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Berlusconi descubre sus
cartas
Posible
huelga general en otoño en Italia
Roberto Cressatti
Finalmente, el 18 de junio,
el gobierno de Berlusconi ha descubierto sus cartas. En las empresas que
ahora tienen menos de 15 trabajadores los nuevos empleados no serán
"computados" a efectos del art. 18 del Estatuto de los
Trabajadores, el que obliga a la empresa, en el caso de despido
improcedente, a readmitir al trabajador. La empresa podrá mantener el
despido pagando de dos a seis mensualidades. En cambio el gobierno promete
700 millones de euros para aumentar el subsidio de paro (al 60% del
salario en los primeros seis meses, luego al 40% y al 30% en los dos
últimos trimestres).
Los secretarios de CISL y
UIL, Savino Pezzotta y Luigi Angeletti se declaran satisfechos del acuerdo
aunque precisan que deberán consultar con sus afiliados. El presidente de
la Confindustria, Antonio D’Amato, declaró: "Nosotros hubiéramos
querido una reforma más amplia, pero por lo menos hemos obtenido el
comienzo de la anulación de algo que aparece como una verdadera
patología italiana que distorsiona el mercado".
La intención del gobierno
ha sido recordada por el subsecretario Maurizio Sacconi: cambiar todo el
derecho del trabajo, abolir el Estatuto de los Trabajadores de 1970,
incluyendo todo en el nuevo Estatuto de los Trabajos ( y que se hable de trabajos
y no de trabajadores no es una casualidad).
Por su parte, el secretario
de la CGIL, Sergio Coferatti, ha declarado que su sindicato no aceptará
nunca modificaciones al art. 18 del Estatuto. Y que si otros sindicatos lo
hacen, la CGIL usará todas sus fuerzas para impedir la puesta en
práctica de las mismas.
Coferatti ha subrayado que
aunque el gobierno propone congelar el art. 18 sólo durante tres años
ello significa la introducción de un doble régimen de derechos, uno para
los trabajadores ya contratados y otro para los nuevos.
El efecto corrosivo de esta
división ha sido ya comprobado en los últimos años cuando —con el
acuerdo de los sindicatos— se ha dado manga ancha a las empresas en la
utilización de todo tipo de contratos basura. Han sido necesarios más de
cinco años de experiencia en las fábricas y el nuevo ambiente social que
se vive desde el verano pasado, para ver la participación masiva de esta
generación de precarios en las luchas.
Campaña de huelgas regionales
El 20 de junio la CGIL
comenzaba en Campania y en Lombardía la serie de huelgas regionales de
cuatro horas contra las modificaciones al art. 18. Durará hasta el 11 de
julio con la huelga de la Emilia Romana. Se habla de una nueva huelga
general para el otoño, pero no antes de octubre.
En algunas zonas de
Lombardía como Brescia, la FIM (sindicato del metal de la CISL) ha
convocado las huelgas locales junto con la FIOM (sindicato del Metal de la
CGIL), pero no ha llegado a convocar la huelga general regional aunque el
secretario Sandro Pasotti asegura que: "Si el artículo 18 se
modifica, nos opondremos".
Los trabajadores aprecian
la coherencia de la CGIL, están cabreados por el comportamiento de CISL y
UIL, y critican que se hayan vendido por un plato de lentejas. Las
"lentejas" son la participación de los sindicatos firmantes en
una serie de entes paraestatales en el terreno de la lucha contra el paro
y el trabajo negro, a través de los cuales el gobierno les financia.
¿Un detalle curioso? El
texto del gobierno sobre el artículo 18 recalca la propuesta de D’Alema,
el presidente de Democráticos de Izquierda (DS), cuando era presidente
del gobierno. Como ha sucedido en el ámbito de la sanidad, de la escuela
o de la precarización del empleo, Berlusconi se aprovecha del trabajo
"sucio" realizado por el gobierno del Olivo, para intentar ir
más rápido y más lejos.
Incluso hoy, la valoración
que se hace desde el Olivo, de las propuestas gubernamentales es muy
variada. Enrico Morando, de la derecha de los DS, declara: "La
valoración común de DS y Margarita es que, a falta de un aumento
importante en el seguro de paro, el art. 18 no se puede tocar". Por
su parte, la Margarita, dividida entre la necesidad de no romper
formalmente el Olivo y el apoyo sustancial a la CISL ha "suspendido
la valoración" sobre la propuesta de Berlusconi.
Veremos una importante
participación en las huelgas regionales convocadas por la CGIL pero no
será suficiente para parar al gobierno o a los dirigentes de CISL y UIL.
Para ello habría sido necesaria la convocatoria de una huelga general en
junio organizando efectivamente comités de huelga en cada centro de
trabajo, discutiendo en detalle la propuesta gubernamental, proponiendo no
sólo que no se cambie el art. 18 sino que su aplicación se extienda a
todos los trabajadores por cuenta ajena y demostrando en la práctica que
la CGIL ha aprendido de los errores de la década de pactos sociales y
está dispuesta a cambiar de política. La serie de huelgas regionales no
quitarán la iniciativa al gobierno, que el 2 de julio quiere firmar el
acuerdo con la patronal, la CISL y la UIL.
Otra cosa será el otoño,
en el ambiente social que se vive en Italia. Las medidas antiobreras de
Berlusconi, junto al estancamiento económico (se prevé un crecimiento
del PIB para el año 2002 no superior al 1,4%), y a la crisis de
importantes empresas como la Fiat (de 15.000 a 25.000 despidos en los
próximos meses, si se consideran trabajadores directos e indirectos), son
una mezcla explosiva. La actitud de enorme confianza en Coferatti, que
distinguía a la inmensa mayoría de los trabajadores en abril, dejará
paso a un comportamiento más reflexivo y más maduro, que llevará
necesariamente a una nueva capa de activistas a "mancharse las
manos" y entrar directamente en la actividad político sindical. El
proceso será largo y con altibajos, pero no se puede dudar que Berlusconi,
ya en los próximos meses tendrá de qué preocuparse.
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