Corriente Marxista Internacional

Cuando comenzó la ocupación de Iraq insistimos en que la tarea de controlar el país no sería una tarea tan fácil para los ejércitos imperialistas como el hecho de “ganar la guerra”. El problema no es sólo que la resistencia armada crezca según pasan Cuando comenzó la ocupación de Iraq insistimos en que la tarea de controlar el país no sería una tarea tan fácil para los ejércitos imperialistas como el hecho de “ganar la guerra”. El problema no es sólo que la resistencia armada crezca según pasan los días, el otro problema al que se enfrenta el imperialismo es el creciente ambiente de furia entre los trabajadores iraquíes, que está comenzando a expresarse a través de huelgas.

La lucha de clases por parte de los trabajadores y parados iraquíes está comenzando a despegar. Pero este tipo de oposición apenas recibe una mención en los medios de comunicación occidentales. La razón es obvia: en Occidente quieren dar la impresión de que los iraquíes son una horda de bárbaros incivilizados, de fundamentalistas islámicos alejados de nuestro mundo “culto” y “civilizado”. Quieren hacernos creer que lo que está ocurriendo en Iraq no es una guerra entre opresores y oprimidos, sino un “choque de civilizaciones”, donde se supone debemos alinearnos con nuestros gobernantes frente a “culturas extrañas”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Iraq es un país industrializado, donde los trabajadores, especialmente en el sector petrolero, juegan un papel clave. Y como los trabajadores de todos los países actúan cuando sus intereses vitales están en peligro.

Aumentan

las movilizaciones

Durante las últimas semanas han tenido lugar toda una serie de manifestaciones y huelgas. Los parados han protagonizado reuniones y manifestaciones de masas en Bagdad y Basora. También ha llegado la noticia de una huelga de veinticuatro horas en la refinería más grande del país, en Basora, a principios de octubre. En la refinería Daura en Bagdad, durante las últimas dos semanas ha habido tres huelgas. El director general de la refinería, Dathar Khashab, explicaba como se enfrentó a los trabajadores: “Desearía poder haber solucionado la protesta con métodos pacíficos, pero... no queremos más paros. Las huelgas perjudican al país”.

Este despiadado antiguo dirigente del Partido Baaz ahora es un seguidor entusiasta de las fuerzas ocupantes y revela la actitud de los nuevos gobernantes a un periodista (que formaba parte de una delegación de Ocupation Watch y del Movimiento Obrero de EEUU Contra la Guerra). Le explicaba que la “privatización [de la industria petrolera iraquí] es buena porque atemoriza a los trabajadores. Hace que los trabajadores tengan miedo a perder su empleo. Ahora todo trabajador sabe que yo controlo su vida. Si le despido, arruino su vida y la de su familia”. Estos son la clase de nuevos directores que quiere la burguesía estadounidense y británica.

Ningún derecho para

los trabajadores

En 1987 el Partido Baaz aprobó una ley que prohibía las huelgas y también oficialmente borraba la existencia de los “trabajadores” en Iraq. Todos se convirtieron en “funcionarios”. No es casualidad que la Autoridad Provisional haya decidido deliberadamente no eliminar esta ley. Las condiciones laborales de la gran mayoría de trabajadores iraquíes son espantosas. El mismo periodista antes mencionado visitó Nahrawahn, cerca de Bagdad, se trata de un complejo formado por 150 fábricas que emplean a 15.000 trabajadores. Hombres, mujeres y niños trabajan allí durante catorce horas diarias por un salario de 1,5 dólares (60 centavos para los niños). Por supuesto no tienen seguro médico, paga de vacaciones, normas de seguridad ni asistencia médica. El periodista explicaba correctamente que todos los trabajadores tienen un límite y cuando llegan a él no les queda otra alternativa que luchar.

“El sábado 11 de octubre, el 75 por ciento de los trabajadores decidieron que ya tenían suficiente y fueron a la huelga. Entre 300 y 400 trabajadores se dirigieron a las oficinas del dueño y exigieron seguridad social, jubilación, asistencia médica, contratos y aumentos salariales. El dueño no sabía que se acababa de formar un sindicato y les dijo: ‘Bien, si continúa la huelga os despediré, otros os sustituirán’. Los trabajadores respondieron yéndose a sus casas, volviendo con sus armas y espontáneamente formaron un piquete. Parapetados con ametralladoras y Kaláshnikov, los trabajadores hicieron guardia frente a la fábricas y defendieron su huelga impidiendo la entrada de esquiroles.

El dueño terminó concediendo a los trabajadores un aumento salarial de 500 dinares (25 centavos), además aceptó negociar los beneficios sociales y sanitarios. La huelga fue un éxito. Los trabajadores sindicados, animados por su victoria, ahora quieren mejorar sus condiciones laborales y mantener a raya a los empresarios. Como dijo Farhan (uno de los trabajadores entrevistados): ‘El sindicato debe controlar el combustible de los hornos. Si lo hacemos, el dueño de la fábrica nos obedecerᒔ.

Este episodio es sólo una prueba de lo que vamos a ver en Iraq en el futuro. Incluso en unas condiciones extremadamente difíciles, los trabajadores iraquíes se están poniendo en pie. Los trabajadores mencionados ganaron, en primer lugar, porque estaban decididos y unidos, la cuestión de las armas es algo secundario (aunque obviamente es importante). El ejército estadounidense, desde el punto de vista puramente militar, podría haber acabado con ellos si hubiera querido, pero lo que no habría podido destruir es el espíritu de solidaridad entre los trabajadores y su determinación a luchar.

La clase obrera, junto con los parados y los campesinos pobres, son la aplastante mayoría de la población en Iraq. Organizados en un partido revolucionario, podrían derrotar a cualquier ejército de ocupación. Según es vayan deteriorando las condiciones, los trabajadores iraquíes inevitablemente emprenderán el camino de la lucha de clases, con huelgas y ocupaciones de fábrica, con huelgas generales y manifestaciones de masas. Un movimiento así de las masas iraquíes tendría un efecto profundo en los ya insatisfechos soldados estadounidenses. Dejaría lo suficientemente claro que lo que están haciendo en Iraq no es “liberar a la población” sino oprimir a sus hermanos y hermanas de la clase obrera iraquí.


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