Lluís Perarnau
Barcelona
En la reciente cumbre europea de Sevilla se
aprobaron una serie de propuestas que constituyen en esencia un plan de
acción policial a escala comunitaria: más medios policiales dedicados a
reprimir la inmigración "clandestina", primeros pasos hacia una
policía europea de fronteras, "fichaje" y expulsión expeditiva
de los inmigrantes "ilegales"… Así, la UE se suma, de la mano
del presidente de turno, José Mª Aznar, a la santa cruzada contra la
inmigración "ilegal" que se está llevando a cabo desde
diferentes países: Dinamarca, Italia, Gran Bretaña o el Estado español.
En realidad, las medidas no se están tomando para
evitar la inmigración "ilegal" sino que se están centrando en
reducir los derechos y precarizar la situación de los residentes
"legales". En Dinamarca, por ejemplo, lo que se ha hecho es
dificultar a los inmigrantes "legales" el acceso a la residencia
permanente, a la adquisición de la nacionalidad y al reagrupamiento
familiar. En Italia, es a los inmigrantes "legales" a los que se
les va a recortar la duración de los permisos y a los que se va a
expulsar cuando pierdan el empleo. Aquí en el Estado español, el
gobierno anuncia recortes en el derecho a la reagrupación familiar. Todas
estas medidas no tienen nada que ver con controlar los "flujos de
entrada", como dicen desde los gobiernos, sino que pretenden despojar
de todo derecho al inmigrante, manteniéndolo bajo condiciones
infrahumanas como reserva de mano de obra barata y totalmente disponible
para la explotación. Luego está esa distinción entre el inmigrante
"legal" y el "ilegal". Esa distinción debe existir en
la cabeza de los políticos burgueses y de la policía y los jueces, pero
es difícil establecerla en la realidad. Hoy tienes permiso y trabajo,
mañana puedes encontrarte sin lo uno y sin lo otro. Todavía podemos
recordar fácilmente el numerito del Sr. Fernández Miranda, secretario de
Estado de Inmigración, cuando hizo volver a un bueno número de
inmigrantes ecuatorianos a su país prometiéndoles que así podrían
volver como inmigrantes "legales" al Estado español. Ha habido
más de 30.000 solicitudes por parte de los trabajadores inmigrantes y tan
sólo… ¡tres ofertas de trabajo! Lo mismo se puede decir de los 6.000
trabajadores inmigrantes en Huelva, que se han quedado sin trabajo y
"sin papeles" después de que el gobierno se trajera a 7.500
trabajadores de Europa del Este.
En realidad, los gobiernos están actuando más en
clave electoral que otra cosa. Piensan ganar más votos hablando de
expulsar a los inmigrantes que hablando de sus derechos y su integración
social. Como la extrema derecha, están asociando inmigración a
delincuencia y hablan el mismo lenguaje: "Aquí no cabe todo el
mundo" (Aznar), "Europa está llena" (Le Pen, Fortuyn).
Están sembrando la semilla de la xenofobia y ellos serán los principales
responsables de la situación explosiva que se va a dar en un contexto de
crisis, tanto por los recortes sociales que han estado llevando a cabo
durante años, como por los mensajes envenenados que están extendiendo.
Desde los sindicatos y los partidos obreros es
imprescindible mantener una postura de clase clara, denunciando la
política de la derecha en esta cuestión y las condiciones infrahumanas a
que están sometidos los inmigrantes, como parte del sector más explotado
de la clase trabajadora.
Otra cuestión que ha aparecido en la cumbre ha sido el
intento por parte de Aznar, Blair y Berlusconi de condicionar las ayudas
al desarrollo a que los países de los que sale la inmigración acepten la
repatriación de los expulsados y colaboren en la represión de la
inmigración. Chirac ha aparecido en los medios de comunicación como el
más "humano" de la cumbre, al conseguir que no se hable de
castigos sino de medidas. En realidad, todo esto es pura retórica. La UE
presionará a los regímenes corruptos y parásitos de estos países para
lograr políticas afines a sus intereses, en éste como en los demás
temas. Pero nada de esto va a resolver la cuestión de la inmigración,
porque miles de jóvenes seguirán esperando su oportunidad para atravesar
el estrecho. Mientras en la ribera sur del Mediterráneo y el conjunto del
continente africano las tareas democráticas esenciales estén por
acometer, permitiendo una vida digna al conjunto de la población, la
inmigración es inevitable, por más barcos de guerra que envíen frente a
las pateras (como planteaba Blair hace unas semanas). Y tampoco va a ser
la ayuda al desarrollo la que vaya a garantizar un trabajo y una viviendo
dignas a la población en Marruecos o en Senegal. Esa ayuda va a parar a
compañías europeas, subvencionando sus exportaciones, o a pagar la deuda
externa contraída por los gobiernos, pero no cambia ni un ápice la
situación política ni favorece en absoluto los cambios imprescindibles
que permitan llevar a cabo una política económica realmente de
desarrollo. Esa política de desarrollo es un imposible bajo el actual
entramado de intereses económicos, donde pequeñas camarillas acaparan
los medios de producción y de riqueza del país, poniéndose al servicio
de los grandes grupos multinacionales. Así, tanto en el Magreb como en el
África subsahariana como en el Estado español, la clase trabajadora
comparte, en última instancia, el mismo objetivo, la misma lucha: la
transformación socialista de la sociedad. Es sobre este punto donde los
sindicatos y los partidos obreros debemos basar nuestra postura de clase
en el tema de la inmigración.