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¿Hacia una segunda huelga general en Italia?

Roberto Cressatti

Hoy, 3 de junio, mientras acabamos este artículo, comienza la primera huelga de 8 horas en cada turno del operador telefónico Vodafone Omnitel que con 9.600 trabajadores es el segundo de Italia. La protesta se debe principalmente al problema de los turnos y del horario, y para obtener el primer convenio de empresa. La adhesión es prácticamente total y que estos jóvenes trabajadores (la mayoría mujeres y en su primer empleo) demuestren una alta combatividad es otro signo de la nueva fase política que se vive en Italia.

Como ya explicamos en artículos anteriores, la huelga general del 16 de abril no fue un hecho aislado, sino parte de un proceso general de radicalización. El gobierno, después de la huelga general, que le había dejado sorprendido y en claras dificultades, tenía necesidad de tiempo para hacer olvidar la impresión social de la protesta y para llegar a las elecciones administrativas parciales del 26-27 de mayo con la menor pérdida de popularidad posible. Por el contrario los dirigentes sindicales tendrían que haber acosado al gobierno, subrayar sus contradicciones, plantear una nueva plataforma reivindicativa, que no sólo defendiese la actual ley [que dificulta los despidos], sino que la extendiese a todos los trabajadores y sobre esas bases convocar una serie de huelgas y manifestaciones que culminasen en otra huelga general.

En lugar de hacerlo han dejado pasar 45 días en silencio, dando otra vez la iniciativa al gobierno. Berlusconi ha anulado la propuesta de ley (nº 848) sobre el artículo 18 para sustituirla con otra (nº 848 bis), en la que deja fuera del amparo contra el despido a aquellos trabajadores cuya contratación suponga para la empresa superar una plantilla de quince. Además propone una negociación sobre fiscalidad, trabajo negro, Mezzogiorno.

Como era de esperar, otra vez hemos visto a los dirigentes de CISL y UIL declararse dispuestos a negociar y negarse —por ahora— a organizar nuevas luchas, mientras la CGIL ha convocado el 11 y 12 de junio su comité central para organizar una respuesta adecuada "que no excluye la huelga general".

La federación del metal de CISL no está de acuerdo con el sindicato confederal y anuncia su participación en las próximas luchas. En UIL dos dirigentes nacionales han pedido la convocación urgente del comité central para cambiar la decisión de su secretario.

¿Podemos decir, en términos futbolísticos que se mantiene el empate inicial? En un sentido es así, pero el movimiento obrero, que había creado serias dificultades al gobierno en abril, ha dejado pasar la ocasión y ahora tiene que volver a empezar. ¿Que ha cambiado mientras tanto en el paisaje político y social?

Elecciones locales, con doce millones de electores

Las elecciones locales parciales del 26 y 27 de mayo han dado un resultado importante, pero no decisivo. Por primera vez en tres años los partidos de la derecha pierden votos, sobre todo Forza Italia. Bajo la influencia de las movilizaciones de la primavera se reduce el voto de la parte "centrista" del Olivo y crecen todos los partidos obreros, pero en primer lugar (más de tres puntos) los Democráticos de Izquierda (DS) en lo que se ha llamado "efecto Cofferatti". El PRC crece sólo 0,6 puntos, como consecuencia de la falta de una política incisiva sobre las cuestiones centrales de la fase política que vive el país, ya que sus dirigentes se han visto sorprendidos por el auge de las luchas obreras, cuando ellos teorizaban que todo giraría alrededor del movimiento antiglobalización… Sólo después de la huelga general del 16 de abril Bertinotti ha reaccionado, proponiendo una recogida de firmas para un referéndum que permita disfrutar del Estatuto de los Trabajadores a los que están en empresas por debajo de quince empleados. Los marxistas en el PRC hemos criticado frontalmente esta propuesta porque proponer un referéndum que en el mejor de los casos se votará en el 2003, significa ignorar las posibilidades de conseguir hoy —con la lucha— cambiar radicalmente la correlación de fuerzas en Italia, transformar las propias organizaciones obreras, incluso provocar la caída de Berlusconi y con ello la obtención de un marco político mucho más favorable. Por otra parte no vemos la razón por la cual sea más favorable a los trabajadores el terreno electoral (dónde votan todos) que la lucha de fábrica, donde el poder de la clase es seguramente mucho más eficaz.

En la campaña electoral, los puntos que interesaban a los pocos asistentes de las reuniones eran el artículo 18, la sanidad y el mantenimiento de la escuela pública. En Génova, la ciudad más importante en estas elecciones, el candidato del Olivo pasa con el 65%. El PDS, pasa del 30 al 40%, mientras la Margarita de Rutelli retrocede del 11,3% al 8,4%.

Perspectivas

Cada día que pasa está más claro que la apuesta del gobierno con la supresión del artículo 18 es reducir al silencio a los delegados sindicales y tener mano libre en las empresas. Berlusconi sabe que no tiene campo libre mientras que exista un sindicato fuerte, la CGIL, que aunque haya estado dispuesto a enormes concesiones a la patronal, aglutina todavía la parte decisiva y más combativa de la clase trabajadora. Frente a las nuevas luchas que se están produciendo y a la confluencia de jóvenes trabajadores en este sindicato, intenta derrotarlo como medida preventiva para poder tener las manos libres. Además, ha comprendido que el renacimiento de una izquierda reivindicativa y combativa está ligado a la creciente conflictividad en las fábricas, como el resultado de las elecciones parciales que hemos comentado demuestra. Por todo ello realiza cambios formales, pero no cambia su objetivo, que es derrotar en toda la línea al movimiento obrero.

Por ahora ha ganado tiempo y dividido otra vez a las direcciones sindicales. En las fábricas el clima es todavía combativo, pero los mundiales de fútbol y el verano jugarán un papel. No se puede excluir una nueva huelga general antes de agosto, es incluso probable y contaría con una apoyo importante, pero difícilmente conseguirá crear al gobierno las mismas dificultades que la del 16 de abril. El enfrentamiento continuará en otoño, 33 años después de aquel otoño de 1969, que ha pasado a la historia como Autunno caldo (Otoño Caliente). Como sucedió entonces, toda la sociedad italiana será sacudida hasta los cimientos. Partidos, sindicatos, programas políticos y planes para el futuro de decenas de millones de personas serán puestos en entredicho. La cantinela del "giro a la derecha que vive todo el continente" que la prensa burguesa no se cansa de difundir interesadamente, basándose en una lectura superficial de los últimos resultados electorales en Europa, se romperá en mil pedazos en el próximo periodo.