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“Mientras en Francia los jóvenes protestan contra el CPE, aquí se dedican a reivindicar el botellón, ¡vaya una juventud!”. Este ha sido el mensaje que han tratado de transmitir los medios de comunicación a raíz del macrobotellón del pasado 17 de marz “Mientras en Francia los jóvenes protestan contra el CPE, aquí se dedican a reivindicar el botellón, ¡vaya una juventud!”. Este ha sido el mensaje que han tratado de transmitir los medios de comunicación a raíz del macrobotellón del pasado 17 de marzo.

Mientras durante los últimos años la juventud ha estado en pie de lucha contra el gobierno de la derecha demostrando una madurez y un pensamiento crítico con el mundo que nos envuelve, los grandes medios de comunicación callaban y cuando era irremediable que sacaran algo, lo desvirtuaban totalmente. Ahora, los medios hablan del botellón incluso dos semanas antes de que se organice, con el fin de dar una imagen negativa de la juventud.

Como se explica en el comunicado del Sindicato de Estudiantes, el botellón es un reflejo de la falta de un ocio alternativo para la juventud: “Los responsables de que se produzcan acontecimientos de estas características son las distintas administraciones que, en lugar de fomentar alternativas de ocio juvenil, lo único que hacen es criminalizar a la juventud mientras que, con sus leyes que supuestamente combaten el consumo de alcohol y la práctica del botellón, benefician a los dueños de las discotecas y otras grandes superficies. (...) Los precios de actividades culturales como conciertos, teatros, cines, actividades deportivas, etc. dificultan su práctica a la juventud y empujan a los jóvenes a entregarse a un ocio destructivo basado en el alcohol. Sólo se puede combatir el botellón sobre la base de un plan de construcción y potenciación de alternativas culturales en las que la juventud pueda participar y decidir: instalaciones deportivas en todos los barrios, cines, conciertos y teatros a precios populares, construcción de bibliotecas y salas informáticas con acceso a internet, gratuitas y al alcance de la juventud, potenciación de los grupos juveniles de teatro y de música, del asociacionismo juvenil, etc.”. Toda respuesta al botellón con la represión será simple y llanamente hipócrita porque los problemas sociales sólo se pueden solucionar con medidas sociales.

Incidentes provocados

Al final, el macrobotellón se hizo en unas veinte ciudades del Estado y donde se dieron los incidentes más fuertes (y más televisados) fue Barcelona. Mientras en algunas ciudades se acondicionó una explanada para celebrar el botellón (una manera de ofrecer un ocio alternativo a la juventud cuanto menos peculiar), en otras se requisaron centenares de botellas a los que tenían la intención de participar. Pero en Barcelona no pasó ni una cosa ni la otra. Centenares de antidisturbios de los Mossos d’Esquadra, de la Policía Municipal de Barcelona y de la Policía Nacional (sólo faltaba la Guardia Civil) tomaron la zona en la que se iba a celebrar. Su actitud fue desde el principio la de la provocación constante. Apenas se requisaron botellas pero se repartieron porrazos con abundancia. Las cargas indiscriminadas contra jóvenes que iban al botellón, vecinos del barrio, inmigrantes, curiosos..., empezaron sobre las once de la noche y duraron hasta altas horas de la madrugada. Esto hizo que la mayoría de los que iban a ir a pasarlo bien y ya está, volvieran por donde llegaron.

La imagen del barrio el día siguiente por la mañana ha salido bastante por televisión: contenedores quemados, algunas tiendas con los escaparates rotos... Pero no han explicado lo que realmente sucedió ese viernes por la noche. Varios vecinos del barrio denunciaron en el periódico de distribución gratuita adn, que los que iniciaron los altercados fueron en parte grupos fascistas organizados, claramente identificables por insignias nazis y por el saludo con el brazo en alto. No es la primera vez que esto sucede, como tampoco lo es que la policía infiltre a agentes de paisano vestidos de radicales.

Esto coincide con una ordenanza municipal en Barcelona que presume de promover el civismo pero que, en realidad, significa un recorte en los derechos democráticos bastante grave, tratándose además de un gobierno municipal tripartito. El macrobotellón ha sido otro capítulo más de la campaña para criminalizar a la juventud. A pesar de ello, y como se gritaba en el cortejo del Sindicato de Estudiantes en la reciente manifestación contra los despidos en Seat: “¡Francia empieza, nosotros continuaremos!”.

Aniol Santo

Barcelona