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El resultado de ocho años de gobierno neoliberal de Cardoso es alarmante: desindustrialización, producción a ritmo lento, PIB per cápita en descenso, aumento de la deuda externa y brutal incremento de la deuda interna. Con este panorama la vulnerabil Aurelio Fernandes

Brasil

El resultado de ocho años de gobierno neoliberal de Cardoso es alarmante: desindustrialización, producción a ritmo lento, PIB per cápita en descenso, aumento de la deuda externa y brutal incremento de la deuda interna. Con este panorama la vulnerabilidad externa de Brasil es mucho mayor que hace diez años, cuando el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) llegó al gobierno federal pregonando mejoras en la calidad de vida para la mayoría de la población.

Los mayores beneficiarios del actual modelo capitalista neoliberal vigente en Brasil son los bancos, las multinacionales, el sector financiero internacional, los países ricos acreedores y las empresas y sectores del capital que adquirieron el patrimonio público en el proceso de privatización.

Los grandes perjudicados fueron los trabajadores y la mayoría de la población, que en los dos mandatos de Cardoso fueron afectados duramente por el empeoramiento de sus condiciones de vida: crecimiento brutal de la tasa de desempleo, caída continua de poder adquisitivo real de los salarios, aumento significativo del trabajo informal, reducción creciente de las inversiones y creciente privatización de los servicios públicos en salud, educación y vivienda.

Las consecuencias de la aplicación de la cartilla neoliberal están contribuyendo de forma decisiva a una estrepitosa derrota electoral del candidato que representa al actual gobierno, Serra, del PSDB, ya en la primera vuelta de las elecciones brasileñas. La posibilidad de Lula, que disputa por cuarta vez consecutiva las elecciones presidenciales por el Partido de los Trabajadores (PT), de ganar en la primera vuelta es significativa y se amplía con la posibilidad de apoyo, a una semana de las elecciones, de un amplio sector del frente trabalhista (laborista) del candidato Ciro Gomes, capitaneado por el Partido Democrático Trabalhista (PDT) de Brizola.

El PDT de Brizola, que desde hace años viene denunciando el peligro de manipulación del resultado de las elecciones a través de fraudes en las urnas electrónicas, discute internamente en el frente trabalhista el apoyo a Lula, para garantizar su victoria ya en la primera vuelta e impedir la manipulación por parte de los monopolios de los medios de comunicación de masas y el fraude en las urnas electrónicas en la segunda vuelta. Brasil es el único país del mundo con elecciones totalmente informatizadas, sin voto físico y donde los programas informáticos están bajo la responsabilidad de la Agencia Brasileña de Informaciones (ABIN), el antiguo SNI de la dictadura militar.

Así, a pesar de que el candidato del PT asume un discurso de centro, caracterizado por la defensa del mantenimiento del pago de la deuda externa y de los acuerdos con el FMI y de un pacto social entre el capital y el trabajo para retomar el desarrollo del país y garantizar una "transición gradual" hacia un "nuevo modelo económico", la candidatura de Lula ha conseguido convertirse en un símbolo de cambio para la mayoría aplastante de los trabajadores y ha venido aglutinando fuerzas sociales significativas como el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), la Central Única de Trabajadores (CUT), el PDT y sectores del Partido Socialista Brasileño (PSB) del candidato Garotinho.

No obstante, el discurso de centro, sumado a la dura realidad de la crisis económica de la vecina Argentina hizo de la candidatura de Lula una opción, también, para sectores del empresariado que entienden que solamente un gobierno presidido por Lula tendría la representatividad para controlar el descontento de la mayoría de la población con la deuda social acumulada, no sólo en los últimos gobiernos, sino en los 500 años de existencia de Brasil. No es casualidad que el candidato a la vicepresidencia de Lula es uno de los mayores empresarios brasileños y que la embajadora de EEUU en Brasilia manifestara públicamente su aprecio a Lula y que Cardoso ensayara una aproximación, dejando entrever su eventual apoyo al candidato del PT en la hipótesis de que Serra no fuera su adversario en la segunda vuelta.

No obstante, la naturaleza de clase de un gobierno no depende exclusivamente del Presidente, ni del programa asumido por su partido en las elecciones. Hoy, en vísperas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales el pueblo trabajador apuesta electoralmente por la candidatura de Lula por haber conseguido encarnar el descontento social y el sentimiento difuso de cambio de la mayoría del pueblo brasileño. No obstante, el carácter del gobierno de Lula dependerá mucho del entorno internacional en un contexto de crisis global y latinoamericana y del comportamiento de las fuerzas sociales que apoyen y se opongan a su gobierno. Este embate decidirá de quién será el ritmo al que el probable gobierno de Lula bailará, el de los que siempre han luchado y siguen luchando por un Brasil justo e igualitario o el de la conciliación de clases.