Corriente Marxista Internacional

Después de ocho meses de intentar llegar a un acuerdo entre los estados miembros, el pasado 13 y 14 de diciembre las conversaciones sobre la constitución de la UE colapsaron. Se han dado excusas diferentes pero las verdaderas causas se encuentran en Después de ocho meses de intentar llegar a un acuerdo entre los estados miembros, el pasado 13 y 14 de diciembre las conversaciones sobre la constitución de la UE colapsaron. Se han dado excusas diferentes pero las verdaderas causas se encuentran en las contradicciones económicas que están surgiendo entre los distintos países de la UE. Estas contradicciones empeorarán con la próxima ampliación, cuando entren toda una serie de países del antiguo bloque del Este.

En esta ocasión los obstáculos han sido España y Polonia, que no están dispuestos a aceptar cambios en el sistema de toma de decisiones que se acordó en la cumbre de Niza de 2000. De acuerdo con ese sistema los dos países cuentan con 27 votos. En el caso de Alemania, que tiene dos veces más población que España o Polonia, en la cumbre de Niza sólo se le asignaron 29 votos. Esto daría al gigante alemán un peso específico más o menos similar al de la pequeña Polonia.

Berlín y París, obviamente, no están dispuestas a ver reducida su capacidad de toma de decisiones y por eso apoyan el borrador de constitución redactado por Valéry Giscard d’Estaing, el antiguo presidente francés, que asigna “doble voto mayoritario” en aquellas decisiones que necesitan el apoyo de la mitad de los países de la UE, representando al 60 por ciento de la población de la Unión Europea. Este proyecto fortalece claramente a los países más grandes como Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña y, por supuesto, permitiría a Francia y Alemania decir muchas cosas en el desarrollo de la política de la UE.

Las razones fundamentales del fracaso son las crecientes contradicciones que existen entre los estados miembros de la UE. Éstas se han exacerbado debido a la prolongada crisis económica que ha atravesado Europa. Pero hay mucho más. Los diferentes estados miembros están defendiendo políticas exteriores contradictorias. En la guerra de Iraq, Polonia y España han aplicado una política exterior diferente a la de Francia o Alemania, apoyando totalmente al imperialismo estadounidense.

Las contradicciones aumentan

Cuando Alemania estaba en el punto álgido del boom económico podía tolerar una UE donde ella era la principal contribuyente a los fondos centrales, que eran utilizados para subvencionar a las zonas más pobres de la Unión Europea. Ahora Alemania está poniendo exigencias al presupuesto de la UE. Quiere frenar el gasto y reducir sus propias contribuciones a los fondos centrales.

Esto es una indicación de cómo funcionará en el futuro la “diplomacia”. Ya no veremos el terciopelo azul. Más bien veremos amenazas y enfrentamientos abiertos en una situación donde los países más fuertes utilizarán su fuerza, con buenas o malas maneras, para dominar a los demás.

Esta situación quedó demostrada con el colapso del desafortunado “Pacto de Crecimiento y Estabilidad” unas semanas antes de la debacle de la constitución. Cuando la economía alemana estaba en auge y la burguesía tenía confianza, insistió en insertar una cláusula en este pacto que establecía duras multas para aquellos países con un déficit presupuestario superior al límite del 3% del PIB.

El año pasado Portugal superó el límite y fue multado. El problema es que el déficit presupuestario ha crecido en la mayoría de los países de la UE. Este año Francia y Alemania verán como su propio déficit superará el 3% establecido en el acuerdo de Maastricht, alcanzando la cifra del 4%. Pero ahora todo cambia, ¿quién va a imponer las reglas a los grandes?

Como hemos señalado, la tensión interna dentro de la UE tiene sus paralelismos con la ruptura de todos los organismos internacionales creados desde la Segunda Guerra Mundial. En los últimos tiempos la mayoría de las cumbres de estos organismos han terminado en fracaso: Cancún, Doha, Seattle, el Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN, las recientes cumbres de la UE. Todo esto es un reflejo del cambio que está teniendo lugar en las relaciones entre las potencias mundiales, tanto a escala global como local. Todo el orden mundial conseguido tan cuidadosamente después de la Segunda Guerra Mundial está resquebrajándose.

En Europa cada uno de los países intenta conseguir una mayor parte del pastel.

Aquí es donde vemos las contradicciones de Maastricht, el Pacto de Crecimiento y Estabilidad, etc. Estos pactos han reducido el margen de maniobra de cada uno de los estados miembros. La introducción del euro ha obligado a las economías, que están en niveles totalmente diferentes (Grecia y Alemania son dos claros ejemplos) a aplicar la misma política. Esto está empeorando la crisis económica que padece Europa. Ahora hay que añadir las presiones que sufre Europa debido a la devaluación del dólar y que está dificultando las exportaciones a EEUU.

La introducción del euro ha significado que las economías capitalistas más débiles, como Italia o Grecia, ya no puedan utilizar la devaluación de su moneda para impulsar sus exportaciones. El euro se ha convertido en una pesadilla, no sólo para las familias trabajadoras, también para sectores de las clases medias. El movimiento hacia una moneda común ha demostrado ser incapaz de superar una de las contradicciones fundamentales del capitalismo: el estado nacional, con los diferentes intereses de las burguesías nacionales.

El PIB europeo creció sólo un 0,4% anual en el último trimestre, la producción industrial cayó un 1,8% anual hasta septiembre. Alemania, la economía más poderosa del viejo continente, está arrastrándose, con un crecimiento anual del 0,9%. Aunque las últimas cifras presentan un panorama mejor, el PIB alemán ha caído un 0,2% en el último trimestre. La economía francesa también lleva dos años y medio de desaceleración.

En la actualidad la mayoría de los países que están dispuestos a entrar en la UE (principalmente europeos del este) están disfrutando de tasas de crecimiento más elevadas que la media de la UE. Pero este crecimiento llega después del colapso de sus economías. Para sostener este crecimiento intentan integrarse en el mercado de la UE. Pero este crecimiento no durará. De nuevo The Economist se ve obligado a revelar la verdadera situación:

“Cualquier país de Europa central que relaje su tasa de crecimiento verá como se avinagran los placeres de la pertenencia a la UE. Que el país acepte las reglas y costes del club significará que los ingresos por persona seguirán por debajo de la media y que incluso pueden caer en términos relativos”.

Ya podemos predecir cual será el leitmotiv de cada uno de los gobiernos de estos países: reducción de las pensiones, salarios y servicios sociales, privatización y liberalización total de sus mercados. Todo, por supuesto, justificado con el gran sueño de Europa. El escenario está preparado para una explosión de la lucha de clases, en el Este y en Occidente.

¿Una Europa de

‘dos velocidades’?

Después de este último fracaso en la cuestión de la constitución europea y con el colapso del Pacto de Crecimiento y Estabilidad, todo parece indicar que nos dirigimos hacia una Europa de muchas velocidades, formada por una federación más amplia (los 25 miembros de la UE) y por un núcleo de estados más fuertes encabezados por Alemania y Francia. Schröder ha hablado de una Europa de “dos velocidades”, mientras que Chirac hace referencia a un “grupo pionero”. Sin embargo esta solución no resolvería ningún problema, más bien preparará nuevos conflictos.

Algunos de los gobiernos nacionales (por ejemplo España, Italia y los demás países que están alineándose en la llamada “nueva Europa”, como le gusta decir a Bush) obviamente han sacado la conclusión de que la UE no es un barco tan seguro y que después de la guerra de Iraq el crucero estadounidense es más poderoso. Estos países empujan en dos direcciones. Por un lado quieren basarse en EEUU como un contrapeso a los dos países más poderosos de la UE, pero por otro lado no pueden hacer nada sin estos dos potencias, así que permanecen indisolublemente unidos, desde un punto de vista económico, al resto de Europa.

Aquellos países que se unieron al euro se encuentran ahora ante un dilema. Está claro para todas las clases dominantes nacionales que abandonar ahora el euro sería un desastre. Representaría un paso atrás enorme y el colapso de la esencia misma de la UE. Esto significa que tendrán que seguir unidos. Son como quince gatos peleándose entre sí. Se pueden arañar pero deben permanecer juntos. Las burguesías italiana, griega, española o portuguesa no pueden sobrevivir fuera del euro.

Perspectivas

Por toda Europa, ya sea la “derecha”, el “centro” o la “izquierda” quien esté en el poder, todos los gobiernos están atacando las conquistas de la clase obrera. Sin embargo, los empresarios en Europa se están enfrentando a una clase obrera invicta y organizada en poderosos sindicatos. Si los capitalistas europeos han conseguido algunas victorias temporales y han logrado imponer toda una serie de recortes, sólo se debe al papel de la dirección de los sindicatos y partidos de izquierda. Éstos últimas todavía viven en el pasado y creen que es posible algún tipo de acuerdo. Creen que si consiguen concesiones ahora podrán evitar una reacción más grande en el futuro. Estos dirigentes no comprenden nada. No entienden la época en la que hemos entrado. En la actualidad hay una crisis general del sistema. Los capitalistas están obligados a presionar a la clase obrera, hoy toman un centímetro pero mañana tomarán un kilómetro.

A través de una experiencia dolorosa la clase obrera lo comprenderá. También entenderá la necesidad de cambiar a estos dirigentes y sustituirlos por verdaderos luchadores de clase. Los trabajadores intentarán defender las conquistas del pasado. Una pensión decente es un derecho no una concesión caritativa de los empresarios. Los trabajadores han trabajado y pagado para tener pensiones. No van a renunciar sin luchar. La lucha continuará de forma inexorable. Cada ataque se encontrará con un contraataque. A través de la lucha por la defensa de sus pensiones, salarios, empleos y condiciones laborales, los trabajadores llegarán a la conclusión de que este sistema está enfermo. Comprenderán que es necesario derrocar a esta Unión Europea capitalista corrupta y sustituirla por los Estados Unidos Socialistas de Europa.


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