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El 28 de octubre Bélgica volvió a quedar paralizada por una masiva huelga general. Se trataba de la segunda en tres semanas y se suponía que no iba a suceder. El 11 de octubre un feliz primer ministro pronunciaba el discurso sobre el estado de la nac El 28 de octubre Bélgica volvió a quedar paralizada por una masiva huelga general. Se trataba de la segunda en tres semanas y se suponía que no iba a suceder. El 11 de octubre un feliz primer ministro pronunciaba el discurso sobre el estado de la nación en el parlamento, y anunció orgullosamente lo que calificó como “pacto generacional”. Contaba con el apoyo de los empresarios, organizaciones de clase media y también con los dirigentes de dos de las tres confederaciones sindicales, incluida la más grande, la cristiana ACV-CSC. Eso ocurría después de la exitosa huelga general organizada en solitario por el sindicato socialista el 7 de octubre.

Con el anuncio de este acuerdo, el gobierno quería retomar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Probablemente pensaba —como también los empresarios— que la huelga general de unos días antes sólo había sido una explosión emocional pero que rápidamente se evaporaría. Se confortaban al escuchar los discursos apaciguadores de los dirigentes sindicales. Incluso desde la izquierda, de los dirigentes del sindicato socialista, recibían declaraciones como: “una huelga general es una herramienta que sólo puedes utilizar cada diez o doce años”.

Huelgas espontáneas

¡Estaban equivocados! ¡Muy equivocados! Tan pronto como los trabajadores vieron qué significa el “pacto generacional”, estallaron huelgas espontáneas en las grandes fábricas del sur del país, seguidas por la fábrica de Volkswagen en Bruselas donde los trabajadores declararon 32 horas de huelga y por otra en una fábrica grande del norte. Estas “huelgas espontáneas” (es decir, no oficiales, no convocadas por los sindicatos) son una característica del ambiente de protesta que se está desarrollando en Bélgica. No es un fenómeno totalmente nuevo, por supuesto, pero no se había visto a esta escala desde los años ochenta, con la única excepción del Movimiento Blanco de 1996*.

Estas huelgas espontáneas no sólo iban dirigidas contra el gobierno, también tenían la intención de presionar a los dirigentes sindicales para que rechazaran los planes del gobierno y emprendieran una acción. En una región los sindicatos cristiano y socialista ya habían rechazado los planes y convocado otra nueva huelga general de 24 horas el 24 de octubre. Esta huelga rápidamente se extendió a otras zonas del sur. 15.000 trabajadores se manifestaron por las calles de Charleroi. Fue un verdadero ensayo general de la huelga general del 28 de octubre. En realidad, las tres confederaciones sindicales sufrían una enorme presión para que rechazaran el “pacto” del gobierno y convocaran una huelga general de 24 horas con una manifestación estatal en Bruselas. Para los dirigentes del sindicato cristiano representaba un cambio dramático porque estuvieron en contra e incluso intentaron sabotear la huelga general del 7 de octubre. La presión desde la base era tan grande que al final terminó imponiendo la unidad. Este hecho aumentó la confianza de los trabajadores en todas las zonas del país.

Las provocaciones

de los empresarios

añaden leña al fuego

Según se acercaba el 28 de octubre las organizaciones empresariales y el gobierno comenzaban a estar muy inquietas. En realidad, estaban aterrados y lanzaron todo tipo de amenazas. Los empresarios amenazaron con enviar a la policía para romper los piquetes y evitar así los bloqueos de carretera de los piquetes volantes en las zonas industriales. En una fábrica del norte, Van Hool, los empresarios intentaron organizar rompehuelgas el día de antes de la huelga general. La reacción de los trabajadores fue tremenda. Inmediatamente dejaron de trabajar y comenzaron la huelga general antes de lo previsto.

Los empresarios tenían el apoyo del ministro de interior liberal, que también condenó los piquetes volantes, los bloqueos de carreteras, etc. La organización empresarial incluso creó un centro de llamadas de 48 horas con la ayuda de grandes firmas de abogados para poder enviar a la policía contra los huelguistas a la menor noticia. Pero el resultado fue el contrario al previsto. Sin duda algunos trabajadores, sobre todo aquellos que era la primera vez que participaban en este tipo de conflictos de clase, retrocedieron algo ante este ataque contra el derecho de huelga. Pero la reacción general fue aumentar la resolución de los trabajadores y sacar a más gente a la manifestación.

En esta ocasión la huelga general estaba convocada por todos los sindicatos. Eso hizo que se necesitaran pocos piquetes. De este modo la atención de los activistas sindicales se pudo centrar en llevar gente a la manifestación. Y fue un éxito.

Más de 100.000 trabajadores marcharon por las calles de Bruselas. Dos veces más de participación que en la manifestación organizada hace diez meses por los mismos sindicatos durante la negociación salarial. Está claro que existe una línea ascendente de movilización de la clase obrera. Fue una manifestación viva y colorida con los tres sindicatos juntos.

Los jóvenes trabajadores industriales

Había trabajadores de todos los sectores pero sobre todo de la industria, ingeniería, acero, química, alimentación, construcción, comercio y todo tipo de trabajadores técnicos. También había profesores y trabajadores sanitarios. Lo más significativo era el gran número de trabajadores jóvenes (entre 20 y 30 años de edad). Esa fue la mejor respuesta que podían dar a los medios de comunicación y al gobierno, que habían intentado presentar el movimiento como el de los privilegiados, los que sólo se preocupan de sí mismos, capas de trabajadores entre 40 y 50 años... Los jóvenes trabajadores son perfectamente conscientes de que si los trabajadores más viejos tienen que trabajar más tiempo ellos tendrán más dificultades para encontrar un empleo.

Una característica importante de este movimiento es que no sólo era por la cuestión de la jubilación anticipada. Reflejaba lo que han tenido que aguantar los trabajadores durante los últimos quince años: un ataque general contra las condiciones laborales. Si preguntabas a cualquier trabajador en la manifestación por qué estaba participando la respuesta general era: “sufrimos demasiada presión, no sólo estamos enfadados, estamos agotados”. Se está produciendo una profunda y extensa reacción social de la clase obrera belga. Un ambiente radical en cuestiones laborales junto con uno más general, aunque confuso, de desafío a la sociedad existente y sus dirigentes.

La prensa burguesa se queja de la falta de autoridad de los dirigentes sindicales que parecen dejarse llevar por la base. Algunos editorialistas burgueses recuerdan con nostalgia a aquellos dirigentes sindicales de los años 60 y 70 “que tenían el coraje de enfrentarse a sus militantes”.

Fractura en

el Partido Socialista

La confianza de los trabajadores ha aumentado con estas dos huelgas generales. Se sienten fuertes de nuevo. Después de haber sufrido durante tanto tiempo y luchado tanto, los trabajadores más veteranos pueden ver a los jóvenes luchando de nuevo, eso les da esperanzas. El hecho de que la presión de la base haya conseguido obligar a los dirigentes sindicales a posicionarse ha dado una fuerza renovada a los trabajadores.

La actitud del gobierno es que “no nos moveremos un ápice... el ‘pacto generacional’ debe ser aplicado totalmente”. Después de escuchar a los diferentes ministros hacer sonar los tambores de guerra después de la manifestación, un dirigente sindical cristiano desesperado sólo pudo hacer este comentario: “¿No se dan cuenta, están jugando a un juego peligroso?” Es verdad, sin embargo, que han invitado a los sindicatos a participar en las conversaciones sobre cómo aplicar concretamente este plan. Esto es un truco para distraer a los dirigentes sindicales en cuestiones de “puntos y comas”, pero la presión desde abajo es demasiado fuerte por ahora y es poco probable que a corto plazo pueda haber un acuerdo.

Los dirigentes del PS están criticando abiertamente a los dirigentes sindicales y a la base. Hace unas semanas unos cien activistas sindicales socialistas organizaron una acción frente al congreso del Partido Socialista Flamenco (PSF). A principios de esta semana el presidente del PSF declaró que el sindicato socialista era el aliado objetivo de los liberales (que son socios de derechas en la coalición de gobierno). Por su parte, el principal dirigente del sindicato socialista acusó al Partido Socialista de seducir a los votantes de clase media y volver la espalda a su base social natural, los trabajadores. Incluso el dirigente del sindicato socialista metalúrgico anunció que estaba dispuesto a convocar una huelga general si el gobierno no daba alguna concesión.

Todas estas declaraciones, junto con el “pacto generacional” están teniendo el efecto de fortalecer la decisión de los trabajadores y aumentar el enfrentamiento entre el sindicato y el partido. Los medios de comunicación están hablando del riesgo de una “fractura horizontal en el partido”, sobre todo en el norte; una escisión entre las bases sindicales y los dirigentes, por un lado, y por el otro los dirigentes del Partido Socialista.

Para contrarrestar el efecto de las acciones sindicales el PS ha anunciado una campaña de explicación. ¡La idea era enviar a los cuadros del partido a las fábricas! Os podéis imaginar qué efecto tendría, los delegados sindicales de distintas fábricas anunciaron que les darían la “bienvenida”. Pero abandonaron rápidamente la idea por ser demasiado arriesgada. En su lugar, la dirección del PS ha optado por un medio más seguro de “discutir” con los militantes, enviándoles... un correo electrónico o una carta. Todo esto sin duda está teniendo un efecto dentro de las filas del PS y los sindicatos. También está comenzando la formación de un grupo de izquierdas de sindicalistas dentro del Partido Socialista. Todos los llamamientos de la prensa burguesa y el gobierno a los dirigentes sindicales para que se comporten como hombres de Estado no están teniendo el efecto deseado.

Los trabajadores en la manifestación decían que estaban dispuestos, si era necesario, a salir a otra huelga general. Otros pensaban que era algo inevitable. Una cosa está clara: la lucha de clases se ha convertido en un punto central en Bélgica. Todas las lecciones del pasado serán aprendidas rápidamente por la nueva generación de trabajadores que han comenzado a cuestionar no sólo a los partidos de derechas y a los dirigentes del Partido Socialista, sino también al propio capitalismo.

* El Movimiento Blanco fue un movimiento de masas popular en reacción a la judicatura y el establishment. El origen fue el asesinato de dos niñas. La investigación policial sacó a la superficie toda la podredumbre del aparato del Estado y su verdadera naturaleza.