Bárbara Areal
En septiembre de 2001 se formó la ‘Mesa Contra la
Piratería’, según la cual para proteger la creatividad de los autores
así como para luchar contra la explotación de los inmigrantes ilegales
en el conocido top manta, es necesario comprar los CDs originales
en las tiendas, por supuesto previo pago de 18 euros.
Para posicionarse ante esta cruzada tan brutal contra
la "piratería" es bueno empezar por conocer quién la apadrina:
la SGAE, Sociedad General de Autores y Editores. Dicha sociedad cuenta con
aproximadamente 62.000 socios, pero sólo 15.000 tienen derecho a voto. Si
tú eres un músico bueno, pero humilde, que no cuenta con el
"apoyo" de una gran discográfica, o un joven compositor que
está empezando, a pesar de tu creatividad y talento musical, estos
amiguetes que dirigen la SGAE te dejarán sin voto por no ingresar más de
18.000 euros anuales por derechos de autor. Pero ahí no queda la cosa. Si
por el contrario eres una gran figura ya consagrada, mimada por las
grandes empresas del sector, con un gran apoyo publicitario en los medios
de masas y los bolsillos bien llenos de dinero, no sólo tendrás derecho
a voto, sino que cuanto más dinero ingreses más votos tendrás. Es
difícil encontrar una asociación con un funcionamiento más reaccionario
y antidemocrático.
Los jefes de la SGAE intentan presentar a la opinión
pública el altruismo de su denuncia recurriendo a los argumentos de su
respeto a la legalidad y la lucha contra la explotación de los
inmigrantes sin papeles. Pero la "legalidad o ilegalidad" de los
inmigrantes tampoco es una garantía para evitar la explotación. ¿Acaso
Telefónica no contrata legalmente a trabajadores para el servicio de
información 1003 en Marruecos porque sólo les tiene que pagar 240 euros
al mes? Difícilmente se puede ser más legal que un viticultor que en
Cádiz, con el convenio en la mano, podía contratar el año pasado a un
menor de 18 años por 1,45 euros/hora en la recogida de la uva. En
resumen, se puede tener trabajando a seres humanos en condiciones de
semiesclavitud siendo a la vez un honorable y lícito hombre de negocios.
Además, ¿por qué los medios de comunicación
burgueses difunden tan generosa y concienzudamente esta denuncia
específica de la explotación de los inmigrantes ilegales que venden CDs
piratas y sin embargo no ponen el mismo empeño, perseverancia e
intensidad en la denuncia de la explotación de esta misma mano de obra en
el campo, si cabe mucho más numerosa, sangrante y con unos niveles de
racismo que han llegado incluso a la persecución física? Sólo en El
Ejido, una población de 50.000 personas hay 10.000 inmigrantes ilegales
que viven en condiciones insalubres.
¿Y qué decir de la posible destrucción de puestos de
trabajo de los que dependen miles de familias que podrían quedar en el
paro? Pues que no deja de ser curiosa esta solidaridad con estas familias
trabajadoras y sin embargo la despreocupación e ignorancia absoluta por
trabajadores y familias que sufren ya la tragedia del paro o la
precariedad del empleo.
La hipocresía de las grandes multinacionales de la
música
A los patronos de la industria musical y sus
acaudaladas estrellas, que son quienes deciden en organismos como SGAE o
AFYVE (Asociación Fonográfica y Videográfica Española), no les
importan en los más mínimo los intereses de la clase obrera. Mientras
denuncian que las supuestas pérdidas por la piratería en todo el Estado
español en 2001 se cifran en 108 millones de euros, se olvidan de
que sólo el contrato de la Virgin con Mariah Carey por la grabación de
cinco discos fue de 50 millones de dólares y que la indemnización que a
su vez se le pagó por romper el contrato ha sido de otros 28 millones de
dólares.
Si todo esto se puede decir con respecto a lo que
argumentan, la evidencia será mayor si nos fijamos en lo que no nos
cuentan. Por ejemplo no denuncian que los CDs pagan un IVA del 16%, el
correspondiente a productos de lujo, en vez del 4% que por ejemplo pagamos
por la compra de un libro al recibir la consideración de cultura. Estos
"defensores" del autor y sus derechos, como forma de proteger la
creatividad deberían explicar también que los artistas se llevan entre
un 8 y un 14% o incluso menos del coste total del CD, mientras que las
discográficas y distribuidoras se llevan la parte del león. ¿Quién nos
responde a dónde va a parar la parte restante de los casi 18 euros que
podemos llegar a pagar por un CD "legal", si el coste de un CD
es de 30 céntimos y la impresión y grabación posterior con los avances
tecnológicos existentes es un proceso muy barato?
No es de extrañar que alineados en torno a esta
campaña contra la piratería encontremos a músicos en absoluto
comprometidos con la realidad social, cuya producción artística no se
preocupa por la explotación, las condiciones de vida en los barrios, la
falta de futuro para la juventud o la lucha contra el capitalismo. La
lucha por una música auténticamente popular, para que los jóvenes con
talento tengan un espacio, pasa por caminos muy distintos. En primer lugar
por recortar drásticamente los salarios multimillonarios de los jefazos
de las discográficas y distribuidoras, así como de los contratos
multimillonarios de las grandes estrellas. De esta manera se
contribuiría a abaratar el coste de los CDs y poner realmente la música
al alcance de todos. Fomentar el descubrimiento de nuevos talentos, así
como la creatividad, pasa por poner las condiciones materiales necesarias,
es decir, plazas suficientes en los conservatorios, préstamo de
instrumentos, salas de ensayo, actuación y estudios de grabación
municipales y gratuitos. Disponer de dichos medios materiales no sólo
pondrá al alcance de más jóvenes la posibilidad de crear música sino
que permitirá una libertad creativa real.