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En las elecciones del pasado domingo el SPÖ se convirtió en el partido más fuerte del parlamento austriaco, sin embargo, con sólo el 29,7 por ciento de los votos es su peor resultado desde 1945. En las ciudades industriales y en los barrios obreros de Viena el SPÖ ha sufrido pérdidas importantes.

 

En las elecciones del pasado domingo el SPÖ se convirtió en el partido más fuerte del parlamento austriaco, sin embargo, con sólo el 29,7 por ciento de los votos es su peor resultado desde 1945. En las ciudades industriales y en los barrios obreros de Viena el SPÖ ha sufrido pérdidas importantes.

Es verdad que comparado con las pérdidas que sufrió en las recientes elecciones regionales del Tirol y Baja Austria, el partido ha podido evitar un escenario catastrófico. En las semanas finales de la campaña electoral el SPÖ consiguió remontar.

¿Cómo lo hicieron? La dirección del partido se basó de nuevo en su ala sindical y planteó un plan de acción contra la inflación y la caída de los niveles de vida. Si hubiera seguido el viejo camino de la colaboración de clase con los conservadores, entonces el SPÖ habría sido el gran perdedor de estas elecciones. Su ala sindical es la que fue capaz de movilizar el corazón del movimiento obrero y consiguió que los trabajadores fuesen a las urnas.

Un ojo negro para el SPÖ

A pesar de este esfuerzo de último minuto, no se puede ignorar que el movimiento obrero quedó muy debilitado después de 18 meses de gobierno de gran coalición con los conservadores. Esta experiencia ha provocado una crisis severa en la socialdemocracia. Aparte de los vínculos que tiene con la fuerza laboral sindicalizada en las granes industrias, el SPÖ ha perdido su autoridad sobre la clase obrera en general. Es una condena de su política que especialmente entre los jóvenes trabajadores la extrema derecha haya podido conseguir una mayoría de los votos.

Precisamente esta crisis dentro de la socialdemocracia es la que ha permitido una recuperación de la extrema derecha, que está dividida en dos partidos (el FPÖ bajo la dirección de HC Strache y el grupo ultraderechista BZÖ, bajo la dirección del histórico Jög Haider). Esta extrema derecha quedó totalmente debilitada después de cuatro años de coalición con los conservadores, entre 2003 y 2007. En ese período los populistas de extrema derecha revelaron claramente de qué lado están.

Sin embargo, gracias al fracaso político del SPÖ, Strache y Haider han conseguido de nuevo ganar terreno con su mezcla de demagogia social, racismo y "patriotismo austriaco". Strache se ha convertido especialmente en la voz de aquellos que están frustrados con el SPÖ y quieren protestar contra la elite política que demuestra poco interés por los problemas de los trabajadores corrientes.

Como se podía esperar, internacionalmente y entre los intelectuales de izquierda podemos escuchar de nuevo los lamentos y el escándalo moral por este "giro a la derecha" de "los austriacos". Pero es una manera muy superficial de mirar la situación. Tenemos que comprender las razones de este nuevo ascenso de la extrema derecha, que está directamente vinculado a cuestiones sociales, al resentimiento generalizado debido a las subidas de precios, empeoramiento de las condiciones de vida, etc., El vacío dejado por el SPÖ y el ÖGB (la confederación sindical austriaca) lo han llenado las consignas demagógicas reaccionarias de Strache.

Por otro lado, el principal partido en el campo burgués, el Partido Popular (ÖVP), salió tremendamente derrotado en las elecciones, también alcanzó un mínimo histórico. El viceprimer ministro, Molterer, se presentó como la única fuerza de razón en tiempos difíciles, no entendiendo que sus posiciones "neoliberales" han perdido cualquier influencia que pudiera tener en el pasado. Muchas personas (también del campo conservador) pueden sentir directamente en su vida cotidiana que las condiciones sociales están empeorando. El ÖVP no puede dirigir el país con un programa abiertamente pro-burgués. La propia clase capitalistas es una minoría demasiado pequeña en la sociedad. En las condiciones de creciente crisis económica será cada vez más difícil aglutinar a otras capas sociales alrededor de su programa de austeridad y recortes. Todo esto explica la crisis histórica del ÖVP después de 21 años en el poder.

En estas condiciones una mente sectaria esperaría ver un crecimiento a la izquierda del SPÖ. Pero la realidad es siempre concreta. Las fuerzas a la izquierda del SPÖ fueron algo totalmente marginal en estas elecciones. El Partido Comunista de Austria históricamente ya es débil pero aún ha perdido más votos, no ha superado el 0.7 por ciento. El recién formado Linke (Izquierda), una coalición de varias sectas ultraizquierdistas unidas sobre la base de un programa muy oportunista y reformista, sólo han conseguido un 0,04 por ciento. Estos datos concretos revelan de nuevo que no hay nada fuera del movimiento obrero organizado.

Un análisis de los resultados electorales de los últimos diez años revelan un dato importante: en este país con un sistema política antes muy estable ahora hay una enorme volatilidad. En el pasado todas las elecciones se ganaban con mayorías absolutas. Ahora la inestabilidad se ha convertido en una característica cada vez más habitual del sistema político austriaco. Estos resultados electorales no son una expresión de un "giro a la derecha", sino más bien un intento confuso por parte de una capa creciente de la población de encontrar una salida a la crisis social y política que sufre el país. La contradicción entre los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad y la elite política, que está subordinada a la lógica del sistema capitalista, es obvio para todo el que quiera ver y está provocando una crisis importante en el propio sistema político.

¿Adónde va Austria?

Los conservadores tuvieron que convocar elecciones anticipadas porque querían un mandato claro para el futuro. Querían un gobierno sin el SPÖ, la razón es obvia. En la medida que la socialdemocracia estaba expuesta a la presión de los sindicatos y de su base tradicional, la clase obrera organizada, para la burguesía no representaba una fuerza fiable para gobernar el país. El objetivo era claramente establecer un nuevo gobierno burgués de derecha bajo la dirección del ÖVP. Pero esta estrategia fue derrotada en las elecciones.

La dirección del SPÖ ahora están pidiendo la renovación de la gran coalición parecen creer que el ÖVP ha aprendido la lección y ahora estarán preparados para gobernar juntos. Lo hacen pensando que existe un ala liberal, "progresista", dentro del ÖVP que busca un regreso a los buenos y viejos días de la paz social. Ignora el hecho de que la nueva dirección del ÖVP pronto será elegida bajo la batuta de Josef Pröli, esta nueva dirección no defiende ninguna reforma democrática o social. La poderosa Federación de Industria Austriaca ha hecho una declaración explicando que este resultado electoral no se puede interpretar como un mandato para una nueva gran coalición. Los industriales han dejado claro que ellos decidirán si apoyan un futuro gobierno de coalición siguiendo estrictamente su propio criterio. Eso significa que sólo apoyarán un gobierno que continúe con la línea de los últimos años, es decir, una política de recortes drásticos, privatización y "liberalización".

El ÖVP es y sigue siendo la voz política de la clase burguesa en Austria. Ahora se enfrentan a una crisis económica importante, que ya todo el mundo puede sentir. Los "años dorados" definitivamente se han ido. La burguesía se prepara para una crisis profunda. Durante algún tiempo han intentado "poner pintalabios al cerdo", han dicho que los bancos austriacos no se verían afectados por la crisis financiera norteamericana debido a su papel dominante en Europa del Este. Pero ahora la burbuja también comienza a pincharse en Rusia y Europa del Este. Esta situación provocará una caída de los beneficios también en el sector bancario austriaco. Muchas industrias ya ven los efectos de la crisis crediticia y el hundimiento de las exportaciones. La mayoría de las fábricas ya han anunciado despidos masivos, esta se ha convertido en la principal amenaza para los trabajadores austriacos.

En cuanto a los sindicatos y el SPÖ, no han dado respuestas a este problema. Ven la situación como una "ley de la naturaleza" que nadie puede cambiar. En estas condiciones la burguesía ha dejado su línea clara: Austria debe permanecer como parte de confianza de la UE, con reformas de impuestos para los ricos y nada de dinero para reformas sociales.

Sólo será posible una nueva coalición si el SPÖ está dispuesto una vez más a claudicar en todo como hizo en 2006-2007. La dirección del partido probablemente esté dispuesta a hacerlo, pero esto llevará a un proceso muy turbulento dentro de la socialdemocracia y podría terminar en la formación de un ala de izquierdas. En este momento no sólo las organizaciones juveniles socialistas protestarán, sino que este proceso también es dará dentro de los sindicatos.

Serán conscientes del hecho de que en las condiciones económicas actuales, la clave obrera puede conseguir sus objetivos sólo con los métodos de la lucha de clases y eso requiere romper con la colaboración de clase. Los marxistas jugarán un papel en la formación de una oposición contra una nueva gran coalición y contra cualquier compromiso con la derecha.

Por supuesto, la dirección del partido dirá que la única alternativa será una nueva coalición entre el ÖVP y la extrema derecha, que juntos tienen una clara mayoría. Jörg Heider está ofreciendo sus servicios para esta coalición. Dentro del ÖVP hay quienes han planteado la idea de formar ya esa coalición. Muchos activistas dentro del movimiento obrero austriaco se acuerdan furiosos de la anterior coalición porque representa una amenaza para las conquistas del pasado.

A pesar de todo esto, no podemos dar un cheque en blanco a la dirección del SPÖ para que formen una coalición, que sólo copiaría las experiencias anteriores basadas en el programa del partido ÖVP. Sólo prepararía el terreno para una futura victoria electoral de la extrema derecha.

Por otro lado, algunos dentro del SPÖ están defendiendo una aproximación hacia la extrema derecha, dicen que muchos trabajadores votaron a estos partidos y por tanto no se les puede descartar. Pero cualquier tipo de coalición con el FPÖ llevaría a una escisión en el SPÖ, muchos lo considerarían una traición.

La única alternativa

La única alternativa para el movimiento obrero sería un gobierno en minoría del SPÖ. El punto de partida básico del SPÖ debe ser: "sólo nosotros defendemos los intereses de la clase trabajadora".

En esta reciente campaña electoral, el SPÖ ya ha demostrado que esta podría ser una estrategia realista. Presentando un programa de reformas sociales en el parlamento, el SPÖ podría trabajar para ganar a una mayoría entre la población. Incluso como minoría, algunas de estas reformas podrían incluso aprobarse en el parlamento con la ayuda de fuerzas como los Verdes.

Para apoyar esta política y aumentar la presión sobre los otros partidos, los sindicatos, el grupo parlamentario del SPÖ deberían comenzar una campaña de movilizaciones en los centros de trabajo y las calles. Incluso esto se intentó hasta cierto punto en la campaña electoral. La ofensiva social dentro del parlamento debería estar unida a la ofensiva extraparlamentaria, los trabajadores y la juventud deben ver que el SPÖ está comprometido con su programa.

Lo que el SPÖ necesita ahora es un programa de acción para controlar la inflación, los despidos masivos y las privatizaciones. Con este programa los sindicatos y la juventud podrían movilizarese por una ofensiva social. Para cambiar la correlación de fuerzas a la izquierda tenemos que luchar. Nuestros métodos deben ser las asambleas de masas y las huelgas. Si el movimiento obrero lucha ahora de una manera decisiva, entonces eso una vez más puede debilitar a la derecha.

Por supuesto es necesario en el próximo período construir una organización de izquierdas fuerte. Durante la campaña electoral los marxistas hablamos con docenas de activistas sindicales y delegados que buscan un giro a la izquierda. El 11 de octubre hemos organizado una "Conferencia de la Izquierda" para reunir a todos estos activistas. Será el punto de partida de una campaña por un gobierno en minoría del SPÖ con un programa socialista basado en los sindicatos y movimientos sociales.