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Alcorcón no es racista. Basta de ataques a la juventud. Basta de manipulación  

El sábado 27 de enero se produjo en Alcorcón una pelea entre jóvenes en la que hubo varios heridos, algunos de ellos muy graves. Al día siguiente, cientos de jóvenes se concentraron espontáneamente para condenar la violencia. La presencia de algunos infiltrados fascistas dio la excusa perfecta a la policía para disolver a porrazos la concentración y no sólo eso: Inmediatamente, los medios de comunicación iniciaron una campaña salvaje que trataba de demostrar que los acontecimientos en Alcorcón eran un brote racista y xenófobo producto del enfrentamiento de bandas latinas contra jóvenes nativos. "La verdad fue muy distinta", nos contaba un estudiante: "yo fui a la concentración, y fui para pedir que no hubiese delincuencia en Alcorcón. ¡No era una concentración racista! Allí estábamos negros, magrebíes y también latinos".

Mentiras de los medios

Sin embargo, para los medios de comunicación la realidad era otra. Desde luego, los medios vinculados al PP atronaron histéricos clamando contra las bandas juveniles y exigiendo policía, pero no sólo ellos. Así, un periódico como El País, al que se le da muchas veces una aureola de "progresismo" (pero que no es más que el órgano de expresión de un sector muy importante de la burguesía) hablaba el lunes de "revuelta juvenil en Alcorcón" y "pelea entre bandas, españoles por un lado y latinoamericanos por otro" y el martes de "brote de xenofobia" y "venganza contra bandas de latinoamericanos".
El mismo lunes, distintas asociaciones de la ciudad hacían un llamamiento para celebrar una manifestación para el sábado 27 en la que demostrar su repulsa a la pelea que se había producido, a la vez que para desmentir que los jóvenes de Alcorcón fuesen violentos y racistas. Las mentiras mediáticas y la situación política de profunda polarización social entre la izquierda y la derecha podía provocar que, si las organizaciones de izquierdas y el Ayuntamiento (gobernado por el PSOE e IU), se hubiesen puesto a la cabeza de este movimiento, hubiera habido una movilización con un calado mucho más profundo: la inmensa mayoría de la sociedad, de izquierdas, mostrando su rechazo a las mentiras y la manipulación de la derecha.
Precisamente, durante el día aparecieron mensajes de grupos fascistas de todo el Estado "sumándose" a la convocatoria y dotándola de un contenido racista. Estos grupos lo único que perseguían era manipular el dolor de los jóvenes para inocular su veneno xenófobo y reaccionario en la ciudad. Los medios de comunicación, como El País, amplificaron la voz de los fascistas, publicando íntegramente sus mensajes (‘Grupos de ultraderecha convocan contra los inmigrantes', 23/01/07) mientras silenciaban por completo las voces mayoritarias que, desde la izquierda, trataban de demostrar el verdadero carácter de la clase obrera y la juventud de Alcorcón.
La línea marcada por el editorial de este mismo periódico, Bandas y racismo, el 23 de enero, mentía interesadamente. Equiparaban a los grupos fascistas con los jóvenes de Alcorcón y advertían contra los "pirómanos" que trataran de utilizar esta situación "alentando las más bajas pasiones de los jóvenes".
Realmente las preocupaciones de El País y la burguesía no estaban en el racismo, o en los fascistas, sino que temblaban ante la perspectiva de que el clima creado en Alcorcón fuera una chispa que impulsara a la clase obrera y a la juventud de la ciudad a tomar las calles para protestar por sus condiciones de vida y contra la derecha y todo lo que ésta representa. Así, dando alas a los grupos fascistas, magnificándolos y utilizándolos, El País apostaba por "una acción policial severa" que pasaba, como a partir del martes podríamos ver, por imponer un estado de sitio en la ciudad.
Manifestación unitaria
de la izquierda

Desde el Sindicato de Estudiantes pensamos que la mejor forma de contrarrestar la situación era convocar una gran movilización unitaria de la izquierda, aislando por completo a la derecha y a los elementos fascistas. Así, hicimos un llamamiento a la unidad de acción a todas las organizaciones progresistas.
Para presionar en esa dirección y dar un cauce organizado a la necesidad que teníamos los jóvenes de salir a la calle, inmediatamente, convocamos huelga y concentración de todos los institutos de la ciudad para ese mismo viernes 26 de enero, para denunciar la manipulación de los medios de comunicación, dejar claro que Alcorcón no era racista y que de ninguna manera los jóvenes de Alcorcón íbamos a permitir que el sábado ningún grupo fascista se acercase a la ciudad.
Ese mismo martes, demostrando la enorme presión que existía para responder organizadamente a las calumnias de la derecha, el alcalde convocó a todas las asociaciones, sindicatos y grupos políticos a un acto donde discutir las acciones a emprender. En la puerta del teatro, donde se iba a realizar la reunión, un grupo de jóvenes repartían una hoja sin firmar en la que pedían que el miércoles se celebrase una concentración por la convivencia, contra el racismo y la manipulación. Era una prueba más de que nuestros planteamientos de convocar una movilización de la izquierda respondían al sentir de la juventud.

A la reunión, presidida por el alcalde, asistieron más de medio millar de personas de toda la ciudad. El Ayuntamiento planteaba que "ante el clima de crispación, lo más responsable es no participar en manifestaciones estos días". En el turno de palabras, el primero en hablar fue un joven que defendía salir a la calle e hizo un llamamiento a participar en la concentración del miércoles. Luego intervino el PP, exigiendo más policía. Su intervención fue rechazada por la inmensa mayoría de los asistentes que exigieron que se callara, sin embargo, el Alcalde tomó la palabra para demostrar que su política policial superaban por la derecha los planteamientos del PP: "Desde que comenzó la legislatura hemos aumentado la plantilla policial un 87%, la recomendación europea es un policía cada mikl habitantes, aquí tenemos 1 cada 357".
La intervención del SE, criticando la manipulación informativa, las reivindicaciones de la derecha y los planteamientos de la alcaldía de no convocar ni participar en ninguna movilización, polarizó la sala: Gritos histéricos de la derecha, intentos del Alcalde de que nos calláramos y aplausos y ovaciones de un amplio sector de la sala. Finalmente hicimos un nuevo llamamiento a convocar una movilización masiva de la izquierda como la mejor manera de aislar a los fascistas, e informamos de la convocatoria del Sindicato de Estudiantes para ese viernes. La sala volvió a aplaudir y diez jóvenes situados en una esquina de la sala levantaron el puño para saludar nuestra intervención.
Sin embargo, los dirigentes del PSOE, IU, UGT y CCOO no querían ni oír hablar de una movilización ya que ésta sería masiva, y los asistentes no aceptarían la presencia del PP, que claramente era percibido como el enemigo de los trabajadores y jóvenes de Alcorcón, y obligaría al Ayuntamiento a denunciar el papel manipulador de la prensa, el papel reaccionario de la policía, etc. En definitiva, cuestionar pilares importante de la sociedad capitalista.

Estado policial

El miércoles celebramos una primera asamblea de estudiantes con varias decenas de jóvenes volvía a demostrar lo alejados que se encontraban los dirigentes del PSOE, IU, CCOO y UGT del sentir de la juventud y de la realidad. Pero las tesis del Ayuntamiento se concretaron en una campaña de represión salvaje en los institutos: Se prohíben las asambleas, nos impiden repartir propaganda, se amenaza a los estudiantes...
La policía también se empleó a fondo, fomentando un clima de criminalización contra la juventud y de persecución a nuestros derechos democráticos: iban instituto a instituto planteando que no había huelga ni concentración. ¿Quién es la policía para desconvocar una huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes o cualquier otra organización de izquierdas? ¡Era inaudito! ¡No se producía algo así desde la dictadura franquista! Aun así no faltaron los estudiantes dispuestos a romper con la censura y el bloqueo policial e introducir la propaganda y las propuestas del Sindicato de Estudiantes en los institutos.
La concentración anunciada para el miércoles, a la que cientos de jóvenes tratamos de asistir, fue desconvocada por la fuerte presencia policial: Las bocas de metro tomadas por antidisturbios, coches patrulla en cada rotonda... La policía impedía a los jóvenes acercarse al lugar donde se tenía que celebrar la concentración.
Mientras tanto, la Delegación del Gobierno ilegalizaba también nuestra concentración, argumentando que era la única manera de evitar problemas. Utilizaban el argumento de la posible presencia de fascistas. Es decir, ¡los SMS de un grupo de fascistas eran capaces de anular derechos fundamentales de la clase obrera, como el derecho a manifestación! Desde luego, estábamos convencidos de que, de haber algún problema con los fascistas, nuestro servicio de orden junto al apoyo de la población de Alcorcón, lo hubiera evitado. Pero, ¿cómo es posible que un gobierno de izquierdas, en lugar de ayudar e impulsar a aquellos que se movilizan contra los fascistas y el racismo, lo que hace es ilegalizar nuestra concentración? Reaccionamos manteniendo la convocatoria, recurriéndola ante los tribunales y volcándonos en explicar a la clase obrera de Alcorcón lo que estaba sucediendo. Así, en la tarde del jueves, en previsión de que la campaña de mentiras sobre nosotros se intensificase, organizamos grupos para, eludiendo los constantes controles policiales, pegar 2.000 de carteles por las calles principales y lugares de más afluencia de la ciudad, dejando clara nuestra postura sobre lo que estaba sucediendo esos días y para desmentir la anulación de nuestra convocatoria.

26 de enero: Concentración del Sindicato de Estudiantes

El viernes la huelga fue total. Cerca de un 80% de los estudiantes secundaron la movilización pese a los exámenes, las mentiras sobre la desconvocatoria, la represión y las puertas cerradas y pese a los destacamentos policiales desplegados en los institutos y por el centro de la ciudad para intimidar y amedrentar.
Mientras tanto los jueces demostraban su "independencia". Ante el recurso presentado por el Sindicato de Estudiantes, aunque el fiscal se mostró favorable a nuestros argumentos y en su opinión nuestra concentración podía celebrarse, los jueces lo rechazaban. Evidentemente, recibían órdenes directas del Ministerio del Interior.
Para evitar cualquier posible duda, la policía desplegó 13 lecheras en la plaza del Ayuntamiento que impedía el acceso a la misma a cualquier joven. Para cubrirse las espaldas, el Ayuntamiento a la misma hora de la concentración del Sindicato de Estudiantes convocaba una rueda de prensa para presentar un manifiesto (que la tarde anterior buzonearon masivamente por todas las casas) firmado por varias asociaciones de la ciudad haciendo un llamamiento por la concordia y la tolerancia. Como muestra de la enorme polarización existente, pese al contenido edulcorado del manifiesto, el PP se había negado a firmarlo.
Como ya sabíamos que habría un dispositivo policial incluso superior al del miércoles por la noche, decidimos hacer grupos lejos de la cita que aparecía en los panfletos para poder ir agrupándonos poco a poco. Según nuestros cálculos, alrededor de 500 estudiantes trataron de acceder desde distintas partes y horas a la plaza del Ayuntamiento, siendo repelidos por la policía. Aunque nos impidieron manifestarnos, la repercusión social y la importancia de esta convocatoria no ha caído en saco roto. Nos prohibieron concentrarnos, nos requisaron la propaganda, nos pidieron los DNI, pero todo ello ante las simpatías de la población de Alcorcón que nos pedía las hojas, alucinaba con la actitud chulesca de la policía, rememoraba tiempos felizmente pasados, y nos daba ánimo.

Por una movilización de la izquierda el 15 de febrero

El sábado no hubo ni rastro de fascistas. Jóvenes y trabajadores volvieron a intentar concentrarse pacíficamente. El clima de estado de sitio estaba encrespando los ánimos de los trabajadores. El viernes habían comprobado como la policía se ensañaba con jóvenes adolescentes que sólo querían ejercer de manera pacífica sus derechos democráticos. Cientos de trabajadores, de amas de casa, de jubilados, de pequeños tenderos, vieron a sus hijos y nietos cacheados, puestos contra la pared, humillados... El sábado por la tarde la policía recibió silbidos y abucheos por parte de los propios vecinos a los que decían defender. Para colmo esa misma tarde en el centro de Madrid los fascistas se concentraban con el permiso de la delegada del Gobierno, frente al teatro donde representaba su obra Leo Bassi. ¡A los fascistas no se les ilegalizaba! ¿Pero no era el estado de sitio precisamente para defender a los jóvenes y trabajadores de Alcorcón de las posibles agresiones fascistas?
El estado de sitio realmente respondía al temor de los dirigentes del PSOE, IU, UGT y CCOO a una movilización masiva de la clase obrera y de la juventud, que les hubiera desbordado. El despliegue de la policía tenía como único objetivo evitar esa perspectiva. Sin la policía, la concentración del Sindicato de Estudiantes hubiera sido masiva y la presión sobre el Ayuntamiento para que convocara una gran manifestación se habría multiplicado por mil, con los efectos que ésta hubiera tenido de más polarización..., pero no en líneas de "españoles" contra inmigrantes, sino en líneas de clase: izquierda / derecha.
El descontento sigue estando presente. Continúa la manipulación de los medios y la crimininalización de la juventud. Por eso el Sindicato de Estudiantes se mantiene firme en sus planteamientos. Hacemos una propuesta al movimiento: Con el Ayuntamiento a la cabeza, el PSOE, IU, CCOO y UGT tienen que convocar junto con el Sindicato de Estudiantes y las demás organizaciones y asociaciones de izquierdas, una gran movilización masiva, sin el PP y sin la derecha.
En concreto, el Sindicato de Estudiantes propone la celebración de esta movilización para el próximo jueves, 15 de febrero. Sin embargo, si los dirigentes de las organizaciones hacen caso omiso de esta propuesta y al sentir de una inmensa mayoría de jóvenes y trabajadores de la ciudad, desde luego no nos quedaremos de brazos cruzados y ese día los estudiantes de Alcorcón participarán masivamente en una nueva huelga general de estudiantes y en una manifestación que discurrirá por las principales calles de la ciudad.

La lucha siguE
· Basta de agresiones fascistas, basta de criminalizar a los jóvenes
· Defendamos nuestros derechos democráticos
· Nativa o extranjera:
la misma clase obrera

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De cómo nos impidieron concentrarnos...

Así nos hablaba uno de los jóvenes que la mañana del 26 de enero quería manifestarse en Alcorcón: "Yo me encontraba en uno de los puntos que acordamos para tratar de eludir el cordón policial. Allí nos reunimos cerca de treinta estudiantes. Antes de salir hacia el Ayuntamiento hicimos un breve balance de lo que habían sido estos últimos días y lo importante de haber continuado con la convocatoria pese a todos los obstáculos y represión". Seguía explicándonos que "asumimos que sería poco probable llegar a la cita del Ayuntamiento, y es que esa mañana llegamos a ver que en alguna boca de metro había estacionados hasta ocho furgones antidisturbios... Aun así emprendimos el camino.
Inmediatamente nos encontramos con el primer control de policía, que pudimos superar, eso sí, mostrando primero los DNI. Pero... cien metros después aparecieron dos lecheras repletas de antidisturbios que nos pusieron contra la pared, nos cachearon e intentaron intimidar. Como ya habíamos hablado sobre esa posible situación, ninguno de nosotros se sintió desconcertado o temeroso. La policía nos dijo que "o íbamos al metro o nos disolvían por la fuerza". En Alcorcón estos días no sólo estaba prohibido acercarse al Ayuntamiento, sino también celebrar reuniones de más de diez personas (¡!). Tras no mucho tiempo frente a la policía apareció también encima nuestro un helicóptero. Nosotros, pese a la tensa situación, no podíamos más que reírnos, y es que pensábamos lo peligrosos y el miedo que debíamos dar 30 jóvenes de entre 14 y 23 años, que hasta un helicóptero tenía que vigilarnos.
Finalmente "accedimos" a ser "escoltados" hasta el metro, donde hicimos una breve asamblea de balance".