Corriente Marxista Internacional

Los pasados 16 y 17 de febrero miles de trabajadores, desocupados y miembros de las asambleas populares que se han extendido por toda Argentina desde el inicio de la revolución, se reunían para constituir la Asamblea Nacional de Trabajadores y aproba Los pasados 16 y 17 de febrero miles de trabajadores, desocupados y miembros de las asambleas populares que se han extendido por toda Argentina desde el inicio de la revolución, se reunían para constituir la Asamblea Nacional de Trabajadores y aprobaban un programa con un contenido claramente revolucionario: libertad para todos los luchadores populares presos, juicio y castigo a los autores intelectuales y materiales de los asesinatos producidos durante el 19 y 20 de diciembre y anteriormente, no pago de la deuda externa, nacionalización de la banca y empresas fundamentales, prohibición de despidos y suspensiones, estatificación y puesta en marcha bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida y de todas las que fueron cerradas, inmediata devolución de los depósitos a los pequeños ahorradores, reparto de las horas de trabajo sin afectar al salario y Salario mínimo y subsidios acorde al coste de la vida. El programa acaba con la consigna: "Fuera Duhalde y el FMI. Por un gobierno de trabajadores".

Si el día 16 más de 8.000 piqueteros, trabajadores, delegados de fábrica y sus familias se reunían en la Plaza de Mayo para escuchar a los dirigentes de las organizaciones convocantes de la Asamblea, al día siguiente 2.000 delegados, elegidos a razón de uno por cada 20, en representación de los distintos colectivos de parados y trabajadores, secciones sindicales, empresas en lucha y asambleas de barrio, ratificaban el programa arriba mencionado y decidían un plan de lucha:

A partir del 18 de febrero, reforzamiento de los cortes por tiempo indefinido; el 25 de febrero cortes de acceso a las petroleras y empresas privatizadas y, el paso fundamental, del 11 de marzo al 15 de mayo marcha nacional de trabajadores desde el interior del país hasta la Plaza de Mayo. Esta gran marcha confluirá con el proceso de asambleas populares, que preparan en todo el país la gran Asamblea Nacional, que se celebrará el día 17 de marzo. La Asamblea Nacional ha sido impulsada por la Asamblea Interbarrial de Buenos Aires, que reúne semanalmente entre 2000 y 3000 personas, en su mayoría delegados de las 150 asambleas que funcionan en la ciudad.

El aspecto más destacable de la situación argentina es lo rápidamente que las masas han pasado de luchar en la calle a organizar asambleas populares cada vez más masivas que se extienden por todo el país, coordinar y unificar estas asambleas nacionalmente y que varias de ellas empiecen incluso a asumir no solamente tareas de organización de la lucha sino también de la vida económica y social: distribución de alimentos, etc. Estas asambleas, además, están aprobando propuestas con un contenido revolucionario y socialista.

La correlación de fuerzas actual

La burguesía ha visto como todos sus intentos, hasta el momento, de frenar el movimiento revolucionario de las masas, dividir a estas y poder obtener una base social suficiente para estabilizar la situación han fracasado. Todas las medidas del gobierno están resultando un timo a los explotados. La devaluación del peso esta disparando la inflación y recortando hasta limites intolerables los salarios y las pensiones. El gobierno ya ha empezado a emitir moneda sin una base real y hay un riesgo claro de hiperinflacion. Se habla de una posible subida de los precios de los combustibles de hasta el 50% y más de 100.000 diabéticos no pueden acceder a la insulina que necesitan con urgencia.

El FMI esta dividido a la hora de dar algo mas de margen a la burguesía argentina pero aun si, temiendo el desborde revolucionario y la extensión del ejemplo argentino a otros países, concediesen un crédito importante, dada la profundidad de la depresión argentina y el contexto internacional de crisis del capitalismo, esto no resolverá los problemas de fondo. Como mucho influiría en el ritmo de los acontecimientos y ni eso es seguro. Para salir de la crisis el capitalismo argentino necesita explotar y arruinar aun más a las masas.

Miles de trabajadores participan en los cacerolazos y piquetes o simpatizan con ellos y se están produciendo ya huelgas muy duras en distintos sectores. Los obreros de Zanon o Brukman han ocupado sus fabricas y las están dirigiendo, los ferroviarios plantean paralizar el ferrocarril y extender los cortes de trafico masivos de las carreteras a las vías. Los trabajadores de la industria automotriz han anunciado una huelga contra los despidos y los empleados públicos de distintos gobiernos provinciales exigen el pago de los salarios. La huelga que habían convocado los trabajadores del petróleo tras el anuncio de miles de despidos por parte de las petroleras privatizadas obligó al gobierno a suspender los despidos mediante un arbitraje de obligatorio cumplimiento, reflejando así nuevamente su debilidad actual.

El factor fundamental que impide, por el momento, que los cacerolazos, las movilizaciones de desocupados y estas luchas obreras se unifiquen en una huelga general que podría derribar al gobierno y plantear la cuestión del poder es que los dirigentes peronistas y reformistas, que todavía dominan las organizaciones tradicionales –las dos CGTs y la CTA-, y son vistos aun por muchos trabajadores como la dirección que puede convocarla, se niegan a hacerlo. En este contexto de ausencia de una alternativa global, la extensión del paro y los despidos han obstaculizado temporalmente el recurso a la huelga en muchas empresas. Pero más pronto que tarde es más que probable un movimiento masivo de los trabajadores contra los despidos, cierres de empresas e impagos de salarios. Las ocupaciones de fábricas podrían extenderse y la idea de la huelga general cobrar mucha fuerza. Una repetición del 19 y 20 de diciembre pero a un nivel superior esta implícita en la situación.

Contrarrevolución por vías "democráticas"

La burguesía argentina esta enormemente preocupada ante esta perspectiva. El periódico Página 12 informaba de las reuniones que destacados capitalistas están manteniendo con el alto mando militar desde hace semanas para analizar "el riesgo de un desborde social" y tomar medidas. El periodista resume las conclusiones de estas reuniones: "Los gerentes quieren estar tranquilos (...). Paradójicamente, algunos profesionales de la represión, tratan de serenarlos explicándoles que se transita un terreno minado y que cualquier acto que sea visualizado como una provocación puede generar el desborde tan temido. Un jefe policial lo graficó ante este cronista: ‘Si el 10% de los 6 millones de indigentes se lanza a las calles no los paramos con todas las fuerzas de seguridad juntas’ ".

Están ante una contradicción para la que no encuentran solución: la profundidad de la crisis económica les obliga a atacar una y otra vez a las masas pero la situación revolucionaria que esos mismos ataques han generado les impide en estos momentos poder aplicar todas las medidas que necesitan. Esto les obliga a seguir utilizando la represión pero intentando basarse fundamentalmente, al menos mientras puedan, en los métodos de la "contrarrevolución democrática" para intentar descarrilar el proceso revolucionario y recuperar el control de la situación. Pero si la utilización de los dirigentes que tengan influencia entre las masas para descarrilar el movimiento revolucionario no tuviese éxito y este siguiese en ascenso e incluso amenazase con desbordarles definitivamente (y dada la situación económica, social y política esto pueda ocurrir) no dudarán en recurrir a la represión y que el ejercito "haga lo que tenga que hacer", en palabras del jefe del estado mayor.

La burguesía argentina y el imperialismo estadounidense están apoyándose en los dirigentes sindicales peronistas así como en diversas organizaciones populistas y reformistas de la oposición de "centroizquierda" como ARI, Polo Social, etc. De momento los utilizan desde la oposición para intentar llegar a un pacto social pero es más que probable que esto no sea suficiente para controlar a las masas y que en un determinado momento recurran a otras medidas: convocatoria de elecciones, formación de un gobierno populista con algunas de estas organizaciones, refundación de la República y, si se viesen obligados a ello, incluso la convocatoria de una asamblea Constituyente. Se trataría de hacer cambios en un aspecto secundario para salvar lo fundamental, intentando así separar a las masas (especialmente a las capas medias) del camino revolucionario de las asambleas populares.

Extender las asambleas populares y luchar por el poder obrero

El editorial del periódico burgués La Nación (14/2/02) refleja la preocupación de la clase dominante ante la extensión de las asambleas: "...tales mecanismos de deliberación popular encierran un peligro, pues por su naturaleza pueden acercarse al sombrío modelo de decisión de los soviets (...). La posibilidad de que esos órganos populares pretendan hacer justicia por su propia mano y sustituir a jueces, legisladores y administradores gubernamentales encierra un alto riesgo". La alternativa del editorialista es precisamente la de volver a encauzar a las masas por la senda constitucional y parlamentaria.

Esto es un serio aviso para aquellos compañeros que desde organizaciones de la izquierda revolucionaria argentina defienden la consigna de la asamblea constituyente. Esta consigna fomenta ilusiones en esta institución democrático-burguesa, en un contexto en el que las masas están empezando a crear los embriones de órganos la democracia obrera y la burguesía se prepara para apartarlas de ese camino utilizando a los dirigentes populistas y reformistas para prometerles nuevas instituciones democráticas "representativas" y "libres" bajo el capitalismo. Al mismo tiempo esta consigna desvincula la extensión de las asambleas de la lucha por el poder, como si fuesen etapas diferentes y separadas, precisamente cuando la tarea central de los revolucionarios debe ser el explicar que la única salida para las masas es que el poder de la burguesía sea sustituido por el poder obrero y popular representado por las asambleas.

Las asambleas populares todavía no son soviets (órganos de poder obrero) pero empiezan a desarrollarse de forma embrionaria como tales. Como ha planteado la propia Asamblea Nacional de Trabajadores, la tarea central del momento es extender las asambleas populares a todos los centros de trabajo y crear comités elegidos democráticamente en cada fabrica que se coordinen entre si. Estos comités habría que extenderlos además a los centros de estudio y a los cuarteles para empezar a romper el control de la tropa por parte de la burguesía. Junto a ello es necesario además, como explicaban los trabajadores de Zanon, trabajar entre la base de los sindicatos para alejarlos de la burocracia sindical y ganarlos a esta política revolucionaria.


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