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Las elecciones presidenciales de diciembre son un punto de inflexión importante en el desarrollo de la Revolución Venezolana. Reflejan la lucha entre los trabajadores y campesinos venezolanos, y la oligarquía y el imperialismo. Nuestra actitud hacia Las elecciones presidenciales de diciembre son un punto de inflexión importante en el desarrollo de la Revolución Venezolana. Reflejan la lucha entre los trabajadores y campesinos venezolanos, y la oligarquía y el imperialismo. Nuestra actitud hacia estas elecciones es por tanto una cuestión clave.

El marxismo no tiene nada en común con el anarquismo. Nunca hemos negado la importancia de la lucha electoral como parte de la lucha de clases. Para las masas la cuestión es muy clara: el voto a Chávez es el voto por la revolución. Por otro lado, la oligarquía y el imperialismo están haciendo todo lo que está en su poder para conseguir la derrota de Chávez. En el fondo, es una cuestión de clase y debemos ocupar nuestro lugar al lado de los trabajadores y campesinos revolucionarios luchando contra el imperialismo y la oligarquía.

Las fuerzas contrarrevolucionarias ya han comenzado una campaña para desacreditar las elecciones. Utilizarán todos los medios a su disposición para socavarlas: soborno, corrupción, calumnia, mentiras y todo tipo de sabotajes. Tendrán a su disposición recursos considerables: la riqueza de la oligarquía, la tecnología de la CIA, el apoyo de la embajada de EEUU, la prensa amarilla y el resto de los medios de comunicación prostituidos.

Por otro lado, tenemos el espíritu revolucionario, el coraje y la dedicación de millones de trabajadores, campesinos y pobres urbanos venezolanos, la juventud revolucionaria, los sectores revolucionarios del ejército y los artistas e intelectualidad progresista, en pocas palabras, todas las fuerzas vivas de la sociedad venezolana, apoyadas por las masas explotadas de América Latina y la clase obrera de todo el mundo.

Los trabajadores y campesinos están luchando para transformar la sociedad. Se han hecho grandes avances, pero el objetivo final no se ha alcanzado. El poder de la oligarquía todavía no se ha roto. En la medida que esto siga así, la revolución no puede ser irreversible y estará bajo constante amenaza.

Elecciones y lucha de clases

La lucha electoral es parte de la lucha de clases. Aunque las cuestiones decisivas siempre se deciden en última instancia fuera del parlamento en las fábricas, en las calles, en la tierra y en los barracones, la lucha electoral es un medio mediante el cual las fuerzas revolucionarias pueden ser movilizadas y medir su fuerza contra la contrarrevolución.

La lucha electoral jugó un papel muy importante en la movilización de los trabajadores y campesinos venezolanos después de la masacre del Caracazo. Cada victoria en el frente electoral (incluido el referéndum revocatorio de agosto de 2004) ha fortalecido objetivamente la tendencia revolucionaria y debilitado la tendencia contrarrevolucionaria. Ha ayudado a derrotar y desmoralizar las fuerzas de la reacción y crear unas condiciones más favorables para llevar a cabo la revolución socialista.

En la Revolución Rusa de 1917, la existencia de los soviets órganos revolucionarios de poder obrero significó que el elemento parlamentario jugó un papel secundario. Cuando finalmente se reunió la Asamblea Constituyente (después de que la clase obrera hubiera tomado el poder a través de los soviets), ésta ya había agotado cualquier potencial histórico progresista que pudiera tener y pronto fue dispersada por los soviets dirigidos por los bolcheviques.

Sin embargo, de ninguna manera excluyó que la Revolución Rusa pasara por una fase de parlamentarismo, como lo hizo la Gran Revolución Francesa de 1789-1793. La revolución venezolana ha seguido un camino que es más similar al de la Revolución Francesa que al de la Revolución Rusa. Los elementos de poder obrero existen en las fábricas ocupadas y en el movimiento hacia el control obrero pero por ahora existe sólo en un estado embrionario. Esto significa que el frente electoral continuará ocupando una posición central.

Los marxistas revolucionarios apoyamos con entusiasmo la reelección de Chávez, pero al mismo tiempo estamos luchando por llevar adelante la revolución hasta el final. Una victoria decisiva en las elecciones de diciembre debe ser seguida por medidas decisivas para desarmar la contrarrevolución y expropiar a la oligarquía. Sólo de esta manera la revolución puede ser irreversible.

La lucha electoral, aunque importante, no puede resolver la cuestión central del poder. Puede crear condiciones favorables para llevar a cabo la revolución. Pero en última instancia, la lucha por el poder no se resolverá con discursos y resoluciones en el parlamento. La oligarquía nunca entregará su poder y privilegios sin una lucha feroz. Cerrar los ojos ante esta realidad sería la mayor irresponsabilidad y un crimen contra la revolución.

La burguesía y la “legalidad”

Nos dicen que debemos respetar la ley. ¿Pero cuál es la actitud de la oligarquía hacia la legalidad? Los terratenientes y capitalistas hablan constantemente sobre “democracia” pero en realidad sólo apoyan la “democracia” en la medida que representa sus intereses de clase. Pero cuando las elecciones sitúan a un gobierno que no representa los intereses de los ricos y poderosos, cuando intenta defender los intereses de los pobres y explotados, entonces la oligarquía se vuelve contra la democracia y recurre a la actividad extraparlamentaria, el sabotaje, los asesinatos y los golpes de estado.

En 2002 estos “demócratas” organizaron un golpe de estado contra el gobierno elegido democráticamente. Sólo el movimiento revolucionario de las masas salvó la revolución. Pocos meses después organizaron el cierre patronal y el sabotaje de la empresa petrolera, PDVSA, que puso a la economía a sus rodillas. Una vez más, sólo la clase obrera salvó la situación amenazando con ocupar las fábricas y gestionando la industria petrolera bajo el control de los trabajadores.

El referéndum revocatorio fue otro intento de desestabilizar el país y utilizar la Constitución Bolivariana para derrocar al gobierno. Por supuesto, lo primero que habrían hecho si hubieran triunfado es abolir el derecho de revocación junto con el resto de la Constitución Bolivariana. Una vez más, fue el infalible instinto revolucionario de las masas lo que salvó la situación.

Finalmente, en diciembre de 2005, la oposición boicoteó las elecciones legislativas, cuando fue consciente de que obtendría unos resultados ridículos. Con esta acción declararon efectivamente la guerra a la democracia. Arrojaron el guante al pueblo de Venezuela. Dijeron: no importa a quién votéis, no importa quién salga elegido, nosotros pretendemos mantener nuestro poder y privilegios, lucharemos para defenderlos a muerte.

De este modo, a cada etapa decisiva de la revolución, la oligarquía ha demostrado su total desprecio por todas las normas democráticas, parlamentarias y legales. Han recurrido consistentemente a métodos extraparlamentarios para derrocar al gobierno elegido por el pueblo. Este es un hecho que no se puede negar. Debemos extraer las conclusiones necesarias. Para avanzar la revolución debe defenderse contra la agitación y agresión ilegal y extraparlamentaria de la oligarquía contrarrevolucionaria. Sólo hay un camino para hacer esto: la oligarquía debe ser derrotada, desarmada y expropiada. Eso es decir, la lucha para ganar la Segunda Batalla de Santa Inés debe estar clara y firmemente vinculada con la lucha por el socialismo.

La Revolución Bolivariana ha dado gigantescas zancadas hacia adelante, pero todavía no ha resuelto los problemas fundamentales. Los principales desafíos a los que se enfrenta la revolución son los siguientes:

1) La cuestión de la economía

2) La cuestión del estado

3) La ausencia de una expresión organizada del movimiento revolucionario

4) El armamento del pueblo

La economía

Después de una victoria decisiva en las elecciones presidenciales, el movimiento bolivariano disfrutará de una posición dominante en la Asamblea Nacional y en cada uno de los niveles del gobierno. Por tanto, no habrá excusa para no adoptar medidas decisivas contra la oligarquía, que todavía posee y controla los puntos claves de la economía nacional. A menos que se rectifique esto, no se puede hablar de socialismo o revolución y la República Bolivariana siempre estará en peligro. La oligarquía siempre utilizará su control de la banca y las finanzas (el 80 por ciento en manos de multinacionales españolas), la distribución de alimentos (en manos de dos grupos monopolistas), las telecomunicaciones (en manos de tres o cuatro grupos multinacionales), los medios de comunicación (controlados por cuatro poderosos monopolios), etc., para sabotear la economía. A pesar de las medidas iniciales de la reforma agraria, la aplastante mayoría de la tierra fértil sigue en manos de un puñado de terratenientes.

La Asamblea Nacional debe introducir una ley que permita expropiar la tierra, los bancos, las sociedades financieras y todas las principales industrias bajo el control y administración de los trabajadores. Esta es la condición previa para la introducción de un plan de producción socialista y democrático. Toda la riqueza de Venezuela, en primer lugar sus vastos recursos humanos inutilizados, puede ser movilizada y ponerlo a trabajar en la construcción de casas, escuelas y hospitales que son necesarios. Esta es la única manera de situar la revolución sobre bases firmes y hacerla irreversible. Todas las otras propuestas son simples palabras reformistas que no resuelven nada y terminan en una crisis.

Una verdadera economía planificada socialista no tiene nada en común con el estado burocrático totalitario que existía en la Rusia estalinista. La primera está basada en la participación democrática y el control de la economía a todos los niveles por parte de los propios trabajadores, incluidos los científicos, ingenieros, agrónomos, planificadores, arquitectos y economistas. Liberada de la dictadura del beneficio privado, la economía se expandirá a un ritmo sin precedentes. El desempleo desaparecería y se pondrían las bases para un aumento general de los niveles de vida.

Si la economía se expande y las condiciones de las masas mejoran, será posible conseguir una reducción general de las horas de trabajo sin perjudicar a la productividad. Bajo el capitalismo, la introducción de nueva maquinaria y tecnología no lleva a la reducción de la jornada laboral, sino todo lo contrario, hacia una continúa expansión de las horas de trabajo y el aumento constante de la carga de trabajo. En una economía socialista planificada, la aplicación generalizada de la nueva tecnología llevará a una reducción de las horas de trabajo, que es la condición previa para la participación de las masas en la administración de la industria, el estado y en el arte, la ciencia y la cultura. Estas, y no otras, son las bases materiales reales sobre las que se construirá el socialismo del siglo XXI.

El Estado

Después de nueve años de gobierno bolivariano, el aparato del Estado permanece en un estado lamentable. Una verdadera revolución no puede simplemente tomar el estado existente y utilizarlo para el propósito revolucionario. El viejo estado de la IV República era un estado diseñado para defender el status quo y los intereses de los explotadores, un estado capitalista. Se basaba en la corrupción y la violencia contra el pueblo, una vasto monstruo burocrático sirviendo a los intereses de los ricos y poderosos.

Ese fue el estado que tomó la Revolución Bolivariana. ¿Qué ha cambiado? Algunos de los peores elementos se han purgado y hay algunos ministros y funcionarios bolivarianos honrados que están intentando llevar adelante los deseos de la población. Pero en cada ministerio hay muchas personas que llevan una camiseta roja pero que son enemigos de la revolución y trabajan contra ella. La corrupción y el abuso están extendidos y la influencia de los elementos contrarrevolucionarios es una amenaza constante para la revolución.

Para triunfar, la revolución no puede basarse en este Estado, debe crear un nuevo estado a su propia imagen, un estado obrero en la línea de la Comuna de París o la república obrera democrática establecida por los bolcheviques en Rusia antes de que fuera destruida por Stalin y la burocracia. Este Estado estaría bajo el control democrático de los trabajadores, con salarios estrictamente limitados a no más del salario de un trabajador cualificado.

Todos los funcionarios deberían ser elegidos y sometidos a la revocación instantánea si no cumplen los deseos del pueblo. Sólo de esta forma se puede extirpar el cáncer de la burocracia del cuerpo de la revolución y establecer las condiciones para la participación del conjunto de la población en la administración de la industria, la sociedad y el Estado, sin la cual el socialismo es sólo una palabra vacía.

La necesidad de una expresión organizada del movimiento revolucionario

Sin organización la revolución no puede triunfar. Las masas tienen un tremendo poder en sus manos, pero este poder debe ser organizado y dirigido hacia el objetivo central. Sin esto, será sólo un simple potencial sin contenido real. Se disipará en el aire como el vapor, que se convierte en energía sólo cuando se concentra en una caja de pistones.

En Venezuela hoy millones de trabajadores están organizados en decenas de miles de organizaciones, comités agrarios, Círculos Bolivarianos, asambleas revolucionarias, sindicados de lucha de clases, comisiones de agua, organizaciones de cuidado sanitario, misiones, etc., Pero están atomizados y aislados. No hay un órgano nacional en el que estén representados y a través del cual la experiencia de las masas en la lucha pueda ser compartida y generalizada. Los partidos políticos bolivarianos representados en el parlamento son considerados en general como simples maquinarias electorales, que no responden ante el pueblo revolucionario y lleno de arribistas y elementos reformistas.

Las próximas elecciones nos brindan una gran oportunidad de perfeccionar las organizaciones revolucionarias de las masas. Las Unidades de Batalla Electoral por el Socialismo deben crearse en cada fábrica, barracón, escuela y barrio, vincularlas a nivel local, regional y nacional a través de la elección de delegados revocables. En esta Asamblea Nacional Revolucionaria todas las diferentes tendencias e ideas que existen dentro del movimiento bolivariano se podrían expresar y someter sus propuestas a la decisión democrática del movimiento revolucionario organizado.

A cada nivel es necesario promover el establecimiento de organizaciones revolucionarias democráticas que unan a los trabajadores, campesinos, mujeres, jóvenes y soldados revolucionarios. Estas organizaciones revolucionarias de masas (el equivalente de los soviets en la Rusia revolucionaria) comenzarán por organizar la lucha revolucionaria, pero inevitablemente terminará tomando el poder el sus propias manos. Ellas son el embrión de la nueva sociedad que se está formando dentro del útero de la vieja.

El establecimiento de estas organizaciones es una cuestión clave para la revolución y es esencial para su éxito. Ellas deben vincularse a nivel local, regional y finalmente, a nivel nacional. Esta es la tarea más urgente a la que nos enfrentamos.

Sobre todo, es necesario presionar para la creación de genuinas organizaciones proletarias. La UNT debe unirse y fortalecerse como la organización básica de la clase y la vanguardia de la revolución. Se ha malgastado ya mucho tiempo en peleas internas. La UNT debe comenzar a actuar como un verdadero sindicato revolucionario, no como una tertulia. Tomando la propuesta de Chávez, se debe hacer inmediatamente un plan para cada empresa abandonada o ruinosa y poner bajo el control obrero.

Además de la UNT, está el movimiento de fábricas ocupadas (Freteco). Éste está jugando un papel clave en unir y movilizar a los trabajadores en las fábricas ocupadas. Esta es la vanguardia del movimiento revolucionario y se debería desarrollar y extender a cada región del país.

¡Armar al pueblo!

Los imperialistas están observando de cerca los acontecimientos en Venezuela. Comprenden que una victoria de Chávez en las elecciones presidenciales supone una amenaza para ellos, no sólo en Venezuela sino en toda América Latina.

Washington intentará por todos los medios asegurar el derrocamiento del presidente Chávez, incluido el asesinato. Es verdad que por ahora están atrapados en el pantano de Iraq y esto hace extremadamente difícil una intervención militar directa de EEUU. Pero no se debe excluir que, en desesperación, puedan hacer algún tipo de intervención, probablemente utilizando lo servicios de mercenarios o fascistas desde Colombia. La amenaza es muy real y debemos estar preparados.

Este es particularmente el caso en el campo, donde los terratenientes ya están creando grupos paramilitares para defender sus propiedades contra la reforma agraria. Más de cien activistas campesinos han muerto en enfrentamientos relacionados con la reforma agraria. Esta es una guerra civil desigual en el campo que debe ser combatida con la formación de comités democráticos armados de autodefensa bajo el control de las organizaciones campesinas.

Un pueblo que no está preparado para defenderse con las armas en la mano merece ser esclavo. El presidente Chávez ha dicho en muchas ocasiones que el pueblo de Venezuela no quiere la guerra pero que luchará para defender su revolución contra cualquier agresor extranjero. La creación de guardias de reserva y territoriales es un intento de armar la revolución contra la amenaza de la intervención extranjera. Los marxistas dan la bienvenida a este paso y apoyarán todos los esfuerzos destinados a defender la revolución.

La UNT debería participar en este esfuerzo creando unidades de defensa de trabajadores en cada centro de trabajo organizadas por las asambleas de masas de trabajadores y responsables de ellas. Cada trabajador, campesino y estudiante debe aprender a utilizar las armas. La historia de la revolución demuestra que las masas son los únicos defensores consistentes de la revolución. Se deberían crear escuelas especiales de formación de cuadros militares entre los trabajadores y campesinos. Hay muchos oficiales revolucionarios en el ejército que pueden formar y entrenar a los trabajadores en las habilidades militares.

Los reformistas dicen que estas cosas sólo provocarán a los imperialistas y aumentarán el peligro de invasión. ¡Todo lo contrario! Cuantos más trabajadores aprendan a cómo utilizar las armas, cuanto más amplias capas de la población participen en la tarea de la formación militar, mayor la fuerza de disuasión para los agresores imperialistas y mayor la oportunidad de un resultado pacífico. Nuestra consigna debe ser la de la República romana: “Si pacem vis, para bellum” (Si quieres la paz prepárate para la guerra).

¡Por una política internacionalista!

Una revolución que habla en nombre de Simón Bolívar debe luchar para llevar a cabo el programa de Bolívar, la unificación revolucionaria de América Latina. Pero en las condiciones modernas esto sólo se puede conseguir a través de una Federación Socialista de América latina. Se debería hacer un llamamiento a todos los pueblos de América Latina y el mundo para que sigan el camino revolucionario de Venezuela.

Están los que dicen que la revolución ya ha ido lo suficientemente lejos, que es el momento de hacer un alto. Ese no es el espíritu que motivaba a Simón Bolívar y sus seguidores. Ellos no temían desafiar a las mayores potencias sobre el planeta, incluso aunque comenzaran con un minúsculo grupo.

No es suficiente con proclamar la revolución: la revolución debe pasar de las palabras a los hechos, de otra manera, llevará al escepticismo y la apatía, creando las condiciones para la contrarrevolución. La revolución no puede detenerse o será derrotada. Debe marchar audazmente hacia delante, conquistando una posición tras otra.

No es suficiente con hablar sobre socialismo, mientras la tierra y los bancos sigan en manos de los terratenientes y capitalistas. Es necesario acabar con lo que se ha empezado. Una dirección revolucionaria que no está preparada para llegar hasta el final está condenada a jugar un papel fatal. En ese caso, sería mejor no haber empezado a revolución en primer lugar.

En última instancia, el futuro de la revolución estará determinado por el grado en que se extienda al resto de América Latina y más allá. Esa idea fue entendida por el Che Guevara, cuando dijo que la revolución cubana sólo se podía salvar creando tres o cuatro Vietnam en América Latina.

El imperialismo estadounidense es un enemigo poderoso. Tiene reservas colosales. Pero la Revolución Venezolana tiene reservas potenciales aún más grandes, el apoyo de millones de trabajadores y campesinos explotados y oprimidos de América Latina que ven en la Revolución Bolivariana un rayo de esperanza en la oscuridad. En la medida que la revolución de pasos adelante, asestando golpes a sus enemigos y forzando a la oligarquía contrarrevolucionaria y al imperialismo a pasar a la defensiva, la confianza y militancia de las masas crecerá en todas partes.

Ya el movimiento revolucionario se está extendiendo a otros países, como vemos en la elección de Evo Morales en Bolivia, México, Perú y Ecuador no están muy por detrás. Lo que hace falta es una dirección audaz, un paso decisivo para erradicar el latifundismo y el capitalismo en Venezuela de una vez por todas. Una vez se de ese paso, la llama revolucionaria se extenderá como una bola de fuego de un país a otro.

Si la revolución bolivariana quiere triunfar, debe extenderse a otros países, comenzando con una Federación Socialista de Cuba, Venezuela y Bolivia. Su mensaje pronto se extenderá a otros países, incluido EEUU, donde el descontento aumenta con las horas.

¡Contra el oportunismo!

¡Contra el sectarismo!

En vísperas de la Segunda Batalla de Santa Inés, la revolución está en una encrucijada. Las masas, y particularmente la vanguardia, están comenzando a cansarse de palabras y discursos. Lenin en cierta ocasión advirtió contra las palabras y la retórica que destruían más de una revolución. ¡Es el momento de traducir los discursos en acción! Sólo llevando a cabo una revolución dentro de la revolución se puede evitar el peligro de la contrarrevolución. Pero esto sólo es posible sobre la base de una política marxista.

Marx y Engels hace tiempo dijeron que los comunistas no forman un partido separado y opuesto a los otros partidos de la clase obrera. Los marxistas son el sector más avanzado del movimiento obrero. Todos los marxistas revolucionarios deben luchar por unir a las masas alrededor del programa de la revolución socialista, expresado como una serie de reivindicaciones transicionales, desde la reivindicación económica, social y democrática más pequeña, a la conquista del poder. Debemos luchar por establecer vínculos con las masas de trabajadores, campesinos y la juventud revolucionario que hoy se encuentran en las filas del Movimiento Bolivariano.

Nuestra primera tarea es unir a la vanguardia proletaria los elementos más avanzados de los trabajadores y la juventud alrededor del programa transicional de la revolución socialista. Pero no debemos separarnos de las masas de bolivarianos revolucionarios que desean luchar contra los dos peligros de la contrarrevolución y el imperialismo. Los compañeros de la Corriente Marxista Revolucionaria (CMR) han comenzado este trabajo y deben ser apoyados totalmente por los marxistas de todo el mundo.

Aquellos sectarios que se dedican en todo momento a atacar a Chávez y dividir el movimiento revolucionario sólo desacreditan el nombre del marxismo a los ojos de las masas. Marx y Engels, los fundadores del socialismo científico, explicaron hace tiempo en El Manifiesto Comunista, que el lugar donde los comunistas deben trabajar es dentro del movimiento de masas, no fuera de el. Debemos hablar claramente: fuera del Movimiento Bolivariano (es decir, fuera del movimiento de las masas en Venezuela) no hay nada.

Los imperialistas y los contrarrevolucionarios comprenden la importancia del Movimiento Bolivariano y están intentando socavarlo desde dentro, utilizando la corrupción para crear la quinta columna en la dirección del movimiento. La lucha contra la contrarrevolución es por tanto imposible sin una lucha resoluta contra el ala oportunista del movimiento y los elementos pro-burgueses en la dirección.

La única forma de derrotar la contrarrevolución y llevar a las masas hacia la transformación socialista de la sociedad es realizando una lucha decidida contra el ala de derechas del movimiento bolivariano, echar a los oportunistas, arribistas y burócratas, transformar el movimiento en un instrumento revolucionario capaz de dirigir realmente a las masas.

Los mejores dirigentes del movimiento son los que proceden de las masas y no tienen otro interés excepto defender los intereses de las masas, no los políticos profesionales ni los burócratas. Exigimos que los salarios de los dirigentes no superen el de un trabajador cualificado. Todos los gastos deben ser abiertos a la inspección de la base y todos los dirigentes deben ser elegidos por la base y sometidos a revocación.

Para llevar adelante una lucha seria contra el oportunismo y la burocracia, la vanguardia proletaria debe organizarse. Esta es la tarea más urgente de los marxistas venezolanos, que deben luchar junto con el resto del movimiento de masas, intentado asestar golpes al enemigo de clase, mientras que el mismo tiempo explica a los trabajadores y campesinos más avanzados el significado de los acontecimientos y explicar pacientemente el programa del socialismo revolucionario en un lenguaje que sea accesible para las masas. Esa es la tarea que la CMR, la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional, tiene ante sí.

El destino de la revolución venezolana está orgánicamente atado a las perspectivas de la corriente marxista. Los marxistas se mantendrán o caerán según su capacidad de penetrar en el movimiento bolivariano y ganarlo para el programa del socialismo revolucionario. Y el movimiento bolivariano se mantendrá o caerá según su capacidad de trascender los límites de la revolución democrático burguesa, expropiar a la oligarquía y llevar a cabo la revolución socialista, no en palabras sino en hechos.