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La huelga fue en protesta contra el presupuesto de este año, otro ejemplo del carácter antiobrero del gobierno Berlusconi. Los recortes presupuestarios de 500 millones de euros en el gasto social para las autoridades locales, representa una reducción El viernes 25 de noviembre Italia quedó paralizada por una huelga general de 4 horas convocada por las tres principales confederaciones sindicales: CGIL, CISL y UIL.

La huelga fue en protesta contra el presupuesto de este año, otro ejemplo del carácter antiobrero del gobierno Berlusconi. Los recortes presupuestarios de 500 millones de euros en el gasto social para las autoridades locales, representa una reducción del 50 por ciento. Esto se produce en medio de una recesión que está afectando dramáticamente a los niveles de vida de los trabajadores italianos junto con la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo. El índice de empleo industrial está ahora cerca del 85 (la cifra del año 2000 era igual a 100), eso significa un 15 por ciento menos de empleos comparado con el año 2000.

Al mismo tiempo, el gobierno Berlusconi planea privatizar ‘Trattamento di fine rapporto’ (una empresa gestionada con fondos públicos que garantiza a los trabajadores una suma global para cuando se jubilan y que está basada en los años que han contribuido a dicho fondo). Esto obligará a los trabajadores a invertir en fondos de pensiones privados gestionados por las aseguradoras, un sector también dominado por las empresas de Berlusconi.

Este es el último pero peligroso ataque de un gobierno agonizante. En una elección local tras otra la derecha ha perdido votos. En las últimas elecciones regionales la derecha perdió dos millones de votos a favor del centro izquierda.

El principio del declive de “Sir Berlusconi” fue presagiado por la oleada de movilizaciones obreras que se han sucedido desde 2002 y de las que hemos informado puntualmente.

El viernes presenciamos una vez más la disposición a luchar por parte de los trabajadores italianos. Según las cifras de la dirección sindical entre el 80 y el 90 por ciento de los trabajadores participaron en la huelga. Tuvimos manifestaciones importantes en Milán, Roma, Turín y Palermo, con decenas de miles de trabajadores en las calles. Pero en muchas ciudades, debido a la forma en que la burocracia sindical organizó la huelga, la participación en los mítines fue baja. Limitar la huelga a 4 horas es como darles a los trabajadores un cuchillo desafilado. Eso permite al empresario presionar a los trabajadores para acelerar la producción en las 4 horas restantes que trabajan, al mismo tiempo, hace que los trabajadores tengan menos tiempo para poder asistir a las manifestaciones y mítines.

La CSIL y la UIL incluso llegaron a decir al personal de enseñanza que no fuera a la huelga, mientras que la CGIL limitó la acción huelguística de este sector a una hora, ¡la excusa era que el gobierno había garantizado un miserable aumento salarial de 100 euros al mes brutos!

A pesar de estas limitaciones, esta huelga se produce en plena cadena de movilizaciones. Los trabajadores de la industria ingeniera, en lucha por su acuerdo nacional colectivo, acudirán a Roma el día 2 de diciembre, se espera que sea una gran manifestación estatal. También hemos visto protestas de los estudiantes universitarios y de secundaria contra un nuevo ataque del gobierno, destinado a desmantelar la educación pública. El 25 de octubre 70.000 estudiantes se manifestaron en Roma.

En Val Susa ha surgido una situación muy conflictiva, cerca de Turín, aquí toda la población local está en lucha contra la línea ferroviaria de alta velocidad que implica la construcción de un túnel hacia Francia y llenar el terreno de amianto y uranio, eso supondría la contaminación de toda la región. El 16 de noviembre 80.000 personas salieron a las calles de este pequeño valle y se enfrentaron a una brutal represión policial. Este es otro ejemplo de cómo amplias capas de la población están viendo a través de su propia experiencia de lucha que defender un medio ambiente más limpio choca directamente con los intereses de las grandes empresas implicadas en este proyecto.

Una vez más vemos que este tipo de lucha no sólo crea dificultades a la derecha sino que también abre contradicciones dentro de la Unione (La Unión, el nuevo nombre de la coalición de centro izquierda). Los dirigentes locales de DS (ex – PC), PRC (Refundación Comunista) y los Verdes están apoyando la protesta, mientras que la dirigente del consejo regional de Piamonte, Mercedes Bresso, perteneciente al DS, junto con el Partido de la Marguerita (el principal partido burgués dentro de la coalición La Unión) están apoyando la construcción de la línea de alta velocidad.

Aparecerán otras divisiones internas con la manifestación de este sábado en Roma contra los llamados CPT (centros de detención temporal en los que se encierran a los inmigrantes ilegales). Los moderados de La Unión simplemente se niegan a apoyar la exigencia de su cierre, de este modo, sostienen este método bárbaro que arroja negras sombras sobre los verdaderos derechos democráticos en Italia. Estas divisiones internas se multiplicarán en cuanto La Unión llegue al gobierno. Y los activistas comunistas deben aprovechar estas divisiones para romper la coalición en líneas de clase.

Al ver la oportunidad de regresar al poder, los dirigentes de DS están intentando socorrer a la burguesía. Quieren demostrar que son dignos de confianza. Fueron el principal apoyo de Prodi en las recientes elecciones primarias, cuando el ex – presidente de la Comisión Europea recibió el apoyo de tres millones de votos (el 75 por ciento del total). No se han opuesto a la formación de una lista unificada de los candidatos parlamentarios con La Marguerita. No tienen ninguna intención de oponerse a la privatización o a la temporalidad laboral que han ido tan lejos en los últimos años.

Los dirigentes sindicales, junto con los dirigentes de DS y el PRC, limitan los objetivos de las recientes movilizaciones simplemente a cambiar la política del gobierno actual, mientras que existen todas las condiciones para derribarlo. Pero este paso supondría un giro radical a la izquierda de la correlación de fuerzas existente en Italia, algo que la burocracia dentro del movimiento obrero quiere evitar como si fuera una plaga.

Nunca antes habíamos visto este abismo entre la política de la dirección del movimiento obrero y las aspiraciones de las masas. Las masas quieren ver derribado al gobierno Berlusconi. Quieren un verdadero gobierno de cambio, que aumente sus ingresos reales y acabe con todos los ataques al estado del bienestar aplicados por la derecha.

Precisamente son estos intereses diametralmente opuestos los que supondrán una gran presión sobre un futuro gobierno Prodi. Los marxistas trabajamos sobre la base de esta perspectiva. Hemos intervenido en más de 30 manifestaciones arriba y debajo de Italia, hemos vendido más de 500 ejemplares de nuestro periódico Falce Martello. Un ejemplo basta para mostrar el ambiente. En Palma di Montechiaro (Agrigento) en Sicilia, la provincia más pobre de Italia, un seguidor de Falce Martello y dirigente de las Juventudes Comunistas locales, estaba entre los oradores y en su discurso explicó nuestra alternativa, una alternativa obrera. Gracias a esto vendimos todos los ejemplares del periódico que llevábamos. Los trabajadores más veteranos tenían lágrimas en los ojos al escuchar el discurso y estaban esperanzados con la nueva generación que tomaría el relevo en la lucha. La tarea es volver a atar el nudo de la lucha de clases en este país y en esa tarea estamos los marxistas.