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“¡Bienvenidos todos los pasajeros, especialmente aquellos que ayer se manifestaron contra la guerra!”. Estas eran las palabras de un conductor de tren de regreso a casa después de los cuatro días del Foro Social Europeo (FSE). Reflejaban el ambiente “¡Bienvenidos todos los pasajeros, especialmente aquellos que ayer se manifestaron contra la guerra!”. Estas eran las palabras de un conductor de tren de regreso a casa después de los cuatro días del Foro Social Europeo (FSE). Reflejaban el ambiente de militancia que está afectado a millones de jóvenes y trabajadores desde el año pasado.

La participación en la manifestación del sábado 9 de noviembre, superó las expectativas de los organizadores y también del gobierno. Este último había puesto en práctica una campaña de terror contra el FSE durante las últimas semanas, incluso hablaba del peligro de una “nueva Génova”. El efecto fue exactamente el contrario: muchas personas decidieron ir a Florencia precisamente para protestar contra las declaraciones reaccionarias de Berlusconi.

El sábado, desde primeras horas de la mañana, cientos de miles de trabajadores, hombres y mujeres, estudiantes y pensionistas, comenzaron a llenar las calles y plazas de Florencia. La confianza de las masas en su fuerza quedó reflejada en las consignas. Pedían la dimisión de Berlusconi y el final de las guerras imperialistas de EEUU. Lo más importante es el sentimiento de felicidad, la sensación de “esta vez podemos ganar”. Esto es completamente diferente del ambiente de las masas en las manifestaciones de los años noventa (incluso cuando participó mucha gente), en aquel momento, en muchas ocasiones se trataba simplemente de “declarar” tu protesta.

Como vimos en la manifestación del 23 de marzo en Roma, el éxito de esta manifestación estuvo garantizado por la organización de la CGIL, el principal sindicato italiano.

Incluso en esta ocasión, las divisiones internas en el PDS quedaron claras para todos. El secretario y el presidente del PDS, Fassino y D’Alema, decidieron que lo mejor para ellos era quedarse en casa, por no hablar del “dirigente” del Olivo, Rutelli. Pero aunque algunos dirigentes del PDS estuvieron ausentes en Florencia, la base del partido participó masivamente y la organización juvenil del partido organizó un sector muy militante de la manifestación.

En el próximo periodo se va a desarrollar inevitablemente la lucha de clases, las divisiones en el PDS se profundizarán cada vez más y, en determinado momento, asumirán un claro carácter de clase.

La juventud, abierta a las ideas revolucionarias

Los jóvenes y trabajadores de toda Europa vieron en el FSE una ocasión para discutir y buscar las mejores ideas, para luchar contra los ataques a la educación, al estado del bienestar y a los salarios. Y también, aunque más en general, buscaban un lugar donde encontrar una solución al callejón sin salida del capitalismo. En el FSE participaron durante cuatro días más de 50.000 personas, la característica más interesante es que la mayoría de los presentes estaban completamente abiertos a las ideas revolucionarias.

Ahora los trabajadores han empezado a moverse en la mayoría de los países europeos, lo que ayer parecía imposible, ahora se ha hecho realidad. Antes nadie defendía la consigna de “abajo Berlusconi” o exigía la nacionalización de Fiat.

Al mismo tiempo, es bastante evidente que las aspiraciones revolucionarias de los delegados en el FSE ¡chocaban con las ideas reformistas de los dirigentes del FSE! Según estos “dirigentes”, cuando la economía está en declive ¡otra Europa es posible... bajo el capitalismo! Cuando las masas exigen detener la guerra, el FSE piensa que es posible “influir en los gobiernos europeos, muchos de los cuales se oponen a esta guerra, a todos los primeros ministros europeos, que están abiertamente contra esta guerra, con o sin el permiso de la ONU, para que pidan a George Bush que detenga sus planes bélicos”.

Para ellos, ¡el objetivo del movimiento de masas debería ser sólo “presionar” a los gobiernos! Esos mismos gobiernos que se supone están “contra la guerra” hace sólo un año apoyaron y participaron en la guerra contra Afganistán y hoy tienen sus ejércitos en docenas de países por todo el mundo. Esta posición sin una base de clase desarma completamente el movimiento contra la guerra.

Como en Porto Alegre, los dirigentes socialdemócratas consiguieron una vez más dirigir la línea oficial del movimiento hacia las ideas responsables. La lucha contra este giro a la derecha estuvo a cargo de los dirigentes de Disobbedienti. Ésta fue una alianza entre los autónomos, las Juventudes Comunistas y los Cobas (una pequeña escisión surgida en los sindicatos en los años noventa). Pero fracasaron completamente. Los métodos utilizados en esta lucha fueron completamente erróneos: sectarismo hacia los principales sindicatos y movimientos reformistas combinado con la “acción directa”. El movimiento de la clase obrera no tiene tiempo para estas “acciones simbólicas”. Eso explica por qué Disobbedienti y los Cobas están ahora en una crisis profunda.

Ahora con la crisis del capitalismo y el auge de la lucha de clases, todos los dogmas reformistas van a ser puestos a prueba. La tarea de los marxistas, con métodos y tácticas correctos, es desafiar a la dirección del movimiento de masas y revelar las ideas equivocadas de los dirigentes reformistas. La intervención de los marxistas en el FSE fue modesta, pero también fue un paso significativo en esta dirección.