Corriente Marxista Internacional

Argentina

Las puertas, ventanas y cristaleras de los bancos permanecen cubiertas con gruesos tablones de madera y chapa metálica. Los alrededores del Congreso y de la Casa Rosada (sede del gobierno), en Plaza de Mayo, están protegidos con vallas, y en su interior montan guardia decenas de policías. Alegre y entusiasta, una enorme muchedumbre compuesta por cerca de 200.000 personas en la que predominan jóvenes, trabajadores y desocupados se estira a lo largo de los dos kilómetros que separan el Congreso de la Plaza de Mayo, destino final de la marcha.

La escena describe muy acertadamente la auténtica correlación de fuerzas entre uno y otro bando en Argentina hoy. Las masas son las verdaderas dueñas de la calle, mientras que los capitalistas, sus representantes políticos, los obispos y los jefes militares tienen que resguardarse y ocultarse de la ira popular.

Tras los tumultuosos acontecimientos vividos en Argentina a finales del año pasado y a principios de éste, la situación económica y social no ha hecho sino agravarse día a día.

La brusca caída en la actividad económica, la subida desenfrenada de los precios y el rápido aumento del desempleo en los últimos meses han sumado nuevas dificultades a las condiciones de vida de las familias obreras.

Aunque todo ello ha provocado una caída temporal en la actividad de las masas de trabajadores, desocupados, mujeres y jóvenes, y en las asambleas barriales, después de la incesante actividad desplegada en las primeras semanas que siguieron a la rebelión popular de diciembre, no obstante, el pulso social continúa alto.

Además de la impresionante manifestación del 24 de marzo contra el golpe del 76, tuvimos la marcha piquetera que concentró en Buenos Aires a cerca de 5.000 desocupados provenientes de todos los rincones del país el pasado 15 de marzo. El Bloque Nacional Piquetero ha aprobado un nuevo plan de lucha hasta mediados de mayo.

Han continuado los cortes de ruta (carreteras y autopistas), muchos de ellos reprimidos brutalmente por la policía, como en el norte de Salta, donde también fueron asaltados por la policía los locales de organizaciones obreras y de izquierda y hubo 34 detenidos; ha habido luchas de los docentes y trabajadores del Estado, de los bancarios, de los trabajadores de la salud, y entre los ferroviarios de Haedo, que han conseguido echar atrás 144 despidos. Además del ejemplo emblemático dado por los trabajadores de Cerámicas Zanón en Neuquén y de la textil Brukman en Buenos Aires, que han ocupado la fábrica y la han puesto a funcionar bajo control obrero, estamos asistiendo a protestas de trabajadores exigiendo los salarios impagados por parte de sus empresas, contra los despidos y contra el cierre patronal, en algunos casos acompañado también con la ocupación de los centros de trabajo, como en el caso de Metalúrgica La Baskonia en La Matanza o Hipermercados Tigre en Rosario.

Las asambleas barriales han continuado con su labor y su actividad. El domingo 17 de marzo se celebró la primera asamblea nacional de asambleas barriales del país, que concentró a más de 1000 representantes de asambleas de todo el país y avanzó en la coordinación de las mismas a nivel nacional. Lo más interesante es que acordaron como alternativa de poder luchar por un gobierno de los trabajadores y de las asambleas populares. Las asambleas se han extendido por las principales ciudades del país, e incluso por poblaciones muy pequeñas. Algunas han sacado publicaciones y organizan actos para luchar por reivindicaciones concretas del barrio, así como por las reivindicaciones generales ya planteadas.

En realidad, el gobierno Duhalde es muy débil. Duhalde, apoyado por peronistas y radicales, tiene pánico a su propio pueblo ante la posibilidad de un nuevo estallido social y se muestra muy preocupado a la hora de tener que aplicar un plan de ajuste durísimo, auspiciado por el imperialismo y el FMI, que pasa por recortar drásticamente los gastos sociales (educación, sanidad, viviendas, etc) y los salarios de los trabajadores, y aumentar en centenares de miles más el número de desempleados.

No cabe duda de que el gobierno Duhalde no se mantendría ni 24 horas si no fuera por el apoyo que le prestan la burocracia sindical de las dos CGTs y, en menor medida, la de la CTA, por su menor influencia. Estos burócratas sindicales están utilizando el miedo al desempleo que existe entre los trabajadores ocupados para negarse a movilizar contra los planes de la burguesía argentina.

Pero esta situación de "equilibrio" no pude mantenerse mucho tiempo, y la profundización de la crisis económica hará inevitable un nuevo resurgir de la lucha de masas, incorporando decisivamente a los trabajadores industriales.

La situación económica

El desempleo alcanza ya el 30% de la población activa, cerca de cuatro millones de trabajadores desocupados. Sólo entre enero y marzo más de 200.000 trabajadores han perdido sus puestos.

Se estima que, en sólo dos meses, los salarios han visto reducir su poder adquisitivo en un 60%. Los precios de los productos que componen la canasta básica familiar han subido de media un 40%, y sólo en el mes de marzo un 13%.

La inflación estimada oficialmente para final de año es del 22%, pero los analistas más serios anuncian hasta un 60% de subida de precios.

El dólar ha pasado de equivaler un peso a principios de enero a equivaler tres a finales de marzo, aunque llegó hasta cuatro pesos días antes. El banco central argentino se ha gastado más de 1.100 millones de dólares del total de sus reservas, estimadas en 9.000 millones, en comprar pesos para evitar un derrumbe de la moneda nacional, lo que apenas consiguió.

La parálisis de la actividad económica está muy bien reflejada en la caída del 40% en la inversión. El gobierno de Duhalde reconoce que este año el PIB caerá un 8,5%, pero el propio FMI pronostica una caída del 12%, teniendo en cuenta que la economía argentina lleva tres años consecutivos en recesión, algo que no ocurría desde principios de los años treinta, en plena gran depresión.

La recaudación de impuestos cayó un 19,1% en enero respecto del mismo mes del año anterior, un 20,3% en febrero y un 12% en marzo.

La caída del consumo también se manifiesta de manera aguda en la utilización de los servicios públicos. Así, la utilización de los trenes interurbanos ha caído un 52,7%, los ferrocarriles urbanos un 19,4%, las cargas aéreas un 35,8%, el transporte aéreo de pasajeros un 31,6%, los autobuses un 16,3% y el metro en un 8,6%. La generación de electricidad también ha descendido un 7,5% hasta marzo.

Las importaciones en los primeros tres meses del año han caído un 50% respecto al mismo período del año anterior, y esto es importante resaltarlo porque el 75% de lo importado por Argentina son bienes de capital, es decir: maquinaria, herramientas, etc, indispensables para que su industria pueda funcionar.

Mientras tanto, se estima que la cantidad de capital argentino depositado fuera del país asciende a cerca de 130.000 millones de dólares, lo que equivale a casi la totalidad de la deuda externa del país.

El gobierno Duhalde y el FMI

Con una clase capitalista —nativa y extranjera— parásita y rapaz, que ha sacado sus capitales fuera del país con el consiguiente desplome de la inversión productiva y de la recaudación de impuestos, incapaz de hacer frente a los gastos estatales, y con una reducción drástica del consumo de las masas fruto de la caída del poder adquisitivo, la economía argentina necesita inmediatamente una inyección de capital para frenar su derrumbe. La burguesía argentina y el gobierno Duhalde confían en convencer al FMI para que les preste dinero fresco para tal fin. Pero el imperialismo, a través del FMI, ha impuesto condiciones muy duras.

Lo primero que ha exigido el FMI es un presupuesto para el 2002 que recorte drásticamente el déficit estatal, que ha quedado fijado en 3.000 millones de dólares. Pero el presupuesto aprobado por el Congreso argentino carece de cualquier credibilidad, pues utiliza variables de objetivos de inflación, de crecimiento económico, de recogida de impuestos, etc. que nada tienen que ver con la realidad. De hecho, solamente en los dos primeros meses del año, el déficit del Estado acumula ya 1.500 millones de dólares, ¡la mitad de lo previsto para todo el año!

Las otras condiciones impuestas por el FMI para entregar el dinero son las siguientes:

· Que las provincias reduzcan en un 60% sus deudas y que no sigan emitiendo moneda propia para hacer frente a sus gastos.

· Renegociación de las tarifas de los servicios públicos privatizados, en el sentido de que el gobierno debe aceptar la subida de las tarifas exigidas por estas compañías, en manos casi todas de multinacionales. Así, se prevén subidas de las mismas para mayo y junio.

· Derogación de la ley de quiebras. Ésta es una ley que se aplicó a finales de diciembre por la que se suspendían los embargos y ejecuciones durante 180 días, así como los despidos masivos en las empresas, y que se aprobó como contrapartida para obtener el apoyo de la burocracia sindical al gobierno.

· Derogación de la ley de "subversión económica". Esta ley, que hasta hace poco era casi inofensiva, ha tomado protagonismo cuando algunos jueces han decidido investigar en los últimos meses a los directivos de bancos, multinacionales y empresarios del país, comprometidos en casos de corrupción a raíz de las privatizaciones de las empresas públicas argentinas, la evasión de capitales fuera del país y descapitalización de empresas, etc.

El gobierno Duhalde ya ha declarado que llevará a la práctica este programa. Como una muestra de la postración de la burguesía argentina ante sus amos imperialistas, a cambio del dinero prometido, Duhalde ha accedido a la "solicitud" del gobierno estadounidense de implicar al ejército argentino en el llamado Plan Colombia y de votar contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que se celebrará este mes de abril.

La situación social

Ante la gravedad de la situación social la cuestión del corralito ha pasado a un segundo plano, teniendo en cuenta además que sólo un 10,5% de los argentinos está afectado por el mismo. Se estima en 66.000 millones de dólares el dinero que los bancos deben a los particulares, pero el conjunto del sistema bancario dice disponer de sólo 12.000 millones de dólares en efectivo, con lo que la devolución total de los ahorros provocaría la quiebra del sistema financiero. Esta situación es irresoluble bajo el capitalismo. Los marxistas defendemos la devolución del dinero a las familias trabajadoras, pensionistas y pequeños ahorristas, y hacemos nuestra la medida aprobada en las asambleas barriales que se devuelvan los ahorros de hasta 100.000 dólares. Pero para ello se hace imprescindible la nacionalización de la banca bajo control obrero.

Ahora el gobierno Duhalde anuncia que en las próximas semanas dará vía libre a un plan social para dotar con 150 pesos al mes a dos millones de familias sin recursos. Además de que este tipo de planes se han anunciado varias veces, no solucionaría nada. Plantea también aumentar impuestos a las exportaciones de los productos de las empresas que han salido ganando con la devaluación del peso (sector agrícola y ganadero, petroleras, etc) con el que hacer frente a los gastos estatales. Pero este tipo de medidas son parches, y no generan recursos suficientes para levantar el sistema productivo del país.

Incluso, en el caso de que el FMI afloje algo de dinero servirá sólo para pagar una parte de la deuda externa sin efectos tangibles en la economía. Como afirma S. Porzecanski, director de mercados emergentes del banco ABN-Amro: "[el dinero del FMI] ni siquiera irá a la Argentina, ya que se usará para los pagos que el país debe realizar al Fondo (unos 8.000 millones de dólares este año)" (Clarín, 11/3/02).

El gobierno también aprobó una lista de 243 medicamentos que las farmacias deben ofrecer al mismo precio que tenían en el mes de diciembre. Pero los especialistas critican que esta medida sólo afecta a las marcas anunciadas, no incluye las dosis ni su forma de presentación bajo otras marcas, ni tampoco incluye los medicamentos de última generación, ni para ciertas enfermedades como la diabetes, el sida o el cáncer. En todo caso, estas supuestas bajadas no se notan en los medicamentos recetados. Los grandes laboratorios están especulando, restringiendo el suministro de medicamentos a farmacias y hospitales para favorecer un aumento de los precios.

Hoy más que nunca es más necesaria la demanda de que los laboratorios y multinacionales farmacéuticas sean nacionalizadas bajo control obrero para que sean un bien público al servicio de las familias trabajadoras y no para el beneficio de un puñado de especuladores.

La situación del sistema educativo es muy preocupante, y está levantando en pie de guerra a trabajadores de la enseñanza, padres y asambleas de barrio. Hay reducción de personal docente y laboral, congelación y atrasos salariales, incluso se han cerrado aulas y escuelas con la excusa de que no hay suficientes alumnos matriculados. Para este año se han recortado 730 millones de pesos en el presupuesto educativo de la nación, de los que 500 millones corresponden a la provincia de Buenos Aires.

La situación política

Con vistas a lavar la cara del sistema político, el gobierno se ha apresurado a anunciar un plan de "reforma política" para la república, consistente en recortes de gastos en el funcionamiento del estado y algunas de las prebendas que disfrutan los políticos, jueces y altos funcionarios. Con ello trata de ganar tiempo y alargar una situación que ocasione un desgaste de la energía popular.

La burguesía es consciente de que el gobierno Duhalde está contra las cuerdas. Bastaría una fuerte movilización popular para echarlo abajo. Su problema es que no tiene un recambio adecuado para llevar a cabo su programa, que se enfrentaría a una feroz resistencia entre los trabajadores y desocupados. Por eso tienen que resistir con Duhalde hasta que puedan. No se pueden arriesgar a la aventura de convocar elecciones anticipadas, salvo que no les quede otra opción. Como declaró Duhalde: "...el consenso social, no lo tiene nadie, desgraciadamente. Lea las encuestas, ningún dirigente tiene más del 10%. Es tremendo el desprestigio, pero hay que seguir..." (Clarín, 24/3/02). Dentro del peronismo hay fisuras. Ya han surgido demagogos por la "izquierda", como Kirchner (gobernador de Santa Cruz) y Rodríguez Saá, pero la burguesía no apostará por ellos por el momento. En las actuales circunstancias sólo avivarían el incendio con sus propuestas demogógicas e inviables desde el punto de vista capitalista.

Por otro lado, hay un sector de la burguesía que, calladamente, está preparando una alternativa de "centroizquierda" de cara a agrupar a las capas medias y al sector más atrasado de la clase obrera, como es el caso de la Agrupación por una República de Iguales (ARI) y otros sectores provenientes del Frepaso y el Frenapo. A la cabeza de este sector se sitúa esa campeona de la demagogia burguesa que es Elisa Carrió, crecientemente mimada por los principales medios de comunicación del país y que ha dejado claro su apuesta por un capitalismo de "rostro humano".

Dentro del campo de la izquierda, la figura más popular es, sin lugar a dudas, la de Luis Zamora, parlamentario nacional del grupo Autodeterminación y Libertad, y que goza de una gran autoridad política y moral no sólo entre los trabajadores y desocupados, sino entre amplios sectores empobrecidos de las clases medias. De hecho, todas las encuestas le auguran posiciones en los primeros puestos. La debilidad de Zamora es que tampoco tiene un programa político definido. Dice que tiene que elaborarse desde abajo. Pero "abajo" ya ha quedado claro lo que se quiere: la nacionalización de la banca, de las empresas privatizadas y de los grandes monopolios, bajo control obrero, como ha sido declarado en centenares de asambleas barriales de todo el país.

Lamentablemente Zamora está extendiendo toda una serie de prejuicios políticos muy atrasados, que pueden volverse mortalmente contra él, planteando que no hacen falta partidos, ni dirigentes, sino una organización "horizontal".

Las tareas en el movimiento obrero

El movimiento piquetero tampoco ha sido ajeno a esta caída en la actividad en las últimas semanas, lo cual es comprensible por las razones que antes apuntamos. De hecho, la Asamblea Nacional de Trabajadores prevista para el 2 de abril, y convocada por la anterior Asamblea Nacional de febrero y el Bloque Nacional Piquetero, ha sido aplazada hasta el 15 de mayo para dar más tiempo a su organización.

Toda la situación apunta que estamos al borde de un nuevo levantamiento desde abajo. La histeria se apodera de los dirigentes peronistas de las dos CGTs, implorando a Duhalde que decrete un aumento en los salarios de los trabajadores ante la subida de los precios. Duhalde ya les ha dicho que no. Estos burócratas sindicales cada vez tienen menos margen para mantener sujetos a los batallones pesados de la clase obrera de la industria y del transporte.

Como el día sigue a la noche, sector tras sector de la clase trabajadora se verá obligado a luchar, forzando a los dirigentes a que se pongan a la cabeza o arriesgarse a verse rebasados por un movimiento incontenible desde abajo.

Los partidos de la izquierda deben desplegar una propaganda incansable en la base de la CGT y la CTA explicando estas ideas, insistiendo en la necesidad de una huelga general contra los planes de la burguesía y el FMI, haciendo ver la necesidad de un gobierno de los trabajadores, insistiendo en la necesidad de crear Comités de Fábrica en cada empresa y taller para luchar por una serie de puntos comunes, como la introducción de una escala móvil precios-salarios ajustados cada mes, no aceptar ningún despido y ocupación de toda fábrica que despida o cierre, como han hecho los compañeros de Zanón y Brukman. Estos Comités de Fábrica deben estar vinculados a nivel de cada localidad, provincia y a nivel estatal; así como con las organizaciones de piqueteros y desocupados y con las asambleas barriales. Éste será el embrión del nuevo poder en la sociedad.

Especial responsabilidad en la organización de este trabajo les compete a los sindicatos arrebatados a la burocracia sindical y los militantes obreros de la izquierda en los mismos, que tienen la obligación de crear una corriente organizada a escala nacional de Frente Único dentro de las CGTs y la CTA para agrupar una oposición que ofrezca una alternativa de dirección cuando sus ideas encuentren un eco en la base.

Las tareas que tienen por delante los trabajadores argentinos y particularmente su vanguardia agrupada en los partidos de la izquierda y en las organizaciones piqueteras son enormes. La situación se deteriora día a día y la clase trabajadora aprenderá rápidamente en base a los acontecimientos. La primera fase de la revolución argentina en estos tres meses ha jugado un papel muy importante en tejer el armazón y el esqueleto de órganos de lucha como las asambleas barriales y el Bloque Nacional Piquetero y su coordinación a escala nacional. La segunda fase cogerá a la vanguardia y a los trabajadores más avanzados mejor preparados para organizar y arrastrar al conjunto de la clase a la lucha por el poder obrero, por la transformación socialista de la sociedad, única alternativa que tienen las familias trabajadoras para evitar descender hasta la barbarie y la degradación a que nos arrastra el sistema capitalista.


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