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El anuncio del Presidente Duhalde de adelantar al mes de marzo del 2003 las elecciones para la Presidencia de la república y para la renovación parcial del Parlamento ha provocado un cambio en el panorama político argentino. El anuncio del Presidente Duhalde de adelantar al mes de marzo del 2003 las elecciones para la Presidencia de la república y para la renovación parcial del Parlamento ha provocado un cambio en el panorama político argentino. Este anuncio tiene lugar tras el desgaste sufrido por el gobierno a consecuencia de la brutal represión de los piqueteros en el puente de Avellaneda a finales de junio, y en medio de la guerra civil declarada en el interior del Partido Justicialista por los diferentes “caudillos” peronistas que buscan postularse como candidatos a la presidencia de la república. El permanente acoso del FMI, apremiando al gobierno Duhalde a que pusiera en práctica de manera inmediata las medidas de ajuste en la economía argentina, como condición inexcusable para recibir fondos del mismo, en un contexto donde se profundiza la degradación económica y social del país, también ha colocado a Duhalde en una situación insostenible.

De esta manera, la burguesía argentina lo que busca es ganar tiempo destapando una válvula de escape con la que desviar la atención de las masas de la población de sus problemas más acuciantes. Si en estos 7 meses ha sido la actividad de las masas en la calle la que ha marcado la agenda política del país, ahora se pretende que sea la disputa electoral la que centre la atención, con la cínica promesa de que dentro de 9 meses todo se arreglará con la elección de un nuevo presidente. Aunque, dada la situación extrema que vive el país y la debilidad del gobierno Duhalde, tampoco sería descartable que pudiera darse un adelantamiento mayor de las elecciones, para los meses de noviembre o diciembre.

El fracaso de la estrategia del gobierno Duhalde

En estos momentos, la burguesía argentina carece de un candidato fiable con una base social de apoyo suficiente que esté en condiciones de llevar a la práctica los planes que demandan los imperialismos americano y europeo a través del FMI, y no deja de mirar la contienda electoral con cierta preocupación. Pero toda la estrategia que tenía proyectada Duhalde para aplicar estos planes, antes de recurrir al adelanto electoral, se ha venido abajo en pocas semanas, no dejándole otra opción.

Ésta estrategia constaba de cuatro patas, y buscaba ensanchar la estrecha franja de apoyo social del gobierno. En primer lugar, introduciendo la histeria entre la pequeña burguesía con la amenaza del desorden social y la inseguridad ciudadana. Era necesario tener la mejor excusa para golpear sangrientamente al sector más combativo del movimiento piquetero para aislarlo del conjunto de la sociedad, presentándolo como un movimiento de desclasados y vándalos. La actitud colaboracionista con el gobierno de los dirigentes moderados del movimiento piquetero, como Alderete y D’Elía (dirigentes respectivamente de la Corriente Clasista y Combativa y de la FTV-CTA), se complementaba perfectamente con esta estrategia. En segundo lugar, comprar la paz social en el sector industrial con la promesa de subir 100 pesos los salarios a los trabajadores del sector privado. Aquí era la CGT oficial quien se ofrecía como garante del gobierno. En tercer lugar, alcanzar un acuerdo con el FMI para mediados de julio con el que obtener fondos frescos con el que descomprimir la aguda situación económica y social del país. Y en último lugar, y después de todo ello, postular un candidato consensuado dentro del peronismo (Reutemann, gobernador de Santa Fe) para presentarlo como candidato en unas elecciones a celebrar en el mismo momento en que tuvieran todas las garantías de que saliera vencedor.

La sangrienta represión contra la jornada piquetera del 26 de junio, que dejó 2 muertos, fue un absoluto fracaso para el gobierno. La ola de repulsa nacional e internacional se volvió completamente contra los autores y diseñadores de la misma, desprestigiando ante la población aún más al aparato represivo y a sus responsables políticos.

El FMI, por su parte, lejos de aflojar sus exigencias no ha hecho sino elevar las mismas hasta un tono insultante contra los emisarios del gobierno enviados a la negociación con este organismo. El mensaje de los responsables del FMI ha sido claro: hay que aplicar un recorte brutal del gasto público ya y a cualquier precio.

Para colmo, la batalla dentro del peronismo por la carrera presidencial estalló con toda virulencia. Menem maniobra abiertamente para la misma, como agente declarado de las empresas multinacionales que se hicieron con las empresas públicas privatizadas bajo su mandato. Rodríguez Saá y Ernesto Kirchner, gobernadores de San Luís y Santa Cruz, y portavoces de la demagogia populista dentro del peronismo, se postularon también como candidatos. Macri, una de las principales fortunas del país, también maniobra entre los “barones” peronistas para buscar puntos de apoyo entre los mismos. Y para colmo, Reutemann, el candidato oficioso, que no suscitaba entusiasmo ni dentro del partido ni en el conjunto de la sociedad, se resistía a anunciar su candidatura, visto el panorama, arrojando finalmente la toalla una vez anunciado el adelanto electoral.

La propuesta para subir 100 pesos los salarios en el sector privado se ha revelado como un fraude. Esta subida deja fuera a los trabajadores de la economía “negra”, informal, que suponen un 25% del total de los asalariados, y tampoco incluye a los trabajadores agrícolas, empleadas de hogar y empleados estatales. Con lo que menos del 25% de los asalariados se beneficiaban con dicha subida. Y esto tampoco es verdad, porque numerosos empresarios privados han anunciado ya que se negarán a aplicar dicha subida por el estado supuestamente ruinoso de sus empresas. Sólo las empresas automovilísticas y unas cuantas más han anunciado la aplicación de la misma. Y en cualquier caso esta subida no es tal, pues sólo se aplicaría durante 6 meses (de julio a diciembre) y no quedaría consolidada en la masa salarial transcurrido dicho tiempo. En el mejor de los casos, esta subida salarial durante 6 meses supone un aumento en el sueldo del 12 %, pero la inflación se ha comido los salarios cerca de un 40 % con lo que los trabajadores beneficiados recuperarían muy poco de la pérdida del poder adquisitivo que han sufrido.

La disputa electoral

La burguesía ha tenido cierto éxito en centrar temporalmente la atención política de las masas entorno a las futuras elecciones, y los activistas del movimiento obrero no pueden dar de lado este hecho.

Dentro del peronismo se ha desatado una lucha sin cuartel. Menem, estimulado por el desprestigio del gobierno y el pánico entre la burocracia del partido, temerosa de ser desalojada de sus puestos de poder tras las elecciones, se está ofreciendo como el único “salvador” del país, rememorando los “éxitos” económicos del país bajo su mandato. Ese mismo “salvador” que entregó la riqueza del país a las multinacionales extranjeras quienes, ante la llegada de la crisis económica hace tres años, se dedicaron durante todo este tiempo a sacar fuera sus inversiones y capitales, conduciendo al país al desastre. El eslogan de Menem es la vuelta a la dolarización de la economía, lo que se adecua perfectamente a los intereses de las multinacionales y los bancos. Las primeras podrían así repatriar sus beneficios en dólares y los segundos percibir la devolución de los préstamos concedidos a empresas y particulares en dólares de nuevo, a costa de empobrecerlos aún más.

Tras la renuncia de Reutemann, es el gobernador de Córdoba, de la Sota, el que se perfila como el candidato oficioso del peronismo. Representa al sector más ligado a la economía nacional, pretende mantener la devaluación del peso, pero coincide con Menem en ajustar brutalmente los gastos públicos y subir las tarifas de los servicios básicos (luz, gas, teléfono y transporte) para que las multinacionales que controlan estos servicios privatizados puedan aumentar sus beneficios, aunque sea a costa del hambre de las familias trabajadoras. Será en unas elecciones internas en el mes de noviembre cuando se decida el candidato oficial del peronismo para las elecciones.

Ante la falta de apoyos internos tanto Rodríguez Saá como Kirchner han anunciado que se presentarán a las elecciones fuera del peronismo. Saá ya ha creado su propia plataforma electoral y se ha garantizado el apoyo de un sector de la burocracia sindical, la CGT de Moyano, con una verborrea demagógica y “patriótica” pero sin concretar ni una sola medida económica para sacar al país de la crisis.

La Unión Cívica Radical, tradicional partido burgués argentino, está completamente hundida, a punto de desaparecer, y no cuenta para la contienda electoral.

En el campo del “centroizquierda”, nombre convenientemente acuñado con la intención de engañar a las masas, se postula Lilita Carrió que está organizando una coalición electoral formada por su partido, el ARI, sectores del Frepaso, como el intendente de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, y posiblemente el peronista Kirchner. Ellos son los portavoces del capitalismo de “rostro humano”, que prometen todo lo que quieren a quien esté dispuesto a escucharles: empresarios, trabajadores y ahorristas. Su bandera es el recorte de todos los mandatos; es decir, que las elecciones se extiendan a todos los congresistas y senadores, gobernadores de las provincias e intendentes y alcaldes de los municipios. De esta manera pretenden fortalecer sus posiciones conscientes de que podrían arrebatar a peronistas y radicales una parte importante de sus parcelas de poder, dado el enorme desprestigio que sufren éstos.

El carácter de estas elecciones demuestra el miedo y la perfidia de la burguesía argentina. Salga quien salga elegido de presidente, no dispondría de mayoría en el Parlamento, manteniéndose la mayoría de los diputados peronistas y radicales, ya que sólo se renueva un tercio de la cámara, pudiendo utilizarse esa mayoría parlamentaria para forzar la aplicación de la política que más le interese a la burguesía, al menos hasta el mes de septiembre del 2003 que es cuando caducan todos los mandatos parlamentarios.

Luis Zamora, la izquierda y qué programa defender

Dentro de la izquierda es indudable que la figura del diputado Luis Zamora es la que despierta más apoyos entre las familias trabajadoras. Este hecho es enormemente positivo porque jamás en la historia de Argentina ninguna figura de la izquierda había concitado tanto apoyo potencial dentro de los trabajadores y la juventud. Zamora habla contra el capitalismo, de que hay que reorganizar el país bajo nuevas bases sociales y se muestra contrario a pagar la deuda externa. Participa cotidianamente en las movilizaciones de masas y es una persona accesible a la gente común, y que se expresa en su mismo lenguaje. Lamentablemente, Zamora tiene algunas debilidades, y es que se resiste a proponer un programa concreto de medidas a adoptar. Por otro lado, tiene una concepción organizativa equivocada y semianarquista que contribuye a extender prejuicios antiorganizativos reaccionarios entre las masas de la población, y que mañana se puede volver mortalmente contra él y su grupo. Así, Zamora habla de que no hacen falta dirigentes, ni partidos, ni estructuras, sino una organización “horizontal”.

Sin embargo, este discurso no puede ocultar un hecho irrefutable. Las familias trabajadoras y quienes le apoyan lo consideran un dirigente, “su” dirigente, le guste o no a él. Y esto no es negativo en sí. Los marxistas de El Militante reconocemos que es necesario e inevitable que la clase obrera se dote de dirigentes que representen y coordinen a la misma en sus luchas cotidianas y en las de más largo alcance. Eso sí, estos compañeros y compañeros deben estar permanentemente sometidos al control de la base, y ser elegidos y revocables en cualquier momento por la misma. Y para evitar el arribismo y la corrupción defendemos que nuestros representantes, si no pueden trabajar como cualquier trabajador para que dediquen todo su tiempo a luchar por nuestros intereses y a representarnos, en ningún caso deben percibir un salario superior al salario medio de un obrero cualificado. De esta manera si viven igual que un trabajador, pensarán como un trabajador.

Por otro lado, ningún movimiento u organización, se puede construir de manera eficiente sin estructuras internas sólidas. Estas estructuras no están para asfixiar a la base. Al contrario, es necesario crearlas para que a través de las mismas la base controle la actividad de sus representantes. ¿Cómo y a quién puede Zamora dar cuenta de su gestión si la base de su movimiento carece de mecanismos para establecer ese control? ¿Y cómo se puede aglutinar un movimiento que persiga la transformación de la sociedad entorno a una sola persona, la de Zamora? Pues aparte del compañero, dentro de su movimiento, no existe públicamente ninguna otra persona a nivel local o nacional que pueda hablar en nombre del mismo.

El compañero Zamora habla de que todos los partidos de izquierda deben disolverse y adoptar ese mismo esquema de funcionamiento. Nosotros estamos en contra de eso.

Entre las familias trabajadoras y la juventud existe un poderoso deseo de unidad de toda la izquierda, y esto es enormemente positivo. Algunos grupos, como Izquierda Unida, están planteando insistentemente esa idea. De lo que se trata no es de disolver los partidos de izquierda, sino de organizar un Frente Único de todas las organizaciones de izquierda, incluyendo a las asambleas populares, organizaciones piqueteras y sindicatos obreros entorno a un programa común. Esto despertaría un enorme entusiasmo entre la mayoría de la población que sufre los efectos de la crisis capitalista. Este programa común ya ha sido aprobado en innumerables asambleas populares, piqueteras, de trabajadores, y debería incluir, al menos, los siguiente puntos:

- Nacionalización de la Banca, monopolios, multinacionales y grandes estancias agrícolas bajo el control de los trabajadores.

- Nacionalización, bajo control de los trabajadores de todas las empresas que cierren o despidan trabajadores.

- Organización de Comités de Fábrica, compuestos por trabajadores elegidos en asambleas, en todas las empresas para aplicar un control obrero de la producción y de las cuentas de las mismas para evitar fraudes contables y descapitalizaciones de las mismas.

- Extender las asambleas barriales y populares a todas las localidades y barrios, con la participación de trabajadores, desocupados, estudiantes y pequeños comerciantes. Ligar esta asambleas populares a los comités de fábrica y a las organizaciones piqueteras de su zona.

- Congelación de las tarifas de los servicios públicos e instauración de una “tarifa social” más baja para las familias pobres y desocupadas.

- Un Salario Mínimo de 650 pesos.

- Escala móvil precios-salarios para no perder poder adquisitivo y que no se degraden aún más nuestras condiciones de vida. Ajustar los salarios a los precios cada 3 meses.

- Si no se puede garantizar un puesto de trabajo a los desocupados, que se abone el salario mínimo a todos los desocupados hasta que encuentren un trabajo.

- Reclamo del boleto estudiantil para los estudiantes

- Llamamiento a las bases de la CGT y la CTA a que discutan, voten en asamblea y se adhieran a este programa.

- Estimular la formación de comités de soldados y policías para que se nieguen a ser utilizados en la represión popular y denuncien y demanden la expulsión de todos los elementos fascistas y reaccionarios. Ligar estos comités a las asambleas populares y comités de fábrica.

- Por un gobierno de los trabajadores. Una reorganización de la sociedad sobre nuevas bases sólo se puede dar con la plena participación de las familias trabajadoras en el control y la gestión social y económica del país, a través de los comités de fábrica, las asambleas barriales y las organizaciones piqueteras.

¿Son las elecciones la salida para resolver los problemas de los trabajadores?

Los marxistas de El Militante sí vemos la necesidad de que la izquierda participe en estas elecciones. Esto nos daría una gran oportunidad para difundir nuestro programa, organizar mítines y reuniones con decenas de miles de personas a lo largo y ancho del país. Llegar a capas a las que hasta ahora no hemos llegado, estimulando la organización de trabajadores y jóvenes en partidos, sindicatos y asambleas. No cabe duda de que, fuera cual fuera el resultado, la izquierda saldrá fortalecida de este proceso. La mayoría de las familias trabajadoras van a tener la oportunidad en estos meses de comprobar aún más la podredumbre de este sistema y de sus instituciones, organizadas y creadas para engañar y oprimir al pueblo. El conseguir representantes de los trabajadores en el parlamento ayudará a organizar a los trabajadores. La utilización de las bancas parlamentarias de manera revolucionaria, utilizándolas como un enorme altavoz a través de la prensa, la radio y la televisión, acelerará el proceso de toma de conciencia de la clase obrera, nos dará mayor popularidad y hará llegar nuestro programa e ideas a millones de personas en todo el país. Nadie puede dudar que una de las razones de la popularidad y notoriedad alcanzada por el compañero Zamora se ha debido a su hábil utilización de la banca parlamentaria para dar a conocer sus ideas y denunciar a los representantes políticos de este sistema.

Ahora bien, sería un error confiarlo todo a la contienda electoral. Toda la historia demuestra que la transformación socialista de la sociedad a la que aspiramos sólo se puede alcanzar con la lucha y la actividad de las masas de la población trabajadora en la calle, las fábricas y los barrios, mediante la creación y organización de los elementos de poder obrero y popular con el que sustituir las estructuras de este podrido sistema. Estos elementos de poder obrero son los Comités de Fábrica, las asambleas barriales y populares y las organizaciones de los trabajadores y desocupados. La lucha parlamentaria debe ser un complemento a la lucha en la calle que es la que ha volteado dos presidentes y ha hecho consciente a la clase trabajadora argentina de su poder y fuerza en la sociedad.

Mientras las palancas fundamentales de la economía: los bancos, las grandes empresas y las estancias agrícolas permanezcan en manos de los capitalistas nunca podrá liberarse la clase obrera de las cadenas que la mantienen oprimida. La lucha parlamentaria no debe ser la excusa para abandonar tareas que en sí mismas son más importantes: la explicación paciente de nuestro programa y modelo de sociedad a las más amplias masas de trabajadores y jóvenes; organizarlos, y particularmente, penetrar en la base de los sindicatos mayoritarios, CGT y CTA, para apartar a los dirigentes burocratizados y corruptos y sustituirlos por auténticos luchadores, representantes genuinos de los intereses de los trabajadores. Hay que aumentar el nivel de comprensión de lo que nos estamos jugando, continuar movilizando con marchas, manifestaciones y huelgas para hacer ver al conjunto de las familias trabajadoras nuestro poder y fuerza y de la necesidad de controlar y gestionar por nosotros mismos los recursos productivos de la sociedad. Sólo cuando la mayoría de la clase obrera acepte este programa, organice y participe en estos órganos de poder obrero y popular se podrá plantear la transferencia del poder, de una minoría corrupta y parasitaria que nos gobierna hoy, a la clase obrera y resto de capas oprimidas de la sociedad.

La situación social

La profundización de la crisis económica continua. Son ya más de 6 millones de trabajadores los que están desocupados o subocupados, casi la mitad de los trabajadores argentinos. El índice de pobreza alcanza ya a más del 50% de las familias trabajadoras. Sólo en el primer semestre del año aumentó en 400.000 el número de desempleados. La pérdida del poder adquisitivo como consecuencia de la subida de los precios y la congelación o reducción de los salarios continúa.

La situación económica se agrava. La inversión ha caído más de un 50% en lo que llevamos de año y la huida de capitales hacia el exterior también, a pesar de las restricciones impuestas a la circulación de dinero en el sistema financiero.

Hay sectores de la burguesía que están viviendo un momento de oro, como el sector agropecuario que, gracias a la devaluación, está exportando por valor de miles de millones de dólares, pero que justifica la subida de los precios de la carne y la verdura en el mercado interno con la cínica excusa de que ellos no pueden fijar un precio para el exterior y otro diferente (más barato) para el mercado interior argentino.

La inflación, que se ha cebado en los alimentos básicos, no ha llevado todavía a una hiperinflación como a finales de los 80. Esto es debido a que el dólar ha detenido su subida en relación al peso, y por la depresión en el consumo familiar.

Las empresas que prestan servicios básicos (transporte, teléfono, agua, luz y gas), todas ellas privatizadas en la última década y en manos de las multinacionales extranjeras, continúan presionando al gobierno para que les permita aumentar las tarifas. Se quejan de que al pesificarse sus ganancias y no percibirlas en dólares están perdiendo dinero. No importa que durante años se llenaran los bolsillos y ahora quieran salvarse a costa de empobrecer aún más a millones de familias trabajadoras. El gobierno ha anunciado que en breve permitirá un aumento de entre un 2%-10% de estas tarifas. Nuevamente vemos cómo la propiedad privada de los recursos productivos fundamentales resulta incompatible con los intereses de las familias obreras y con su derecho a trabajar y vivir dignamente.

Toda esta situación es la que hace imposible cualquier intento de mitigar o conciliar los intereses de las diferentes clases en disputa.

Repunte de la lucha

La sangrienta represión del movimiento piquetero el pasado 26 de junio tuvo el efecto de un latigazo en la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes. La ira incontenible de decenas de miles de trabajadores, desocupados y, particularmente, de jóvenes se extendió a lo largo y ancho del país. Durante tres semanas consecutivas, en los días 27 de junio y 3 y 9 de julio, decenas de miles de personas salieron a la calle para mostrar su repudio a la represión policial, en marchas y manifestaciones convocadas exclusivamente por la izquierda y las organizaciones piqueteras. Es un hecho sin precedentes en la historia de Argentina, que la izquierda haya sido capaz de movilizar en la calle tanta gente en tan corto espacio de tiempo. El gobierno tuvo que destituir a la cúpula policial de la Capital y varios ministros de la provincia tuvieron que dimitir. Este hecho ha obligado al gobierno a enterrar, a corto plazo, sus planes más represivos contra el movimiento que se inició en diciembre.

Pero este hecho ha tenido consecuencias de más largo alcance y ha sido la de conmover las estructuras del sindicato obrero más activo por el momento, la CTA. Su dirigente piquetero más conocido, D’Elía, está completamente desprestigiado entre amplias capas de la base, por su política conciliatoria hacia el gobierno y por unas declaraciones que tendían a justificar la represión policial. Un sector importante de la base piquetera de la CTA ha abandonado el organismo en que se encuadraba, la FTV-CTA; pero, muy correctamente, ha decidido permanecer dentro de la CTA. Es un principio para los marxistas que los trabajadores más combativos no deben abandonar los sindicatos, incluso los dirigidos por la burocracia más degenerada, para permanecer junto al resto de su clase dentro de la misma organización. La juventud de la CTA también ha pedido la expulsión de D’Elía y ha criticado las vacilaciones del Secretario General de la CTA, Víctor De Gennaro.

La negativa de De Gennaro a que la CTA participara en la primera manifestación del 27 de junio, el día posterior a la represión en Avellaneda, provocó una repulsión muy fuerte entre sectores importantes de la base, obligando a la CTA a tomar la iniciativa de impulsar la manifestación del 3 de julio para contener el descrédito en que habían caído sus dirigentes. Varios sindicatos de la CTA han decidido estrechar relaciones con sectores de los piqueteros combativos de la CTD Aníbal Verón. Unido a este proceso algunos sindicatos de la CGT han decidido afiliarse a la CTA, entre ellos varias seccionales (organizaciones territoriales) importantes de los metalúrgicos de la UOM, que en su último congreso ha decidido salirse de la CGT y no encuadrarse oficialmente en ninguna central sindical.

La actual dirección de la CTA no se cuestiona el llamado sistema de “libre mercado”, pero ellos deben explicar a su base qué es lo que los trabajadores han ganado bajo el sistema capitalista en la Argentina y qué futuro les ofrece. Su apoyo al ARI y otras formaciones pequeñoburguesas no hace sino desorientar a los trabajadores que buscan en la CTA una expresión más combativa en el frente sindical. La dirección de la CTA se ha negado reiteradamente a convocar a sus afiliados a las diferentes manifestaciones convocadas por la izquierda en los últimos tiempos por miedo al contacto de su base con los sectores más combativos de los trabajadores, jóvenes y piqueteros. Tensar la situación social iría en contra de su política basada en la conciliación y la colaboración de clases que tiene su expresión política en el ARI y en apuntalar al gobierno Duhalde. Pero esta política está alcanzando sus límites conforme la base de la CTA comienza a presionar a sus dirigentes desde abajo para que abandonen esta política, que es lo que está comenzando a suceder. Esto abre un fértil campo de trabajo a los activistas obreros de la izquierda dentro de esta organización, que hay que aprovechar.

Las direcciones de las dos CGT están cada día más desprestigiadas. Hay rumores de una posible reconciliación de los sectores de Moyano y Daer. Su plena colaboración con el gobierno Duhalde y sus políticas antiobreras les pasará factura, tarde o temprano. Ellos están utilizando la aguda crisis económica y el miedo que existe entre los trabajadores a la desocupación para mantener maniatados a los batallones pesados de la clase obrera de la industria y el transporte. Hay que ser conscientes de que quedarse desempleado en la Argentina actualmente, equivale a saltar directamente a la miseria. Ni mucho menos esta actitud “pasiva” de los trabajadores significa complacencia con sus dirigentes ni con Duhalde. Ellos padecen también los efectos de la crisis capitalista. Este sector de la clase obrera necesita acumular algo más de experiencia antes de lanzarse a la lucha y presionar masivamente a sus dirigentes para que encabecen las mismas o a sobrepasarlos desde la base. Este cambio entre la clase llegará, bien como resultado de una crisis hiperinflacionaria que se coma rápidamente los salarios o por algún otro hecho que sacuda bruscamente sus conciencias, pero es inevitable que suceda. También es verdad que la perspectiva de un nuevo presidente y una renovación parcial del parlamento como resultado de las elecciones hace pensar a muchos trabajadores que quizás pueda haber una posibilidad de cambio: “bueno, aguantemos unos meses más, y ya veremos qué pasa”. Pero cuando las esperanzas depositadas en un cambio real en las condiciones de vida y trabajo de millones de trabajadores no se concreten con el nuevo gobierno, toda la amargura, rabia y frustración acumuladas saldrá a la superficie con gran virulencia, y toda la situación sufrirá una transformación, situando a los sectores decisivos de la clase obrera a la cabeza de las demandas populares. El proceso revolucionario argentino se situará en una etapa superior. Es importante que los activistas obreros y de la izquierda tengan esta perspectiva en mente para no caer en el pesimismo o en la impaciencia.

El movimiento de los trabajadores desocupados agrupados en las organizaciones piqueteras, ha demostrado una capacidad de lucha, heroísmo y sacrificio que los ha situado a la vanguardia del proceso revolucionario argentino. Ellos, con su ejemplo y determinación están señalando las tareas al conjunto de la clase obrera y los sectores más combativos de la juventud. Pero hay que ser conscientes de que, aisladamente, la victoria se hace imposible. El movimiento piquetero debería utilizar su fuerza y organización para hacer mil y un intentos de ligarse a los trabajadores ocupados para acelerar el proceso de toma de conciencia de los mismos en la perspectiva de incorporarlos decisivamente a la lucha. Además de los cortes de rutas, deberían ir directamente a las fábricas a repartir volantes, hacer asambleas conjuntas con los obreros ocupados, hacer votar resoluciones y participar conjuntamente con ellos en toda huelga o protesta que organicen, etc.

El movimiento de las asambleas barriales ha retomado cierto impulso tras la masacre de los piqueteros en Avellaneda. Aunque es cierto que la participación de vecinos y trabajadores en las mismas descendió algo en comparación con las primeras semanas del año, su actividad ha sido constante, reclamando infraestructuras básicas en los barrios y participando conjuntamente en las movilizaciones de piqueteros y trabajadores en sus zonas y a escala nacional. El armazón tejido por las asambleas barriales es una conquista más del movimiento obrero que jugará un papel muy importante en la próxima oleada revolucionaria que se prepara.

Dentro de la juventud es importante destacar la lucha de los estudiantes de enseñanza secundaria en reclamo del boleto estudiantil en el transporte. Para muchas familias trabajadoras se hace imposible costear el desplazamiento de sus hijos a los centros de estudio, dada la pérdida de poder adquisitivo y el elevado número de desempleados. Los estudiantes están reclamando reducir de 35 a 5 centavos el precio del boleto (billete) de los autobuses para poder desplazarse por la ciudad. Se han dado numerosas manifestaciones y ocupaciones de colegios, y los estudiantes de secundario han acudido con sus propias pancartas y columnas a las diferentes marchas y manifestaciones convocadas en todo el país durante las últimas semanas.

Una vez más nuestra postura sobre el reclamo de una Asamblea Constituyente que gobierne el país

Como explicamos en otros artículos que trataron el proceso revolucionario en Argentina desde sus comienzos, la consigna defendida por la mayoría de las organizaciones de izquierda argentina de reclamar una Asamblea Constituyente ha demostrado ser totalmente inadecuada y, bajo las circunstancias que atraviesa el país, particularmente reaccionaria.

Ya avisamos en su momento que, para desviar la atención de las masas de los auténticos objetivos que se derivan del proceso revolucionario en marcha que no es sino la lucha por un gobierno de los trabajadores, otras organizaciones burguesas y pequeñoburguesas también reclamarían la convocatoria de una Asamblea Constituyente para oscurecer los objetivos socialistas del proceso revolucionario. De esta manera es como el ARI, el Frepaso e, incluso, el peronista Kirchner se han sumado al carro de este reclamo. Incluso Duhalde ha anunciado la reforma de Constitución mediante un proceso que ante las masas puede sonar similar a la convocatoria de dicha Asamblea Constituyente.

Lamentablemente, con el anuncio de la convocatoria de elecciones, los grupos relevantes de la izquierda no sólo mantienen esta consigna sino que le están dando el protagonismo central en toda su propaganda. Llegado este punto, tenemos que recordar qué significa exactamente la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Una Asamblea Constituyente es un parlamento burgués cuyo cometido es elaborar una nueva Constitución para el país. Ni más ni menos que eso. La historia de Argentina, como la de todos los países donde existe la democracia burguesa, han conocido muchas asambleas constituyentes que no han cambiado las estructuras fundamentales del capitalismo, pues sus fundamentos básicos han permanecido inalterables: la propiedad privada de los medios de producción: bancos, tierras, fábricas, etc.

Ninguna constitución burguesa ideal es capaz de acabar con la desocupación, la explotación y la miseria en que sobreviven millones de familias obreras. Y particularmente tampoco será esta vez el caso en Argentina, si se convocara finalmente esta asamblea constituyente. En el caso hipotético que se convoque después de crear enormes ilusiones en las mismas sólo provocará frustación, engaño y desesperación, lo que puede ser aprovechado por la reacción , ante el eventual desánimo de las masas, para dar un golpe contrarrevolucionario.

El cambio real para la clase obrera se dará cuando seamos capaces de arrancar a la burguesía su poder y su control sobre los recursos productivos a través de la expropiación revolucionaria mediante los órganos de poder obrero que citamos anteriormente en otro apartado. Decir lo contrario no sólo es utopismo, sino crear falsas expectativas y engañar a los trabajadores.

La manera en que los grupos relevantes de la izquierda justifican su postura es realmente sorprendente. Dicen que, efectivamente, la Asamblea Constituyente es un parlamento burgués que no resolverá nada. Pero que es necesario plantearlo porque las masas “aún no han agotado sus ilusiones democráticas” y deben experimentar la actividad de una asamblea constituyente para darse cuenta que la auténtica solución está en un gobierno de los trabajadores.

Este argumento nos parece totalmente equivocado. Precisamente en el mismo momento en que millones de trabajadores, desocupados y jóvenes están experimentando la putrefacción y la falsedad de lo que significa la democracia burguesa en Argentina lo que se pretende es volver a estimular sus ilusiones en la misma, rebajando el nivel de conciencia, en lugar de fijarles el horizonte de la transformación socialista de la sociedad.

Los compañeros parecen olvidar el pequeño detalle de que fue la acción de las masas la que hizo dimitir a dos presidentes de la república (no a través de elecciones sino por la acción de masas en la calle), hecho sin precedentes en la historia del país; de que la consigna acuñada en el seno de la sociedad: “Que se vayan todos”, a pesar de su carácter confuso revela una profunda desconfianza hacia todas las instituciones del sistema. Y parecen olvidar que, de forma embrionaria, se han comenzado a improvisar elementos de poder obrero y popular a través de las asambleas populares, al margen de las instituciones oficiales.

Es sobre esta base que una organización marxista y revolucionaria debe basarse para hacer avanzar la conciencia de las masas y señalar los objetivos últimos que se desprenden de su lucha, que es la transformación de la sociedad sobre nuevas bases: “dirijamos y controlemos nosotros mismos nuestro destino”. Nunca en la historia argentina se han dado mejores condiciones para que toda una serie de ideas fundamentales del programa socialista adquieran un eco de masas: la nacionalización de la banca y las multinacionales bajo control obrero; reestatización de las empresas públicas privatizadas, etc. votadas y asumidas en centenares de asambleas populares y marchas.

Por supuesto que estamos interesados en la existencia de un régimen con el más alto grado de democracia que pueda existir. Pero tenemos que explicar que eso sólo se dará bajo el socialismo, cuando sea el conjunto de la sociedad la que dirija, administre y controle todos los aspectos de la vida económica, social y cultural, y no un puñado de banqueros y grandes empresarios como ocurre hasta ahora.

La izquierda ha adquirido gran autoridad en sectores importantes de los trabajadores y, particularmente, de la juventud. Atienden sus mítines, acuden a sus marchas y leen sus proclamas. En las próximas elecciones, dada la desventaja de medios, los partidos burgueses y pequeñoburgueses dispondrán de enormes recursos para hacer llegar su propaganda, prometiendo todo tipo de soluciones demagógicas sin romper con este sistema. Cuando un trabajador o un joven que se acerca por primera vez a la política y con grandes deseos de cambio vean que tanto el ARI como la izquierda defienden como consigna central que arreglará todos los males del país la convocatoria de una Asamblea Constituyente, optará primero por el camino más fácil. Si la izquierda, que es la que más está luchando y tiene los dirigentes más honrados, dice que la Constituyente es la solución, y el ARI u otro grupo defiende lo mismo y además también critican a Duhalde y denuncian la corrupción, votaré mejor por estos últimos ya que parecen tener más posibilidades de ganar. Así, en lugar de desenmascarar a estos políticos profesionales que engañarán a las masas, contribuimos indirectamente a hacerles ganar autoridad ante las mismas, al defender las mismas consignas equivocadas.

Hay otros compañeros que justifican su postura diciendo que en este país hay una proporción muy grande clases medias que tienen ilusiones democráticas. Nosotros decimos que estos no es verdad. La clase obrera argentina es mucho más numerosa que las clases medias. Ni los trabajadores ni las clases medias empobrecidas se deslumbran por fórmulas legalistas. Quieren que les demuestren con hechos cómo solucionar sus problemas. Tampoco las clases medias son homogéneas. Sus estratos más bajos viven en condiciones parecidas a las de muchos trabajadores y sus estratos superiores a las de la burguesía y nunca aceptarán nuestro programa. La experiencia argentina está demostrando, además, que numerosos sectores empobrecidos de las clases medias están participando en asambleas populares y están dispuestas a aceptar un programa socialista. Repetir este argumento coloca, inconscientemente, a estos compañeros en el campo de la socialdemocracia que siempre justificó su postura claudicante ante la burguesía porque las clases medias son muy numerosas y los trabajadores una minoría de la población, con lo cual la revolución socialista es imposible.

Se emplea también un argumento bastante retorcido. Se dice que actualmente, la mayoría de los trabajadores no ve la necesidad del poder obrero, del gobierno de los trabajadores, y para que avancen en su conciencia hacia una perspectiva de poder hay que defender la Constituyente, como una forma menos dolorosa, más suave, de desafiar el poder de la burguesía. Y añaden que la Constituyente debe ser convocada por los propios trabajadores, las asambleas populares, las organizaciones piqueteras, etc. y llevar a cabo el programa socialista. Además de la falsedad de la primera parte del argumento que ya rebatimos, nosotros afirmamos que si la clase obrera es lo suficientemente fuerte para desalojar a la burguesía e iniciar la aplicación de su programa, suponemos también que estará preparada para instituir un gobierno de los trabajadores sin necesidad de convocar ninguna Asamblea Constituyente. En este caso, da la impresión de que a estos compañeros les da miedo llamar a las cosas por su nombre, colocando Asamblea Constituyente donde debe decir gobierno de los trabajadores, a través de sus propios órganos de poder obrero.

Nosotros no somos aventureros y somos conscientes de que aún no están dadas las condiciones para un gobierno inmediato de los trabajadores, por la razón de que todavía hace falta un tiempo para conquistar a la mayoría decisiva de la clase obrera para este programa. Pero reconocer esto no significa buscar atajos con consignas confusas y equivocadas, como la de la Asamblea Constituyente. Sino que hay que llegar a las más amplias masas de la clase obrera y la juventud y explicarles pacientemente nuestro programa y las perspectivas, confiando en que nuestra agitación y la experiencia les convenza de la corrección y la necesidad de nuestras ideas.

En los próximos meses los trabajadores argentinos van a ser sometidos a grandes pruebas. Con alzas y bajas sectores cada vez mayores comprenderán la necesidad de la revolución socialista. Hace falta, por tanto, educar y preparar a los activistas y cuadros obreros y juveniles en esta perspectiva para orientarlos correctamente para los extraordinarios acontecimientos que se avecinan.

Los compañeros de El Militante tenemos plena confianza en la capacidad de la clase obrera argentina para transformar la sociedad y que las ideas del socialismo revolucionario serán las que la guiarán en las batallas decisivas que vendrán.

¡ÚNETE A LOS SOCIALISTAS REVOLUCIONARIOS DE EL MILITANTE PARA LUCHAR POR UNA ARGENTINA SOCIALISTA Y UNA FEDERACIÓN LATINOAMERICANA SOCIALISTA!