Corriente Marxista Internacional

El 16 de septiembre Iraq aceptó el regreso, sin condiciones, de los inspectores de armas de la ONU. El mundo respiró con un suspiro de alivio. ¡Quizá la guerra finalmente estaba fuera del orden del día! Desgraciadamente, esta reacción fue completamen Alan Woods

Editor de la página web ‘In defence of Marxism’

El 16 de septiembre Iraq aceptó el regreso, sin condiciones, de los inspectores de armas de la ONU. El mundo respiró con un suspiro de alivio. ¡Quizá la guerra finalmente estaba fuera del orden del día! Desgraciadamente, esta reacción fue completamente prematura. La guerra no está más lejos que antes, sino más cerca. (...) EEUU inmediatamente quitó toda credibilidad a la oferta de Bagdad y, de este modo, de nuevo Iraq ha tenido que pasar a la defensiva en términos diplomáticos.

El fraude de la ‘inspección’

El discurso de George Bush ante la Asamblea General de la ONU el pasado 12 de septiembre, estuvo calculado para dar la impresión de que en EEUU estaban dispuestos a dar la última oportunidad a la diplomacia multilateral. En realidad, fue un ultimátum redactado de una forma astuta. El presidente estadounidense desafió a la ONU a hacer cumplir las muchas resoluciones sobre Iraq aprobadas desde la Guerra del Golfo en 1991. Según las estimaciones de Bush (suponemos que puede contar), Sadam Husein ha desafiado 16 de estas resoluciones. Pintó con colores chillones los supuestos intentos de Iraq de construir o mantener un arsenal de armas químicas, biológicas y quizás nucleares, y el riesgo de que éstas pudieran caer en manos de los terroristas.

Bush exige que los inspectores tengan acceso libre a cualquier lugar, a cualquier persona o documento que deseen, incluyendo la entrada a los "palacios presidenciales" de Sadam, donde se sospecha alberga algunas de las famosas armas de destrucción masiva. En caso de que los iraquíes pudieran aceptar esto, añade que Iraq debe dar los pasos inmediatos para desarmar y destruir todas las armas antes mencionadas. Pero incluso si Iraq hiciera todo lo que se le pide, regresaríamos a la demanda central, el cambio de régimen. Este es el objetivo real de EEUU y, por lo tanto, la cuestión de la inspección tiene poca importancia, excepto como una excusa para iniciar la guerra.

Si alguien duda que la inspección es sólo un pretexto para la agresión, deberíamos molestarnos en leer los discursos de los principales representantes de la administración Bush. Rumsfeld y Cheney, públicamente, ridiculizaron la inspección. El 19 de septiembre, Rumsfeld descartó una vez más las inspecciones al considerarlas una estratagema táctica que realmente incrementaría el riesgo representado por Iraq: "Cuantos más inspectores haya allí, menos probable es que ocurra algo. Cuanto más tiempo pase sin que ocurra nada, más adelantados estarán sus programas de armas".

Si los inspectores regresan a Iraq sólo será con la intención de provocar y crear conflictos que justifiquen la conclusión de Washington: "Iraq no es un país serio". A la primera ocasión que los iraquíes choquen con los inspectores, Bush proclamará a los cuatro vientos que Iraq no colabora en serio con la "comunidad internacional". Después, esto será utilizado como excusa para iniciar un bombardeo intensivo. Mientras tanto, los inspectores habrán pasado a los invasores información detallada sobre el estado exacto de las defensas iraquíes.

Propaganda militar implacable

Bush avisó a la ONU de que Husein es "un hombre que ha distraído, negado y engañado al mundo" y advirtió al organismo que si se deja embaucar de nuevo, correrá el riesgo de convertirse en una "sociedad de debate ineficaz" e irrelevante. El 19 de septiembre fue incluso más explícito, al decir que si el Consejo de Seguridad de la ONU "no se ocupaba del problema, EEUU y algunos de nuestros amigos lo haremos". ¡Con esto es suficiente! En respuesta a la concesión iraquí de los inspectores de armas, los estadounidenses simplemente se encogieron de hombros y elaboraron nuevas demandas y ultimátum, mientras aumentaban sus preparativos militares.

Los preparativos de un ataque contra Iraq siguen un ritmo inexorable. La semana pasada el presidente George Bush envió un borrador de resolución al Congreso, en ella pedía al Congreso que concluyera que Iraq "ha incumplido de forma inaceptable y material sus obligaciones internacionales". El propósito real de la resolución era autorizar al presidente a "utilizar todos los medios que considere oportunos, incluida la fuerza", para hacer cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas supuestamente no cumplidas por Iraq. Todo esto indica la inevitabilidad en un futuro cercano de ataques aéreos contra Iraq. Los preparativos no se limitan al aire. El general Tommy Franks, ha presentado un plan a Donald Rumsfeld con objetivos detallados, unidades, etc., Están contemplando un feroz ataque aéreo, seguido rápidamente por un ataque terrestre con divisiones pesadas. En Qatar se ha construido una gigantesca ciudad de campaña capaz de albergar a 3.300 personas. Esto implica que la acción militar terrestre estadounidense podría llegar más pronto de lo esperado.

Cortina de humo diplomática

Mientras preparan una acción militar unilateral, la administración Bush, con un ojo manipula a la opinión pública mundial, mientras que con el otro presiona para que la ONU apruebe una nueva resolución, donde se declare que Iraq "incumple materialmente la ley internacional e, implícitamente, amenaza con la fuerza". El objetivo de todas estas maniobras no es evitar la guerra, como algunos ilusos imaginan, sino proporcionar una cortina de humo "legal" para cubrir la desnudez de la agresión estadounidense contra Iraq. Sin embargo, es probable que no sean necesarias nuevas resoluciones de la ONU para que comiencen las hostilidades. En realidad, Bush ha dejado claro que para él son un estorbo para la libertad de acción de EEUU. Cuando finalmente llegue (y llegará) la guerra, será una empresa estadounidense con los británicos actuando como una hoja de parra para dar cierta impresión de que EEUU no está actuando unilateralmente.

Los iraquíes intentaron, en vano, recuperar la iniciativa diplomática en el discurso que pronunció su ministro de exteriores, Naji Sabri, el pasado 19 de septiembre y que fue visto, en general, como un mensaje directo de Sadam Husein. En el discurso acusó a Bush de "falsedades supremas" y declaró que Iraq estaba "libre de todas las armas nucleares, químicas y biológicas". Pero estas palabras sólo provocaron una sonrisa cínica por parte de los delegados estadounidenses. Verdaderamente, cinismo es el nombre del juego. La idea de que las acciones de EEUU estarán determinadas por los votos de la ONU es claramente estúpida.

La diplomacia prepara el camino para la guerra

Lo que resuelve las cuestiones importantes entre los estados, no son los discursos y las resoluciones, sino la fuerza o la amenaza de fuerza. "Si queréis mantener la paz", dijo Bush el 19 de septiembre, "deberíais dar la autorización para utilizar la fuerza".

La resolución de Bush casi con toda seguridad será aprobada en el Congreso. La "oposición" de los Demócratas se evaporará como el agua en una cocina caliente cuando la maquinaria bélica comience a funcionar. Y todos agitarán la bandera. Las diferencias entre Bush, Cheney, Rumsfeld y Powell tienen simplemente un carácter táctico. No están de acuerdo en los métodos para derrotar a Iraq, pero sí en la esencia de la cuestión. Incluso ahora han desaparecido los desacuerdos secundarios. Todo esto es perfectamente lógico. Colin Powell, el secretario de estado supuestamente conciliador, dijo recientemente que sin una nueva resolución de la ONU, EEUU encontraría la forma de frustrar el regreso de los inspectores. ¡Bien por el "partido de la paz" en Washington!

Cada vez está más claro para todos que nada va a frenar a los EEUU. La actitud de la "oposición" a la guerra puede cambiar milagrosamente, y no sólo en EEUU. El presidente Chirac ya ha señalado que Francia dejará de oponerse a un acción militar, sólo si el Consejo de Seguridad da sus bendiciones y se lanza el suficiente número de ultimátum a Bagdad. Incluso el canciller Schröeder, después de ser reelegido, gracias en parte a su propaganda contra la guerra (que según Cheney había "envenenado" las relaciones Alemania-EEUU), probablemente se escabullirá astutamente y se aproximará a una posición más acorde con la de Washington. "Descubrirá", nueva información sobre el régimen de Bagdad que le convencerá de que su postura anterior estaba completamente equivocada. Y dirá: "¡Imaginaos! Nadie se oponía a la guerra tanto como yo. Pero ahora he visto la verdadera situación...". En otras palabras: si no les gustan mis principios, los cambiaré.

Gangsterismo imperialista

A pesar de todo, al menos por ahora, los otros catorce miembros del Consejo de Seguridad de la ONU todavía insisten en la estrecha cuestión de la inspección de armas. Son como un vecino escrupuloso observando a un ladrón dispuesto a forzar la puerta de al lado. Al buen vecino no le importa que el ladrón fuerce la puerta pero le avisa, por el bien de las buenas maneras, de que primero llame al timbre. Una vez que el ladrón ha cumplido con esta cortesía y nadie le ha respondido, el concienciado vecino entonces estará preparado para ver la puerta forzada y, si es necesario la casa quemada con todos los habitantes dentro. Después de todo, no es su casa, y quizá tendrá la oportunidad de elegir entre los restos alguna cosa... Esta es la moralidad habitual de la diplomacia, donde todo lo que importa son las "buenas formas".

Desgraciadamente, la habilidad diplomática no es una característica en los talentos de George W. Bush y los imperialistas estadounidenses. Éstos se han apresurado a revelar el puño que se oculta dentro del guante de terciopelo. Hablan y actúan como los matones y mafiosos que son los principales protagonistas de muchas películas de Hollywood. Este comportamiento intimida a los ministros extranjeros en París e incluso provoca un arqueamiento de cejas en Londres. A Tony Blair le gusta creer que tiene influencia en Washington. Esta "influencia", en cuanto a que no sólo es un producto de la fértil imaginación de Blair, se limita a cuestiones de forma. La esencia de la política estadounidense continúa igual: la forma más cruda de intimidación, agresión y gangsterismo. Y Gran Bretaña actúa como un satélite del imperialismo estadounidense, lo que exactamente es.

Esto quedó en evidencia de una forma notoria la semana pasada, cuando los estadounidenses, con una crudeza asombrosa, advirtieron a los franceses, rusos y a todos los demás que no mostraban un apoyo entusiasta por la invasión de Iraq, que no se les permitiría participar en los lucrativos negocios y contratos petroleros después de la guerra y el "cambio de régimen". Aquí tenemos la esencia de todo. Esa es la voz del ladrón que ya está compartiendo el botín, incluso antes de atacar a su víctima. Aquí tenemos la cruda realidad del imperialismo estadounidense, el bandidaje a gran escala. Las delicadezas diplomáticas sólo tienen la intención de encubrir esta realidad y engañar al mundo con lo que realmente está ocurriendo. La diferencia entre los bandidos europeos y los estadounidenses, es que los primeros prefieren mayor discreción, mientras que los gángsteres trasatlánticos, conscientes de su colosal poder, prefieren basarse directamente en el empleo de la fuerza desnuda.

EEUU y Rusia

La principal preocupación de Washington era la reacción de Rusia, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y con derecho a veto. Rusia siempre se ponía al lado de Iraq, no por razones sentimentales, sino porque Iraq antes pertenecía a la esfera de influencia de la Unión Soviética y, además, Rusia tiene considerables intereses económicos en Iraq. La oposición de Moscú a la invasión estadounidense de Iraq era por lo tanto completamente predecible. La industria petrolera tiene una importancia crucial para Rusia, y el lobby petrolero, que tiene intereses en Iraq, tiene influencia sobre el presidente Putin. Estos círculos ven un potencial considerable en Iraq, y temen, con cierta razón, que un cambio de régimen en Bagdad les prive de sus lucrativos contratos. Por lo tanto, Moscú ha dado rápidamente la bienvenida a la oferta de los inspectores y defiende que eso elimina la necesidad de una nueva resolución de la ONU. Esto no le ha gustado a Washington, porque últimamente los estadounidenses estaban desacostumbrados a tener oposición de esta zona.

No está en absoluto claro que, finalmente, Moscú utilice su derecho a veto en el Consejo de Seguridad. Lo más probable es que alcance algún acuerdo de caballeros con los estadounidenses. Estos últimos han dejado claro que tienen intención de atacar Iraq, independientemente de lo que diga o haga el Consejo de Seguridad. Por lo tanto, la oposición rusa en la ONU tiene un interés puramente académico. Rusia no quiere sufrir la humillación de ver cómo su oposición es rechazada de la misma forma que un hombre mata a una mosca con un golpe. Tampoco quieren ser excluidos de los sabrosos contratos que estarán disponibles después de la guerra. Y como Rusia siempre tiene necesidad de dinero en efectivo, pueden llegar a un acuerdo, por ejemplo, a cambio de más créditos de Occidente y quizá el apoyo de EEUU a la entrada de Rusia en la OMC.

El 20 de septiembre Bush se reunió con los ministros rusos de exteriores y defensa. Los funcionarios estadounidenses sospechan (correctamente) que Rusia tiene un precio para retirar su oposición a una invasión de Iraq. Por ejemplo, el acuerdo podría ser un reblandecimiento de la oposición estadounidense a las amenazas de Moscú contra Georgia, que hace poco contra los "terroristas" chechenos que se ocultan en suelo georgiano. También podría haber garantías de que cualquier nuevo gobierno iraquí devolviera las deudas de Bagdad con Moscú (8.000 millones de dólares) y permitir a las empresas rusas participar en la reconstrucción del país.

Después de su reunión con Bush, los dos ministros no dieron ninguna señal de haber cambiado de idea, por ahora. La prioridad de Rusia todavía era la reanudación de las inspecciones. Pero como todos sabemos, las prioridades pueden cambiar. Al final, con muchos suspiros y lágrimas, probablemente convencerán a Putin de que mire hacia otro lado mientras atacan a su antiguo amigo y aliado.

El pernicioso papel de Blair

Un supuesto entusiasta con la democracia como Tony Blair, ha demostrado una ausencia extraordinaria de entusiasmo por los procedimientos democráticos. Convocó a la Madre de los Parlamentos para debatir la cuestión de Iraq, pero sólo tardíamente y después de muchas protestas. Incluso entonces, no se permitió votar la participación de Gran Bretaña en la guerra. La razón está clara: Blair no confiaba en obtener la mayoría. Se intentó que la Cámara de los Comunes votara antes de ir a la guerra, pero esto está descartado. Según las leyes, que alguien debió redactar (ya que Gran Bretaña carece de una constitución escrita), se puede iniciar la guerra basándose en una "prerrogativa real", teóricamente, a propuesta de la reina, pero en la práctica, es decisión del primer ministro. No se producirá ninguna votación en la Cámara de los Comunes. ¡Viva la democracia!

En su discurso, Blair advirtió que la amenaza militar de Sadam Husein era "creciente y real". Tarde o temprano, sus armas amenazarán la paz mundial. El objetivo de Blair era, por supuesto, ¡la paz y el desarme! y recibió el apoyo del dirigente tory y la oposición de sus propios seguidores.

"No dudo de que la amenaza es seria y real", declaró. Y para apoyar sus objetivos citó informes de inteligencia sin especificar, los detalles y las fuentes son un secreto. Se sabe, por ejemplo, que Iraq intentó obtener uranio de los países africanos en los años ochenta.

El objetivo de este informe no era arrojar luz sobre la situación sino crear un ambiente favorable a la acción militar. Por eso Blair dijo a la Cámara que la política de contención, embargo e inspección no estaba funcionando. Alguien puede preguntarse por qué tanto jaleo con la inspección, si ya se ha comprobado que es inútil. La conclusión es clara. EEUU atacará a Iraq y Gran Bretaña apoyará incondicionalmente un acto vergonzoso de agresión. Eso es todo lo que necesitamos saber.

Hipocresía descarada

En su prisa indecente por comenzar una agresión armada contra Iraq, Bush y Blair han desplegado una memoria convenientemente corta. Todas sus bravatas sobre la "democracia", "paz" y "valores civilizados" son, como siempre, sólo hipocresía cínica. Lo único que motiva a los imperialistas es el deseo de conquistar nuevos mercados, materias primas (especialmente petróleo) y esferas de influencia. El lobo del imperialismo estadounidense quiere devorar a Iraq e imponer un monopolio sobre sus inmensas reservas de petróleo. El ladrido del caniche pequeño, el imperialismo británico, juega un papel útil corriendo detrás de su amo, intentando dar la impresión de que existe una gran coalición y que EEUU no sólo persigue simplemente sus propios intereses egoístas en Oriente Medio. A cambio de este favor, tendrá un pequeño hueso en forma de contratos rentables una vez que "cambie el régimen".

La insolencia e hipocresía de los imperialistas no conoce límites. Mientras ruidosamente exigen que Iraq debe cumplir al pie de la letra cada resolución de la ONU (y otro puñado que no lo es), Washington cierra los ojos ante la flagrante indiferencia de Israel con las decisiones de la ONU. Esto ha provocado indignación general en todo el mundo árabe. Consciente de la necesidad de algún gesto para calmar los nervios árabes, Blair ha presionado a los estadounidenses para que tomen una nueva iniciativa sobre Palestina. La propuesta favorita es una conferencia sobre la cuestión palestina. Esto sería ideal desde el punto de vista del imperialismo, ya que eso significa precisamente nada. Incluso así, la súplica de Blair no ha obtenido resultados. Las razones son obvias. EEUU necesita el apoyo de Israel en su conflicto con Iraq y Tel Aviv, se opone implacablemente a cualquier concesión en la cuestión palestina.

El argumento de que Iraq representa una amenaza militar para EEUU es tan palpablemente falsa que son necesarias otras líneas de ataque para suavizar a la opinión pública. El método principal es afirmar repetidamente que Sadam Husein es un dictador despiadado que reprime, tortura y asesina a su propio pueblo. Esto es completamente cierto, pero no es nada nuevo. Husein es un tirano violento a quien no debe apoyar ningún socialista verdadero. Pero el hecho es que las mismas personas que en Gran Bretaña y EEUU denuncian los crímenes de Sadam Husein, fueron las que le apoyaron, armaron y financiaron activamente en el pasado. Recientemente, preguntaron a un oficial retirado del ejército británico por qué el gobierno británico le envió a él y otros oficiales a Bagdad para entrenar a las tropas iraquíes que luchaban contra Irán, y ahora, pretenden escandalizarse por los crímenes de los que llevaban informados desde hace veinte años.

Sí, Sadam Husein es un dictador, un tirano y un asesino. Pero eso no impidió que EEUU le armase para una guerra sangrienta contra Irán en la cual perdieron la vida un millón de personas. Eso no impidió que Gran Bretaña y EEUU le vendieran armas mucho tiempo después de saberse que había utilizado armas químicas contra los kurdos iraquíes. Eso no impidió que Donald Rumsfeld visitara Bagdad y alabase al régimen de Sadam Hussein en 1984.

Particularmente repugnante es el uso que se ha hecho del bombardeo de pueblos kurdos con armas químicas durante los años ochenta. Esto sin duda fue un crimen horrible. Pero fue un crimen perfectamente conocido en su momento por Londres y Washington. Guardaron silencio, a pesar de que en la prensa aparecieron informes detallados de estos horrores. Por lo tanto, hay que considerarles cómplices de estos crímenes en el sentido literal de la palabra. Los británicos, por ejemplo, continuaron vendiendo hardware a Iraq incluso después de que salieran a la luz estas atrocidades. Así que, las protestas de estas damas y caballeros ahora, por crímenes que conocían hace mucho tiempo, sólo destilan hipocresía. Quizá sea superfluo añadir que los británicos bombardearon pueblos kurdos de Iraq en los años veinte, mucho antes de que se escuchara hablar de Sadam Husein. ¡Qué irónico resulta ahora que se presenten como los "amigos de los kurdos"!

El imperialismo y la cuestión kurda

Existen pocas dudas de que EEUU cuente con el poder militar para derrocar a Sadam Husein. En última instancia, probablemente puedan hacer esto sin el abrigo protector de un paraguas multilateral. Sin embargo, puede conllevar enormes costes políticos. Incluso si pueden imponer un régimen títere en Bagdad, como han hecho en Kabul, el resultado sólo sería más inestabilidad y caos.

Recientemente, Washington dio el paso sin precedentes de recibir, con todos los honores, a los dos principales líderes kurdos iraquíes: Masoud Barzani y Jalal Talaban. La intención por lo tanto está bastante clara: utilizar a los kurdos iraquíes de la misma forma que utilizaron a la Alianza del Norte en Afganistán, como carne de cañón para capturar por tierra al enemigo de EEUU y, de este modo, ahorrar a EEUU la penosa necesidad de luchar. Pero, en primer lugar, los kurdos no se pueden igualar al ejército iraquí y, en segundo lugar, al fomentar el nacionalismo kurdo, EEUU está creando en la región contradicciones nuevas y explosivas.

Después de haber prometido a los kurdos satisfacer sus aspiraciones nacionales, los estadounidenses no van a tener fácil deshacerse de ellos con algo menor a un estado. Por otro lado, cualquier sugerencia de un estado kurdo independiente sería un anatema para Turquía, el segundo aliado importante de EEUU en la región después de Israel. El enfermizo primer ministro turco, Ecevit, ya ha dejado esto bastante claro.

Los marxistas defienden firmemente el derecho del pueblo kurdo a tener su propio país. Pero esto sólo se puede conseguir con métodos revolucionarios y, dentro del marco de una lucha por el derrocamiento del capitalismo y la formación de una federación socialista de Oriente Medio. Sin embargo, para los imperialistas, el derecho de autodeterminación es sólo una pequeña moneda de cambio en sus cálculos cínicos. La idea de que los kurdos puedan conseguir la autodeterminación basándose en las bayonetas estadounidenses es equivocada y reaccionaria de principio a fin.

En general, no sólo es importante lo que se dice, sino quién lo dice, de qué modo y con qué propósito. Cuando los imperialistas estadounidenses afirman que están a favor de la autodeterminación de los kurdos o palestinos no debemos creerles. Más bien estamos convencidos de que son sólo maniobras cínicas para engañar a la opinión pública, fortalecer su posición y los intereses del imperialismo estadounidense en la región.

Al ponerse a disposición de Washington, los líderes kurdos no lo hacen a favor de los intereses de su pueblo, más bien lo contrario. Bush no intenta conceder a los kurdos sus derechos nacionales, sólo los quiere utilizar como carne de cañón. Mucho más importante para EEUU es su amistad con Turquía, el enemigo más encarnizado del pueblo kurdo, y el principal aliado de EEUU en la región. Washington sabe muy bien que EEUU necesita las bases turcas de Divarbakir y especialmente las de Incerlik, que han sido utilizadas por las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses para imponer la llamada zona de exclusión aérea en el norte de Iraq.

Recientemente, los grupos kurdos rivales de Barzani y Talaban llegaron a un acuerdo después de años de lucha. Al percibir que conseguirán apoyo y armas de EEUU, están eufóricos. Pero la euforia es una mala consejera en una situación tan seria. En una entrevista publicada en el periódico alemán, Die Zeit, Barzani declaró que el norte de Iraq se convertiría en la tumba de cualquier soldado turco que intentara intervenir allí. El efecto de estas palabras en Ankara se puede fácilmente imaginar. Ecevit respondió con una declaración furiosa afirmando que Turquía nunca permitiría la crearon de un estado kurdo, y el desafortunado Barzani tuvo que retirarse.

Este pequeño incidente demuestra la verdadera situación. El imperialismo estadounidense no tiene intención alguna de satisfacer las aspiraciones nacionales de kurdos o palestinos (la demagogia última sobre un estado palestino sólo tiene la intención de mantener callados a los regímenes árabes mientras pulverizan Iraq). No conocemos los acuerdos secretos con Washington, pero que estos acuerdos existen está más allá de toda duda. Los bandidos están dividiendo el cuerpo vivo de Iraq incluso antes de derrotar al país. No sólo han amenazado a Francia y Rusia con excluirles del petróleo iraquí, a Turquía, casi con toda seguridad, se le ha ofrecido, a cambio de su colaboración, la posesión de los campos petrolíferos de Kirkuk y Mosel en el norte de Iraq. Pero estos campos petrolíferos están dentro de una región que los kurdos consideran como suya. ¿Cuadran estos planes con un estado kurdo independiente? La respuesta es no.

Al borde del abismo

Durante las negociaciones en Brest-Litovsk entre los representantes del imperialismo alemán y los bolcheviques, León Trotsky intentó ganar tiempo prolongando las conversaciones de paz, mientras hacía discursos revolucionarios a los trabajadores alemanes y austriacos sobre las cabezas de los generales y diplomáticos. En determinado momento, el general alemán Hoffman, como una señal de impaciencia, puso las botas sobre la mesa cuando Trotsky estaba hablando. Como más tarde recordó Trotsky, ningunos de los presentes dudó que la única realidad en la habitación eran las botas de Hoffman.

La diplomacia no juega un papel independiente en la historia, siempre es la criada de la guerra. El frenesí actual de actividad diplomática en y alrededor de la ONU es sólo el preludio de una guerra que ahora es prácticamente inevitable. Bagdad ha negado repetidamente la posesión de armas de destrucción masiva. Ha ofrecido el regreso de los inspectores. Pero todo esto es inútil. Cada paso atrás que den los iraquíes, Bush exigirá diez más. Abrigar ilusiones en este juego sería en extremo ingenuo.

EEUU no va a renunciar a su objetivo declarado de un "cambio de régimen" en Iraq. Después de decirlo durante tanto tiempo, en voz alta y estrepitosamente, sería imposible para la administración Bush abandonar su objetivo político. Con las elecciones a medio plazo, George W. Bush está jugando la carta bélica con la intención de asegurarse el puesto (o eso piensa) y el entusiasmo de su vicepresidente está incluso más profundamente arraigado. Dick Cheney es un ladrón, en el sentido más literal de la palabra. Ha acumulado cientos de millones de dólares con delitos empresariales, no sólo de tipo administrativo, también es posible que con cargos criminales. Sólo golpeando más fuerte que nadie los tambores de guerra, puede acallar los gritos que piden llevarle a juicio.

Las razones antes mencionadas, por supuesto, no agotan la lista de motivos que tiene EEUU para declarar la guerra a Iraq. Aparte de los motivos personales de Bush y Cheney, está la cuestión del nuevo papel de EEUU como policía mundial. La caída de la URSS, como hemos explicado muchas veces, significó que EEUU disfruta ahora de un dominio total, de un modo que no tiene precedentes en la historia mundial. Ahora pretende arrogarse el derecho a intervenir en cualquier parte, a declarar la guerra a cualquiera, a engañar y obligar a supuestos estados soberanos a hacer lo que ellos quieran.

El resultado de una invasión de Iraq todavía es incierto. Napoleón dijo que la guerra es la ecuación más complicada. Hay tantas variables e imponderables que es prácticamente imposible predecir el rumbo exacto de una guerra. Pero como también dijo Napoleón, la moral es un elemento muy importante en esta ecuación sangrienta. ¿Cuál es el estado real de la moral del pueblo iraquí y sus fuerzas armadas? Esto es difícil de saber.

Sin duda las masas iraquíes no adoran a Sadam Husein, pero aún adoran menos a los EEUU. Diez años de monstruoso embargo económico han arruinado una nación que era bastante próspera y culta. Ha sido el responsable de la muerte de un millón de niños iraquíes. En este mismo momento, los iraquíes luchan contra la muerte lenta del cáncer, porque el Occidente "civilizado", les niega el acceso a las medicinas y el tratamiento necesario. Iraq, pobre y desangrada, ahora se encuentra ante la perspectiva de un bombardeo masivo que destrozará aún más su infraestructura arruinada, que asesinará y mutilará a miles de personas y llevará al país al borde del abismo. Y peor aún es que la nación iraquí se enfrenta a la extinción total debido a la división y el desmembramiento.

Sobre estas bases, es posible que la resistencia iraquí esté más decidida de lo que espera el Pentágono. Es bastante posible que, de una forma u otra, el conflicto pueda durar meses e incluso años. Sin embargo, esto no se puede dar por sentado. Después de largos años de guerra y sufrimiento, el pueblo iraquí está al borde del agotamiento. La naturaleza del régimen no le permite pedir fácilmente a la población más sacrificios en una lucha amarga y desigual. Son tendencias contradictorias y es imposible calibrarlas desde la distancia.

En cualquier caso, muchos expertos militares de Occidente están advirtiendo a los estadounidenses de que el conflicto en Iraq puede ser más difícil, prolongado y costoso de lo que esperan. Esta es la opinión de un número cada vez mayor de oficiales que tienen la experiencia de la Guerra del Golfo. Por esta razón, a Bush le gustaría que otros lucharan por él. El ejemplo de Afganistán ha llevado a algunos sectores del régimen a creer que pueden mantener las bajas estadounidenses en un mínimo y que se pueden limitar sólo a bombardear desde gran altura, mientras que utilizan en tierra a las "fuerzas locales". El problema es que el bombardeo a gran altura necesariamente implicará bajas civiles, y al mismo tiempo, utilizar a "fuerzas locales", como los kurdos, también tiene sus propios riesgos.

La aventura estadounidense en Iraq plantea un grave peligro. La reacción del régimen ante una invasión dirigida por EEUU es evidente. Sadam Husein hará todo lo necesario para mantenerse en el poder. La razón no es difícil de ver. Una derrota significaría la muerte de Sadam Husein y el círculo gobernante de Bagdad. Está claro que la propaganda occidental exagera de una forma sistemática la cantidad de "armas de destrucción masiva" que tiene en sus manos y la amenaza que representan; está igualmente claro que debe tener cierta cantidad de armas mortales y misiles, apuntando hacia Israel y otros países vecinos. Si se enfrenta con la perspectiva inminente de una derrota y la muerte, parece probable que estará dispuesto a utilizar estas armas. Las consecuencias para los pueblos de la región son terribles. Pero eso no preocupa lo más mínimo a George W. Bush y a sus amigos.

Una guerra contra Iraq será una guerra imperialista de agresión y saqueo. El movimiento obrero internacional debe oponerse con todos los medios a su disposición. Al final, incluso si los imperialistas consiguen derrocar a Sadam Husein y poner en su lugar a un títere iraquí, nada quedará resuelto. Las ondas sísmicas provocadas por el terremoto se extenderán y creará nueva inestabilidad en todas partes. Durante todo un período, estará preparado el camino para acontecimientos revolucionarios en todo Oriente Medio y a escala mundial. George W. Bush pondrá en marcha una reacción en cadena que afectará a un país tras otro. Los resultados finales no van a ser de su agrado.


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