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El viernes 25 de noviembre Italia quedó paralizada por una huelga general de cuatro horas convocada por las tres principales confederaciones sindicales: CGIL, CISL y UIL. La huelga fue en protesta contra el presupuesto de este año, otro ejemplo del El viernes 25 de noviembre Italia quedó paralizada por una huelga general de cuatro horas convocada por las tres principales confederaciones sindicales: CGIL, CISL y UIL.

La huelga fue en protesta contra el presupuesto de este año, otro ejemplo del carácter antiobrero del gobierno Berlusconi. Los recortes presupuestarios de 500 millones de euros en el gasto social para las autoridades locales, representan una reducción del 50%. Esto se produce en medio de una recesión que está afectando dramáticamente a los niveles de vida de los trabajadores italianos junto con la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo.

Al mismo tiempo, el gobierno planea privatizar Trattamento di fine rapporto (empresa gestionada con fondos públicos que garantiza a los trabajadores una suma global cuando se jubilan basada en los años que han contribuido a dicho fondo). Esto obligará a los trabajadores a invertir en fondos de pensiones privados gestionados por las aseguradoras, un sector también dominado por las empresas de Berlusconi.

Este es el último pero peligroso ataque de un gobierno agonizante. En una elección local tras otra la derecha ha perdido votos. En las últimas elecciones regionales la derecha perdió dos millones de votos a favor del centro-izquierda.

El viernes presenciamos una vez más la disposición a luchar por parte de los trabajadores italianos. Según las cifras de la dirección sindical entre el 80 y el 90 por ciento de los trabajadores participaron en la huelga. Tuvimos manifestaciones importantes en Milán, Roma, Turín y Palermo, con decenas de miles de trabajadores en las calles. Pero en muchas ciudades, debido a la forma en que la burocracia sindical organizó la huelga, la participación en los mítines fue baja. Limitar la huelga a cuatro horas es como darles a los trabajadores un cuchillo desafilado. Eso permite al empresario presionar a los trabajadores para acelerar la producción en las cuatro horas restantes que trabajan, al mismo tiempo, hace que los trabajadores tengan menos tiempo para poder asistir a las manifestaciones y mítines.

A pesar de estas limitaciones, esta huelga se produce en plena cadena de movilizaciones. Los trabajadores de la industria ingeniera, en lucha por su acuerdo nacional colectivo, acudirán a Roma el día 2 de diciembre, se espera que sea una gran manifestación estatal. También hemos visto protestas de los estudiantes universitarios y de secundaria contra un nuevo ataque del gobierno, destinado a desmantelar la educación pública. El 25 de octubre 70.000 estudiantes se manifestaron en Roma.

En Val Susa ha surgido una situación muy conflictiva, cerca de Turín, aquí toda la población local está en lucha contra la línea ferroviaria de alta velocidad que implica la construcción de un túnel hacia Francia y llenar el terreno de amianto y uranio, eso supondría la contaminación de toda la región. El 16 de noviembre 80.000 personas salieron a las calles de este pequeño valle y se enfrentaron a una brutal represión policial. Este es otro ejemplo de cómo amplias capas de la población están viendo a través de su propia experiencia de lucha que defender un medio ambiente más limpio choca directamente con los intereses de las grandes empresas implicadas en este proyecto.

Los dirigentes sindicales, junto con los de DS y el PRC, limitan los objetivos de las recientes movilizaciones simplemente a cambiar la política del gobierno actual, mientras que existen todas las condiciones para derribarlo. Pero este paso supondría un giro radical a la izquierda en la correlación de fuerzas existente en Italia, algo que la burocracia dentro del movimiento obrero quiere evitar como si fuera una plaga.

Nunca antes habíamos visto este abismo entre la política de la dirección del movimiento obrero y las aspiraciones de las masas. Las masas quieren ver derribado al gobierno Berlusconi. Quieren un verdadero gobierno de cambio, que aumente sus ingresos reales y acabe con todos los ataques al estado del bienestar aplicados por la derecha.

Precisamente son estos intereses diametralmente opuestos los que supondrán una gran presión sobre un futuro gobierno Prodi.