Corriente Marxista Internacional

La CGIL ha convocado una nueva huelga general para el próximo 18 de octubre. Después de que el gobierno y los otros dos sindicatos moderados (CISL y UIL) han firmado un pacto, el principal sindicato italiano se prepara, bajo la presión de millones de Alessandro Giardiello

Editor de Falce Martello,

periódico marxista italiano y

miembro de Refundación Comunista

La CGIL ha convocado una nueva huelga general para el próximo 18 de octubre. Después de que el gobierno y los otros dos sindicatos moderados (CISL y UIL) han firmado un pacto, el principal sindicato italiano se prepara, bajo la presión de millones de trabajadores para convocar una nueva huelga general. A diferencia del 16 de abril, esta vez el sindicato de Cofferati saldrá a la huelga solo. Desde 1968 no se convocaba en Italia una huelga "no unitaria".

En efecto, la gran manifestación del pasado 23 de marzo en Roma, convocada también sólo por la CGIL en la que participaron más de dos millones de trabajadores, se celebró un sábado, y no comportó la paralización de la producción. La nueva huelga, aparte de replantear la lucha contra el despido injusto (contra la eliminación del artículo 18 del Estatuto de los trabajadores), se caracterizará por reivindicar fuertes aumentos salariales y por la oposición a la nueva ley de presupuestos del gobierno Berlusconi (que propone recortar 20.000 millones de euros de los presupuestos del Estado).

Este movimiento está teniendo efectos políticos en todas las organizaciones del movimiento obrero. Si, por una parte, Refundación Comunista (PRC) no se encontraba preparado para intervenir en el movimiento de masas (Bertinotti había orientado el partido hacia el movimiento antiglobalización), los Demócratas de Izquierda (DS) están atravesando un periodo de fuertes contradicciones. La mayoría del grupo socialdemócrata dirigente ha declarado por boca de Gavino Angius (portavoz en el Senado del DS) que la huelga general de la CGIL es un error porque rompe con la unidad sindical, mientras la izquierda interna se está alineando con Sergio Cofferati, que acaba de terminar su mandato de ocho años en la secretaría general de la CGIL (previsto en los estatutos), siendo relevado por Guglielmo Epifani, que ha anunciado immediatamente querer continuar el camino trazado por Cofferati.

Un movimiento político de opinión ha salido a la calle el 14 de septiembre con 300.000 personas en Roma, movilizadas por intelectuales y actores de izquierda. Este movimiento hace una crítica por la izquierda a los dirigentes del DS y, aunque tiene una dirección pequeño burguesa, ha conseguido dar expresión a las tensiones acumuladas entre los militantes de izquierda durante los últimos diez años, donde se ha visto al grupo dirigente del DS gobernar con las fuerzas católicas según los intereses del gran capital. El Olivo, la gran coalición de centroizquierda, está en una crisis cada vez mayor, sometida a una doble presión en líneas opuestas: la de los trabajadores por un lado y por otro la de la gran burguesía, que frente a la profunda crisis económica exige siempre más ataques a los derechos de los trabajadores.

Cofferati

Sergio Cofferati, en medio de esta contradicción, insinúa una alternativa política a la línea seguida por D’Alema y Fassino (actual secretario del DS). En la práctica propone volver a la vieja politica reformista: al Plan Delors y a Keynes; políticas típicas de la socialdemocracia en los años 60 que hoy no se pueden aplicar porque no existen ni las condiciones políticas ni los márgenes económicos de esos años. Cofferati, que seguramente tiene en sus planes convertirse en el nuevo líder de la izquierda italiana dejando fuera a D’Alema, ha declarado que "concluido su mandato en el sindicato volverá a trabajar en la Pirelli", la fábrica donde trabajaba hace más de 25 años, cuando se convirtió en delegado sindical. Ésto aumenta su prestigio en el movimiento obrero en espera de que maduren las condiciones para una entrada en política con el apoyo de todo el aparato de la CGIL, que a su vez se prepara para sostenerlo abiertamente, incluyendo la izquierda interna, que ha abandonado completamente qualquier tipo de crítica hacia su ya ex secretario.

Sin embargo, las ilusiones de muchos trabajadores pueden ser defraudadas una vez más. Cofferati ha insistido en varias ocasiones en sus posiciones reformistas, su apoyo a la Unión Europea y a Maastricht y su intención de mantener la alianza con las fuerzas burguesas, que se plasmaría en un Olivo renovado).

Hacia una situación explosiva

En los próximos meses se tienen que renovar varios convenios, entre ellos el de los metalúrgicos. Por primera vez desde hace veinte años la Fiom (sindicato de los metalúrgicos de la CGIL) está proponiendo en la plataforma reivindicativa aumentos salariales significativos (alrededor del 8%) después de años de congelación salarial.

La burguesía italiana está aterrorizada por esta carrera por obtener aumentos salariales porque, a diferencia del pasado, no se pueden permitir la anulación de los incrementos salariales con una inflación de dos dígitos, y con la intoducción del euro no pueden recuperar competitividad devaluando la moneda.

Esta situación está determinando una crisis en la Fiat y en tantas otras empresas con reestructuraciones y despidos.

En un contexto como el que se ha generado en Italia en el último año, una profunda recesión económica —todas las condiciones están presentes— podría tener efectos explosivos, determinando una radicalización del movimiento obrero y del movimiento juvenil que, pese a su gran participación en las huelgas de esta primavera, sólo se ha expresado en una mínima parte.

La conflictividad en las fábricas, que ha sido limitada, podría explotar con fuerza, con los jóvenes precarios en primera línea. Han sido ya grandes protagonistas de luchas ejemplares como la de Tim de Bolonia, donde los trabajadores temporales han construido una representación sindical y han obtenido grandes conquistas, gracias también a la contribución fundamental de un liberado sindical de orientación marxista. La dirección de la CGIL de Bolonia, asustada por la dimensión que estaba asumiendo la lucha, ha decidido apartar al liberado de esa responsabilidad, ayudando de esta forma a desinflar la movilización.

La dirección de la CGIL convoca las luchas pero se preocupa meticulosamente de evitar que éstas escapen de su control y vigila por que se mantengan en una óptica puramente reformista y de entendimiento con los empresarios. El empeño de los comunistas es intervenir en el sindicato para romper la camisa de fuerza que supone la política de los pactos sociales, defendiendo un sindicalismo de clase, combativo y revolucionario.

El avance del movimiento obrero en España, Inglaterra, Grecia y Francia demuestran que una página prerrevolucionaria se está abriendo delante de nosotros. Una fase en la cual el proletariado mundial se propondrá nuevamente a la cabeza de un movimiento por la transformación revolucionaria y socialista de la sociedad.


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