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Tras su nueva victoria electoral, Zapatero anunció que gobernaría, sobre todo, para los que menos tienen. Este mensaje fue repetido en su investidura, donde aseguró que no reduciría el gasto social de su gobierno. Días antes, en los debates electorales contra Rajoy, el presidente trató de contraponer a su contrincante los logros del PSOE en educación, recordando que su ley educativa (LOE) sí iba acompañada de una memoria económica (no como la LOCE del PP). Pero resultaba llamativo que Zapatero en ningún momento mencionara específicamente a la educación pública, sólo a la educación en general. Esta omisión no es un detalle ni muchísimo menos, y los cuatro años de gobierno PSOE explican por qué el candidato socialista olvidó distinguir entre pública y privada.

Tras su nueva victoria electoral, Zapatero anunció que gobernaría, sobre todo, para los que menos tienen. Este mensaje fue repetido en su investidura, donde aseguró que no reduciría el gasto social de su gobierno. Días antes, en los debates electorales contra Rajoy, el presidente trató de contraponer a su contrincante los logros del PSOE en educación, recordando que su ley educativa (LOE) sí iba acompañada de una memoria económica (no como la LOCE del PP). Pero resultaba llamativo que Zapatero en ningún momento mencionara específicamente a la educación pública, sólo a la educación en general. Esta omisión no es un detalle ni muchísimo menos, y los cuatro años de gobierno PSOE explican por qué el candidato socialista olvidó distinguir entre pública y privada.

Antes de 1993, el Estado destinaba el 4,9% del PIB para la educación. Desde entonces la inversión ha sufrido una caída en picado que el gobierno del PSOE no ha enmendado. En 2004 el PP dejó como herencia a Zapatero un 4,39% del PIB para la educación. En 2007 este porcentaje había descendido aún más, hasta el 4,36%. Puede parecer una pequeña caída, pero esas tres centésimas significan 315 millones de euros menos de inversión, sin olvidar que estos años han sido la cúspide de un boom económico. Ahora que todos los economistas serios alertan de que la actual crisis económica será más severa que las anteriores, la pregunta es obvia: ¿Para qué invertir en la formación de los jóvenes?
Mientras, el dinero destinado a subvencionar los centros privados concertados ha crecido. Así, si en 1992 el 9,1% del gasto educativo se destinaba a cubrir los conciertos educativos, en 2005 el porcentaje había subido al 11,2%. Sólo ese año se entregó a la patronal (es decir, a los obispos) 4.353 millones de euros, dinero muy necesario para la educación pública. Por supuesto, ésta es sólo una parte del total que reciben.
Si en inversión en educación estamos en el puesto vigésimo octavo de la OCDE, en porcentaje de esa inversión destinada a instituciones privadas somos los quintos.

La educación infantil, en grave peligro

Un claro ejemplo ha sido cómo se ha garantizado la gratuidad de la educación infantil. No ha sido a través de la oferta pública ni muchísimo menos. De hecho, mientras que en el curso 2006/07 los centros públicos de educación infantil aumentaban en un 1,4%, los privados lo hacían un 3,8%, ¡más del doble! Pero el curso anterior el incremento había sido del 2,5% y 3,5%, respectivamente. Es decir, la diferencia se acrecienta. El ministerio, por supuesto, ha permitido a las comunidades autónomas actuar sin ningún problema, y la jerarquía de la Iglesia se frota las manos porque la infantil es una etapa crucial para hacer cantera e incrementar el negocio de la educación privada.
Además, durante la campaña electoral, ante las quejas de la FERE (principal patronal religiosa) de que había que revisar la financiación de la concertada para "modernizarla y equipararla a la pública", el entonces secretario general de Educación, Alejandro Tiana, respondió afirmativamente y se comprometió a iniciar una "comisión de conciertos" ya que "el sistema de conciertos es el más adecuado en las circunstancias en las que estamos para el cumplimiento del derecho a la Educación" (Magisnet 02/04/2008).
El propio Zapatero anunció en el debate electoral una verdadera aberración: las guarderías en los centros de trabajo si las trabajadoras lo solicitan. Para empezar, el propio término "guardería" indica un regreso a la concepción asistencial de la educación infantil propio de la derecha (en lugar de entender este tramo como una etapa educativa para desarrollar al niño, se considera una mera ayuda, servicio, que se ofrece a las familias). Pero además, en lugar de apostar por centros públicos de infantil con profesionales cualificados para dar una educación de calidad, se incentiva que en cualquier taller o garaje se puedan almacenar a los niños. Un modelo cercano a la fábrica paternalista del siglo XIX que desde luego traerá grandes beneficios, ayudas y subvenciones a las empresas.


Se adelanta el abandono escolar

Ya es del todo conocida la caída anual constante de estudiantes que se matriculan en la universidad, a pesar de las grandes necesidades sociales existentes. Pero es menos conocido otro dato aún más terrorífico: la caída constante de los estudiantes que se matriculan en la enseñanza secundaria obligatoria (ESO) y en el bachillerato. En la ESO en el curso 2005/06 la caída respecto al curso escolar anterior fue de 10.067 alumnos, en el 2006/07 de 11.218. En el  bachillerato, 8.775 y 10.477 respectivamente, también incrementándose año a año. Sin embargo, en estos años la población en edad escolar ha aumentado de forma notable, sobre todo por la llegada de estudiantes inmigrantes. No podemos olvidar que sin el bachillerato no se puede acceder ni a la universidad, ni tampoco a los ciclos formativos de grado superior. Hoy por hoy, el título de bachillerato es indispensable para poder aspirar a un puesto de trabajo mínimamente digno. No hablemos del futuro de un joven sin el título de ESO.
El gobierno ha descubierto que no se necesitan itinerarios educativos "legales" para segregar a los estudiantes. Hoy por hoy, se anima a los estudiantes a que dejen de estudiar. Como el actual mercado laboral ofrece salidas laborales a los 16 años, la falta de expectativas de futuro hace el resto. Pero un aumento del paro se cebará precisamente con más fuerza en estos sectores. La ESO y los ciclos formativos de grado medio en la educación pública pueden convertirse con mucha facilidad en "almacenes de parados" como sucedía con la Formación Profesional de los años 80. En ese contexto, las presiones de la reacción para que se renuncie a la educación obligatoria hasta los 16 años serán muy fuertes.
La derecha ya ha azuzado el veneno del racismo y la xenofobia. Rajoy en la campaña electoral señalaba abiertamente a los inmigrantes como responsables de la degradación de los servicios públicos. Lo cierto es que en 2007 ya superaban los 600.000 estudiantes (un 14,5% más que el curso anterior) mientras que la inversión ha caído. Por supuesto, los centros privados concertados se han negado a matricular a estudiantes inmigrantes, concentrándose en la pública (el 80,9% en 2003, el 82,5% en 2007). Tenemos que denunciar bien alto que ¡ellos no son los responsables del deterioro de la educación pública, sino la falta de inversión y la propia existencia de la educación privada concertada! Ya hay centros públicos que son verdaderos guetos y si esta tendencia continúa este fenómeno se profundizará.
La responsabilidad de la situación descansa principalmente en el gobierno y en los dirigentes sindicales. CCOO, STEs, UGT y CEAPA no pueden permitir una reducción del gasto público y la inversión. Tienen que responder a los argumentos reaccionarios de la derecha y movilizar para defender la educación pública. Desde luego, en ese camino se encontrarán con el Sindicato de Estudiantes y con la respuesta de la mayoría de la comunidad educativa. Para las familias obreras la educación pública (garantizar un futuro digno para sus hijos) no es ninguna tontería. Una y otra vez han demostrado que defenderán esta conquista del movimiento obrero con uñas y dientes.