Corriente Marxista Internacional

Ha sido desestimada la querella interpuesta por Israel Galve Maldonado, un conocido fascista de Guadalajara, contra Rubén Fernández, dirigente estatal del Sindicato de Estudiantes. Esta decisión judicial ha sido fruto directo de la presión ejercida p Ha sido desestimada la querella interpuesta por Israel Galve Maldonado, un conocido fascista de Guadalajara, contra Rubén Fernández, dirigente estatal del Sindicato de Estudiantes. Esta decisión judicial ha sido fruto directo de la presión ejercida por la campaña contra las agresiones fascistas lanzada en el mes de marzo por nuestra organización. Se ha frenado así un gravísimo ataque contra nuestros derechos democráticos encaminado a desarticular toda respuesta organizada contra la violencia ultraderechista.

Como hemos venido informando desde las páginas de El Militante, todo empezó cuando Israel Galve intentó asesinar en febrero de 2005 a un joven de izquierdas. Tras esta brutal agresión, se generó en Guadalajara un movimiento de protesta en el que jóvenes y trabajadores exigieron el fin de la impunidad con el que los fascistas habían estado actuando durante meses. Gracias a este movimiento se creó un clima de aislamiento hacia los fascistas que limitó sus agresiones y su actividad.

Que se terminara con la impunidad de estos elementos se convirtió en un clamor popular, pero lejos de ser atendidas estas reivindicaciones nos encontramos con todo lo contrario. Lo primero fue soltar a Israel Galve de la cárcel mientras esperaba su juicio, después fue aceptar a trámite las querellas que éste interpuso contra Rubén y otros dos compañeros, alegando calumnias e injurias y pidiendo dos años de cárcel por organizar la movilización contra la agresión de febrero de 2005. En ese momento comenzamos la campaña. Por la forma de actuar de algunos jueces parecía que su interés fuera castigar la movilización contra el fascismo en lugar de condenar un intento de asesinato perpetrado por un fascista criminal.

La sentencia nos da la razón

La campaña fue un éxito desde el primer momento. Los jueces no han podido ignorar a los 33.362 sindicalistas, profesores, representantes de asociaciones de padres, representantes estudiantiles, concejales y diputados de la izquierda, consejeros escolares y demás personalidades que han suscrito el manifiesto de la campaña, muchos de los cuales han enviado resoluciones de protesta directamente al fax del juzgado. Después de toda esta campaña, el texto de la resolución del juez lo deja claro: no hay un delito de calumnias “porque el proceso penal para la investigación del apuñalamiento imputado al Sr. Galve está en trámite, y en el curso del mismo se dictaron medidas cautelares de carácter personal contra él, por lo que parece que existen indicios serios y racionales de de la implicación del mismo en tales hechos” y que tampoco lo hay de injurias porque de las declaraciones del compañero “no se deriva que existiera un animus iniuriandi, sino el ejercicio legítimo de un derecho de libertad de expresión en el ámbito de la crítica política, y del derecho a la información”.

Gracias a la campaña, un ataque destinado a dar un escarmiento a todos los que luchamos por nuestros derechos y contra las bandas fascistas, se ha convertido en todo lo contrario, significando un duro golpe contra la impunidad con la que los fascistas están actuando.

Pero el ataque que hemos sufrido en Guadalajara no es un hecho aislado. Como una epidemia, las agresiones fascistas se vienen reproduciendo por todo el Estado español. Esto no está sucediendo al margen de la situación política actual. Desde las elecciones generales del 14 de marzo en las que la derecha no ha reconocido su derrota el PP no ha parado: se han movilizado contra los gays, contra la devolución de los papeles robados por Franco en Catalunya tras la guerra civil, para defender los privilegios de la Iglesia Católica en el sistema educativo, contra los catalanes y contra los vascos, tratando de extender el nacionalismo españolista y enfrentar a los pueblos… Esta actuación es la que está dando alas a los grupos fascistas. Es la derecha la que incentiva el odio entre naciones, el odio contra los inmigrantes, el odio a la juventud… Los jóvenes no somos violentos, la derecha y los fascistas sí.

Más agresiones: hay que responder de forma organizada

A los casos que hemos venido denunciado en ciudades como Valencia, Valladolid, Talavera, Madrid, Salamanca, León, El Ejido, Torrejón, Sabadell o Zaragoza, hay que sumar la agresión sufrida por los compañeros de la Unión de Juventudes Comunistas en las fiestas de Alcalá de Henares en Madrid, en la que 15 fascistas irrumpieron en su caseta e hirieron a tres miembros del PCE. En esta ocasión, queda bien claro que la impunidad con la que actúan en muchos sitios las bandas fascistas la terminan pagando los jóvenes y trabajadores de izquierda. En esta ocasión, la amenaza de una agresión se veía venir y, desde hacía días, la policía estaba avisada de esta posibilidad. Los atacantes habían estado toda la noche en la caseta de Falange, donde habían estado lanzando vivas a Hitler y amenazas a “los rojos”, en una actitud claramente provocadora. La policía no hizo nada.

Es evidente que no podemos confiar ni en la policía ni en los jueces para defendernos de las agresiones fascistas. Sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas, en los trabajadores y en los jóvenes organizados para hacer frente a esta lacra. Así es como también hemos defendido nuestra caseta en la Feria de Málaga este mes de agosto. Un compañero del Sindicato de Estudiantes fue agredido por un grupo de fascistas que le golpearon con un puño americano. Inmediatamente, en plena feria, lanzamos una campaña de explicación en la que denunciábamos esta agresión, intentado que fuera secundada por el máximo de organizaciones de la izquierda. Días después, los fascistas vinieron a provocar a la caseta que tiene puesta El Militante. Los compañeros consiguieron echarles apoyándose en la gente que estaba tomando algo en la caseta. Sin duda, la campaña lanzada días antes facilitó esta magnífica respuesta por parte de la gente.

Como queda demostrado, no podemos ceder ante los fascistas. El fascismo siempre ha sido un instrumento al servicio de los sectores más reaccionarios de la sociedad. Su único objetivo es amedrentar al movimiento obrero y a la juventud, desorganizarnos e impedir que luchemos. La única garantía para acabar con estas agresiones es la organización y la movilización de los jóvenes y trabajadores.


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