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Los resultados electorales italianos han sido una sorpresa. La coalición de centro-izquierda de Prodi (la Unión) ganó por menos de 25.000 votos sobre 40 millones de votantes. En el Senado, el margen es de tan sólo dos escaños. La mayoría de Prodi es Los resultados electorales italianos han sido una sorpresa. La coalición de centro-izquierda de Prodi (la Unión) ganó por menos de 25.000 votos sobre 40 millones de votantes. En el Senado, el margen es de tan sólo dos escaños. La mayoría de Prodi es más cómoda en la Cámara debido a un cambio en la ley electoral impuesto recientemente por Berlusconi (y que se le volvió en contra. Italia es un país dividido en dos y ha entrado en un período de gran inestabilidad. ¿Cómo es posible que Berlusconi mantenga este apoyo electoral después de cinco años de ataques a la clase obrera?

Tuvimos grandes movilizaciones que arrinconaron a la derecha. En cada elección local o europea, la derecha sufría grandes derrotas, una tras otra. ¿Cómo pudo Berlusconi recuperar tanto terreno en las elecciones? Muchos de los dirigentes de la izquierda creían que tenían garantizada la victoria y extendieron esta ilusión a la clase y los activistas. La lucha en la calle se interrumpió. Eso dio tiempo a Berlusconi para reaccionar, frente a una campaña electoral muy tibia de la Unión. Una semana tras otra, Prodi y los demás renunciaban a una reforma más de su programa y hacían todo lo posible para demostrar a los empresarios que merecían su confianza. Prodi llegó a decir: “En Italia no vamos a repetir las reformas que Zapatero hace en España”.

Anunciaron que no derogarían ninguna de las leyes que impone la eventualidad laboral, ni renunciarían a las privatizaciones.

Prodi es un burgués

Prodi dejó absolutamente claro a todos que su primera prioridad era sacar a Italia de la crisis económica y que eso supondría “reducir los costes laborales”. Prodi no es un hombre de izquierdas: viene de la antigua Democracia Cristiana, es un privatizador de profesión, uno de los arquitectos de la infame directiva Bolkestein. La primera vez que llegó a gobernar (1996) existían grandes ilusiones entre los trabajadores hacia Prodi y el centro-izquierda, alimentadas por los partidos obreros (DS y Refundación Comunista) y acabó como acabó. Prodi es un dirigente burgués en una coalición de partidos de la pequeña burguesía (Margherita y otros) y partidos obreros (Demócratas de Izquierdas-DS, Refundación Comunista-PRC, Comunistas Italianos-PDCI). Es una coalición de colaboración de clases, que utilizará a los partidos obreros y dirigentes sindicales para aplicar la política de los empresarios.

Berlusconi ha evitado un desastre electoral porque adoptó una batalla ideológica muy agresiva contra la clase trabajadora, mientras que la Unión simplemente insistía en la “armonía nacional”. Mientras que los dirigentes del centro-izquierda hablaban sobre “sacrificios”, Berlusconi prometía reducción de impuestos. Decía: “No deseo que los hijos de la clase media tengan las mismas oportunidades que los hijos de la clase obrera”. En una situación donde todos sienten los efectos de la crisis económica, básicamente, le decía a las clases medias: si me votáis os garantizo que no pagaréis: ¡lo pagará la clase obrera!

La fuerza de Berlusconi reside en la debilidad del centro-izquierda, no en un imperio mediático. La forma en que Berlusconi ha reaccionado en estas elecciones demuestra que en la época moderna no ganas unas elecciones con un programa “moderado”. Lo que hace falta es una postura de clase y militante. Tienes que defender intereses de clase. Berlusconi lo hizo y la izquierda no. La naturaleza de clase heterogénea de la Unión lo impidió. Por eso Berlusconi recuperó en pocos meses parte de su apoyo. En los feudos tradicionales de la derecha, un porcentaje del 3-4 % de los que normalmente se abstienen fueron a votar. Esto significa que estaban motivados. Sentían que algo estaba en juego. Desgraciadamente, esto no se materializó en las zonas fuertes de la izquierda. La Unión no consiguió movilizar a su electorado pasivo.

Los resultados de la Unión indican que los partidos más de izquierda consiguieron mejores resultados. El PRC consiguió hasta un 7,5% en el Senado, aumentando en 350.000 votos. Refundación tendrá ahora el grupo parlamentario más grande desde su fundación, con 68 diputados. Esto generará enormes presiones sobre la dirección: en un parlamento tan ajustado cada voto contará y la base militante querrá opinar. El líder Bertinotti cada vez está más atado a Prodi. Durante la campaña electoral, apenas se diferenció del resto de la coalición: “¡Que se ponga en práctica el programa de la Unión!”.

El nuevo gobierno sufrirá una gran presión para satisfacer las necesidades de la clase dominante de atacar los niveles de vida de la clase obrera. Los empresarios desde hace algún tiempo se enfrentan a un dilema en Italia: no tienen un partido que sientan como verdaderamente suyo. Berlusconi sólo representa los intereses de una capa de la burguesía. Los empresarios han intentado desesperadamente construir un partido que pueda aplicar firmemente su estrategia y programa sin tener que depender de los caprichos de Berlusconi.

La prensa burguesa desde hace un tiempo hace campaña a favor de la creación de un partido al estilo del demócrata estadounidense. La burguesía necesita desesperadamente partidos fiables. Le gustaría que el DS (el principal partido que surgió de la escisión en el viejo PCI en 1991) se fusionara con La Margherita, transformando al principal partido obrero italiano en un partido burgués. El “buen resultado” de la lista DS-Margherita (31%) en el Parlamento aumentará la presión sobre los dirigentes socialdemócratas para que emprendan este camino.

Un gobierno de crisis

El gobierno Prodi será un gobierno de crisis, bajo continuo ataque por parte de la derecha y tensiones en su flanco izquierdo. Aunque este centro-izquierda no es tan creíble como lo fue en el pasado, muchos trabajadores quieren darle una oportunidad para ver qué hace y defenderle de las agresiones de Berlusconi, que pondrá en marcha una estrategia parecida a la del PP en el Estado español. Berlusconi tampoco quiere irse a casa. Su postura agresiva le ha dado frutos. Sus aliados sin él estarían condenados a la impotencia política. Él juega un papel clave para mantener unida la alianza de centro-derecha. Ahora radicalizará más sus discursos. Utilizará todo tipo de propaganda racista y reaccionaria, creyendo que con esto será suficiente para fortalecer su posición. Pero lo único que conseguirá es radicalizar toda la situación aún más. La radicalización a la derecha provocará una radicalización opuesta a la izquierda.

En el próximo período, todas las organizaciones políticas serán puestas a prueba en Italia, esto es particularmente cierto con los partidos obreros. Después de una pausa inicial, las cosas comenzarán a moverse de nuevo. En determinado momento, los trabajadores y la juventud tendrán clara cuál es la verdadera agenda de Prodi. Cuando esto ocurra se abrirán las contradicciones dentro de los partidos de izquierda y en los sindicatos: los activistas cuestionarán la política reformista de aceptar recortes y ataques y buscarán una alternativa.