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Argentina

El movimiento obrero debe pasar a la ofensiva

David Rey

Los capitalistas argentinos, por medio del gobierno Duhalde, y el capital internacional, a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), tienen ya diseñada su estrategia para intentar escapar de la bancarrota económica atacando hasta los huesos a las familias obreras.

Las condiciones de vida de las masas continúan deteriorándose. El poder adquisitivo de los trabajadores se ha reducido en un 40% en los primeros cuatro meses del año, según las cifras oficiales, pero la situación es mucho peor porque el número de desempleados continúa aumentando, los salarios están congelados o han descendido, y los precios de la canasta básica han subido mucho más que ese 40%. En el norte de Argentina está aumentando alarmantemente la tasa de mortalidad infantil y en algunas zonas, como Tucumán, se han denunciado centenares de casos de hambre física entre los niños.

Frente a esto, el gobierno Duhalde acaba de sacar un paquete de subsidios familiares dirigidos a los "jefes y jefas de hogar" desempleados con hijos a su cargo de unos 150 pesos al mes (menos de 50 dólares al cambio oficial); es decir, subsidios de auténtica miseria que no solucionan nada.

El gobierno Duhalde y los planes del FMI

El gobierno ya está dando los primeros pasos para aplicar las medidas que ha impuesto el FMI a cambio de la promesa de recibir nuevos créditos de esta agencia del imperialismo, derogando la Ley de Quiebras, lo que estimulará el cierre de empresas y el despido masivo de trabajadores. También se ha alcanzado un acuerdo con los gobernadores provinciales por el cual éstos se comprometen a reducir la deuda de sus provincias en un 60%, aunque algunos de ellos están poniendo reparos para aplicar las medidas por miedo a las consecuencias derivadas del despido de centenares de miles de empleados públicos También es inminente la derogación de la Ley de Subversión Económica, con lo que quedarán impunes los políticos y capitalistas argentinos y extranjeros implicados en estafas, sobornos y evasión de divisas durante el proceso de privatizaciones de empresas públicas de la última década y en las primeras semanas de instauración del corralito.

Mientras que el gobierno sigue poniendo restricciones a la retirada de depósitos a los ahorristas y pensionistas, se han "nacionalizado" toda una serie de bancos abandonados por inversores extranjeros debiendo el estado hacer frente a sus deudas y saneamiento con la intención de privatizarlos próximamente.

Ya sabemos qué consecuencias van a tener estos planes diseñados en común entre los capitalistas argentinos y extranjeros: decenas de miles de despidos, reducción drástica de los salarios, disminución brutal de los gastos y servicios públicos ante la falta de recursos: salud, educación, etc. Una catástrofe para las familias trabajadoras y sus ilusiones en un futuro digno, y todo ello con el fin de salvaguardar las propiedades, beneficios y privilegios sociales de los grandes empresarios y banqueros nacionales y extranjeros.

El 1º de Mayo y la huelga general

El movimiento obrero argentino tiene que pasar a la ofensiva. Lamentablemente los trabajadores se encuentran sin dirección. Las direcciones burocráticas de los sindicatos más grandes, la CGT oficial y la CGT disidente siguen sosteniendo al gobierno antiobrero de Duhalde, hasta el punto de que la CGT oficial se ha hecho cargo del Ministerio de Trabajo.

El 1º de Mayo fue una gran oportunidad para que la izquierda movilizara sus fuerzas con las que oponer una alternativa a las direcciones oficiales de los sindicatos. Mientras que las CGTs no prepararon ningún acto para ese día, por primera vez en décadas varias decenas de miles de trabajadores fueron movilizados por la izquierda en diferentes actos y marchas reivindicativas por todo el país.

Lamentablemente, estas movilizaciones estuvieron caracterizadas por la división y el enfrentamiento entre diferentes organizaciones, lo que restó impacto y fuerza a este 1º de Mayo. En Buenos Aires, las direcciones del sindicato CTA y los piqueteros de la CCC, profundizando con su política de "ladrar" pero no "morder" al gobierno de Duhalde, organizaron sus propios actos. Por su parte, las organizaciones piqueteras más combativas, los partidos de izquierda y las asambleas populares también se dividieron en dos actos separados por divergencias que surgieron días antes por discrepancias sobre los manifiestos a leer al final del acto, lo que resultó incomprensible y desmoralizante para miles de trabajadores y jóvenes que esperaban entusiastas un único acto. Aun así los actos estuvieron concurridos, entre 8.000 y 12.000 participantes en cada uno de ellos.

En cualquier caso, la presión subterránea de la clase empieza a hacerse ver. La CGT "disidente" dirigida por Hugo Moyano se vió obligada a convocar una huelga general el 22 de mayo contra las medidas del FMI y por aumentos salariales, aplazada desde el 14 de mayo con la excusa del "mal tiempo". La huelga no tenía otro objetivo que el de "enseñar los dientes" al gobierno y no tuvo mucho seguimiento por su consciente falta de preparación (no se consultó a los trabajadores en asambleas sobre su participación en la misma) y por las divisiones internas que provocó entre sectores de la burocracia sindical. Aún así miles de trabajadores participaron en las concentraciones y marchas convocadas. Y tiene su importancia porque, aunque sólo se trató de un "aviso", ha sido la primera huelga general convocada contra el gobierno Duhalde.

Por su parte, la tercera organización sindical en importancia, la CTA, ha convocado otra huelga general para el 29 de mayo, a la que también se han sumado las organizaciones piqueteras. Hasta los dirigentes burocráticos del sindicato metalúrgico, UOM, amenazan también con una huelga en los próximos días, para "defender la industria nacional".

El movimiento obrero pasará a la ofensiva

Todo esto confirma lo que los marxistas de El Militante hemos explicado en los últimos meses y es que, tarde o temprano, los dirigentes sindicales peronistas se verían obligados a pasar, en un primer momento, a una semioposición al gobierno y, más tarde, a una oposición frontal conforme sientan en su nuca el aliento de los trabajadores para no verse rebasados por los mismos. Este ambiente está provocando tensiones dentro de la burocracia sindical, entre los que se ven obligados a dar un paso al frente y aquéllos que optan por sostener al gobierno Duhalde, produciéndose rupturas y escisiones dentro de los mismos.

Hasta cierto punto, resultan secundarias las motivaciones subjetivas que llevan a estos dirigentes a movilizar a los trabajadores; lo importante a comprender por los marxistas es que al ponerse en movimiento la fuerza de la clase, puede originar una dinámica propia, situando a los trabajadores en el terreno de la lucha, confrontando su fuerza en la calle y abriéndoles nuevas perspectivas. Los burócratas no se podrán esconder y revelarán su auténtico carácter en el fragor de los acontecimientos.

Todo ello abre oportunidades únicas a la vanguardia revolucionaria argentina para estrechar sus lazos con los trabajadores y fortalecer sus posiciones dentro de los sindicatos para estar en las mejores condiciones de llevar la revolución argentina a una etapa superior.