Michael Roberts
Existe una historia acerca de la Gran Depresión de los
años treinta. Un angustiado banquero americano decidió acabar con todo
lanzándose por una ventana desde el duodécimo piso del Banco Nacional de
Maryland en Baltimore. Cuando iba por el quinto piso se le oyó decir:
"Bueno, por el momento estoy bien".
Hasta hace unas semanas había consenso entre los
expertos económicos de EEUU y Gran Bretaña. Pero el fin de semana pasado
los periódicos venían llenos de preocupaciones con titulares como:
"El capitalismo está enfermo". Los expertos capitalistas están
asustados porque la economía estadounidense y la mundial no se recupera
como esperaban y las bolsas de todo el mundo están cayendo.
El actual ciclo económico capitalista no tiene
precedentes en todo el período de la posguerra. El gasto en inversión es
inusualmente débil y el gasto en consumo es inusualmente fuerte. Este
patrón sólo tiene un paralelo amenazador antes de la Segunda Guerra
Mundial: la economía estadounidense de 1926-29.
Hay dos características del actual ciclo económico
que sugieren que las lágrimas llegarán. La primera es el aumento masivo
de la deuda. El año pasado el ingreso nacional estadounidense creció en
179.000 millones de dólares. Las deudas, por otro lado, aumentaron en
más de dos billones de dólares, diez veces más rápido que los
ingresos.
Diecinueve millones de estadounidenses pagan ahora más
del 35% de sus ingresos por un techo bajo el que dormir. Las bancarrotas
están en el orden del día. Pocas son las personas que encuentran empleo,
el número de personas que cobra un subsidio de desempleo es el más alto
en diecinueve años.
El segundo factor que sugiere el fracaso de la
recuperación es la ausencia de beneficios. Los optimistas siguen diciendo
que mientras los estadounidenses pidan prestado y gasten, la economía
seguirá para adelante y todo marchará bien.
Aquí se encuentra la fuente del crecimiento económico
durante el primer trimestre de 2002. El PIB creció a una tasa anual del
5,8%. Según The Economist: "Ante esta cifra parece que la
economía de EEUU está recuperándose, pero debajo de la superficie, la
principal cifra de crecimiento y beneficios de EEUU es menos milagrosa. La
mayor parte del crecimiento del PIB procede de una tasa inferior de
reducción de inventarios y un gran salto en el gasto gubernamental. El
gasto en defensa ha aumentado a una tasa anual del 20%".
Pero lo más importante es el fracaso de los
beneficios, que no crecen al mismo ritmo que los gastos. Bajo el
capitalismo lo que importa son los beneficios. Los beneficios
empresariales en EEUU alcanzaron su punto más alto en el segundo
trimestre de 2000, con 518.000 millones de dólares. En el cuarto
trimestre de 2001 cayeron un 44,4%. Las empresas manufactureras ganaron
175.000 millones de dólares en el segundo trimestre de 2000. Después
cayeron un 71,2% en el cuarto trimestre del mismo año.
Los beneficios son esencialmente la parte no pagada del
valor añadido por la fuerza de trabajo. Y si los beneficios son la base
de los recursos invertibles para el futuro, entonces la ausencia crónica
de beneficios indica que EEUU está consumiendo capital, está comiendo
sus recursos. El valor, la riqueza, se están consumiendo. Los beneficios
empresariales estadounidenses han caído a su nivel más bajo en el
período de la posguerra. En los años sesenta eran un 9% del PIB. En el
punto más bajo de la recesión de 1991 cayeron al 4%. ¡Pero actualmente,
los beneficios representan menos del 3% del PIB!
El dólar a la baja
Durante unos cuantos años, durante el gran boom
tecnológico, la caída de los beneficios se ocultó con trucos contables,
pero el escándalo Enron, y ahora Worldcom, han desenmascarado todo.
Las burbujas de la nueva economía y la bolsa
estallaron con la llegada del milenio. En 2002, la burbuja de la
supremacía del dólar también está estallando. El dólar se está
debilitando frente a otras monedas en la medida que los inversores
extranjeros dejan de comprar empresas, acciones y bonos estadounidenses.
En los tres primeros meses de este año a EEUU sólo han llegado 25.000
millones de dólares. Los extranjeros poseen el 39,5% del mercado de bonos
del tesoro de EEUU y el 23,8% del mercado de bonos empresariales, dos
niveles récord. Los extranjeros también tienen el 12,7% de la Bolsa
estadounidense.
Una de las mayores fuentes de dólares eran las
empresas extranjeras que compraban empresas estadounidenses o que
establecían la producción en EEUU. En el período de 1990-95, el flujo
medio anual de dólares procedentes de Europa en concepto de fusiones y
adquisiciones, sólo era de 10.000 millones de dólares. Pero en el año
2000, los europeos invirtieron más de 600.000 millones de dólares. Sólo
con esto EEUU pudo financiar la mitad de su enorme déficit comercial.
Ahora los compradores europeos de empresas estadounidenses sólo han
invertido 7.000 millones de dólares.
¿Qué ocurrirá cuando el dólar se hunda? Stephen
Roach (Morgan Stanley) nos da una idea: "En mi opinión, el
hundimiento del dólar tendrá un impacto devastador sobre los mercados
financieros estadounidenses, que bien podría alcanzar a otros mercados de
capital de todo el mundo. El resultado sería una caída de los precios de
los activos y los bonos. Sin duda sería un golpe devastador para la
confianza del consumidor, y finalmente, sellaría el destino de la
largamente esperada consolidación del consumidor estadounidense. Los
efectos negativos también provocarían una subida de los costes de
capital y que probablemente dificultaría el gasto de capital
empresarial". En otras palabras, una caída del dólar supondría una
crisis económica global.
La clase dominante estadounidense gobierna el mundo
político y económico como un imperio. Si el pasado sirve de guía, a los
éxitos de un imperio inevitablemente le siguen derrotas humillantes. El
progreso financiero siempre se ve arrastrado por la bancarrota nacional y
la destrucción de la moneda. Un gran imperio es al mundo de la
geopolítica lo que una gran burbuja es al mundo de la economía. Parece
omnipotente desde el principio, pero finalmente es una catástrofe.
10 de junio de 2002