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l 21 de febrero varios espectros recorrieron Dublín. Por un lado, el miedo al desempleo y los despidos; y por el otro, el espíritu más importante, el de James Connolly y Jim Larkin, los fundadores del movimiento socialista irlandés. Se manifestaron 200.000 personas, trabajadores, sus familias, jóvenes y viejos, de todo el país. La crisis económica que padece Irlanda ha desencadenado un movimiento gigantesco.
No es difícil comprender por qué. El de-sempleo ahora es de 326.000 trabajadores y por todo el país se destruyen empleos. No es sorprendente que los trabajadores de Waterford (una empresa de cristal ocupada recientemente por 300 trabajadores) estuvieran al frente de la manifestación, demostrando el espíritu de lucha que caracteriza a la clase obrera.
Lo que está claro es que este tipo de manifestaciones ayudan a los trabajadores a tener un sentido de su propia fuerza. 200.000 personas representan a uno de cada veinte habitantes. Es como si en Gran Bretaña de quince millones de habitantes se manifestasen tres millones. Los empresarios irlandeses han calibrado mal la capacidad de respuesta de la clase obrera. La burguesía irlandesa es muy débil, depende de las inversiones extranjeras y de las exportaciones, particularmente hacia Gran Bretaña, por eso la volatilidad de la libra frente al euro está provocando muchos problemas.  
El último escándalo financiero conocido ha sido el Banco Anglo-Irlandés que ha prestado 451 millones de libras a diez de sus principales accionistas para comprar sus propias acciones y ha servido para añadir más rabia. La mayoría de los trabajadores se pregunta ¿por qué la clase obrera debe pagar esta crisis cuando es culpa de los empresarios?

Huelga nacional de funcionarios el 30 de marzo

Ahora, el sindicato de trabajadores del sector público (ICTU) ha convocado una huelga el 30 de marzo, tanto en el sector privado como para los 13.000 trabajadores del sector público, con ella pretenden presionar al gobierno ante la próxima negociación salarial. El sindicato propone un plan de 10 puntos que pretende proporcionar estabilidad económica para los próximos tres años además de oponerse a cualquier reducción salarial.
Esta será la primera huelga nacional de funcionarios en veinte años y perfectamente podría convertirse en una huelga general, pero los dirigentes sindicales saben que hay demasiada presión acumulada y tienen miedo de que explote en un movimiento difícil de controlar.  Esta huelga servirá para medir el ambiente que existe en la sociedad. Ya hay otros sectores que próximamente van a entrar en la lucha: los profesores, el sector de ingeniería, los autobuses de Dublín, etc. El 30 de marzo es una fecha crucial para la clase obrera irlandesa.