Corriente Marxista Internacional

Finalmente, el 18 de junio, el gobierno de Berlusconi ha descubierto sus cartas. En las empresas que ahora tienen menos de 15 trabajadores los nuevos empleados no serán "computados" a efectos del art. 18 del Estatuto de los Trabajadores, el que obl Finalmente, el 18 de junio, el gobierno de Berlusconi ha descubierto sus cartas. En las empresas que ahora tienen menos de 15 trabajadores los nuevos empleados no serán "computados" a efectos del art. 18 del Estatuto de los Trabajadores, el que obliga a la empresa, en el caso de despido improcedente, a readmitir al trabajador. La empresa podrá mantener el despido pagando de dos a seis mensualidades. En cambio el gobierno promete 700 millones de euros para aumentar el subsidio de paro (al 60% del salario en los primeros seis meses, luego al 40% y al 30% en los dos últimos trimestres).

Los secretarios de CISL y UIL, Savino Pezzotta y Luigi Angeletti se declaran satisfechos del acuerdo aunque precisan que deberán consultar con sus afiliados. El presidente de la Confindustria, Antonio D’Amato, declaró: "Nosotros hubiéramos querido una reforma más amplia, pero por lo menos hemos obtenido el comienzo de la anulación de algo que aparece como una verdadera patología italiana que distorsiona el mercado".

La intención del gobierno ha sido recordada por el subsecretario Maurizio Sacconi: cambiar todo el derecho del trabajo, abolir el Estatuto de los Trabajadores de 1970, incluyendo todo en el nuevo Estatuto de los Trabajos ( y que se hable de trabajos y no de trabajadores no es una casualidad).

Por su parte, el secretario de la CGIL, Sergio Coferatti, ha declarado que su sindicato no aceptará nunca modificaciones al art. 18 del Estatuto. Y que si otros sindicatos lo hacen, la CGIL usará todas sus fuerzas para impedir la puesta en práctica de las mismas.

Coferatti ha subrayado que aunque el gobierno propone congelar el art. 18 sólo durante tres años ello significa la introducción de un doble régimen de derechos, uno para los trabajadores ya contratados y otro para los nuevos.

El efecto corrosivo de esta división ha sido ya comprobado en los últimos años cuando —con el acuerdo de los sindicatos— se ha dado manga ancha a las empresas en la utilización de todo tipo de contratos basura. Han sido necesarios más de cinco años de experiencia en las fábricas y el nuevo ambiente social que se vive desde el verano pasado, para ver la participación masiva de esta generación de precarios en las luchas.

Campaña de huelgas regionales

El 20 de junio la CGIL comenzaba en Campania y en Lombardía la serie de huelgas regionales de cuatro horas contra las modificaciones al art. 18. Durará hasta el 11 de julio con la huelga de la Emilia Romana. Se habla de una nueva huelga general para el otoño, pero no antes de octubre.

En algunas zonas de Lombardía como Brescia, la FIM (sindicato del metal de la CISL) ha convocado las huelgas locales junto con la FIOM (sindicato del Metal de la CGIL), pero no ha llegado a convocar la huelga general regional aunque el secretario Sandro Pasotti asegura que: "Si el artículo 18 se modifica, nos opondremos".

Los trabajadores aprecian la coherencia de la CGIL, están cabreados por el comportamiento de CISL y UIL, y critican que se hayan vendido por un plato de lentejas. Las "lentejas" son la participación de los sindicatos firmantes en una serie de entes paraestatales en el terreno de la lucha contra el paro y el trabajo negro, a través de los cuales el gobierno les financia.

¿Un detalle curioso? El texto del gobierno sobre el artículo 18 recalca la propuesta de D’Alema, el presidente de Democráticos de Izquierda (DS), cuando era presidente del gobierno. Como ha sucedido en el ámbito de la sanidad, de la escuela o de la precarización del empleo, Berlusconi se aprovecha del trabajo "sucio" realizado por el gobierno del Olivo, para intentar ir más rápido y más lejos.

Incluso hoy, la valoración que se hace desde el Olivo, de las propuestas gubernamentales es muy variada. Enrico Morando, de la derecha de los DS, declara: "La valoración común de DS y Margarita es que, a falta de un aumento importante en el seguro de paro, el art. 18 no se puede tocar". Por su parte, la Margarita, dividida entre la necesidad de no romper formalmente el Olivo y el apoyo sustancial a la CISL ha "suspendido la valoración" sobre la propuesta de Berlusconi.

Veremos una importante participación en las huelgas regionales convocadas por la CGIL pero no será suficiente para parar al gobierno o a los dirigentes de CISL y UIL. Para ello habría sido necesaria la convocatoria de una huelga general en junio organizando efectivamente comités de huelga en cada centro de trabajo, discutiendo en detalle la propuesta gubernamental, proponiendo no sólo que no se cambie el art. 18 sino que su aplicación se extienda a todos los trabajadores por cuenta ajena y demostrando en la práctica que la CGIL ha aprendido de los errores de la década de pactos sociales y está dispuesta a cambiar de política. La serie de huelgas regionales no quitarán la iniciativa al gobierno, que el 2 de julio quiere firmar el acuerdo con la patronal, la CISL y la UIL.

Otra cosa será el otoño, en el ambiente social que se vive en Italia. Las medidas antiobreras de Berlusconi, junto al estancamiento económico (se prevé un crecimiento del PIB para el año 2002 no superior al 1,4%), y a la crisis de importantes empresas como la Fiat (de 15.000 a 25.000 despidos en los próximos meses, si se consideran trabajadores directos e indirectos), son una mezcla explosiva. La actitud de enorme confianza en Coferatti, que distinguía a la inmensa mayoría de los trabajadores en abril, dejará paso a un comportamiento más reflexivo y más maduro, que llevará necesariamente a una nueva capa de activistas a "mancharse las manos" y entrar directamente en la actividad político sindical. El proceso será largo y con altibajos, pero no se puede dudar que Berlusconi, ya en los próximos meses tendrá de qué preocuparse.


Nueva página

Para mantenerse al día con nuestras actualizaciones, por favor visite nuestra nueva página en luchadeclases.org