Corriente Marxista Internacional

Hace ochenta años, el 21 de enero de 1924, Vladímir Ilich Ulyánov, Lenin, el dirigente del estado soviético ruso y de la Internacional Comunista, murió después de una prolongada enfermedad. Tenía entonces cincuenta y tres años de edad. Su vida cubrea Hace ochenta años, el 21 de enero de 1924, Vladímir Ilich Ulyánov, Lenin, el dirigente del estado soviético ruso y de la Internacional Comunista, murió después de una prolongada enfermedad. Tenía entonces cincuenta y tres años de edad. Su vida cubre años de profunda agitación, crisis y transformación social —la última cuarta parte del siglo XIX y la primera del siglo XX— coronados por la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa de 1917.

Haciendo referencia a Marx, Lenin advirtió de todos aquellos que después de su muerte distorsionarían su mensaje revolucionario: “En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen su doctrina con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando el filo revolucionario de ésta, envileciéndola” (Lenin, El Estado y la revolución. Fundación Federico Engels. Madrid, 1997, pág. 21).

También ha ocurrido esto con Lenin. Sus ideas en manos de la reacción estalinista fueron cínicamente distorsionadas para justificar la política contrarrevolucionaria de la burocracia soviética. Para mayor deleite de la burguesía mundial, los apologistas del estalinismo mutilaron vergonzosamente la esencia revolucionaria de Lenin, convirtiéndola en su contrario, para encubrir sus crímenes contra la clase obrera. Así los historiadores burgueses siempre han intentado equiparar, falsamente, el estalinismo con el leninismo o el comunismo, con la intención de ennegrecer el nombre de Lenin.

El joven Lenin

Vladímir Ilich Ulyánov nació el 10 de abril de 1870 en Simbrisk, en la región del Volga. Era el tercero de seis hijos nacidos en el seno de una familia acomodada. En esta época la Rusia zarista estaba sufriendo enormes transformaciones. La ley del desarrollo desigual y combinado se reveló de forma clara en una Rusia semifeudal que copiaba los modelos capitalistas más avanzados ya instaurados en Gran Bretaña, Alemania y Francia. En 1861 se abolió la servidumbre y las nuevas influencias occidentales comenzaron a provocar fermento dentro de la intelectualidad rusa que desde hacía mucho sufría la asfixia de la opresión zarista. La familia Ulianov fue arrastrada por este despertar. El hermano mayor de Lenin, Alejandro, se unió a Naródnaya Volya (La Voluntad del Pueblo, populistas) y participó directamente en el intento de asesinato del zar Alejandro III. Fue arrestado y ahorcado junto a otros cuatro miembros de esa organización en mayo de 1887. Esta tragedia personal tuvo un impacto importante en el joven Lenin que entonces tenía diecisiete años.

Aunque Lenin simpatizaba con las ideas de su hermano, decidió unirse a un círculo marxista de Kazan, allí estudió El Capital y el Anti Dühring, entre otros textos.

En aquella época Lenin todavía no era un marxista en todo el sentido de la palabra. Su compromiso con el marxismo no llegó tan fácilmente. No fue hasta 1891, después de un intenso y detallado estudio de la literatura marxista, cuando se convirtió en un marxista convencido, dedicándose a partir de ese momento a la revolución socialista.

Las ideas del marxismo

Las nuevas ideas revolucionarias del marxismo se enfrentaban a toda una serie de tendencias confusas procedentes de los remanentes de los narodnikis (que más tarde se convirtieron en socialrevolucionarios): idealizaban al campesinado, negaban la necesidad de un desarrollo capitalista en Rusia y veían en la comuna rural la base del socialismo. Los narodnikis justificaban el terrorismo individual como un método para erradicar la opresión. Frente al terrorismo individual los marxistas defendían la lucha de clases como el único arma revolucionaria capaz de derrocar a la autocracia y llevar a cabo la revolución socialista.

George Plejánov, considerado el fundador del marxismo ruso, originalmente era un militante activo de los narodnikis. Desilusionado con el movimiento populista entró en contacto con Federico Engels y desde entonces se convirtió en un marxista convencido, fundando en 1883 en Ginebra la primera organización marxista rusa —el Grupo Emancipación del Trabajo—.

Dentro de Rusia el trabajo consistente dio sus frutos con la creación en 1895 de la Liga de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera de San Petersburgo, precursora del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso de la que Lenin fue dirigente. La actividad clandestina de Lenin le supuso un año de prisión y otros tres años de deportación en Siberia. En estas condiciones de clandestinidad terminó su clásica obra: El desarrollo del capitalismo en Rusia. Krúpskaya, que era un cuadro político clave en la organización petersburguesa, se unió a él en el exilio. Desde ese momento, y hasta la muerte de Lenin en 1924, trabajaron estrechamente como compañeros y camaradas.

En 1898 se formó el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) y celebró su primer congreso en Minsk, aunque Lenin todavía se encontraba en el exilio. En esa época surgió una tendencia revisionista dentro de la Segunda Internacional aglutinada alrededor de la figura del socialdemócrata alemán Eduard Bernstein. Esta tendencia tuvo su reflejo también dentro de Rusia con el disfraz de economicismo, que básicamente defendía que la política era demasiado difícil para las mentes de los trabajadores y que el movimiento socialdemócrata necesitaba concentrarse en las reivindicaciones económicas. Esta idea implicaba el abandono del campo político y dejar la lucha contra la autocracia a la naciente burguesía, subordinando a la clase obrera a sus intereses.

Lenin empezó a luchar contra el economicismo escribiendo una serie de artículos que finalmente fueron publicados como libro en 1902 con el título de ¿Qué hacer? Este libro no sólo era un debate contra los economicistas, también fue utilizado por Lenin para desarrollar sus ideas sobre la organización del partido, especialmente la necesidad de construir un partido basado en revolucionarios profesionales con un periódico central para toda Rusia que debería jugar el papel de “organizador y agitador colectivo”.

Desde diciembre de 1900 en adelante, debido a la represión existente en Rusia, el desarrollo de un periódico del partido se llevó a cabo en el extranjero y culminó con la publicación de Iskra (La Chispa). A los treinta años de edad Lenin se trasladó a Munich para colaborar con Plejánov y otros en la elaboración del periódico.

II Congreso del POSDR

En esta época se estaban haciendo los preparativos para el segundo congreso del POSDR que se iba a celebrar en 1903. En realidad iba a ser el congreso fundacional del partido y Lenin se encargó de la redacción de su programa. Este congreso se reunió al principio en Bruselas, pero acosados por la policía tuvieron que celebrarlo finalmente en Londres. De los cuarenta y cuatro delegados que representaban a veintiséis organizaciones, sólo cuatro eran realmente trabajadores. Al final, los seguidores de Iskra superaron en número a los economicistas y a los del Bund judío.

Sin embargo, al final del congreso surgió una división dentro de Iskra. La división entre los bolcheviques (mayoría) encabezados por Lenin y los mencheviques (minoría) encabezados por Mártov, ¡la diferencia estaba en una cláusula de los estatutos y la composición de los órganos de dirección! A pesar de obtener la mayoría, la división dejó a Lenin aislado dentro de la dirección después de que Plejánov se posicionase junto a Mártov.

Se han creado muchos mitos relacionados con el segundo congreso y la famosa división. En primer lugar, se dice que el bolchevismo surgió formado completamente de este congreso y, en segundo lugar, que desde entonces el monolítico Partido Bolchevique marchó hacia adelante bajo la dirección exitosa de Lenin hasta la conquista victoriosa del poder en octubre de 1917. En realidad, no hay nada más alejado de la realidad. La división de 1903 no estaba motivada por cuestiones de principios o fundamentales, sino por cuestiones organizativas de carácter secundario. Estas últimas diferencias entre las dos tendencias en 1903 todavía no estaban absolutamente claras, su forma final no surgiría hasta algún tiempo después y debido al impacto de los acontecimientos. La diferencia política crucial entre el bolchevismo y el menchevismo —la actitud hacia la burguesía liberal— salió a la luz en 1904, pero no fue hasta la revolución de 1905 cuando quedaron claras estas líneas.

Para los mencheviques la revolución a la que se enfrentaba Rusia era una revolución democrático burguesa como la que se había desarrollado hacía mucho tiempo en Occidente. Las condiciones para la revolución socialista estaban completamente ausentes en Rusia y, por lo tanto, la tarea de la naciente clase obrera era subordinarse a la burguesía que debía dirigir la venidera revolución democrático burguesa.

Lenin, reconociendo la naturaleza democrático burguesa de la revolución en Rusia, sacó unas conclusiones totalmente diferentes. Para él, la burguesía liberal rusa había llegado demasiado tarde a la escena histórica y estaba atada orgánicamente a la autocracia. Consecuentemente, sólo podía jugar un papel contrarrevolucionario. La única fuerza capaz de dirigir la revolución era una alianza entre el proletariado y el campesinado pobre, dirigiendo la creación de una “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”. Además, el destino de la revolución rusa estaba unido a la revolución socialista en occidente, que a su vez daría un impulso a la revolución en la propia Rusia.

Las diferencias políticas reales surgieron allí donde los mencheviques se convirtieron en promotores de la colaboración de clase, apoyando a la burguesía frente a las masas revolucionarias. En realidad, la división de 1903 fue un anticipo de las futuras diferencias políticas. Finalmente, estas diferencias se convertirían en una división entre el socialismo revolucionario y el reformismo.

La revolución de 1905

La masacre del 9 de enero en Petersburgo sirvió de detonante para la revolución de 1905 en Rusia. Los acontecimientos revolucionarios de ese año confirmaron el carácter contrarrevolucionario de la burguesía liberal y corroboraron firmemente el papel revolucionario independiente de la joven clase obrera. Durante el curso de la revolución los trabajadores espontáneamente crearon sus propios órganos de lucha en forma de sóviets o consejos obreros, el embrión del poder obrero. En el transcurso de doce meses el movimiento abarcó un espectro entero de lucha: desde las huelgas de fabrica, a las huelgas generales y la insurrección. Trotsky jugó tal papel en los acontecimientos que fue elegido presidente del sóviet de Petrogrado, que dirigió la huelga general de octubre. Sin embargo, después de caer derrotada la insurrección de diciembre de Moscú, el movimiento revolucionario entró en declive y el gobierno impuso brutalmente su autoridad. Lenin calificó la revolución de 1905 de “ensayo general”. Sin esta experiencia con toda probabilidad no habría sido posible la Revolución de Octubre de 1917.

El período de reacción conllevó muchas dificultades, muchos luchadores revolucionarios tuvieron que pasar a la clandestinidad, cayeron en el desánimo y se alejaron del movimiento. Mientras los mencheviques defendían la “liquidación” del partido clandestino y concentrar todos su esfuerzos en el trabajo legal, que debido a la reacción reinante suponía rechazar la actividad revolucionaria, los bolcheviques estaban afectados por tendencias ultraizquierdistas y sectarias que defendían el boicot a cualquier camino legal, lo que hubiera significado también el abandono del trabajo revolucionario. Otros cayeron víctimas del idealismo filosófico al que respondió Lenin con una defensa brillante del materialismo dialéctico en su libro Materialismo y empirocriticismo (1908).

A finales de 1910 comenzó una nueva oleada revolucionaria en Rusia que duraría hasta el estallido de la guerra mundial en agosto de 1914. En 1912 la división entre mencheviques y bolcheviques adquirió el carácter de ruptura abierta con la creación de dos partidos separados. En esta época los bolcheviques lanzaron un nuevo periódico diario llamado Pravda. En dos años, y después de un trabajo consistente, consiguieron ganar a cuatro quintas partes de los trabajadores organizados.

La Guerra Mundial

La I Guerra Mundial (1914-1918) fue un punto de inflexión, sin embargo, encontró a los dirigentes de la Segunda Internacional totalmente desprevenidos. En agosto de 1914 traicionaron a la clase obrera y desacreditaron el socialismo internacional al ponerse al lado de sus propios capitalistas. En realidad, la Segunda Internacional había sufrido un colapso ignominioso. En palabras de Rosa Luxemburgo, se había convertido en “un cadáver maloliente”.

Sólo los partidos ruso y serbio defendieron el internacionalismo socialista. Los diputados bolcheviques en la Duma votaron en contra de los créditos y fueron deportados a Siberia. En diciembre de 1914 Karl Liebknecht votó contra los créditos de guerra en Alemania.

Desde su exilio en Suiza, Lenin se dirigió a los trabajadores con conciencia de clase desorientados por la gran traición. Caracterizó la guerra mundial como una guerra imperialista reaccionaria que estaba dirigida por las principales potencias imperialistas y el capital financieros para el saqueo de los mercados, esferas de influencia y beneficios mundiales.

Durante los años de guerra Lenin dedico una gran cantidad de tiempo a estudiar la teoría marxista. En particular reunió material sobre cuestiones económicas que fue utilizado para escribir su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916). También realizó un estudio riguroso del materialismo dialéctico y la filosofía. Sobre todo, estudió la Lógica de Hegel que sirvió para elaborar el método dialéctico de Marx: “Lo decisivo en el marxismo”, decía Lenin, “es su dialéctica revolucionaria”.

Lenin comprendía que la experiencia de la guerra estaba preparando inevitablemente nuevas oleadas revolucionarias. La crisis finalmente estalló en Rusia en febrero de 1917, el “eslabón más débil” de la cadena del capitalismo mundial. Las protestas y huelgas se convirtieron en una revolución que derrumbó el edificio milenario del zarismo. Como ocurrió en 1905, aparecieron los sóviets al lado del gobierno provisional, constituyendo un régimen de “doble poder”, al principio dominados por los partidos reformistas, los mencheviques y los social revolucionarios.

Hacia Octubre

Cuando Lenin llegó a la estación Finlandia de Petrogrado el 3 de abril, saludó a la multitud con las palabras: “¡Larga vida a la revolución socialista mundial!”. En sus famosas Cartas desde lejos, escritas en aquella época, ya definía las tareas clave:

“1) Hallar el camino más seguro hacia la siguiente etapa de la revolución, o hacia la segunda revolución, la cual 2) debe transferir el poder del Estado de manos del gobierno de los terratenientes y los capitalistas (los Guchkov, los Lvov, los Miliukov, los Kerensky) a manos de un gobierno de los obreros y los campesinos más pobres. 3) Este último gobierno debe estar organizado conforme el modelo de los sóviets de diputados obreros y campesinos” (Lenin, Cartas desde lejos).

Lenin tuvo que llevar a cabo una amarga lucha para superar la resistencia inicial existente entre los viejos bolcheviques y encauzar al Partido Bolchevique para que consiguiera ganar a las masas y se encaminara correctamente hacia la segunda revolución, la revolución socialista. Los escritos de Lenin de este período constituyen un arsenal de conocimientos para los marxistas sobre la dirección de la revolución y el arte de la insurrección. En medio de estos acontecimientos históricos, completó uno de sus trabajos teóricos más importantes: El Estado y la revolución.

A principios de septiembre los bolcheviques habían ganado la mayoría en los sóviets de Petrogrado y Moscú. El 25 de octubre el viejo régimen fue barrido a un lado y se estableció un gobierno soviético, formado por bolcheviques y social revolucionarios de izquierdas, Lenin era el presidente y Trotsky el ministro de exteriores, o por utilizar la nueva terminología, eran comisarios del pueblo. La historia del mundo comenzó a cambiar dramáticamente.

El papel individual de Lenin en 1917 fue crucial y sirve para ilustrar el papel vital, en determinadas circunstancias, del individuo en la historia. Trotsky resumió esta experiencia cuando revisó su propio papel en 1917: “En interés de la claridad lo pondría de esta manera. Si yo no hubiera estado presente en 1917 en Petersburgo, la Revolución de Octubre habría tenido lugar, con la condición de que Lenin hubiera estado presente y al mando. Si no hubiéramos estado presentes ni Lenin ni yo en Petersburgo, no habría habido Revolución de Octubre: la dirección del Partido Bolchevique habría impedido que esto ocurriera, ¡de esto no tengo la menor duda!” (Diario en el exilio, 1935).

Sin duda esto era verdad. La resistencia del partido a emprender un nuevo rumbo era demasiado fuerte. Sin Lenin habría sido infinitamente más fuerte. Trotsky creía que él personalmente habría carecido de la autoridad necesaria para cambiar la situación. En estas circunstancias el Partido Bolchevique no habría conseguido adoptar el camino correcto hacia el poder.

La edificación del Estado soviético

La victoria de la Revolución de Octubre transformó la situación mundial. Por primera vez en la historia la clase obrera había conquistado el poder estableciendo un gobierno proletario. Las tareas a las que se enfrentaban Lenin y el régimen soviético eran conseguir la paz, consolidar el régimen y extender la revolución socialista a todo el mundo. La república soviética se enfrentó sin embargo a peligros aún mayores. La burguesía internacional inmediatamente se dispuso a destruir el régimen bolchevique con la ayuda de la contrarrevolución interna y con el despliegue de veintiún ejércitos imperialistas de intervención. Bajo el mando de Trotsky se construyó el poderoso Ejército Rojo, formado por cinco millones de combatientes, para repeler la invasión extranjera y derrotar a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios.

Durante los transcendentales años de 1917-1923, Lenin se concentró enteramente en la cuestión de la defensa y la revolución mundial. Junto a la larga serie de discursos y artículos que escribió, también encontró tiempo para escribir clásicos del marxismo como La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo y La revolución proletaria y el renegado Kautsky.

A finales de 1920, con la derrota del ejército blanco de Wrangel, las fuerzas contrarrevolucionarias e intervencionistas quedaron completamente derrotadas. Desgraciadamente, con la economía rusa destrozada y la revolución mundial atrasada, el Estado soviético sufrió una degeneración interna caracterizada por el crecimiento de un cáncer burocrático dentro del Estado y el partido. Inevitablemente esta reacción burocrática salió a la superficie dentro del propio Partido Bolchevique y se reflejó en la figura de Stalin. Después de la muerte de Lenin este crecimiento parasitario sobre el Estado obrero llevó finalmente a la expropiación política del poder de la clase obrera y a la creación de un régimen totalitario bajo Stalin.

Desde finales de 1922 en adelante, la última lucha de Lenin fue contra esta degeneración burocrática. Desgraciadamente el primer ataque le llegó a Lenin en la primavera de 1922, provocándole una parálisis en la pierna y el brazo derechos. En diciembre le sobrevino el segundo ataque, esta vez más severo. Desde su lecho de muerte Lenin estaba preparando un golpe contra Stalin y sus aliados. “Vladímir Ilich está preparando una bomba contra Stalin en el congreso”, relataba su secretaria Fotiyeva. Lenin formó un bloque con Trotsky contra Stalin con relación a la cuestión georgiana y otros temas clave. Finalmente, en el Testamento de Lenin escrito el 24/25 de diciembre, este añadió una posdata el 4 de enero de 1923 en la que pedía la destitución de Stalin como secretario general del partido. Dos meses más tarde rompió todas las relaciones personales con Stalin y publica su famoso artículo Más vale poco pero bueno, que contiene un vitriólico ataque contra la Inspección de Trabajadores y Campesinos (Rabkrin) dirigido por Stalin: “Tenemos burocratismo no sólo en las instituciones soviéticas, también en el partido”, estas eran las palabras de Lenin. Mientras esperaban una respuesta a una nota de Stalin, Lenin sufrió su tercer ataque y perdió la capacidad de hablar. A pesar de una pequeña mejoría, finalmente murió de una hemorragia cerebral en enero de 1924.

En 1926 Krupskaya se dirigió a un grupo de la Oposición de Izquierdas liderada por León Trotsky: “Si Ilich estuviera vivo, probablemente ya estaría en prisión”.

Después de la muerte de Marx y Engels la defensa del verdadero marxismo recayó sobre Lenin. A través de su ilimitado trabajo y confianza, preparó el camino para la primera revolución socialista triunfante y cambió el curso de la historia mundial.

“Sólo la revolución proletaria socialista puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas”, esto es lo que decía Lenin. “Cualesquiera que fueran las dificultades, los reveses temporales posibles y las oleadas contrarrevolucionarias, la revolución triunfará, la victoria final del proletariado está asegurada”.


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