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El miércoles 17 de mayo más de 100.000 personas se manifestaron en las principales ciudades de Dinamarca para manifestarse contra las “reformas” que quiere implantar el gobierno de derechas. El miércoles 17 de mayo más de 100.000 personas se manifestaron en las principales ciudades de Dinamarca para manifestarse contra las “reformas” que quiere implantar el gobierno de derechas.

El gobierno está proponiendo una amplia gama de reformas con la excusa de salvar el futuro del estado del bienestar. Pero la realidad es que estas reformas no harán nada por salvarlo. Este nuevo paquete de reformas supone ataques contra casi todos los grupos y capas de la sociedad.

El gobierno propone subir la edad de jubilación de 65 a 67 años. También quiere aumentar la edad de jubilación anticipada en dos años. Quiere reducir el subsidio de desempleo para los trabajadores parados “más viejos”, los que tienen entre 55 y 60 años, quieren imponer más restricciones a los jóvenes parados entre 25 y 29 años. Estas restricciones ya se aplican a los que tienen entre 20 y 25 años de edad. Una de las cosas que quieren es reducir a la mitad el subsidio de desempleo para este grupo de edad.

Quieren presionar los salarios introduciendo “salarios de iniciación” para los trabajadores inmigrantes, eso significa reducir los salarios por debajo del mínimo salarial. También sufren ataques los estudiantes ya que se quiere reducir el apoyo económico a los estudiantes en un veinticinco por ciento. Los pagos además se harán según los resultados en los exámenes.

Las reivindicaciones de los manifestantes son:

• No al aumento de la edad de la jubilación anticipada.

• No a los recortes en la ayuda económica a los estudiantes.

• No a los salarios de “iniciación” para los inmigrantes.

• Más aprendices.

• No a las reducciones del subsidio de desempleo.

Los organizadores principales de las manifestaciones fueron los sindicatos, organizaciones estudiantiles y las organizaciones juveniles de los partidos obreros, todos organizados en la iniciativa “Reinicio de Dinamarca”.

El ambiente en las manifestaciones era de entusiasmo. Desde 1985 no había habido una protesta tan grande. Además hubo algunas huelgas, además muchos estudiantes y aprendices también abandonaron sus centros de estudio. En Copenhague hubo concentraciones en quince puntos diferentes antes de la manifestación. Desde allí se dirigieron en grupo hasta el punto donde empezaba la manifestación. La mayor comenzó en el teatro real y después se dirigieron a un mitin de masas frente al parlamento: Christiansborg.

Los participantes eran una mezcla de jóvenes y viejos, estudiantes y trabajadores, niños y pensionistas. Era un reflejo de la creciente conciencia de que la lucha por mantener el sistema del bienestar es una lucha común, que no podemos permitirnos ir divididos.

Aunque el ambiente era entusiasta, también había cierto escepticismo: ¿nos escucharán los políticos? ¿Después qué?

No hubo respuestas, excepto algunas frases vagas sobre la necesidad de continuar la lucha. Esto también se aplica a los partidos de izquierda. Ninguno de los oradores ofreció una alternativa concreta a la lucha, parece que los sindicatos no tienen planes concretos. Se planteó la exigencia de debates y asambleas en los centros de trabajo y estudio en los días siguientes a las manifestaciones, pero una vez más fue una frase vacía. Socialistisk Standpunkt (la corriente marxista en Dinamarca) es el único grupo que ha planteado clara y audazmente la reivindicación de una asamblea nacional con representantes de tantos centros de trabajo y estudio como sea posible, donde se pueda discutir cómo avanzar en la lucha. Socialistisk Standpunkt es también el único grupo que explica la necesidad de una huelga general de 24 horas.

Parece que la gente está dispuesta a continuar la lucha. La multitud gritaba consignas contra el gobierno. Cuando se gritaba la tradicional “¡Fogh el que no salte!” (Fogh es el nombre del primer ministro danés), se podía ver a más de 100.000 personas saltando al unísono.

Está claro que no se trata de una simple lucha contra una u otra reforma, sino una lucha contra el gobierno de derechas y su política capitalista.

En el parlamento continuarán las negociaciones pero no podemos descartar que los socialdemócratas se desmarquen de los ataques. Necesitan desesperadamente aumentar su apoyo, sobre todo porque hace un mes éste había caído hasta su nivel más bajo en ciento tres años. Desde que se ha puesto a favor de los manifestantes su apoyo ha subido.

Está absolutamente claro que la lucha no se ha ganado todavía. La primera lección de la lucha en Francia contra el CPE se ha aprendido en Dinamarca. Los jóvenes y trabajadores se han unido. Ahora falta aprender la lección decisiva: ¡continuar la lucha hasta la victoria!