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Miembro del C. E. Nacional del PRC y miembro del comité de redacción del periódico marxista Falce Martello

"Ellos dicen que estamos solos. Bien, esto significa que estaremos solos..., pero junto a millones de trabajadores". Estas eran las palabras de un delegado de empresa en el último congreso de CGIL (la más grande de las tres principales federaciones sindicales y vinculada históricamente al Partido Comunista) y que fueron plenamente confirmadas por la masiva manifestación de Roma.

Es imposible calcular el tamaño real de la manifestación que inundó todo el centro de Roma. Las cifras policiales son de 700.000 personas, pero claramente subestiman el verdadero tamaño. CGIL ha dado la cifra de tres millones de personas, pero casi todo el mundo está de acuerdo en que sí había dos millones de personas. Cualquiera que sean las cifras exactas, los hechos son los siguientes: la manifestación la formaban seis marchas diferentes que confluían en el centro de Roma, cubría una distancia total de treinta kilómetros; a Roma llegaron 60 trenes, 9.000 autocares y dos barcos desde Cerdeña. Un dirigente sindical en Milán días antes dijo que "todo aquello que se pueda mover irá a Roma (...) Estamos intentando alquilar autocares en Suiza, Austria y Eslovenia". El Circus Maximus estaba absolutamente lleno, era tal el tamaño de la manifestación que parecía que nunca tenía fin.

Este día no va ser fácil de olvidar. La reacción del gobierno y los empresarios es bastante reveladora. Después de haber intentado minimizar la asistencia (según un parlamentario de derechas, "sólo medio millón"), compararon a los trabajadores y a los dirigentes de CGIL con terroristas e intentaron presentar el asesinato de Marco Biagi por las Brigadas Rojas como una consecuencia de las luchas obreras. Estas son algunas perlas:

"Es un mal día cuando las personas se manifiestan contra las ideas de Marco Biagi" (el vicepresidente Sacconi). El ministro de defensa Antonio Martino dijo: "Esta manifestación es un enorme peligro para nuestras instituciones democráticas libres".

El escenario que se abre ahora todavía es incierto. El gobierno intenta dividir a los sindicatos y llegar a acuerdos por separado con CISL (históricamente la federación sindical "cristiana" y más moderada). Sin embargo, el éxito de la manifestación también ha supuesto mucha presión sobre estos sindicatos. Las tres federaciones sindicales (CGIL, CISL y UIL) iniciaron conversaciones para convocar una huelga general conjunta (antes de esta manifestación sólo iba a ser convocada por CGIL), al final decidieron convocarla para el próximo 17 de abril.

Está presente la posibilidad de derrocar al gobierno. Detrás de su fachada de fuerza e intransigencia, la clase dominante está dividida ante este creciente conflicto, y son los mismos partidos que forman la coalición gubernamental de derechas.

El principal problema es, como siempre, un problema de dirección. Cofferati ahora está a la cabeza de la oposición. Todos las otras fuerzas que se oponen a Berlusconi han tenido que seguir a CGIL y apoyar sus palabras, incluidos aquellos partidos burgueses que en realidad están mucho más próximos a Confindustria (la patronal italiana) que a CGIL. Pero según se extiende y profundiza el conflicto, crece también la polarización política y social, y ésta tendrá sus efectos en todos los partidos, provocando divisiones y escisiones. Al mismo tiempo que se desarrolla este movimiento, el PRC (Partido para la Refundación Comunista) estaba celebrando sus congresos locales (el congreso nacional se celebrará los días 4 y 7 de abril). Resulta paradójico que el secretario nacional del partido, Bertinotti, se niegue tercamente a exigir la dimisión del gobierno. Pocos días antes de la manifestación, Bertinotti dijo que "sería un gran error si decimos que esta lucha va dirigida contra el gobierno, se trata de una lucha sindical que debemos apoyar junto con los otros partidos de oposición". Esta postura equivale a borrar el papel de los comunistas en el movimiento obrero. Nuestro partido corre el gran riesgo de convertirse en un simple nombre en la lista de organizaciones, apoyando una lucha que, a pesar de su enorme tamaño, todavía está encabezada y controlada por la burocracia socialdemócrata que está en la dirección de CGIL, una fuerza cuyo principal objetivo es llevar el movimiento por canales seguros y que no va a dirigir una ofensiva contra los empresarios y el gobierno.

Mantenerse "a la cola del movimiento" no es nada nuevo para el PRC y, en particular, para Bertinotti. El año pasado adoptó la misma actitud con relación al movimiento antiglobalización, si echamos la vista atrás, al año 1994, cuando fue derrocado el primer gobierno Berlusconi por una oleada masiva de huelgas, presenciamos el mismo error. En ese momento, Bertinotti dijo que los comunistas tenían que contenerse y no criticar a los dirigentes sindicales ya que ellos eran los que estaban convocando las huelgas. Esta actitud permitió a los dirigentes sindicales descarrilar y frenar el movimiento, canalizando la lucha hacia la colaboración de clases y participando en una coalición de centro izquierda.

El ala de izquierdas del PRC, de la que somos parte, lucha para reafirmar las ideas y los métodos básicos del marxismo. La primera tarea de un partido comunista es luchar para conseguir la influencia y la hegemonía en el movimiento y la lucha de clases, además de defender la perspectiva comunista como la única respuesta a las contradicciones, cada vez más grandes, del sistema capitalista.

En este momento el ambiente reinante en la clase obrera es de confianza en sus dirigentes, especialmente en CGIL, a los que ven como luchadores que hacen lo que se debe hacer. También existe un fuerte deseo para conseguir la unidad de la iz-quierda y ésta es una presión objetiva para el PRC. Ahora lo que se necesita es una cuidadosa combinación de participación activa en la lucha, explicación política y una crítica compañera de todas las deficiencias de los dirigentes de CGIL. Hay que hacer esto si no queremos que el partido se quede aislado y cometa errores sectarios y oportunistas.

El auge de la lucha de clases someterá a todos los partidos y tendencias a una dura prueba. Los acontecimientos están confirmando nuestra prospectivas anteriores y confiamos en que las ideas del marxismo encontrarán un eco cada vez más grande en la nueva generación que ahora está entrando en la escena política.