La última reunión del FMI ha vuelto a rebajar las
anteriores previsiones de crecimiento de la economía mundial. En su
opinión la, tantas veces anunciada, recuperación económica vuelve a
retrasarse hasta mediados o finales del 2003.
Mientras tanto, en todas las partes lanzan el mismo
discurso: los trabajadores debemos hacer más sacrificios, aceptar más
flexibilidad laboral, más moderación salarial, más recortes sociales...
Esta es la poco original receta por parte de los distintos gobiernos.
Cuando la economía estaba en pleno boom y los
beneficios empresariales crecían como la espuma, también oíamos el
mismo discurso. En esos momentos era para mantener el crecimiento
económico.
En definitiva, la postura de la burguesía ante la
crisis es clara: que la paguen los trabajadores y eso es lo que están
intentando.
Así, en EEUU, en el último año el número de pobres
se ha incrementado en 1,3 millones más y el paro aumenta de forma
inexorable en casi todos los países aunque sea con diferentes ritmos.
El imperialismo prepara una nueva carnicería
En este contexto de crisis económica y tras el 11-S,
el imperialismo norteamericano y la burguesía internacional están en
plena ofensiva, recortando derechos y garantías democráticas en un país
tras otro, agitando cada uno de ellos su lucha contra el
"terrorismo". Tras la matanza de Afganistán, que no ha resuelto
ninguno de los problemas que sufre la población afgana, que se suponía
iba a ser "liberada" de sus horribles condiciones de vida, la
realidad es que no sólo no ha habido ninguna mejora sino que sus
condiciones han empeorado, con millones de refugiados, miles de muertos...
y los problemas en la economía, la sanidad, la enseñanza, la vivienda,
etc., se han agravado. Ni hay un gobierno estable y democrático ni han
detenido a Bin Laden.
Ahora los cañones apuntan hacia Iraq. Esta vez se
trata de derrocar a Sadam Husein con la excusa de que es el terrorista de
turno y, por lo tanto, una amenaza para Occidente.
Pero es tan burda la maniobra y tan descarada la
actuación del imperialismo que la inmensa mayoría de la población, aún
rechazando correctamente la dictadura de Sadam Husein, se oponen
totalmente a esta nueva carnicería del imperialismo para controlar las
reservas petrolíferas de Iraq. Las últimas encuestas publicada por El
País (30/09/02), revelaban que el 87% de la población está en
contra de atacar Iraq y el 71,9% rechaza que el Estado español aporte
apoyo logístico para un ataque.
Todo esto son síntomas del período convulsivo en el
que hemos entrado en el terreno económico, social, político, militar...,
que revela la crisis capitalista y el carácter reaccionario de este
sistema, que intenta resolver sus problemas a través de aumentar la
explotación y el dominio de los pueblos y los trabajadores.
La clase obrera en acción
Esto también está provocando una respuesta por parte
de los trabajadores y la juventud, tanto a la guerra como a los ataques a
sus condiciones de vida, y es parte del mismo proceso generado por la
crisis.
Las huelgas generales en Grecia, Italia, el Estado
español y nuevamente en Italia, donde ya se ha anunciado otra huelga
general para el 18 de octubre, junto a las manifestaciones contra la
guerra en Londres, con 400.000 asistentes, o la del 29 de septiembre en
Madrid, indican el rechazo a esta situación.
En el caso del Estado español, el gobierno del PP se
encuentra ante el mismo panorama de crisis y descontento social. Tras su
derrota el 20-J intentan desviar la atención de la opinión pública.
Primero fue con el conflicto del islote Perejil y después con la Ley de
Partidos y la ilegalización de Batasuna, recortando derechos
democráticos básicos. El argumento una vez más es luchar contra el
terrorismo, llevando a cabo una campaña de vergonzosa criminalización
contra todo aquel que no respalde su política en este terreno. Pero
incluso así, la mayoría de la población también intuye que esto no
solucionará el problema del terrorismo. De hecho la encuesta de El
País revela que más de la mitad de los encuestados estima que la
ilegalización de Batasuna no ayudará a la eliminación del terrorismo de
ETA, y si un 67% en estos momentos aprueba la medida es debido al absoluto
seguidismo y falta de alternativa propia de los dirigentes del PSOE, que
han apoyado una medida tan reaccionaria como ésta que mañana será
utilizada contra los trabajadores y contra cualquiera que luche contra
este sistema injusto.
Hay que parar al PP
El hecho es que el gobierno del PP continúa sus
agresiones contra la clase obrera. La Ley Concursal (Ley de Quiebras) ya
ha sido aprobada por el gobierno y ahora entrará a debate en el
Parlamento. Esta ley, que recorta gravemente los derechos de los
trabajadores afectados por quiebra empresarial, tendrá una gran
importancia ya que afectará cada vez a más trabajadores a medida que
empeore la economía, y eso ya está empezando a pasar. Según los
últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo
trimestre de 2002 las suspensiones de pago aumentaron un 107,8% y las
quiebras un 67,4%.
Cada vez se acumulan más reivindicaciones pendientes:
la revisión del SMI, nueva pérdida de poder adquisitivo de los
funcionarios, las pensiones, el Decretazo que ya ha afectado a más
de 80.000 trabajadores. Además, los Presupuestos Generales del Estado (PGE)
para el 2003 inciden en más de lo mismo, aunque esta vez, si cabe, con
previsiones menos creíbles —como es un crecimiento del PIB del 3% o una
previsión del IPC nuevamente del 2%, cuando este año es probable que
llegue al 4%—, al mismo tiempo que presentan nuevos recortes en los
gastos sociales que afectan también a la sanidad o la educación
pública.
La actitud del movimiento obrero y la juventud ante
estos ataques va a continuar en la senda de la movilización. La mal
llamada Ley de Calidad de la Enseñanza, que provocó el curso pasado la
movilización de los estudiantes, ahora será contestada con una huelga
general el 29 de octubre, esta vez por parte de toda la comunidad
educativa.
Este rechazo social está aumentando el desgaste y
desprestigio del gobierno, que tiene su expresión en las últimas
encuestas sobre las expectativas electorales, donde se refleja el
descontento y malestar creciente con el gobierno y su política, al mismo
tiempo que se da un incremento en las expectativas del PSOE.
Estos cambios son el producto directo de las
movilizaciones y los dirigentes del PSOE deberían sacar las conclusiones
correctas. No se trata, como están diciendo, de que ahora Zapatero sea
más "maduro" y se haya convertido en un "auténtico
líder" en su partido y un "prohombre" de Estado. Se trata
del hastío y rechazo a la política derechista del PP y la esperanza de
que un gobierno de la izquierda debería llevar a cabo una auténtica
política socialista en beneficio de los explotados y los oprimidos. Eso
es lo que reflejan las encuestas.
Hace falta una nueva huelga general
La batalla contra el PP no ha hecho más que empezar y
el comienzo no podía ser mejor. El éxito de la huelga general del 20-J,
gracias a la extraordinaria fuerza desplegada por la clase obrera y la
juventud, debe ser ahora conducido a buen puerto, esto es, a derrotar al
PP obligándole a retirar el Decretazo y parando el resto de los ataques,
creando las condiciones para un nuevo gobierno de la izquierda (PSOE-IU)
que sí lleve a cabo las necesarias reivindicaciones de los trabajadores.
En estos momentos, los máximos dirigentes sindicales
tienen la responsabilidad y deben continuar la lucha a un nivel superior.
Esta lucha se puede ganar, existen buenas condiciones para ello. Ahora
necesitamos una buena dirección. El primer paso es dejar clara la
disposición a seguir la lucha hasta vencer. La manifestación del día 5
debe servir para plantear el nuevo plan de movilizaciones unitarias,
empezando ya a organizar una nueva huelga general, extendiéndola a todos
los sectores, organizando comités de huelga en cada empresa, tajo, centro
de estudio, barrio..., y empezar ya una campaña de forma decidida y
clara. Hay que sacar las conclusiones del 20-J. El gobierno, lo reconozca
públicamente o no, sabe que ese día sufrió una derrota ante los
trabajadores. En estos últimos días intenta lanzar de nuevo el discurso
del diálogo social, hablando de "suavizar" el Decretazo. Todo
esto son maniobras de despiste. Ellos se dan cuenta del riesgo que corren
si continua el enfrentamiento. Saben que son débiles para resistirlo,
pero también saben que esto dependerá de la actitud que tenga la
dirección del movimiento. Confían en que los dirigentes sindicales
acepten parar la movilización y se empantanen nuevamente en negociaciones
que sólo traen recortes para los trabajadores, que no nos aportan nada y
que al mismo tiempo revelan que sólo con una postura combativa se pueden
parar los ataques del gobierno.
Ahora millones de jóvenes y trabajadores han visto en
la práctica que se puede luchar, que se tiene fuerza para poder ganar
esta batalla, que no se trata de una pequeña minoría. Este despertar en
la lucha estimulará también, tarde o temprano, la participación en la
política revolucionaria. El capitalismo sólo ofrece guerras, miseria y
explotación. Es necesario volver a poner en el orden del día la tarea de
acabar con este sistema corrupto, luchar por el auténtico socialismo, con
los métodos de la clase trabajadora, la única que puede conseguirlo.
Para luchar por ello, únete a los marxistas agrupados en El Militante.