Todos, absolutamente todos los periódicos
burgueses han demostrado su beligerancia contra la clase obrera y su
desprecio absoluto por los más elementales derechos democráticos como el
de huelga. Los hay como La Razón y el Abc, cuyas portadas
mucha veces son tan delirantes y reaccionarias que pierden cualquier tipo
de contacto con la realidad. Los tenemos de derechas pero aparentemente
más civilizados como El Mundo. Hasta supuestamente progresistas
como El País. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, lo cierto
es que todos tienen un punto en común: son fieles representantes de la
burguesía y necesitan engañar y desorientar a los trabajadores. De hecho
tanto la plantilla del Abc, como la de El Mundo y la de El
País votaron de forma aplastante a favor de la huelga general y aún
así todos fueron editados. Recordemos la utilización que de ello hizo
Pío Cabanillas, portavoz del Gobierno, a primera hora de la mañana del
20-J para demostrar la "normalidad" reinante.
Tanta denuncia de piquete violento cuando fueron ellos
los que violentaron a miles de trabajadores en el sector de prensa y su
distribución. En el comunicado del Comité de Empresa de El País
podemos leer que los trabajadores "reprueban la decisión de la
Empresa de haber elaborado el periódico de fecha 20 de junio de 2002, en
contra de la decisión aprobada democráticamente por la plantilla en las
asambleas generales en las que apoyó por abrumadora mayoría la jornada
de huelga general convocada contra la política de recortes de derechos
del Gobierno de José María Aznar. (...) Los lectores tienen derecho a
saber que el periódico de fecha 20 de junio de 2002 representa una
desconsideración para la inmensa mayoría de trabajadores de El País:
se trata de un número demediado (32 páginas) realizado por miembros de
la dirección, que incluso tuvo la osadía de utilizar un artículo
elaborado unos días antes por una redactora que se encontraba en
huelga".
A pesar de que de forma unánime los distribuidores de
prensa de Madrid votaron la huelga, tanto El Mundo como El País
intentaron violar también el derecho de este sector de trabajadores a la
huelga. Cada uno lo hizo a su estilo, pero la intención no deja de ser la
misma. Pedro J. Ramirez llamó a sus colegas de la Delegación de Gobierno
para que la Policía Nacional distribuyera su periódico. Y la dirección
de El País intentó hacer la distribución a través de esquiroles
que no forman parte de los ruteros habituales. Aún así la magnífica
organización de los ruteros que distribuyen la prensa en Madrid, impidió
que ningún periódico estuviera a la venta en los quioscos.
Si la burguesía y sus propagandistas de los medios de
comunicación pisotean el derecho democrático de huelga, por su parte,
los trabajadores, contando con la organización y dirección adecuada,
pueden imponer sus derechos.
La prensa obrera, independiente de la burguesía y
dependiente de los trabajadores sigue siendo tan necesaria como siempre.