Corriente Marxista Internacional

En las últimas semanas, la campaña de los imperialismos inglés y norteamericano contra el régimen de Sadam Husein parece haber entrado en una nueva etapa. La machacante presencia en los medios de comunicación a finales del verano de todo tipo de noti En las últimas semanas, la campaña de los imperialismos inglés y norteamericano contra el régimen de Sadam Husein parece haber entrado en una nueva etapa. La machacante presencia en los medios de comunicación a finales del verano de todo tipo de noticias sobre los preparativos inminentes de la guerra en Iraq parece haberse atenuado. Se habla ahora con más fuerza de que es posible un posicionamiento unánime de la ONU que evite la guerra, e incluso de que el objetivo de las acciones que efectúen la ONU o EEUU contra Iraq ya no es la caída del régimen de Sadam. Se han dado cuenta de que es necesario tener más tacto, “trabajar” mejor la opinión pública, para justificar sus planes criminales.

El giro táctico que ha dado el gobierno Bush a su campaña de guerra contra Iraq ha estado influido por diversos acontecimientos. Para empezar, a diferencia de anteriores intervenciones imperialistas (Afganistán, Balcanes...), hoy por hoy Bush no tiene ganada la batalla de la opinión pública. Diversas encuestas realizadas muestran que en gran parte de los países europeos la oposición a la guerra supera cotas del 70%, como en el Estado español o en el mismísimo Reino Unido, aliado fundamental de EEUU, donde también en las últimas semanas el apoyo a la guerra ha disminuido. Este ambiente se ha traducido en la calle: en Roma, Londres o las principales ciudades norteamericanas han desfilado por centenares de miles los que se oponían a la guerra meses antes de que se haya iniciado el conflicto. Esto es una muestra más de que cada vez hay una mayor toma de conciencia y una oposición activa de las masas en los países desarrollados ante la pobreza, opresión e inestabilidad provocados por un sistema capitalista y un orden mundial en crisis.

El excesivo fervor belicista y la campaña de mentiras lanzadas por la Administración Bush para cambiar este estado de cosas no han tenido los efectos deseados. Muy al contrario. El descrédito de los mandatarios estadounidenses, los casos de corrupción empresarial, la negativa situación económica..., se traducen en un “me creo cada vez menos las mentiras que me cuentan”. Este escepticismo se traduce por ejemplo en las actuales elecciones en los EEUU, donde se prevé que la mitad de la población no votará. Sectores de la burguesía estadounidense están dando toques de atención a Bush para que actue de manera inteligente y para que sea menos burdo y estúpido en su campaña de desinformación. Así, el periódico The Washington Post dedicó un artículo a criticar las “invenciones” y mentiras de Bush: éste había esgrimido un falso informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica en el que se exponía que Iraq tendría en seis meses armas atómicas; también criticó dicho periódico la original pero infantil y falsa idea de que Iraq disponía de una flotilla de aviones teledirigidos con los que podía atacar a EEUU.

Otros gobiernos europeos sí han reflejado más anticipadamente el temor a toda la inestabilidad que provocaría este conflicto. Así, Francia y Alemania parecen haber concertado sus acciones para tratar de reconducir la campaña internacional frente a Iraq. La burguesía de estos países, así como otros países (Rusia, China), tienen sustanciales intereses en Iraq que defender. ¿La resolución de la ONU que llevan negociando desde hace semanas solucionará esta situación de manera pacífica? En absoluto. Bush ya tiene poderes por parte del Congreso norteamericano para actuar unilateralmente si la ONU no cumple su plan de ataque, y todos los “halcones” belicistas, que son mayoría en su gobierno, son partidarios de dar ese paso si fuese necesario. Incluso Colin Powell, que es considerado “la paloma” del gobierno, afirmó en el periódico El País (29-X-2002) que “la dictadura iraquí amenaza a sus vecinos y puede amenazar al mundo entero. Estados Unidos ha decidido acabar con esa amenaza”. Más claro, agua.

Los atentados de Asia

En Indonesia, Filipinas, Yemen o Kuwait se han sucedido diferentes atentados en el último mes que, naturalmente, han ayudado a justificar la lucha contra esa cosa que han dado en llamar “el terrorismo internacional”.

Algunos de esos atentados han sido reivindicados o justificados por diferentes grupos islámicos. Otros no, como por ejemplo ha sido el caso del más sangriento de todos hasta la fecha, el de la isla de Bali, en Indonesia. Aquí se ha tratado de culpar al grupo Jamáa Islamiya y a su líder espiritual, Abu Bakar Baachir. Éste negó tal implicación, declarando que “por la potencia de la bomba (el atentado) debe ser obra de agentes extranjeros, como los EEUU”. El propio periódico El País (14-X-2002), analizando la situación del movimiento islámico radical en Indonesia, débil y fragmentado, utilizaba la opinión de diferentes expertos para descalificar el que estos grupos por sí solos pudieran organizar un atentado de tal magnitud.

Desde estas páginas ya avisamos de que habría atentados de este tipo que servirían para justificar la “guerra contra el terrorismo”, cosa que beneficia a los intereses del imperialismo. En absoluto hay que descartar otros atentados en los próximos meses que creen más ansiedad y justifique la intervención contra Iraq. A pesar de todo el humo y la desinformación, la guerra contra Iraq es imparable y el imperialismo de EEUU cree lograr con ello varios objetivos: contribuir a ayudar a que la población de los EEUU se olvide de sus problemas domésticos y de la corrupción de sus dirigentes; cimentar el poder absoluto de los EEUU como amos del planeta que saben dar lecciones de poder tras el 11-S y, finalmente, asegurarse el control del petróleo en una época de declive económico. Estados Unidos va a intervenir y los demás lo saben.

Por todo esto, en las próximas semanas se llegará a un acuerdo con el resto de las principales potencias sobre los términos en que se redactará una resolución de la ONU, ambigua, que sirva de pretexto para una intervención. Si se está tardando tanto, ni más ni menos, es porque están tratando de ponerse de acuerdo —que no está garantizado— en el reparto del petróleo y de la región.


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