja de Ruta” y señalábamos sus evidentes límites. Este plan de “pacificación” tiene como objetivo esencial acabar con la Intifada, iniciada hace algo más de mil días, y pa En el número de mayo de El Militante analizábamos el contenido de la llamada “Hoja de Ruta” y señalábamos sus evidentes límites. Este plan de “pacificación” tiene como objetivo esencial acabar con la Intifada, iniciada hace algo más de mil días, y para alcanzarlo el imperialismo USA y Sharon impusieron un primer ministro palestino dócil, Abu Mazen, y volvieron a hacer vagas promesas en relación a permitir un Estado palestino en 2005.

Las concesiones israelíes a cambio del desarme de la Intifada son ridículas, simplemente se les exige desmantelar los asentamientos llamados ilegales (los creados a partir de marzo de 2001), una pequeña minoría del total de asentamientos que agrupan a más de 220.000 colonos salpicando el conjunto de Cisjordania y Gaza e impidiendo la continuidad territorial de un hipotético Estado palestino. El mero hecho de que se denominen ilegales, refleja la mentalidad de los defensores de la Hoja de Ruta. ¿Es que acaso la mayoría de los asentamientos son por tanto legales? ¿Acaso el robo y ocupación de las tierras palestinas a manos del Estado israelí y los colonos es por tanto legal y tolerable?

Tras conseguir desarmar la Intifada se entraría en las siguientes fases de la Hoja de Ruta, que deberían conducir a un Estado palestino en 2005. ¿Qué fronteras y extensión tendría ese Estado? ¿Quién controlaría recursos como el agua, qué pasaría con los cuatro millones de refugiados palestinos en el exilio, cual será el futuro de Jerusalén…? La maravillosa Hoja de Ruta no dice ni una sola palabra concreta.

Tampoco es casualidad que no se haga una sola mención al vergonzoso y racista muro que Israel está levantando en Cisjordania —347 kilómetros de hormigón, de los que ya se han construido 120—. Este muro no se limita a separar Israel de un hipotético Estado palestino sobre las fronteras de 1967 (año de la ocupación de Cisjordania) sino que se adentra en la tierra palestina. Así, por ejemplo, en Qalqiya 40.000 palestinos tienen su casa a un lado del muro y sus tierras al otro. Cuando se termine, 300.000 palestinos habrán visto como se les ha robado su tierra.

La cumbre de Aquaba

En mayo señalábamos como semejante plan iba a encontrar una enorme resistencia en Palestina, y como no era descartable el estallido de una guerra civil entre palestinos. Así ha sido, desde su publicación y durante el mes de mayo asistimos a varios ataques y atentados de los grupos que se oponen al plan (Hamas, FDLP, FPLP, Brigadas de Al-Aqsa...).

El gobierno Sharon acabó aceptando con reservas la Hoja de Ruta el 23 de mayo. Está claro que las presiones americanas fueron enormes. El plan es una criatura suya, es totalmente proisraelí y no parecen dispuestos a que el extremismo de Sharon lo eche abajo sin más. Tratar de estabilizar este conflicto es una prioridad para Washington, más después de las complicaciones que se está encontrando en el Iraq de posguerra.

Esta aceptación llevó a la cumbre de Aquaba el 4 de junio. Abu Mazen, Sharon y Bush sentaron las bases para la aplicación del plan. Sharon tomó algunas medidas de cara a la galería (liberó a 100 de los 6.000 presos palestinos y ordenó levantar unos cuantos asentamientos deshabitados). EEUU se comprometió a entrenar la futura policía palestina y, lo más significativo, Mazen declaró: “Vamos a utilizar todos nuestros esfuerzos para poner fin a la militarización de la Intifada. Tendremos éxito. La Intifada armada debe acabar”.

Como era previsible, la respuesta a estas palabras tardó cuatro días en llegar: “Su discurso fue una vergüenza, fue una traición a todos los palestinos”, señaló el número dos de Hamas, Abdelaziz Rantisi. Al día siguiente cuatro soldados israelíes morían en un ataque conjunto de Hamas, Yihad y Al Fatah.

Boicot israelí

A pesar de que la Hoja de Ruta es apoyada por la burguesía israelí, no cabe duda de que sectores importantes del aparato del Estado lo ven como una claudicación y una renuncia al ideal reaccionario del Gran Israel.

La primera respuesta se la encontró Sharon en una reunión del Likud donde fue abucheado por cientos de militantes que le acusaban de traidor. La oposición al Plan la encabezaban siete ministros del gabinete israelí.

La profunda crisis social y económica está llevando a Israel a una importante fragmentación en líneas étnicas y religiosas. Esto ha tenido su reflejo en el sistemático debilitamiento de los tradicionales partidos, el Likud y el Laborista, y el auge de partidos étnicos y religiosos, en su mayoría de extrema derecha, pero que se hacen imprescindibles a la hora de formar Gobierno. A ellos se les suma los sectores más radicales del Likud y buena parte de los privilegiados colonos (a un colono se le ayuda con el 50% del gasto en vivienda, más del doble que cualquier otro ciudadano, y tiene el doble de subvenciones).

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Parece que estos sectores están imponiendo su política. Están tratando de evitar que las conversaciones entre Mazen y los grupos armados tengan éxito en lograr una tregua. Solo así se entiende el intento de asesinato el 10 de junio de Rantisi, dirigente de Hamas, o el asesinato el 22 de junio de su líder militar en Cisjordania-Sur, o nuevos atentados “selectivos” el día 25, en plenos contactos ente Mazen y Hamas.

Parece que la extrema derecha sionista está presionando para que la situación se tense tanto que la perspectiva de guerra civil palestina sea un hecho, aprovechando esta situación para obligarles a aceptar cualquier cosa en unas futuras negociaciones.

Perspectivas

Más allá de si, finalmente, se declara una tregua o no*, lo que demuestran estos dos últimos meses es que la Hoja de Ruta es una trampa mortal para el pueblo palestino. Como decíamos en mayo “Esta ‘Hoja de Ruta’ no traerá la liberación nacional al pueblo palestino. A cambio de que abandone la lucha se le promete un Estado en 2005. Cualquiera que conozca la historia y el desarrollo reciente del proceso de paz sabe que esto es una reedición a la baja de los acuerdos de Oslo de 1993. Aquellos acuerdos fracasaron cuando llegaron a su etapa final: definir las características del Estado palestino. La burguesía israelí jamás permitirá el retorno de los refugiados, jamás renunciará al control de las fronteras de ese ‘Estado’, no renunciará al control de recursos claves como el agua, no se retirará del total de los territorios ocupados, no desmantelará todos sus asentamientos que impiden la continuidad territorial. No lo hizo Barak a mediados de 2000 y no lo harán ahora fruto de unas negociaciones donde los palestinos vayan derrotados. Esto lo entendió perfectamente la población y por eso estalló la segunda Intifada. Era un mensaje claro a Arafat: ‘estamos hartos de tus claudicaciones’.

“Sólo sobre una derrota muy fuerte y posiblemente tras una guerra civil interna podrán imponer esa ficción de Estado a los palestinos.

“La idea de dos Estados capitalistas independientes conviviendo juntos pacíficamente es una utopía reaccionaria. Incluso una salida así, en las condiciones arriba explicadas, sería la fuente de futuros conflictos. No sería una victoria del pueblo palestino sino una humillación más.

“No hay liberación nacional posible sobre bases capitalistas. La voluntad de resistencia de la Intifada no basta para ganar. Sólo la lucha por una Federación de dos Estados socialistas, palestino e israelí, puede romper la espiral de sectarismo entre oprimidos palestinos e israelíes. Sólo sobre bases socialistas podrían absorber la vuelta de los millones de refugiados, compartir la capitalidad de Jerusalén, los recursos económicos y naturales, definir armónicamente las fronteras, etc.

“Si la resistencia a la claudicación que preparan Arafat y Mazen la encabeza Hamas o los métodos de terrorismo individual y el nacionalismo burgués estrecho de las milicias de Al Fatah la derrota está garantizada”.

* Este artículo se escribió justo antes de la tregua de tres meses anunciada por Hamás, Yihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa


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