Corriente Marxista Internacional

Cortes de carretera, manifestaciones espontáneas, huelgas salvajes, todo por iniciativa de las bases sin esperar a los dirigentes de los principales sindicatos. Así se cerró el año 2003 en Italia, con gran alarma para los patronos. Y comprendemos que Cortes de carretera, manifestaciones espontáneas, huelgas salvajes, todo por iniciativa de las bases sin esperar a los dirigentes de los principales sindicatos. Así se cerró el año 2003 en Italia, con gran alarma para los patronos. Y comprendemos que estén preocupados ya que en los primeros diez meses de 2003 las huelgas por los convenios aumentaron en un 44,7% comparado con 2002. Hubo entonces un movimiento de masas y dos huelgas generales de los trabajadores en contra de los ataques del gobierno, lo que no se veía desde el año 1984.

Este es el elemento de novedad que lleva meses caracterizando a Italia: la lucha de los obreros del metal por el convenio, con la manifestación de más de 100.000 en Roma en noviembre, se dividió como en arroyos enfurecidos en decenas de huelgas locales en las fábricas con una dureza que no se notaba desde hace veinte años, empleando incluso largos días de bloqueos de las puertas de los almacenes para impedir la salida de las mercancías de las fábricas.

En el mes de diciembre le tocó a los trabajadores del transporte. Primero en el aeropuerto de Fiumicino (Roma) 2.000 trabajadores sorprendieron el gobierno con una huelga improvisa bloqueando también unas autopistas y llegando a enfrentarse con los antidisturbios. Luego le tocó a los conductores de los buses y metro de todas las ciudades italianas. Los trabajadores perdieron la paciencia y el sábado 20 de diciembre empezaron una huelga indefinida. La movilización se originó en Milán pero en pocas horas se extendió a todo el país: Catánia, Venécia, Génova, Cosenza, Florencia, Brescia, Roma. La noche del mismo día las cúpulas sindicales firmaron un acuerdo escandaloso y los trabajadores respondieron extendiendo la huelga en protesta. Solamente al alba del lunes 22, bajo la amenaza de coacción y con los dirigentes sindicales paseándose durante la noche por las cocheras para desmoralizar a los huelguistas, los trabajadores cedieron. Sin embargo, está claro que sólo se perdió el primer round de un choque que todavía sigue pendiente.

El mes de diciembre había empezado con una manifestación de los tres sindicatos mayoritarios contra la ley de pensiones del gobierno Berlusconi. El día 6 de diciembre cerca de un millón de trabajadores había marchado en Roma. El clima que se respirábamos era el mismo que hubo los días siguientes entre los conductores de Milán y los trabajadores del aeropuerto de Roma. Queda demostrado sin lugar a dudas que los actos simbólicos no sirven para echar a este gobierno.

Si durante estos meses el gobierno de derechas aún no ha caído y las luchas sectoriales no han sido ganadas, no es por falta de voluntad de lucha por parte de los trabajadores, sino por incapacidad, cobardía y oportunismo de las cúpulas sindicales. Lo que falta, y no tardará en aparecer, es una nueva dirección sindical a la altura de las tareas que la clase obrera tiene por delante.


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