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La insurrección popular de diciembre del 2001 ha abierto una nueva etapa en la historia de Argentina, una etapa turbulenta en la que las masas están poniendo a prueba su fortaleza contra la bancarrota de una oligarquía reaccionaria que cuenta con el respaldo del imperialismo. Estos últimos han acumulado fuerzas formidables: toda la riqueza robada al pueblo argentino durante décadas, todo el conocimiento acumulado por la clase dominante, que ha puesto en práctica todos los mecanismos para perpetuar su poder y privilegios, oscilando del engaño y la corrupción a la fuerza bruta; la prensa y los políticos a sueldo, los dirigentes sindicales amarillos, el ejército y la fuerza policial que demostró su “valor” con el asesinato y la tortura de jóvenes y trabajadores desarmados.

Son unas fuerzas formidables. Pero la historia demuestra que incluso la maquinaria estatal más poderosa no puede resistir el poder de la clase obrera, una vez que ésta se moviliza para cambiar la sociedad. ¿Qué poder tiene la clase obrera en sus manos? Un poder colosal. Sin el permiso de la clase obrera no se encienden las bombillas ni suena el teléfono. Todas las funciones necesarias de la sociedad dependen de las manos y el cerebro de los trabajadores. Cuando los trabajadores dicen no, ninguna fuerza sobre la Tierra puede detenerlos.

La clase obrera argentina tiene una rica y gloriosa tradición revolucionaria. Desde la “semana trágica” de enero de 1919 a las turbulentas luchas de clase de los años cuarenta, pasando por el “Cordobazo” con las huelgas y movilizaciones revolucionarias que le siguieron hasta el golpe militar del 76, o en la lucha contra la dictadura. En todos estos hechos, junto con los acontecimientos de diciembre del 2001, ha dado una amplia prueba de su voluntad de lucha, de su heroísmo y valor.

El capitalismo, por su parte, ha demostrado sobradamente su bancarrota en Argentina, cuyos recursos económicos han sido saqueados por una burguesía nacional rapaz y parásita en estrecha alianza con los imperialismos europeo y norteamericano.

Después de soportar una salvaje dictadura militar que asesinó a toda una generación de luchadores, la clase obrera, la juventud, los desocupados, sectores amplios de las capas medias se levantan en lucha por una sociedad mejor, liberada de la explotación del hombre por el hombre. No es extraño que todos los estrategas de la burguesía en Argentina, y fuera del país, estén presenciando con enorme preocupación el desarrollo de los acontecimientos. Lo que está en cuestión no es tal o cual reforma puntual, sino la supervivencia misma del capitalismo argentino.

Por primera vez en décadas, la posibilidad de la transformación socialista de la sociedad en Argentina es algo real. La clase dominante se encuentra suspendida en el aire sin base social en la que apoyarse. Los partidos tradicionales están en quiebra, perdiendo apoyo aceleradamente; en el movimiento sindical, las luchas y movilizaciones de los últimos siete años han provocado el surgimiento de agrupamientos con un contenido de clase y revolucionario; los trabajadores desocupados se organizan en el movimiento piquetero y adoptan acciones cada vez más audaces; las capas medias arruinadas por la política de ajuste y las medidas monetarias de los gobiernos de turno, participan en las acciones y movilizaciones, orientándose a la unidad con los trabajadores y los piqueteros. Como cristalización de este proceso revolucionario, las Asambleas barriales y populares se desarrollan y organizan, en forma embrionaria, como órganos de poder obrero y popular.

La clase obrera, los jóvenes, los trabajadores desocupados y los sectores empobrecidos de la clase media están buscando en medio de los acontecimientos una dirección política para vencer y organizar la sociedad sobre bases justas. Esta salida sólo puede ser el establecimiento de un poder de los trabajadores que adopte las medidas necesarias para la transición al socialismo. Para ello es necesario construir una fuerza que defienda consecuentemente las ideas del marxismo, del genuino socialismo revolucionario, capaz de ganar a la mayoría de la población para este programa.

Pero para garantizar el triunfo es necesario una política, un programa y unas consignas correctas que conecten con la experiencia de las masas y les permitan elevarse hasta sus tareas históricas.

El presente documento es una contribución a este objetivo. Las ideas que aquí presentamos son el programa que la corriente marxista agrupada entorno al periódico obrero El Militante defiende en la revolución argentina, ideas que nos gustaría poder discutir y someter a consideración de los trabajadores y jóvenes de nuestro país.

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