Corriente Marxista Internacional

En la madrugada del viernes 17 de abril la policía desalojaba por la fuerza la fábrica Brukman, expulsando a los cinco trabajadores que hacían la custodia nocturna. Esta medida de fuerza suponía la expulsión de los trabajadores de la fábrica, ocupada En la madrugada del viernes 17 de abril la policía desalojaba por la fuerza la fábrica Brukman, expulsando a los cinco trabajadores que hacían la custodia nocturna. Esta medida de fuerza suponía la expulsión de los trabajadores de la fábrica, ocupada en pleno argentinazo tras la amenaza de cierre de la misma.

Un ataque planificado

Esta medida de fuerza se enmarca en una campaña perfectamente planificada y organizada por el gobierno, el aparato del Estado (jueces y policía) y la burguesía argentina. El proceso que forjó la insurrección popular de diciembre de 2001, inmediatamente antes y después del argentinazo, dio un golpe tremendo al fetiche de la “propiedad privada”, que se manifestó en la ocupación por los trabajadores de fábricas abandonadas o amenazadas de cierre, como Brukman, Zanón y otras decenas más; en la ocupación de edificios abandonados por parte de vecinos y asambleas populares y en la demanda de renacionalización de las empresas públicas privatizadas bajo el gobierno de Menem. Esto era muy peligroso para la clase dominante porque daba lugar a una tendencia que podría profundizarse aún más en las futuras luchas de los trabajadores.

La burguesía argentina inicia ahora una nueva etapa con la elección de un nuevo presidente de la nación y un nuevo gobierno. Este gobierno, a instancias del FMI, tiene que empezar a pagar la deuda externa después de año y medio de suspensión de pagos, lo que conllevará congelación y recortes en el gasto público y en las condiciones de los empleados públicos. Tiene que decretar un aumento generalizado en las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, teléfono, transporte, etc) a instancias de las empresas privatizadas en manos de las multinacionales extranjeras. Tiene que mantener la política de salarios bajos y empleo precario para permitir a los capitalistas argentinos competir con bajos costos con sus competidores extranjeros. En suma, este gobierno tiene que continuar con la política de atacar a las familias trabajadoras. Por eso quieren eliminar los eventuales puntos calientes de conflicto, liquidarlos, aplastar cualquier conato de resistencia, para facilitar la labor de dicho gobierno.

Por esto, la clase dominante aprovechó el reflujo temporal del movimiento que atravesamos para golpear y dar una lección a los sectores más combativos y militantes del movimiento obrero y a los activistas de izquierda, que son quienes lideran este proceso. Lo intentaron con la fábrica Zanón, de Neuquén, a principios del mes de abril, pero la movilización de los trabajadores de la fábrica y la solidaridad activa de los trabajadores neuquinos y del resto del país lo impidió. Continuaron con el desalojo de otras fábricas ocupadas, como Sasetru; de edificios en Capital como el Padelai, el Banco Mayo en la Boca, y otros edificios en diferentes barrios de Buenos Aires y otras ciudades. Finalmente, también lo consiguieron en Brukman.

Solidaridad urgente

Brukman fue cerrada por sus antiguos dueños en diciembre de 2001. Sus trabajadoras trabajaban “en negro” con salarios bajísimos y con considerables atrasos. El 18 de diciembre de 2001 decidieron ocupar la fábrica y ponerla a producir bajo control obrero. Arreglaron las máquinas averiadas, remodelaron las instalaciones y, con mucho esfuerzo, empezaron a salir adelante. Aumentaron sus salarios a más de 500 pesos al mes, pagando también los seguros sociales, además de dar trabajo a 70 trabajadores, mayoritariamente mujeres. Los trabajadores exigen, justamente, la nacionalización de la empresa sin indemnización, bajo su control. Los trabajadores de Brukman siempre participaron activamente en todas las movilizaciones y marchas habidas en el último año y medio y, justamente, se convirtieron en uno de los referentes principales de los activistas obreros y juveniles de toda la nación.

Una derrota de los trabajadores de Brukman sería una derrota del conjunto de la clase obrera argentina y animaría a la burguesía a continuar su política de ataques y recortes sociales contra las familias trabajadoras. Impedir el desalojo es vital para mantener el desafío a este sistema burgués explotador y que condena al hambre al pueblo. En los días siguientes al desalojo se produjeron concentraciones y marchas de varios miles a las puertas de la fábrica, y hasta se reclamó una huelga nacional a los sindicatos. Este es el camino para ganar. La CGT y la CTA no pueden declinar sus obligaciones, y deben impulsar un proceso de movilizaciones de masas, junto al movimiento piquetero, las asambleas populares y la juventud, que siempre estuvieron en la primera línea de batalla, hasta doblar el pulso al gobierno, los jueces reaccionarios, la policía y la patronal.


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