Corriente Marxista Internacional

La situación política argentina se caracteriza por la división y el enfrentamiento en el seno de la clase dominante, reflejo de la aguda crisis del capitalismo argentino y del ambiente de malestar entre amplios sectores de las familias trabajadoras. La situación política argentina se caracteriza por la división y el enfrentamiento en el seno de la clase dominante, reflejo de la aguda crisis del capitalismo argentino y del ambiente de malestar entre amplios sectores de las familias trabajadoras. Esta división se expresó hasta en el propio gobierno y en el partido peronista gobernante.

El presidente Kirchner necesita por ahora apoyarse en las masas con discursos “izquierdistas” y conceder algunas reformas para dotarse de una cierta base social. De esta manera procura sujetar a las masas en torno suyo para que no vayan más allá de ciertos límites, mientras intenta salvar al capitalismo argentino de sus contradicciones. Sin embargo, sectores importantes de la clase dominante temen que esta política le pueda llevar demasiado lejos y que no sea capaz de frenar a las masas en un futuro, particularmente en momentos de aguda crisis social.

Dos acontecimientos han polarizado el ambiente político del país en las últimas semanas: las elecciones en la capital y las provincias, y la firma de un acuerdo con el FMI.

Las elecciones en la ciudad de Buenos Aires

La victoria de Aníbal Ibarra sobre Mauricio Macri en las elecciones a la Jefatura de Gobierno de la capital tiene una gran significación política. A pesar de que Ibarra es un político pequeñoburgués que no despierta entusiasmo entre la población, el apoyo que recibió en las elecciones expresó el rechazo instintivo de cientos de miles de trabajadores, jóvenes y sectores importantes de las clases medias hacia la clase capitalista rapaz que representa Macri, y a la que responsabilizan de la pesadilla que se instaló en la vida de millones de familias trabajadoras en los últimos años. El apoyo de Kirchner a Ibarra resultó vital para obtener este resultado, por la autoridad que mantiene entre las masas. Y lo hizo porque necesitaba aumentar sus puntos políticos de apoyo, enfrentado al aparato local del peronismo, que apostó por Macri.

Sectores importantes de la clase dominante apostaron al triunfo de Macri para que sirviera de contrapeso a la figura del presidente. Pero calcularon mal el ambiente entre las masas.

El triunfo del peronismo en la provincia de Buenos Aires

En esta provincia, la más importante del país, se elegían gobernador, legisladores provinciales, diputados al Congreso y alcaldes. La participación no fue muy alta, un 69%. Pero lo más llamativo fue la enorme volatilidad del voto, reflejo de la inestabilidad política y del ambiente cambiante de la población, particularmente de la pequeña burguesía. También es de resaltar el voto bronca, expresado en los votos blancos y nulos, que llegó al 16%, lo que refleja la falta de alternativas para un sector importante de las masas.

El peronismo ganó la elección a gobernador de la provincia y la mayoría de los diputados al congreso que se elegían. Aún así, perdió medio millón respecto de las elecciones legislativas de octubre del 2001. El resto de grupos quedaron muy alejados. Kirchner estuvo muy activo en la campaña y esto influyó decisivamente en los resultados. Realmente, estas elecciones fueron vistas por los trabajadores como un plebiscito donde mostrar el apoyo al gobierno peronista de Kirchner, en la medida que no percibían una alternativa de clase con la que identificarse.

En otras provincias del país también hubo elecciones, pero no hubo diferencias apreciables con respecto a lo ocurrido en la ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Los resultados de la izquierda

En la primera vuelta de las elecciones en la capital, el resultado más destacado dentro de la izquierda correspondió a Luis Zamora, de Autodeterminación y Libertad, consiguiendo una importante cantidad votos (213.000), un 12,5% del total. También obtuvo dos diputados al Congreso.

Zamora podría hacer un aporte importante a la lucha por el socialismo si se dotara de un programa socialista, de clase. Lamentablemente su orientación política no va por este camino. Su movimiento tiende a perpetuarse como una mera plataforma electoral sin programa definido. Los resultados del resto de grupos de izquierda en la capital quedaron muy achicados por el arrastre del “voto útil” hacia Zamora.

En las elecciones de la provincia de Buenos Aires, la izquierda juntó cerca de 600.000 votos, un 10% del total, casi el doble de los juntados en abril. Pero la división del voto impidió a todos ellos obtener escaños de diputados.

Los pequeños grupos de izquierda están pagando en gran medida los errores provocados por sus enfrentamientos sectarios y celos de aparato. Es una ley que las masas no entienden de grupos pequeños. Siendo concientes de esto, los grupos de izquierda deberían aplicar una política de frente único, en torno a un programa común, en el frente electoral, piquetero, sindical, juvenil, etc. Pero este planteamiento leninista es un libro cerrado con siete llaves para todos sus dirigentes.

El acuerdo con el FMI

El pasado mes de septiembre el gobierno argentino y el FMI alcanzaron finalmente un acuerdo para renovar el pago de la deuda externa en el 2004, después de dos años en cesación de pagos.

Argentina se compromete a ajustar el gasto público en el 2004 para alcanzar un superávit en el presupuesto estatal equivalente al 3% de la riqueza nacional (PIB); esto es, 4.200 millones de dólares. Este dinero se dedicará íntegramente al pago de la deuda.

Realmente hay que decir que este acuerdo con el FMI fue un acuerdo de “mínimos”. Lo fundamental se aplaza para más adelante. Así, la parte de la deuda externa no incluida en este acuerdo y que continúa en cesación de pagos (103.000 millones de dólares, casi toda la deuda anterior a diciembre del 2001) lo que se acordó fue seguir negociando hasta mediados del 2004 para ver cómo y cuándo renovar el pago.

Cómo afecta al gasto público

y a los trabajadores

Para hacer efectivo el pago de la deuda en el 2004 y conseguir un superávit fiscal del 3%, el gobierno ya afirmó que ni los trabajadores estatales ni los jubilados percibirán ni un peso de aumento en sus haberes para el próximo año. Después de una década sin subidas salariales y con una pérdida del poder adquisitivo de más del 60% en un año y medio, se puede ver a las claras a costa de quiénes se paga la deuda. Habrá dinero para los banqueros y los prestamistas usureros, pero no para los trabajadores y jubilados.

El gobierno cifra todas sus esperanzas en aumentar un 10% los ingresos por impuestos para pagar la deuda y mantener los muy achicados gastos sociales. Pero si la economía se estanca o disminuye su crecimiento, el gobierno deberá recortar los gastos estatales para conseguirlo. El gobierno Kirchner no va a aumentar los impuestos a los grandes capitalistas, sólo quiere que paguen los impuestos y aportes legales. Por eso lanzó el “plan anti-evasión”. Pero no caben grandes resultados del mismo. Los capitalistas conocen mil y un trucos para evadir impuestos o para “maquillar” las cuentas de sus empresas. En estas condiciones, la única opción sería aumentar los impuestos a las clases medias y los trabajadores.

Así vemos que el acuerdo con el FMI en ningún caso va a implicar sacrificios ni nuevas cargas sobre los grandes capitalistas argentinos, pero sí graves amenazas de achique para los gastos públicos y los trabajadores.

El gobierno insiste que la firma de este acuerdo no compromete, como pedía el FMI, a una subida de las tarifas ni a compensar a los bancos por los efectos de la devaluación de la moneda en enero del 2002. Pero esta no es toda la verdad del asunto.

En primer lugar, es un secreto a voces que para el año próximo el gobierno ya comprometió subidas en las tarifas de luz, gas, agua, teléfono, combustibles, etc., que ponderarían según el nivel de consumo y renta. Por su parte, los bancos, aunque exigen más dinero, también fueron “indemnizados” con miles de millones de dólares a costa de aumentar la deuda pública durante este año y medio.

No al pago de una deuda infame

y criminal

Desde El Militante nos oponemos al pago de la deuda externa. Esta deuda fue engordada artificialmente por los capitalistas argentinos, los militares, los políticos burgueses, las multinacionales y organismos financieros internacionales para trasvasar la riqueza de la nación y el trabajo de la clase obrera a todos estos parásitos sociales. Entre 1976 y el año 2000 Argentina pagó en concepto de deuda ¡212.800 millones de dólares!, más que toda la deuda actualmente existente. Así, esta deuda infame y criminal ya fue pagada con creces a costa del hambre, el sufrimiento y las lágrimas del pueblo trabajador. En cambio, los capitalistas argentinos evaden miles de millones de dólares cada año, y tienen depositados actualmente 150.000 millones de dólares en cuentas en el exterior.

La única manera de liberarnos de la deuda y acabar con la miseria y el caos es confiscando las propiedades de los grandes capitalistas, terratenientes y banqueros, responsables de habernos llevado a esta ruina. De esta manera se podría planificar la economía democrática y armónicamente en beneficio de la inmensa mayoría de la sociedad.

Sólo un gobierno de los trabajadores que aplique una política socialista puede llevar este programa adelante. Es la tarea de los sectores más conscientes de los trabajadores, los desocupados y jóvenes de nuestro país llevar estas ideas al conjunto de la clase obrera argentina para hacerlo realidad.


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