Todos los
periódicos circulan para obtener ganancias.
Yo no dirijo nada por respetabilidad |
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Rupert
Murdoch,
magnate de los medios de comunicación |
Todos los medios de comunicación asumen como su
declaración de principios la defensa de la objetividad, la veracidad y el
contenido democrático en la información que emiten. Así, El País
es el "Diario independiente de la mañana", La Razón un
"Diario independiente de información general", o TVE "La
televisión de todos". Pero tanto empeño en demostrarnos
imparcialidad y libertad de expresión no pretende más que esconder
subjetividad y un punto de vista marcado por el interés, un marcadísimo
interés de clase. Vivimos en una sociedad divida en clases con intereses
contrapuestos, lo cual no deja lugar a la neutralidad. Al igual que este
periódico obrero pone en su encabezamiento "Voz marxista de los
trabajadores y la juventud", lo cual indica nuestro interés de
clase, que lejos de esconder esgrimimos con auténtico orgullo, la prensa
burguesa, debería llevar el subtítulo "Voz capitalista de los
empresarios, banqueros y poderosos en general".
Los voceros del capitalismo no pueden decir la verdad
La conocida frase "Información es poder"
está cargada de verdad. Tanto es así que el capitalismo tiene un control
férreo y estratégico de los medios de comunicación, que al fin y al
cabo no son más que medios de transmisión de la ideología burguesa. Un
sistema basado en la obtención del máximo beneficio por encima del
bienestar de los seres humanos, aunque ello implique hambre, enfermedad,
muerte, corrupción y opresión, necesita mostrar, para perpetuarse en el
poder, una imagen distorsionada de la realidad que justifique su dominio.
Esto entra claramente en contradicción con una información veraz e
imparcial que permita que sus destinatarios elaboren una opinión libre y
crítica.
Por ejemplo, el imperialismo es consciente que a pesar
de su dominio no puede anunciar abiertamente que apoya todos los crímenes
del estado sionista de Israel por tratarse de su aliado más probado y
firme en esta región del mundo de importancia estratégica por sus
recursos petrolíferos. Es necesario "orientar" la información,
presentar a quienes financian el armamento criminal del ejército israelí
como pacificadores, convertir a las víctimas en verdugos, lavar la sangre
de las manos de los asesinos. Sólo entonces entenderemos por qué al
demócrata de Javier Solana, representante de Exteriores de los también
democráticos gobiernos que integran la UE, el atentado del 19 de
septiembre en Tel Aviv, provocado por activistas palestinos, le parece
"atroz, moralmente repugnante", a la vez que "lamentable [por]que
ocurre tras el renovado compromiso de la comunidad internacional hacia una
solución final al conflicto de Oriente Próximo". Y sin embargo
cuando este mismo despreciable lacayo del imperialismo se dirige a Ariel
Sharon, por el bombardeo del ejército israelí sobre las dependencias de
la OLP, su lenguaje se vuelve comedido y respetuoso, limitándose a
expresar "su profunda inquietud". Todo ello a pesar de saber tan
bien como nosotros que el pueblo palestino vive en la miseria y confinado
en los territorios ocupados porque fue expulsado de sus propias tierras
con el beneplácito de la comunidad internacional anteriormente referida.
También Javier Solana sabe perfectamente que Ariel Sharon es responsable
entre otras atrocidades de la matanza de Sabra y Chatila, donde fueron
asesinados a tiros madres e hijos abrazados para defenderse,
encontrándose éstas desnudas de cintura para abajo puesto que antes de
fusiladas habían sido violadas; pero por supuesto Míster PESC
sigue saludando con todo el decoro protocolario a este carnicero de
hombres elevado a jefe de gobierno.
Medios de control ideológico
Los medios de comunicación, ya sean propiedad privada
o entes públicos cuyos cargos directivos son designados por el gobierno,
no pueden mantener una actitud neutral. Ni El Mundo, ni El País,
ni Abc, ni La Razón, han sido neutrales en la huelga
general del 20-J, la Guerra de Yugoslavia o el bombardeo inmisericorde
sobre el desvalido pueblo afgano. Las agrias discusiones que se producen
de cuando en cuando entre diferentes capitalistas, ya sean en el sector de
las comunicaciones u otro, por controlar una parte del mercado o por
considerar correcta o inadecuada una medida concreta del gobierno, no debe
confundirnos. Son miembros de una misma clase, que en las cuestiones
estratégicas, de importancia para la pervivencia del capitalismo, actúan
conjuntamente.
Hace poco vimos a muchos de ellos de fiesta durante la
inauguración de la nueva sede de Sogecable. Competidores y aparentes
enemigos irreconciliables estaban allí, juntos, brindando por este nuevo
monstruo de la comunicación. Impresionaba tanto presidente junto:
Telefónica, BBVA, Caja Madrid, Ericsson y Ford, CEOE, Euskaltel, Mercedes
Benz, Corporación Alba, RACE, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha,
Extremadura, Aragón y Asturias, diario La Razón, Tele 5, Antena
3, ONO. Por haber había hasta ex, como Felipe González o Emilio Ybarra.
Todos ellos son perfectamente conscientes de que su autoridad sobre la
sociedad tiene uno de sus pilares más sólidos en la dominación
ideológica, terreno en el que los medios de comunicación de masas son
pieza clave. Por lo tanto no deja de ser motivo, si no de autentica
alegría, sí de tranquilidad, que el control sobre la información siga
en manos responsables.
Un puñado de multimillonarios controlan nuestro
conocimiento de la realidad
Lo cierto es que todos estos señores, y sus semejantes
en otros países, intentan vendernos una gran mentira. ¿Cómo puede
existir la libertad de expresión, cómo puede haber un funcionamiento
democrático en los medios de comunicación, si su propiedad está
concentrada en manos de un reducidísimo grupo de grandes capitalistas?
Así nos lo cuenta el despechado Denis Olivennes, director general del
grupo de comunicación multinacional Vivendi Universal, empresa
propietaria hasta hace poco de la mayoría de Canal Plus, que una vez
perdida su posición no duda en hacer público lo que muchos sabemos:
"Vivendi Universal presenta todos los síntomas de un sistema
totalitario: el culto a la personalidad, la comunicación de propaganda,
la visión conspiradora de la historia y ahora la eliminación física de
los oponentes".
No podemos olvidar además que los medios de
comunicación a la vez que valiosísimo instrumento de control
ideológico, son empresas sujetas a la evolución del mercado capitalista.
Y, al igual que ha ocurrido con la banca, el sector químico, seguros o
telecomunicaciones, ha experimentado un proceso de fusión a gran escala.
En un período de tiempo muy corto los medios han llegado a ser dominados
por siete grandes corporaciones multinacionales: Disney, AOL-Time Warner,
Sony, News Corporation, Viacom, Vivendi y Bertelsman.
Para hacernos una idea de su dimensión real podemos
tomar como ejemplo la News Corporation que tiene más de 130 periódicos,
entre ellos el londinense Times, veintidós canales de televisión,
cadenas como la estadounidense FOX, productoras de cine, como la Twentieth
Century Fox Corporation, editoriales, televisión por cable y un largo
etc. Al frente de semejante mastodonte encontramos al conocido y
reaccionario Rupert Murdoch, que desde luego sabe elegir a sus redactores:
Martín Wolf, en un artículo titulado "EEUU domina, OK" y
publicado por Financial Times, opina desinteresadamente, que
"...el mundo debe expresar su gratitud por el dominio de Estados
Unidos a lo largo del siglo XX".
La fusión de la AOL con Time Warner a principios de
2001, a un precio de 103.000 millones de dólares, incluye el mayor
proveedor de Internet del planeta; Time Inc., la editora de revistas más
grande de USA; Warner Music Group la empresa número uno de música; la
productora y distribuidora de películas Warner Brothers; más de 800
canales asociados de televisión por cable, etc.. Y por supuesto a la
cabeza de este gigantesco grupo encontramos a otro gran hombre como Ted
Turner, padre fundador de la inefable cadena de noticias CNN, un
reaccionario incombustible e incondicional defensor del imperialismo USA.
Al igual que Murdoch, Ted Turner elige a conciencia a sus redactores:
Charles Krauthammer titula con un contundente "América domina,
gracias a Dios" un terrorífico ensayo en la revista Time.
No puede ser de otra forma debido a la unión
indisoluble entre empresas y medios de comunicación. No se trata sólo de
que los propios conglomerados de la comunicación sean empresas o que el
objetivo común sea la transmisión de la ideología capitalista, sino de
que la fuente de ingresos fundamental de los medios de comunicación es la
publicidad que las grandes empresas pagan.
Quién paga al flautista elige la melodía
Entre la prensa burguesa española destaca el Grupo
Recoletos (El Mundo, Expansión, Marca, Telva,
etc.) que sólo en el primer semestre de 2002 alcanzó la impactante cifra
de 41,29 millones de euros de beneficios. Si desmenuzamos las cifras
observamos que en 2001 con la publicidad de los medios que configuran el
área de deportes ingresó 38,54 millones de euros, en el mismo período
en los medios referidos a economía y finanzas 50,70 millones o que por la
publicidad hecha en Gaceta Universitaria, semanario de
distribución gratuita con una tirada de 150.000 ejemplares, 2,86
millones.
Y ¿quién mejor que un empresario para hacer valer sus
"derechos"? Leamos un extracto de la carta que Chrysler envió a
todas las revistas en las que se anunciaba: "Se exige que la
Corporación Chrysler sea avisada con anterioridad de todo contenido
editorial que toque temas sexuales, políticos y sociales, y de todo
contenido editorial que pueda ser interpretado como provocativo u
ofensivo. Se requiere previamente un sumario escrito que resuma los
artículos importantes que aparezcan en todos y cada uno de los números
de las revistas que llevan publicidad de Chrysler".
Sabiendo esto alguien puede pensar que la NBC (National
Broadcasting Corporation) será imparcial en la cobertura de una guerra
cuando la General Electric, que entre otras cosas produce piezas para la
industria bélica, es su propietaria. ¿Y en Francia? En la democrática
Francia, la industria armamentística Matra está vinculada a la
multinacional Hachette, que controla entre otros, a Europa 1 y Canal 5.
Un burgués no puede ser imparcial
Los beneficios son lo primero y si estos son puestos en
peligro, cualquier apariencia democrática se esfuma instantáneamente.
Tanto es así, que los golpistas se vuelven demócratas y los presidentes
electos autoritarios represores. Por lo menos esto es lo que pretendió
contar el independiente diario de la mañana de Polanco y
compañía acerca del golpe de Estado que el 12 de abril protagonizó la
cúpula del ejército venezolano con el apoyo de la patronal, el
imperialismo y los sectores más corruptos del aparato sindical para
derrocar al presidente Hugo Chávez. El entusiasta apoyo hacia los
golpistas que se demostró en la mayoría de los medios, llegó a uno de
sus momentos álgidos cuando El País publicó el sábado 13 de
abril que "Carmona [presidente de la patronal sentado en el sillón
presidencial por quienes dan el golpe] es un hombre sencillo que
intentará conducir la transición en paz, democráticamente y con el
respaldo de los factores representativos de la sociedad civil".
La explicación de por qué semejante suma de mentiras
y estupideces, que por groseras se vuelven un insulto contra el lector,
pudieron ser publicadas por El País —que suele optar por un
estilo mucho más refinado y sibilino para hacernos tragar su propaganda—,
es que el gobierno chavista está contrariando la expansión de Prisa en
América latina. El 25% de los beneficios de dicho grupo se generan en
esta parte del mundo, habiendo realizado en los últimos años inversiones
millonarias en Brasil, México, Bolivia, Chile, Argentina, Colombia,
Venezuela, etc. Y no se trata sólo de Venezuela o Argentina, también en
Colombia, Uruguay, Perú o Ecuador la inestabilidad social se propaga,
haciendo peligrar miles de millones de euros, que Polanco y sus
compañeros de fiesta, los grandes banqueros y empresarios nativos y
foráneos, tienen invertidos en la zona.
Las guerras también hay que ganarlas en casa
Ahora que vuelven a soplar vientos de guerra está bien
recordar que, al igual que en el caso de los golpes de estado, cuando no
hay una salida "dialogada", los capitalistas están dispuestos a
recurrir a las guerras si con ello mantienen sus áreas de influencia
económica y política. Nuevamente el asesinato de miles de civiles
indefensos e inocentes, la destrucción de viviendas, escuelas y
hospitales, no puede ser presentado a la opinión pública como un justo a
precio a pagar por el control del petróleo, la explotación de minas de
diamantes en África o la influencia sobre los países del desaparecido
Pacto de Varsovia.
Las nuevas carnicerías, serán presentadas como
batallas en defensa de la democracia, la libertad y la paz. El que estos
loables objetivos no se hayan alcanzado en ninguna de las guerras en las
que el bando aliado ha triunfado —Golfo Pérsico, Yugoslavia o
Afganistán—, es un mero detalle que los periódicos no resaltarán ante
la opinión pública.
Sin embargo, la reacción desfavorable de los
trabajadores hacia las masacres imperialistas preocupa enormemente a los
capitalistas. Prueba de ello son las comisiones, comités u oficinas que
en tiempo de guerra se crean para "orientar" el apoyo de la
opinión pública hacia el bando militar correcto. En EEUU, durante la
Primera Guerra Mundial, se creó el Comité de Información Pública y
durante la Segunda, la Oficina de Información de Guerra y la Oficina de
Servicios Estratégicos, convirtiéndose esta última con el paso de los
años en la CIA.
Con tantos millones en juego el interés por la verdad
desaparece nuevamente, y los paladines de la objetividad recurren a la
mentira y al fraude. ¡Cómo olvidar el cormorán agonizante producto de
las mareas negras causadas por Sadam Husein en los días que precedieron
la guerra del Golfo en 1991! Sobre todo cuando acabado el bombardeo
inmisericorde sobre un ejército en retirada y el indefenso pueblo
iraquí, nos contaron que ese cormorán, que agonizaba realmente, lo
hacía por una mancha de petróleo que nada había tenido que ver con
Sadam Husein.
Cuando la clase obrera empieza a luchar, los ‘análisis
sensatos’ no la detienen
Para librar una batalla es imprescindible tener
conciencia de la fortaleza real del enemigo, y desde luego, es innegable
el enorme poder de los medios de comunicación burgueses. Moldean la
opinión pública, censuran las noticias, distorsionan la realidad y hasta
mienten. Todo ello tiene un efecto sobre la clase obrera, a la que
desorientan e intoxican. Pero a la larga no hay actividad periodística
capaz de hacer desaparecer los efectos que los procesos materiales, que se
dan en la vida económica y política de la sociedad, tienen en la
conciencia de los trabajadores. La lucha de clases puede ser temporalmente
paralizada, apartada de la escena, pero no puede ser eliminada por la
propaganda ideológica de la burguesía.
La Nación, respetabilísimo periódico argentino,
el 27 julio de 2001 nos informaba sobre las luchas de los trabajadores
desocupados (piqueteros), como "acciones depredadoras",
recordándonos que "tales hechos constituyen atentados contra el
orden público y, por lo tanto, no cabe la menor duda de la obligación
que tiene el Estado de reprimirlos para proteger los intereses primarios
de la sociedad". Para La Nación se trataba además "de
dar respuesta a la demanda de la mayoría de la sociedad, que defiende la
paz social y la vigencia de las instituciones". ¿Qué más se puede
pedir? Son maleantes, pocos e infringen la ley. Sin embargo esta lógica
aplastante, tiene un punto débil, choca con la realidad; tanto que seis
meses después, el 14 de febrero de 2002, podemos leer en las páginas del
mismo periódico acerca de las asambleas barriales que "han nacido
del deseo de amplios sectores de la población de participar de manera
directa y comprometida... [y del] escepticismo de mucha gente respecto de
la legitimidad del actual sistema de representación político-partidaria
... por su naturaleza [las asambleas populares] pueden acercarse al
sombrío modelo de decisión de los soviets".
La venenosa combinación de odio y miedo que en algunos
profesionales del periodismo produce la clase obrera cuando despliega su
poderosa capacidad de lucha, crea tal ceguera informativa que en vez de
rozar, supera lo esperpéntico. Tal es el caso del Sr. Félix Carmona,
redactor de El Universal, periódico venezolano, que el 12 de abril
y bajo el título El ocaso de los Círculos, nos describe a los
centenares de miles de trabajadores y pobres urbanos que se empezaban a
agrupar en torno al Palacio de Miraflores y que en pocas horas
derrotarían el golpe de estado, como "...cerca de tres mil personas,
en su mayoría ebrios y consumiendo todo tipo de licores, [que] expresaban
su agresividad a través de groserías, festejaban en voz alta los muertos
propinados por los Círculos Bolivarianos a los manifestantes que en forma
pacífica y desarmados fueron masacrados en la avenida Baralt".
Viniéndonos más cerca de "casa" y a
propósito de la huelga general del 20-J, constatamos que las mentiras de
los medios de comunicación de la burguesía no pararon a la clase obrera.
Un estudio realizado por UGT demuestra que el PP ocupó el 59% del total
de presencia en los telediarios en los días previos a la huelga, mientras
que UGT "disfrutó" de un 8% y CCOO de un 7%. También
observamos la división en líneas de clase que se produjo dentro de los
periódicos, radios y televisiones: la mayoría de las plantillas votaron
a favor de la huelga de forma aplastante, incluidas las rotativas de la
prensa rosa, mientras los propietarios y jefes de redacción tenían que
recurrir a empresas esquirolas para la publicación de los periódicos,
que en muchos casos jamás llegaron a su destino. Como demostró la huelga
general del 14-D del año 1988, si la clase obrera lo decide, tampoco hay
televisión, prensa o radio.
La imprescindible herramienta de la prensa obrera
El análisis y la denuncia, sin una acción consciente
para transformar la realidad, son insuficientes; se acaban por convertir
en un ejercicio contemplativo y estéril. Si estudiamos la historia de las
organizaciones obreras revolucionarias veremos que la conclusión
práctica que éstas adoptaban, frente al poder de los medios de
comunicación burgueses, era el desarrollo de publicaciones obreras
basadas en la financiación y apoyo de los trabajadores y totalmente
independientes del estado burgués; una prensa obrera que, armada con el
método de análisis marxista, pudiera presentar un seria y firme batalla
ideológica a la burguesía.
No se trata de competir con la prensa burguesa en
tirada y lectores, es imposible. Es evidente que en los llamados periodos
de calma y normalidad, la difusión de la prensa obrera se limita a los
círculos más activos y conscientes. Pero esta tarea es indispensable y
valiosísima: mantener a la vanguardia firme en las ideas, luchar contra
la intoxicación y manipulación con la que permanentemente nos bombardea
la clase dominante para evitar caer en el desánimo o aún peor, en el
oportunismo o el colaboracionismo de clase.
Este trabajo paciente permitirá que cuando la marea
social cambie, cuando la clase despierte nuevamente a la política y se
ponga en marcha, tenga un arma perfectamente engrasada y afinada, lista
para la acción.
Al respecto podemos recordar las palabras de Uliánova
Elizárova, que sobre la visión de Lenin acerca de la prensa obrera nos
cuenta: "La perspicacia tan propia de Vladimir Ilich se expresó en
las postrimerías del verano de 1905 en unas líneas que me escribió,
creo que en respuesta a mis quejas por las dificultades y atrasos en la
recepción de publicaciones ilegales editadas en el extranjero: ‘Dentro
de poco publicaremos un periódico con la Redacción en la Avenida Nevski’.
Me reí entonces de esa afirmación, como de cosa totalmente increíble;
no obstante al cabo de unos tres meses, el rótulo de Nóvaia Zhizn
aparecía efectivamente en la Avenida Nevski".
Las palabras de Lenin estaban basadas en el análisis
marxista de la lucha de clases. Nosotros también como Lenin, sabemos que
el movimiento revolucionario de la clase obrera es más fuerte que el más
fuerte de los periódicos, de las radios o las televisiones, y que sus
mentiras no pueden parar el empuje irresistible de la historia. Una
organización revolucionaria es en primer lugar un programa
revolucionario, luego un método y formas de organización para trasladar
a la clase las ideas. Sin prensa obrera no puede haber organización
revolucionaria. Construye con nosotros esta herramienta imprescindible en
nuestra liberación, construye El Militante y las fuerzas del marxismo
revolucionario entre el movimiento obrero y la juventud.