Corriente Marxista Internacional

Los sindicatos deben hacer frente a la embestida patronal con la movilización y la fuerza de la clase obreraPor un sindicalismo combativo, de clase y democrático

 

 

Los sindicatos deben hacer frente a la embestida patronal con la movilización y la fuerza de la clase obreraPor un sindicalismo combativo, de clase y democrático

1.     A veinte años del derrumbe del muro de Berlín y del colapso del estalinismo, la mayor crisis de la economía capitalista desde la II Guerra Mundial se extiende por todo el mundo. Todos los fundamentos de la economía de libre mercado y el llamado neoliberalismo, que sustentaron una ofensiva sin precedentes contra las ideas del socialismo, han sido cuestionados por los hechos. Estamos ante una crisis global de sobreproducción que expresa agudamente la decadencia senil del capitalismo y su carácter completamente reaccionario. Una crisis que ha supuesto ya la destrucción masiva de fuerzas productivas y de millones de puestos de trabajo, extendiendo la lacra del desempleo como una mancha de aceite y degradando las condiciones de vida de la mayoría de la población.

2.     Aceptando la lógica del capitalismo, los gobiernos, ya fueran de derechas o socialdemócratas, estimularon en décadas pasadas la especulación inmobiliaria y bursátil, los enormes beneficios financieros y empresariales, la precariedad laboral y la contención salarial y, por supuesto, la privatización de los servicios y empresas públicas, que se transformaron en un negocio fabuloso para los grandes monopolios. Los gobiernos justificaron estas medidas en nombre de la globalización y la competitividad, y juraron que garantizarían el empleo y la prosperidad. Pero, a la luz de los hechos, todas estas previsiones han resultado una gigantesca estafa.

3.     Para enfrentar el crack del sistema y evitar una explosión social descontrolada, los gobiernos capitalistas de EEUU, la UE, Japón y China, han desembolsado en dos años cerca de 14 billones de dólares del erario público. Esta cifra, equivalente a un tercio del PIB mundial, se ha dedicado, en lo esencial, a salvar a la gran banca y garantizar los beneficios de los capitalistas. En definitiva, hemos asistido a una gigantesca operación de nacionalización de las pérdidas y privatización de las ganancias.

4.     Ahora, la burguesía mundial está tocando la melodía de la "recuperación", alentando una campaña propagandística que inunda los medios de comunicación y llena las declaraciones de los gobiernos de todo el mundo. Pretenden crear así una atmósfera favorable entre la población que les permita presentar los ataques a los trabajadores como un mal necesario e inevitable para acabar lo más rápido posible con la crisis. Pero toda esta propaganda sobre la recuperación suena a provocación para millones de familias trabajadoras, aplastadas por la lacra del desempleo, una montaña de deudas, la precariedad y el recorte de los salarios.

5.     Como reconocen en la letra pequeña la mayoría de los informes económicos presentados por los organismos internacionales (OCDE, FMI, BM), las perspectivas para la recuperación económica siguen siendo muy sombrías. Aunque inevitablemente la actividad se recuperará en un momento dado, se mantendrán tasas de paro muy elevadas y por mucho tiempo. Paralelamente, la misma clase dominante que ha impuesto un trasvase formidable de recursos públicos a las cuentas de resultados de los grandes bancos está exigiendo que durante los próximos años se lleven a cabo planes draconianos de "austeridad", es decir, recortes salvajes del gasto social, que amenazan abiertamente conquistas fundamentales como las pensiones, la sanidad y la educación públicas.

6.     En el caso del Estado español, la crisis económica ha provocado un efecto devastador para millones de familias trabajadoras. Desde que la recesión se hizo visible, los empresarios (grandes y pequeños, nacionales o multinacionales) han recurrido al despido de cientos de miles de trabajadores. Primero les tocó el turno a los eventuales y ahora les siguen los trabajadores fijos. En estos momentos, la EPA del segundo trimestre cifró los parados en 4.137.500 de personas (doblando la tasa de desempleo de la zona euro). El paro juvenil entre los 16 y los 25 años alcanza ya el 38%, mientras el de larga duración afecta a 1.217.300 personas. Debido al chantaje empresarial y la amenaza de despido, los salarios reales están siendo atacados en todos los sectores. También los ritmos de trabajo y la jornada laboral se están incrementando, como demuestra el hecho de que, a pesar del crecimiento explosivo del paro, en el 2º trimestre de 2009 se hayan hecho más de 11 millones de horas extras.

7.     En este lapso de tiempo, poco más de 18 meses, se ha generalizado la declaración de expedientes de regulación de empleo (EREs). En la actualidad hay más de 400.000 trabajadores afectados y la perspectiva que el gobierno maneja es que la mayoría de los expedientes temporales se transformarán en expedientes de extinción definitivos cuando concluyan las bonificaciones económicas, cuya duración es de un año.

8.     Zapatero y sus ministros declaran todos los días a la prensa que no van a consentir que la crisis la paguen los trabajadores. Sin embargo, la experiencia está demostrando que las medidas del gobierno son muy tímidas y, en algunos casos, contrarias a nuestros intereses. De todas las decisiones adoptadas por el PSOE para "salir de la crisis", la más importante, por su cuantía, ha sido los 150.000 millones de euros (más del 15% del PIB del Estado español) destinados al salvamento de la gran banca, un dinero que saldrá del bolsillo de los trabajadores y que se detraerá del gasto social. Esta escandalosa cifra contrasta con los 8.000 millones de euros que el gobierno ha concedido a los ayuntamientos (el famoso Plan E), y con el que oficialmente crearon 400.000 empleos de una duración media de... 3 meses.

9.     En la medida que el gobierno del PSOE, que fue aupado con los votos de millones de trabajadores y jóvenes, acepta la lógica del capitalismo, todos sus intentos de aprobar reformas progresistas se estrellan contra las presiones brutales de la burguesía, la banca y la patronal. Por ejemplo, la decisión de ampliar el subsidio de desempleo y pagar 421 € durante un año a los parados que hayan agotado sus prestaciones desde el pasado 1 de enero es un pequeño paso, pero absolutamente insuficiente. Pero por otro lado, Zapatero, que amagó con una subida de impuestos a las rentas más altas, finalmente decidió aprobar un incremento del IVA, perjudicando a las familias trabajadoras, y ha dejado sin tocar a las SICAV, las sociedades que gestionan las grandes fortunas, que tan sólo cotizan el 1%. Mientras el gobierno dedica una cantidad significativa de recursos públicos a rebajas fiscales a los empresarios y aprueba EREs, paralelamente presenta unos presupuestos generales en los que congela los salarios a los funcionarios y recorta los gastos sociales en educación, sanidad y vivienda.

10.  La experiencia de estos meses demuestra que no se puede gobernar a favor de dos amos: o se lleva a cabo una política auténticamente socialista, basándose en la movilización de los trabajadores y sus familias, de la juventud y los parados o, inevitablemente, el gobierno cederá, en lo fundamental, a las exigencias de la patronal, los banqueros y las multinacionales.

11.  A pesar de todas estas concesiones, un amplio sector de la burguesía y de la patronal presiona con dureza para que el ejecutivo del PSOE lleve a cabo más "reformas estructurales". Uno de los portavoces más cualificados de este sector, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha planteado explícitamente la hoja de ruta a seguir: atajar el gasto público "improductivo" mediante una reducción salvaje de las prestaciones por desempleo, privatizar las pensiones y la sanidad públicas, y una reforma laboral que abarate el despido, flexibilice aún más la contratación y ponga fin a la escasa protección legal que todavía subsiste en la legislación. Estamos pues ante un desafío en toda regla para las organizaciones obreras.

12.  Los sindicatos de clase deben constituir una línea de defensa fundamental contra la destrucción de empleo y la caída de los salarios, y una garantía para la protección de los parados. Pero lograrlo pasa por defender una política sindical basada en la movilización de la clase obrera y en la lucha por un programa reivindicativo que inevitablemente entra en conflicto con los intereses de la clase dominante. En unas circunstancias como las actuales, el sindicalismo de clase necesita tener una perspectiva socialista, para no ceder a la lógica del capital y convertirse en un auxiliar del sistema.

13.  Desde que la crisis empezó, la estrategia de las direcciones sindicales ha sido errática y errónea. Según CCOO, el 90% de los EREs presentados han contado con el aval sindical. Pero esta dinámica de aceptar el mal menor, es decir, negociar a la baja los planes de destrucción de empleo, no han servido para contentar a la patronal. Los ejemplos de SEAT, Nissan, Ford, Mercedes, Roca o, más recientemente, la Opel, por citar unos pocos, son obvios: se ha atacado hasta el hueso las condiciones laborales y salariales de la plantilla, se ha despedido a miles de trabajadores de la principal y de las auxiliares, pero no se garantiza el futuro del empleo.

14.  Los dirigentes de CCOO y de UGT han respondido a esta situación dramática con continuos llamamientos al "diálogo social", firmando pactos con el Gobierno que congelan los sueldos de los empleados públicos y llegando a acuerdos de reducción de plantillas en empresas emblemáticas, acuerdos que debilitan la posición de la clase obrera (el último caso de Opel es esclarecedor). Esta política de paz social, de pensar que todos estamos en el mismo barco, trabajadores y empresarios, de desmovilizar y aislar las luchas fábrica a fábrica, es la mejor manera de allanar el camino a las aspiraciones de la patronal. Ahora, la CEOE exige una nueva reforma laboral y el gobierno ha mostrado su comprensión. Pero lo más grave es que los dirigentes sindicales también han insinuado que no descartan sentarse a negociar con la CEOE esta demanda, siempre y cuando la patronal se "comprometa" a desbloquear la negociación colectiva.

15.  Envalentonados por la debilidad que muestran los dirigentes sindicales, los empresarios han tomado buena nota de cada concesión hecha y se han mostrado aún más decididos y audaces en sus planes de ataque. La realidad es tozuda y los hechos son claros. Por eso es urgente un cambio de rumbo, un giro de 180º en la política de los sindicatos de clase, si queremos evitar que la mayoría de la población trabajadora pague los efectos de esta crisis aún más duramente de lo que ya la está pagando. Es el momento, por tanto, de levantar un sindicalismo combativo, de clase y democrático basado en la movilización unitaria de toda la clase trabajadora para frenar la ofensiva patronal y de obligar al gobierno a tomar medidas drásticas en beneficio de la mayoría de la población.

16.  Afirmar que la clase obrera está paralizada por el miedo al desempleo y que no responderá a un llamamiento serio de sus dirigentes sindicales no concuerda con lo que estamos viviendo. En estos meses hemos visto la disposición de miles de trabajadores a luchar con decisión: lo hemos visto en la huelga general del 21 de mayo en Euskadi, en la huelga del metal de Vigo, en la movilización histórica en Zaragoza (más de 40.000 trabajadores) en defensa de los puestos de trabajo de OPEL, en la movilización de más de 20.000 trabajadores en Tortosa (Tarragona) contra el cierre de Lear el pasado día 1, en la huelga victoriosa que ha recorrido la vega cordobesa del Guadalquivir, congregando a miles de jornaleros y parados en numerosas localidades, y que sólo es la punta del iceberg de la situación explosiva que vive el campo andaluz. También en Valencia, el sábado 31 de octubre, cuando más de 50.000 personas se movilizaron contra el gobierno del PP.

17.  En este ambiente de rabia y descontento, con una patronal desdeñosa y arrogante, los dirigentes de CCOO y UGT tienen una gran oportunidad para pasar a la ofensiva y cambiar la correlación de fuerzas. El llamamiento a una movilización el 12 de diciembre en Madrid es un paso adelante muy importante y debe ser organizado concienzudamente para garantizar que sea un completo éxito. Esa movilización puede y debe marcar un giro a la izquierda en la estrategia de los sindicatos. Por eso, desde las direcciones de CCOO y UGT esta jornada de lucha debe ser planteada no como una válvula de escape del descontento existente; no como un aviso a la patronal para que desbloquee la negociación colectiva y que a cambio se negocie una nueva reforma laboral o se firme un acuerdo de moderación salarial a tres años. No, la movilización del 12 de diciembre debe ser utilizada para frenar a la patronal y también para obligar al gobierno del PSOE a adoptar medidas concretas en beneficio de la mayoría.

18.  Los sindicatos de clase, especialmente CCOO y UGT, como organizaciones mayoritarias, tienen una gran responsabilidad. La lucha fábrica a fábrica tiene muchas limitaciones en un período de crisis como este. Por eso es necesario impulsar la lucha unificada del conjunto de la clase obrera, preparando una huelga general, no para derribar al gobierno del PSOE, sino para obligarlo a llevar a cabo medidas efectivas, reales y tangibles en beneficio de los trabajadores y sus familias. Sólo de esta manera, con una política auténticamente socialista, se puede evitar la vuelta de la derecha al gobierno.

19.  Ahora es el momento de fortalecer nuestras organizaciones sindicales de clase, aumentar su militancia y defender un programa de lucha contra el paro, por el empleo y los servicios públicos:

·         Basta de entregar dinero público a los banqueros, de subvenciones a las empresas y de rebajas fiscales. El gobierno del PSOE debe garantizar un subsidio de desempleo indefinido a todos los parados hasta encontrar un puesto de trabajo, igual a un SMI de 1.100 € y la condonación de sus deudas hipotecarias. Jornada laboral de 35 horas semanales por ley, repartiendo el empleo existente entre todos los trabajadores sin reducción salarial. Jubilación a los 60 años con el 100% del salario y contratos de relevo.

·         Los EREs no son la solución a los despidos. CCOO y UGT deben exigir la nacionalización de las empresas en crisis, sin indemnización y bajo el control de los trabajadores y sus organizaciones, para salvar todos los empleos.

·         Oposición tajante a ninguna reforma laboral. Recuperación de la dignidad y la estabilidad en el empleo. No a las rebajas salariales, recuperación del poder adquisitivo.

·         Asegurar el sistema público de pensiones. Parar todos los planes de privatización de los servicios públicos, aumentar el empleo y los recursos destinados a la sanidad y la educación públicas.

·         Nacionalización de la banca, los monopolios y los latifundios, lo que permitiría poner en marcha grandes programas de inversión pública en infraestructuras, vivienda, educación y sanidad públicas.

·         Por un sindicalismo combativo, de clase y democrático, independiente del Estado y de la burguesía. Un sindicalismo en contacto permanente con los trabajadores y que fomente su participación a través de las asambleas democráticas.

20.  Existe una alternativa a la crisis capitalista y otro modelo económico distinto al que ha causado este desastre, pero esa alternativa no es posible dentro del capitalismo. Una economía que cree empleo de calidad, que eleve constantemente el nivel de vida de toda la población y que utilice los extraordinaros recursos económicos y tecnológicos existentes para resolver las necesidades de la mayoría sólo es posible con la planificación y el control democrático de los medios de producción por parte de los trabajadores, es decir, sentando las bases de una economía y una sociedad socialistas. Veinte años después del colapso del estalinismo asistimos a la crisis general del capitalismo, con su reguero cruel de desempleo de masas, miseria y marginalidad. Las causas que alumbraron la lucha por el socialismo hace más de 150 años y que dieron fundamento político al movimiento obrero siguen completamente vigentes.

21.  El sindicalismo de clase, al servicio de los intereses de los trabajadores, surgió comprendiendo que la causa de los problemas fundamentales que afrontamos se debe a la propia existencia del capitalismo. Por este motivo, consideró la lucha por las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera como parte de la lucha por la transformación socialista de la sociedad. El sindicalismo sólo es realmente de clase cuando contribuye a elevar el nivel de conciencia, organización, unidad y lucha de los trabajadores, frente a su atomización y desmovilización. Este es el programa que necesitamos recuperar e impulsar en nuestras organizaciones; necesitamos un sindicalismo armado con las ideas del marxismo revolucionario.

 

¡Trabajador, trabajadora, únete a la Corriente Marxista El Militante para defender este programa en nuestros sindicatos de clase, para fortalecerlos y convertirlos en la herramienta de lucha que necesitamos!

 


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