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A primeros de octubre se cumplió el primer aniversario de la ocupación de la cerámica Zanón por parte de los trabajadores, una de las fábricas más modernas del sector de toda Latinoamérica.

La lucha de los obreros de Zanón por la estatización de la fábrica, bajo control obrero, se ha convertido en uno de los principales estandartes del proceso abierto en Argentina tras las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre del año pasado.

Hace más de un año, la firme actitud de los trabajadores en defender sus condiciones de vida y de trabajo, llevó a los dueños de la fábrica a decretar un cierre patronal indefinido como una manera de chantajear a los trabajadores para que cedieran en sus pretensiones. Los trabajadores respondieron al cierre ocupando la fábrica y, cuatro meses más tarde, la pusieron a producir bajo control obrero.

Los 300 trabajadores de Zanón han podido mantener su salario de 800 pesos, igual para todos, que está por encima de la media de los salarios industriales del país, e incluso han ampliado su plantilla incorporando a trabajadores desocupados de la zona. Durante este tiempo los trabajadores han enfrentado diferentes intentos de desalojo decretados por jueces afines a la patronal. La solidaridad de los activistas obreros de la zona, y a nivel nacional, ha sido clave también para derrotar los planes de la patronal: marchas, concentraciones, huelgas, etc., han sido una constante en todo este tiempo.

La lucha de los trabajadores de Zanón para que el Estado se haga cargo de la fábrica, con la condición de que ésta funcione bajo el control de los trabajadores, es de enorme importancia porque señala, correctamente, que sólo con medidas socialistas pueden los trabajadores solucionar sus problemas.

La provocación del piquete patronal

El pasado 2 de octubre, a la vuelta de una marcha reclamando la estatización de la fábrica bajo control obrero, los obreros de Zanón vieron cómo a las puertas de la fábrica se instalaban varias decenas de provocadores, portando palos de hierro, tirachinas, piedras e incluso pistolas con la intención de originar un conflicto violento con los trabajadores de Zanón y así justificar la intervención policial y el desalojo de la fábrica, que es lo que piden los antiguos dueños de Zanón para retomar las instalaciones de la misma. Este grupo de provocadores estaba compuesto por una decena de extrabajadores de la fábrica, entre los que se encontraban burócratas sindicales y un grupo numeroso de barras bravas (hinchas violentos) de un club de fútbol de la zona, el club Cipolletti, y elementos lúmpenes, a los que pagaron 20 pesos por día, además de comida y vino, para que se prestaran a la provocación. Fueron repelidos por los trabajadores y debieron acampar a unos 200 metros de la puerta, desde donde hostigaban a los ceramistas, mientras que la policía apostada los dejaba hacer.

Los trabajadores y las organizaciones que acudieron a solidarizarse respondieron defensivamente, sin entrar en la provocación de salir de la fábrica porque esa era la excusa que esperaba la policía para poder entrar en la misma. Los trabajadores desocupados del MTD de Neuquen cortaron las rutas de acceso a la zona y rodearon a los provocadores. Por su parte, la CTA convocó a un paro provincial de protesta para el lunes 7.

Antes estas medidas, el piquete patronal no tuvo más remedio que abandonar el lugar. La CTA desconvocó el paro, pero los ceramistas siguieron en guardia. El lunes 7 regresaron los provocadores. Traían un gran cartel: “Ceramistas independientes–CGT”, mostrando el apoyo de la dirección peronista de la CGT a esta gente.

Las provocaciones se extendieron toda la madrugada con pedradas y tiros al aire, pero los trabajadores ceramistas y los desocupados que fueron a solidarizarse resistieron pacientemente. Horas después los provocadores se retiraban definitivamente.

La combatividad demostrada por los obreros de Zanón y los compañeros del MTD, así como la solidaridad y el apoyo activo de diversas organizaciones obreras y populares, fueron decisivos para derrotar esta nueva provocación patronal. Pero la burguesía no puede tolerar que cunda el ejemplo de los obreros de Zanón, que amenaza directamente su principal interés de clase: la propiedad privada.

Las muestras de solidaridad en toda la Argentina han sido muchas, pero también se impone una campaña de solidaridad con los obreros de Zanón a nivel internacional, para demostrar la solidaridad de los trabajadores contra los intentos de la burguesía y el gobierno argentino de someter la lucha de la clase obrera argentina contra la explotación capitalista ejemplificada en los ceramistas de Zanón.