Corriente Marxista Internacional

El sábado 17 de febrero más de 100.000 personas inundaron la pequeña ciudad de Vicenza, en el noreste de Italia. Había sido convocada una manifestación nacional contra la expansión de la base estadounidense Ederle, a las afueras de la ciudad. Durante los meses recientes, decenas de miles de trabajadores, jóvenes, amas de casa y pensionistas se habían unido a la lucha contra la expansión de esta base, en una ciudad que siempre había sido considerada como una de las más conservadoras y políticamente atrasadas del país. Al comienzo de diciembre, 30.000 personas ya se habían manifestado contra la base, y se había organizado un piquete permanente delante de la misma donde regularmente se habían concentrado cientos de personas día a día. Pero la pasada manifestación del sábado marcó un paso cualitativo en la lucha.
Apenas hace un mes el gobierno del centro-izquierda, tras meses de actitud expectante, presionado por el gobierno de EEUU, se posicionó a favor de la base. "La decisión sobre Vicenza ha sido tomada", anunció el primer ministro Prodi con tono arrogante, sin ni siquiera consultar a la población.
Así, en Vicenza, y a través del conjunto de la región del Veneto, estalló una revuelta en las bases de los partidos de izquierdas de la coalición L'Unione [el nombre de la coalición del centroizquierda]. Todos los diputados elegidos por el Veneto de la coalición del centroizquierda se posicionaron en contra de la decisión del gobierno, y algunos de ellos incluso se dieron de baja de sus partidos. La misma noche que Prodi completaba su desafortunado comunicado, eran quemados cientos de carnets de los DS en una fuerte manifestación de 7.000 personas organizada espontáneamente a través de las calles de Vicenza. La expansión de la base de Vicenza es una de las tantas cuestiones que revelan los grandes desacuerdos que existen dentro de la coalición de L'Unione. En el periodo que llevó al 17 de febrero, fue lanzada una gran campaña por los medios y el ala derecha de la L'Unione, en un intento de criminalizar a todo aquél que estuviera contra la base.
Prodi dejó muy claro que a ningún miembro del gobierno le estaba permitido ir a la manifestación. Los ministros y subsecretarios del PRC obedecieron la orden, como hicieron todos los miembros del gobierno que se oponen a la base (Los Verdes, el Partido de los Comunistas Italianos y el ala izquierda de los DS).
Una vez más los dirigentes de la izquierda sucumbieron a las presiones del ala burguesa de la coalición. Por supuesto, los dirigentes del PRC publicaron comunicados explicando que están contra la construcción de la base. Pero se están enfrentando a un dilema que han creado con sus propias manos. Si votasen contra la decisión en el Parlamento, pondrían al gobierno Prodi en minoría. Así que mientras hacen comunicados contra la expansión de la base, ¡en la práctica la apoyan!
La manifestación ha tenido un gran impacto sobre la sociedad italiana. Una creciente insatisfacción se esta acumulando, pero está totalmente desorganizada. Hay una capa de la clase obrera italiana que está buscando una alternativa, aunque aún es una capa minoritaria. Algunas de las pancartas portadas por los manifestantes eran un reflejo de este proceso, como "Desde Val Susa a Vicenza, la paciencia tiene un límite". Val Susa, un valle cercano a Turín, es el sitio donde el gobierno Berlusconi hubiera querido construir una nueva línea ferroviaria de alta velocidad. La lucha heroica de decenas de miles de trabajadores y jóvenes pararon el proyecto a finales de 2005. Ahora el gobierno Prodi desea poner el tema de nuevo en la agenda.
La lucha en Vicenza continuará. Prodi lo ha dejado muy claro: "no vamos a cambiar nuestros planes". Por eso se necesita otro paso cualitativo adelante. La clase obrera organizada debe entrar a la arena de la lucha de una forma organizada. La convocatoria de una huelga general para parar la expansión de la base debe ponerse en la agenda. Los sindicatos apoyaron la manifestación del sábado pero no hicieron realmente un gran esfuerzo para llevar a la gente a las calles. De las palabras deben pasar a los hechos. Su actitud debe cambiar, y la Corriente Marxista jugará su papel en este proceso.


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