Corriente Marxista Internacional

Situación económica en Venezuela. Un análisis marxista

Más allá del entusiasmo político e ideológico que despierta en las masas y en los sectores de izquierda del mundo el proceso revolucionario venezolano, subyacen factores de tipo económico que socavan progresivamente el rumbo exitoso del proceso. Este Más allá del entusiasmo político e ideológico que despierta en las masas y en los sectores de izquierda del mundo el proceso revolucionario venezolano, subyacen factores de tipo económico que socavan progresivamente el rumbo exitoso del proceso. Este artículo busca analizar algunos de estos factores con la intención de contribuir a una mayor comprensión de los riesgos que enfrenta la Revolución bolivariana con el fin de sacar las conclusiones necesarias para corregir los mismos y hacer avanzar el proceso revolucionario hacia la victoria.

Una economía históricamente rentista

Desde los inicios del siglo XX, Venezuela pasó de ser uno de los países con menor ingresos económicos de América Latina al de mayor ingreso per capita gracias al descubrimiento del petróleo. La economía nacional que durante le siglo XIX se basó fundamentalmente en la producción agrícola del café y del cacao, pasó de la noche a la mañana a sustentarse en un producto de alto precio pero de muy bajo valor social en cuanto a la cantidad de fuerza de trabajo que emplea para el proceso de extracción y exportación.

El fisco nacional, a pesar de la expoliación imperialista que apenas pagaba un ínfimo porcentaje de la riqueza extraída y comercializada, vio enriquecer sus arcas produciéndose fenómenos y deformaciones económicas características de economías donde la principal fuente de ingreso no está basada en el trabajo social, sino en un bien exógeno, como el oro de América en el caso de la España imperialista, y la extracción del petróleo en el caso venezolano.

Una de las principales características de este tipo de economías, que se reproducen en la mayoría de los países integrantes de la OPEP, lo constituye la atrofia del aparato productivo y de la agricultura del país en detrimento de las importaciones, ya que en términos sencillos se hace más barato comprar mercancías y bienes en el exterior con los petrodólares que producirlas internamente. La atrofia del aparato productivo en este tipo de naciones como Venezuela, es compensada con una hipertrofia de la burocracia estatal, que de alguna manera busca compensar la baja tasa de generación de empleo por parte del sector manufacturero y agrícola nacional. Es común observar en las oficinas públicas venezolanas, varios porteros cuidando una misma puerta, leyendo periódicos, varios choferes para conducir el vehículo de un mismo burócrata, más enfermeras que enfermos en los hospitales y así sucesivamente.

Otra de las características del esquema rentista, es el desarrollo de una burguesía parásita, que acumula su riqueza fundamentalmente a través de la actividad importadora-comercializadora en asociación estrecha con trasnacionales imperialistas, de manufacturas provenientes principalmente de Estados Unidos, que posteriormente trasforma sus ingresos en moneda nacional a dólares para luego exportarlos, bajo la protección del libre esquema cambiario, a los bancos de Estados Unidos y Europa. La escasa actividad manufacturera que asume esta burguesía parásita, la hace al amparo de la transferencia de mil millonarios recursos que el Estado complaciente a su servicio les hizo históricamente a través de créditos blandos, que nunca eran pagados y de exoneraciones de impuestos. Ante la inoperatividad de la burguesía nacional para desarrollar las fuerzas productivas, los propios partidos socialdemócratas a su servicio, se vieron en la necesidad de hacer cuantiosas inversiones para desarrollar algunas áreas de la actividad económica, como la siderúrgica, la petroquímica y hasta la hotelera entre otras.

La crisis del modelo rentista hizo crisis en los años ochenta por varias razones. En primer lugar debido a la caída internacional de los precios internacionales del petróleo, una vez que el imperialismo estabilizó y deprimió el mercado con la derrota del mundo árabe tras la guerra del Yom Kipur. Como es de recordar la gran mayoría de los países del golfo pérsico se alinearon con Washington, prestándose a la violación de las cuotas de la OPEP, inundando el mercado de crudo y produciendo el derrumbamiento de los precios. Es de destacar que a esta jugada también se prestaron los últimos gobiernos de la IV república con la “meritocracia” de PDVSA a la cabeza, violando las cuotas establecidas por la OPEP en clara conspiración contra los intereses de la nación.

La caída de los precios en los años ochenta, produjo una reducción drástica de los ingresos fiscales, una masiva fuga de capitales por parte de la burguesía parasita estimada en 300 mil millones de dólares, y una reducción brutal de la inversión social por parte de los gobiernos socialdemócratas en un país que había visto quintuplicar su población en los últimos 25 años. La crisis fiscal generada, la megadevaluación de la moneda nacional, el impulso privatizador del neoliberalismo promovido por la élites, produjo una contracción brutal del poder adquisitivo de la población, que de la noche a la mañana se vio privada de poder adquirir los insumos básicos de subsistencia, produciéndose el colapso del esquema rentista y la explosión social del 27 de febrero de 1989, internacionalmente conocida como el “caracazo” pero que realmente no se límitó a la ciudad capital sino que se extendió por toda la geografía nacional, y que abrió las puertas al proceso revolucionario que actualmente vivimos.

Revolución Bolivariana y superación del esquema rentista

Uno de los principales objetivos que se ha trazado el movimiento bolivariano desde sus inicios, es el de la superación del esquema rentista-importador-dependiente-colonial. Las consecuencias de dicho esquema han resultado catastróficas para uno de los países que mayor riqueza ha generado en las últimas décadas en América Latina. Muchos analistas han estimado que el ingreso en dólares es comparable a 10 Planes Marshal con lo cual se reconstruyó a Europa occidental después de la II Guerra Mundial.

Los camaradas que han tenido la oportunidad de visitar a Caracas durante los diferentes eventos que se han efectuado en estos años de Revolución, han podido observar como el bello y primaveral valle en el que se asienta nuestra ciudad capital, está rodeado por el este, por el oeste y por el sur por un gran cinturón de miseria donde hacen vida, apiñados y carentes de elementales servicios, millones de venezolanos y suramericanos excluidos por el sistema rentista, hipoproductivo y por tanto escaso generador de empleo. Los visitantes también pueden observar con asombro, los miles y miles de buhoneros o comerciantes informales que atiborran las principales calles de Caracas y otras ciudades importantes del país, en busca del sustento que no pueden obtener en un empleo formal tanto del sector manufacturero como de servicios, ni en el sector público que ya no puede absorber más empleados improductivos.

En el campo la situación es peor. La escasa población que ocupa nuestras tierras, también vive en condiciones precarias, debido a la exclusión de la tierra a la que históricamente ha estado sometida y al escaso desarrollo de la industria agroalimentaria. En Venezuela antes del advenimiento de la Revolución en el año 1998, las cifras mostraban que el 80% de la población se encontraba en situación de pobreza crítica y un 70% de todo lo consumido era importado. Hoy a 7 años de Revolución se ha producido una disminución leve pero significativa de los niveles de pobreza de acuerdo a las evaluaciones de índice humano de la ONU, pero los niveles de importación se han elevado al 80%, batiendo todos los record históricos, lo cual sin duda alguna es indicativo de que a pesar de los logros, algo anda muy mal en el sistema económico de la Revolución y que es materia fundamental de este análisis.

La economía venezolana en tiempos de revolución

Como todo proceso revolucionario, el venezolano ha sido dinámico y dialéctico. Aunque los ortodoxos se empecinen en caracterizar al proceso venezolano, los marxistas hemos venido acompañando al río revolucionario en sus diferentes fases, tratando de incidir para que los objetivos revolucionarios logren coronarse. Así es como hemos observado que a la primera fase nacionalista-dignificadora de los primeros años, siguió la defensiva-revolucionaria de los años 2002 y 2003 cuando la ofensiva fascista intentó derrocar al proceso y ahora la fase socialista en gestación, en pleno desarrollo.

Durante los primeros años del proceso revolucionario, como señala el economista de derecha José Guerra en su libro ¨¿Qué es el Socialismo del Siglo XXI?¨, prevaleció la aplicación de políticas típicas de una economía que enfrentaba una caída importante de sus ingresos fiscales, debemos recordar que a la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 el precio del barril de petróleo era de ¡9 dólares! el barril, producto de las maravillosas políticas de la “meritocracia”. Las finanzas públicas, continúa Guerra, estuvieron caracterizadas por un manejo austero, una política monetaria conservadora y una política cambiaria basada en el anclaje del tipo de cambio. En el Programa Económico de Transición 1999-2000, se lee “Las acciones especificas de la estabilidad monetaria, financiera y cambiaria tiene su pivote central en una prudente política fiscal signada por reformas tributarias, ajustes de gastos, de tarifas y precios de los bienes y servicios públicos”. Según Guerra , la puesta en acción de esta política, se tradujo en una caída del gasto público en términos del PIB en 1999 y un moderado aumento en 2000, como resultado de medidas de austeridad fiscal entre las cuales destacaron la reestimación de los ingresos fiscales tomando como base un precio de petróleo a 9 $ el barril, la implantación de algunos impuestos como el débito bancario con una tasa del 0,5% y la sustitución del impuesto a las ventas y el consumo suntuario por el IVA. En cuanto a erogaciones, se decidió un recorte del gasto acordado, equivalente al 1.5% del PIB. Durante la instrumentación de estas medidas, continúa Guerra ,”no se diseñan políticas espectaculares con el objeto de producir un cambio fundamental en la estructura de la economía de Venezuela. En cuanto a la acción del Estado tampoco hubo un proceso visible de expandir su acción como propietario de los medios de producción, salvo que se crearon dos instituciones financieras, el Banco de Pueblo y el Banco de la Mujer, destinadas al financiamiento de sectores socialmente excluidos”.

En el mismo Plan se establecía que el tipo de economía a construir era un sistema productivo diversificado, competitivo, abierto hacia los mercados internacionales, basado en la iniciativa privada y con presencia del estado en industrias estratégicas, pero con apertura a la inversión privada en el desarrollo aguas abajo del tejido industrial” .

Pero en el plano político la marejada revolucionaria continuaba y se plasmaba en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente y en un clima de expectativa y entusiasmo popular por ver cambiar el rumbo de sus vidas. La nueva constitución a pesar de estar fuertemente influenciada por los sectores reformistas, plasmó una serie de derechos sociales y reservó para el Estado con carácter constitucional actividades económicas como el control de PDVSA que terminaron de inquietar al imperialismo y a la burguesía parasita y lacaya.

En octubre de 2002, al amparo del nuevo texto constitucional, el gobierno revolucionario promulga las llamadas 20 Leyes Habilitantes, entre las que sobresalían: la Ley de Tierras, la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Pesca, la Ley del Impuesto sobre la Renta que aunque no afectaban el régimen de propiedad sobre los medios de producción, exacerbaron los temores de clase de las clases dominantes, e impulsaron a la burguesía al amparo de la Embajada Norteamericana a las acciones golpistas, paro patronal y saboteo petrolero de 2002 y 2003 que todos conocemos, y que produjeron un avance en la conciencia de las masas y del líder, sobre la seriedad del terreno que estaba pisando cuando se comenzaban a tan siquiera rozar los intereses de la oligarquía y el imperialismo.

La economía después del golpe

La derrota de la derecha durante los sucesos de 2002 y 2003 coincidieron con el inicio de la recuperación de los precios del petróleo, entre otras razones por el crecimiento de la demanda experimentada en China e India, y como resultado de los esfuerzo hechos por Venezuela por reconstruir y salvar a la OPEP, no debemos olvidar que en 2002 el Presidente Chávez realizó un periplo por todo el mundo árabe que incluyó al mismo Irak de Saddam Huseim, y que se plasmó en la realización en Caracas de la histórica II Cumbre de Jefes de Estado y Monarcas de la OPEP, que no se efectuaba desde los años 60 y de donde salió revitalizada dicha organización.

El aumento en los ingresos fiscales registrados en el primer trimestre de 2003 a pesar de los estragos del paro petrolero, le permitió al gobierno revolucionario, incrementar el gasto social en más de un 500% a través de las llamadas Misiones y otros programas públicos como las Escuelas Bolivarianas que levantaron la moral de las masas y fortalecieron el apoyo político, al tiempo que el paradigma político-económico se modificaba como consecuencia de los “latigazos recibidos de la contrarrevolución”, estábamos entrando en lo que he dado en llamar la fase socialista en gestación, caracterizada desde un punto de vista marxista, por una serie imprecisiones y desatinos que de seguir por este rumbo nos conducirán al despeñadero.

Buena parte de la inspiración de esa primera fase “socialista” está fundamentada en las propuestas de Hans Dietrich y otros actores revisionistas que plantean que no hay suficiente desarrollo de las fuerzas productivas para llegar al socialismo, que es necesario desarrollar primero el socialismo en el plano del ejercicio de los derechos políticos como mayor participación ciudadana y en seguir impulsando las diferentes formas de economía social y popular como las cooperativas y los núcleos de desarrollo endógeno. Igualmente tenemos a los burócratas-reformistas que piensan e impulsan la tesis de que el socialismo es la creación de nuevas empresas estatales o nacionalización de algunas existentes pero dentro de una dinámica de capitalismo de estado igual que en la cuarta republica.

Un buen resumen de esta situación lo desarrolla desde su perspectiva de hombre de derecha el ya citado José Guerra, de cuyo texto tomaré algunos párrafos, ya que describe en buena manera la actual situación de la propiedad estatal y social en Venezuela. Posterior a dichos párrafos continuaremos con nuestro desarrollo.

Dice Guerra:

“Paralelamente al ambicioso programa social, se pone en marcha un decidido esfuerzo por acrecentar el ámbito del Estado en la economía y por fortalecer los espacios de formas asociativas no capitalistas como es el caso de las cooperativas y los llamados Núcleos de Desarrollo Endógeno. Dos indicadores reflejan el mayor peso adquirido por la acción estatal, el gasto público en términos de PIB y el porcentaje del crédito bancario canalizado hacia el financiamiento público”

“La ampliación del papel del Estado como propietario se hace manifiesta en las actuaciones y políticas de PDVSA como financista directo de proyectos de desarrollo, la acción social del gobierno y la potenciación de la presencia internacional de esta empresa, mediante la conformación de Petroamérica y Petrocaribe. En lo relativo al sector industrial, la presencia del Estado se expresa en la repotenciación de la Corporación venezolana de Guayana y sus empresas filiales (procesamiento del Hierro, Aluminio, Bauxita) que ahora incursionan en el mercado de las comunicaciones y en el establecimiento de un sector de empresas industriales públicas, algunas de ellas en asociación con capitales extranjeros, entre las que se destacan las asociaciones petroleras, muy criticadas por sectores de izquierda, y fábricas para producir tractores y vehículos, con compañías chinas e iraníes. A esto se adicionan fábricas para el ensamblaje de vehículos militares, armas de guerra, producción de papel (INVEPAL), producción de válvulas petroleras (INVEVAL), textiles.”

“El Estado igualmente decidió ocuparse de parte de la producción agroindustrial mediante la Corporación Venezolana Agraria adscrita al recién creado Ministerio de Alimentación. En lo concerniente a la comercialización de alimentos, ya el Estado tiene un camino andado con la creación de MERCAL, actualmente el mayor vendedor de alimentos de Venezuela y la Corporación CASA. En lo que respecta a servicios, el Estado creó una nueva línea aérea CONVIASA.”

“Se ha conformado una red de medios de comunicación estatal y alternativos en manos de comunidades y el fortalecimiento de los canales de radio y televisión ya existentes, igualmente el lanzamiento de un conjunto de medios impresos comunitarios. Se trata inclusive de un esfuerzo comunicacional de dimensiones internacionales con la creación de TELESUR, conformada con capital fundamentalmente venezolano, pero donde participan también Brasil, Argentina y Uruguay”.

“Este proceso de crecimiento de la propiedad estatal en la economía , también se está dando en el sector financiero, mediante el nuevo rol que están cumpliendo el Banco de Desarrollo Económico y Social BANDES, el Banco Industrial de Venezuela BIV, BANFOANDES, y el fortalecimiento de capital del Banco de la Mujer y del Pueblo. Igualmente ya está iniciando operaciones el BANCO DEL TESORO, el cual captará la mayoría de los fondos públicos actualmente en la Banca Privada y que en la economía rentista venezolana, donde los recursos petroleros constituyen el 50% del ingreso fiscal, representan casi el 80% del total de los depósitos bancarios”.

“El componente cooperativo y los Núcleos endógenos representan el estamento no propiamente capitalista de la acción económica del Estado, donde se configura una especie de modo de producción no capitalista, apoyado tanto por el aporte de capital como por la demanda de sus productos por parte del Estado. Apuntalados por el brazo financiero del Estado revolucionario, este sector se ha ampliado con especial fuerza a partir de 2003. Para el financiamiento tanto del sector privado mediano y pequeño como de las nuevas formas de propiedad, se creó el Ministerio de Economía Popular, donde se conforma la entidad política que permite la estructuración entre el sector cooperativo y los núcleos endógenos y el elemento financiero del Estado.”

“En la propiedad del Estado sobre parte importante de los medios de producción y en sus disponibilidades financieras, subyace la base para la estructuración del socialismo del siglo XXI, como sería el caso de los Núcleos de Desarrollo Endógeno y las Empresas de producción Social. De esta manera aunque la estructura de la propiedad mantiene cuatro elementos: el sector privado, el estatal y el “social” conformado por núcleos de desarrollo endógeno, las cooperativas y las empresas de producción social, un curso previsible sugiere que los dos últimos deberían unificarse.”

“En la medida que el Estado venezolano concentre en sus manos, por si mismo o por medio de la economía social, dos factores de producción fundamentales, el capital y la tierra, y mediante regulaciones oficiales determinara los precios de la economía”.

“De los tres sectores de la Economía con presencia del Estado, las EPS y el binomio cooperativas-NDE constituyen el embrión del sistema de propiedad colectiva de los medios de producción, lo cual a decir de Dieterich representaría uno de los mayores y mas poderosos instrumentos para la superación de la economía rentista, capitalista y dependiente por la nueva economía del siglo XXI. En estos, los trabajadores o socios recibirán dos tipos de incentivos, los morales dirigidos a elevar el nivel de conciencia de los trabajadores y los materiales, los cuales no necesariamente deben incluir los de carácter monetario, consistirían en bonos o tarjetas para adquirir bienes en establecimientos del Estado”

Como podemos ver, el socialismo del siglo XXI de acuerdo a la visión de Dieterich y de los reformistas-burocratas y a pesar del miedo que suscita en Guerra, resulta un gran enredo, lleno de confusiones y contadicciones, a veces de forma conciente, a veces inconsciente, sobre el verdadero significado del socialismo.

Venezuela 2006, una economía, dos rostros

A pesar de que la terrible crisis económica provocada por el golpe de Estado, el paro patronal y saboteo petrolero, que produjo una caída del PIB de -20%, ha sido superada la situación estructural de la economía venezolana es mala.

Los ingentes ingresos extraordinarios petroleros recibidos en los últimos tres años y el control de cambios impuesto por el gobierno revolucionario, yugularon en cierta forma el esquema tradicional de fuga de capitales y Venezuela vive hoy una “intoxicación de dólares” que resulta paradójica ante los persistentes niveles de pobreza existentes.

Los funcionarios públicos, incluyendo al Presidente, se jactan permanentemente de lo extraordinario de las cifras macroeconómicas que muestra el país, y no es para menos. La economía registra en lo que va de año un crecimiento del 9,6%, las reservas internacionales rondan los 40 mil millones de dólares, la tasa de inflación, a pesar de que la masa monetaria circulante se ha triplicado, se mantiene estable. Las tasas de interés bancarias al fin fueron reguladas por el gobierno, pasaron de un promedio de 28 % a un promedio actual de 18%, lo cual ha producido un boom en el consumo de autos nuevos, electrodomésticos, viajes y adquisición de inmuebles por parte de la clase media que no se veía desde los años 70, el desempleo ha disminuido al 11%.

En las calles de Caracas, pululan junto a los miles de vendedores informales, nuevas y lujosas camionetas 4 por 4, carros de todos los modelos nuevos, los centros comerciales están atiborrados de compradores. El poder adquisitivo de la población se ha incrementado en todos los estratos sociales, según lo reconocen los propios economistas de la derecha, debido a los aumentos salariales en el sector público, la cancelación de miles de millones de bolívares de deuda social y pasivos laborales de trabajadores públicos que habían sido jubilados sin pagarles sus prestaciones sociales desde hacía 15 y 20 años, al incremento en los pensionados del Seguro Social que se han incrementado en mas de 300 mil durante el gobierno revolucionario, y el monto de las pensiones se han incrementado sustancialmente. El gasto público en obras públicas es mil millonario, actualmente se están construyendo tres sistemas de metro en diferentes ciudades, una línea férrea en el eje costero-central, el segundo puente sobre el río Orinoco y cientos de obras más, rezagadas durante décadas por los gobiernos corruptos de la IV república

No obstante para los que trabajamos directamente con los sectores populares sabemos que existe un preocupante problema de desempleo, que se manifiesta en altos índices de delincuencia juvenil y mendicidad en las calles.

Las capas altas, que antes transformaban libremente sus bolívares (moneda nacional) en dólares y se los llevaban a la Florida, ahora se ven forzados a gastar en Venezuela en vehículos, insumos y conformarse con viajar a Miami o Europa con 4 mil dólares al año, que es lo que permite el control de cambios. Los pobres han visto incrementar sus ingresos en formas directas como por el incremento en el salario mínimo, las becas que otorgan las diferentes misiones a los estudiantes y mujeres pobres, y de forma indirecta porque compran alimentos a muy bajo precio en las tiendas MERCAL, adquieren asistencia médica gratuita y medicamentos a través de la Misión Barrio Adentro, sus hijos son alimentados en las Escuelas Bolivarianas y una serie de otros beneficios.

Pero mientras esta cara bonita de la Revolución existe, sustentada en los ingresos extraordinarios del petróleo, existe otra realidad que preocupa y debe llamar a la reflexión de los revolucionarios. La economía real no crece, el empleo real no crece, la producción manufacturera no crece, la producción agroindustrial no crece, ¡las importaciones se quintuplican! El Banco Central pierde miles de millones de bolívares al mes para subsidiar a los banqueros con bonos a alto interés para evitar el crecimiento de la masa monetaria. Por ese camino no vamos bien, es el mismo camino de la IV República.

Cifras económicas preocupantes de la economía venezolana

Vamos a realizar un análisis de algunas variables económicas de interés para el tema que estamos analizando. Para ello nos vamos apoyar en cifras divulgadas por los propios organismos públicos tales como el Banco Central de Venezuela BCV y el Instituto Nacional de Estadísticas INE, reflejados en un seguimiento hecho al cuerpo económico del diario burgués ¨El Universal¨. La información que nos pareció de importancia está reflejada en los siguientes párrafos.

Las estadísticas del propio Banco Central de Venezuela reflejan que mientras el comercio creció en un 19 % en el primer semestre del año, la construcción 27,4% y las comunicaciones 23,9%, la industria manufacturera, que es la mayor generadora de empleo ¡apenas lo hizo en 8,7%!.

El rezago económico de la industria se combina con la poca inversión del sector privado que controla al fragmento manufacturero. Domingo Maza Zabala alto directivo del Banco Central de Venezuela señala que los empresarios están invirtiendo en el aparato productivo nacional el 10% del PIB, cuando lo deseable seria el 18% para asegurar un crecimiento estable.

El consumo en los hogares se ha incrementado en un 53,2% respecto a 1998, sin embargo el dinero destinado a la inversión es tan solo el 3,8%. Mientras las importaciones satisfagan el consumo, la economía no va a mostrar signos de evolución. CADIVI, organismo encargado de administrar el control de cambios, está inyectando un promedio diario de 80 millones de dólares lo que supera en un 22% los niveles de 2005.

De esta manera los productos comprados en el extranjero, con las divisas que proveen los ingresos extraordinarios del petróleo, garantizan que las deficiencias de las empresas manufactureras se suplan. El resultado es que las importaciones del primer trimestre de este año se ubican en 5.899 millones de dólares, todo un record en los últimos 10 años.

La falta de inversión en el sector manufacturero se manifiesta en la poca capacidad que ha mostrado la economía venezolana para generar puestos de trabajo estables y bien remunerados. En los últimos 12 meses solo se han creado 542 mil empleos, lo cual palidece ante los 4.8 millones de personas que viven de la economía informal y los 400 mil jóvenes que cada año inician la búsqueda de un empleo.

Solo 48% de las empresas están utilizando su capacidad instalada al máximo. Después de 10 trimestres de crecimiento económico en términos del PIB los sectores claves economía comienzan a agotar la capacidad de producción de tal forma que la palabra clave es ¨inversión¨, para ampliar las plantas y el volumen de servicios. La inversión anual fue del 18% del PIB, correspondiendo 10 % al sector público y 8 % al sector privado, lo deseable seria que la inversión representara el 25 % del PIB.

Como podemos ver la inversión pública crece (obras, planes sociales, etc.) pero la privada decrece: construcción, manufactura, agricultura, servicios. El crédito se ha disparado pero poco para financiar inversiones. Los empresarios han aumentado el nivel de solicitudes de crédito por la baja de intereses y el aumento general del consumo, pero no invierten lo necesario para garantizar el crecimiento del empleo y la productividad nacional. Solo el 12,5% de los créditos se dirige a la manufactura y el 52% se están dirigiendo al comercio y servicios y son préstamos a corto plazo.

El dinero destinado a la inversión en la compra de maquinarias y a la ampliación de la capacidad instalada apenas supera en 3,8% al año 1998, previo a la revolución, lo cual significa una descapitalización abrupta del aparato productivo. El déficit de inversión explica por qué, a pesar de que durante diez trimestres consecutivos ha habido crecimiento económico, el empleo escasea y el INE (instituto Nacional de Estadísticas) registra que el número de puestos de trabajo en el sector formal tan solo aumenta en 275.839 puestos, lo cual resulta escuálido ante 1.164.000 desempleados y 4,8 millones que laboran en el sector informal donde el ingreso es inferior al salario mínimo. El gobierno ha venido paliando la caída de la inversión y de la productividad a expensas de las importaciones

Como vemos, la expansión de la economía se ha sustentado en una escalada generalizada en el valor agregado bruto de las actividades no petroleras. En la manufactura, de acuerdo a datos del INE, en 1996 existían 12.771 empresas y en 2005, 6.756, es decir una reducción del 52,9%. Las empresas existentes han incrementado su capacidad utilizada de 50,6% a 60,55%. En una encuesta realizada a empresarios nacionales, el 56% respondió que disminuyó sus inversiones y solo el 37% refirió aumentos.

Entonces, repasando las cifras, tenemos que si bien por un lado han habido 10 trimestres de crecimiento económico por el aumento de los precios petroleros (el comercio registró un aumento de 19%, la construcción 27,4% a expensas del sector público y las comunicaciones 23,9%) las importaciones este año van por el orden de los 5.899 millones de dólares.

La economía crece en 9,6% y sin embargo entre junio 2005 y junio de este año la cantidad de personas empleadas en el sector formal solo se incrementa en 275.839 una magnitud deficiente ante los 400 mil jóvenes que cada año ingresan al mercado laboral. La inversión existe donde hay inversiones públicas y la inyección de capitales privados fue de tan solo 9% del total nacional de 18% del PIB. Solo 519 millones de dólares de utilidades provenientes del sector privado fueron reinvertidas en el aparato productivo, de acuerdo al propio BCV. La reinversión en las industrias solo creció en un 10%.

Las empresas aumentan sus ventas, el gasto público aumenta en forma agigantada y el PIB registra aumentos anuales sostenidos pero ¿dónde está el empleo?. Pero agreguemos un dato más, en 2005 el PIB creció en 9.3 % y la cantidad de trabajo en 0,35%. En 2004 el PIB creció 17,8% y el empleo, 5%, es decir no hay proporción.

Para que el empleo crezca es necesario que se aumente la inversión en nuevas plantas, máquinas y equipos que requieren mayor numero de trabajadores. La burguesía ha optado por hacer pocas inversiones, el país no puede continuar en la caída de la producción nacional y la mengua del empleo. Como muestra, esta grave crisis es tal que las importaciones en 2005 fueron de 23 mil millones de dólares, el nivel mas elevado en los últimos nueve años.

Crisis a la vista

Como hemos podido ver, el supuesto crecimiento económico experimentado por Venezuela en los últimos tres años es realmente “una burbuja”, que reproduce sin muchas variaciones situaciones de boom petrolero de épocas anteriores. Por ejemplo en los años 70, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, se desató la primera euforia petrolera. El país nadó en divisas solo que el precio del barril permaneció estático por un largo tiempo de casi 8 años y la industria y la manufactura se desdibujó igualmente ante la entrada de productos del extranjero mas baratos.

Ahora la situación en términos económicos es igual, siempre será mas barato en Venezuela importar que producir, si no nos importa el componente social de pobreza que esto genera como ya hemos analizado al inicio de este trabajo. Pero ahora se añade el componente político.

Al estar el país inmerso en un clima y proceso revolucionario que ha impuesto importantes controles a las operaciones económicas de la burguesía y del imperialismo: control de cambios, solvencia laboral, control de precios, cobro estricto del impuesto sobre la renta, incremento de las regalías petroleras que pagan las empresas petroleras extranjeras (del 1% al 16%) e incremento del impuesto sobre la renta a dichas empresas en 50%, si agregamos el control político y operativo de PDVSA y todo el entorno de empresas públicas y sociales que están surgiendo, es fácil entender que aparte de las razones económicas que históricamente han operado en Venezuela como país rentista con ciclos de súper ingresos, la oligarquía sufre de un legitimo temor de clase a invertir, a pesar de todos los esfuerzos que desde algunas esferas del gobierno se hacen para que inviertan, perdonándoles todo el daño que infligieron a la economía nacional durante el golpe de estado y posterior paro patronal de dos meses, se les halaga otorgándoles facilidades para préstamos, ruedas de negocios, lo cual causa gran rabia y frustración en el pueblo. Por ejemplo industrias Polar, que controla un importante sector de la manufactura alimentaría de Venezuela, y que jugó un rol fundamental en los sucesos fascistas de 2002 y 2003, es actualmente uno de los principales proveedores de MERCAL.

Por otro lado, además del temor de clase de la oligarquía nacional y de la inquietud del imperialismo, sabemos que el plan contrarrevolucionario sigue su marcha, y que un pilar fundamental es el debilitamiento de la economía nacional. Los ingresos extraordinarios petroleros han frustrado y amortiguado en buena forma el plan de sabotaje a la economía nacional pero ¿a qué precio?, ¡al de estar invirtiendo miles de millones de dólares en importaciones!, una real locura que no puede continuar. La revolución bolivariana nació precisamente para desmontar el esquema rentista-importador-colonial , para poder liberar a las masas de la miseria histórica a la que han estado condenadas en medio de un Estado nadando en divisas. Ese camino, el de la improductividad y desempleo condena a la Revolución a seria crisis fiscal y social que la puede implosionar.

¿Qué hacer?

Mientras los revisionistas y los reformistas, se afanen en plantear que el socialismo del siglo XXI debe fundamentarse en la red de economía social que se está construyendo y la ampliación de la propiedad estatal pero bajo régimen de capitalismo de Estado, las cosas no van a andar bien, aunque la actual burbuja económica basada en los ingresos extraordinarios del petróleo cree la ilusión en algunos, los marxistas sabemos que ese no es el camino.

Sin desdeñar la importancia del desarrollo de un área de economía social como la antes señalada que está incorporando a la actividad económica a millones de venezolanos excluidos, solo expropiándole a los capitalistas la columna vertebral del aparto productivo y la banca, será posible crear las verdaderas condiciones para desarrollar al país y sacar de la miseria a millones de compatriotas, además del impacto político que produciría en toda América Latina y el mundo.

Visto el análisis económico anterior, resulta absurdo que el Estado esté invirtiendo mil millonarias sumas en importaciones, millones de dólares para subsidiar a los banqueros con bonos a alto interés para retener la masa monetaria en las bóvedas, mientras la economía real está en grave crisis, solo que disimulada en una burbuja. Si queremos hacer la Revolución, deberíamos expropiar a los capitalistas e invertir todos esos recursos en capitalizar al aparato productivo tras 7 años de sabotaje de la oligarquía. Se produciría en corto plazo, en las nuevas empresas nacionalizadas bajo control obrero, un crecimiento espectacular del empleo, de la productividad nacional y una caída en las importaciones con que se podría a su vez invertir mas en la educación y en la salud del pueblo, además que aumentaría la conciencia de clase del trabajador venezolano convirtiéndolo ahora sí en vanguardia del proceso revolucionario.

El socialismo que plantean los revisionistas y los reformistas, es un socialismo escuálido, raquítico, anémico, marginal, a largo plazo y que fácilmente los marxistas podemos ver que está condenado al fracaso al no ser capaz de generar áreas que den suficiente valor agregado a la economía. Un saludo a la bandera que muchos impulsan, para esquivar al socialismo, hacerlo fracasar y aniquilar la actual posibilidad de liberación del pueblo venezolano. Como podemos ver, la implantación de una economía socialista en Venezuela no es cuestión de caprichos teóricos, sino de una grave realidad económica que hemos tratado de demostrar en este análisis.

Defendamos pues nuestras tesis socialistas para evitar el colapso o fracaso de la Revolución venezolana que tantas expectativas ha despertado en el mundo actual, desmoralizado y resignado tras décadas de dominio unipolar imperialista.


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