Corriente Marxista Internacional

Hace dos años, los jóvenes jugamos un papel muy importante en la lucha contra la derecha. Salimos a la calle no sólo para denunciar las leyes reaccionarias que Aznar quería imponer en el sistema educativo (como la LOU o la LOCE), o para protestar co Hace dos años, los jóvenes jugamos un papel muy importante en la lucha contra la derecha. Salimos a la calle no sólo para denunciar las leyes reaccionarias que Aznar quería imponer en el sistema educativo (como la LOU o la LOCE), o para protestar contra la guerra imperialista en Iraq, sino que también rechazábamos las condiciones de vida que el sistema capitalista nos obligaba a sufrir: precariedad, explotación y represión. El 14 de marzo elegimos un gobierno de izquierdas para que cambiara drásticamente la política. Desde entonces la derecha ha tomado la iniciativa en la calle, sin encontrarse con ninguna respuesta por parte de las organizaciones de izquierdas, logrando que el gobierno claudique a las presiones de los capitalistas y los amos de la sociedad en cuestiones fundamentales. Precisamente, el acoso y las movilizaciones de la derecha han permitido que la política de Zapatero sea vista por amplias capas de la sociedad como más de izquierdas de lo que realmente es.

Si hacemos balance de estos dos años de gobierno de Zapatero, más allá de sus primeras medidas (retirada de las tropas de Iraq, derechos democráticos a gays y lesbianas, etc.), conquistadas gracias a la lucha y la movilización, lo cierto es que tanto la situación de la educación pública, como las propias condiciones de vida que rodean a los jóvenes, lejos de mejorar, han empeorado.

Continúan los ataques

a la juventud

La educación pública sigue deteriorándose, no sólo en las comunidades donde gobierna el PP que no encuentra ninguna oposición seria por parte de los dirigentes de las organizaciones de izquierdas, sino también donde gobierna la propia izquierda. El propio gobierno central, pese a todas sus promesas, ha cedido una y otra vez a los intereses de la patronal educativa y de la jerarquía eclesiástica, como demuestra la propia LOE (Ley Orgánica de Educación) o el último acuerdo que alcanzaron con la Conferencia Episcopal para aumentar la financiación de la Iglesia Católica.

En los barrios obreros la educación pública está al borde del colapso (barracones, hacinamiento, deterioro de las instalaciones, etc.). En secundaria el fracaso escolar supera el 30% de los estudiantes y en el último informe de la OCDE, de una lista de 30 países, el Estado español se situaba en el puesto 28º en inversión pública para la educación. Las modificaciones que este verano hizo el gobierno en la LOU del PP, por ejemplo, no modifican la esencia de esta reaccionaria ley que supondrá la privatización y elitización de la universidad pública.

Zapatero no ha cambiado sustancialmente la política educativa que había desarrollado el PP precisamente porque los capitalistas siguen demandando el desmantelamiento de la educación pública. Para estos señores no es rentable invertir para formar a los hijos de trabajadores ya que no pasaremos de ser mano de obra barata y sobreexplotada. La situación laboral que sufre la juventud lo demuestra: precariedad, bajos salarios, accidentes laborales… El sistema capitalista es incapaz de garantizar un futuro digno para la juventud. Pese a encontrarnos en un contexto de crecimiento económico y de beneficios multimillonarios e históricos de las empresas, año tras año se pierde poder adquisitivo, aumentan las víctimas de terrorismo patronal y se cierra la posibilidad a un joven de emanciparse, encontrar una vivienda digna y labrarse un futuro con un mínimo de estabilidad.

No es casualidad que en los últimos conflictos obreros más emblemáticos como en la lucha del metal en Vigo o la lucha en el aeropuerto del Prat o en los astilleros, la juventud obrera, con peores condiciones laborales, y que hasta ahora ha sido utilizada por los capitalistas para tratar de dividir a los trabajadores y empeorar las condiciones laborales, hayan sido la punta de lanza. Igual que fueron los jóvenes los que con más ímpetu salieron a la calle a echar al PP, los capitalistas saben que también son los jóvenes los que más cuestionan el propio sistema capitalista.

En ese contexto se entiende la campaña de criminalización de la juventud, enfatizando los casos de violencia en las escuelas (llegando a afirmar que un 65% de los jóvenes van a ser delincuentes), llenando de policía los institutos o prohibiendo los botellones sin ofrecer ninguna otra alternativa que no sea enriquecer a los dueños de las discotecas. Continúan reprimiendo a la juventud porque tienen miedo de la fuerza revolucionaria que tenemos.

Nuestro camino es la lucha

Tendrían que ser los sindicatos obreros los que lucharan para evitar los ataques que sigue sufriendo la juventud. Sin embargo, no están haciendo nada de eso, todo lo contrario, llegan a constantes acuerdos con los patronos y con las distintas administraciones. Los que argumentan que exigir al gobierno una política de izquierdas beneficia a la derecha se equivocan profundamente. Precisamente si no luchamos, se magnificará la fuerza de la reacción y sólo ellos se harán notar, facilitando al gobierno el que pueda hacer una política más y más a la derecha.

Desde luego el Sindicato de Estudiantes no puede quedarse con los brazos cruzados. La experiencia demuestra que sólo a través de la lucha y la movilización podemos conseguir unas mejores condiciones de vida. La experiencia de los jóvenes y trabajadores franceses la primavera pasada en las luchas contra el Contrato de Primer Empleo (CPE) así lo demuestra. Gracias a la lucha masiva lograron frenar los planes de la derecha y de los capitalistas.

También vamos a denunciar la intervención militar imperialista en el Líbano que está siendo presentada ante los trabajadores como una misión de paz cuando realmente acuden a este país para hacer el trabajo sucio que el imperialismo y la burguesía israelí, claramente derrotada, no fue capaz de hacer.

Por todo esto el 26 de octubre convocamos una Jornada de Lucha estudiantil en todo el Estado, con paros, concentraciones y manifestaciones para exigir al gobierno del PSOE un cambio en su política. Exigimos una política genuinamente de izquierdas que apueste claramente por la educación pública, y que solucione los problemas que sufrimos los jóvenes.

¡Zapatero cumple tus promesas!


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