David Rey
La revolución cubana de 1959 ha sido uno de los
acontecimientos históricos más importantes de los últimos cincuenta
años. Durante décadas, Cuba ha sido un referente de lucha y resistencia
frente al imperialismo americano para millones de trabajadores, campesinos
pobres y jóvenes de Latinoamérica y del resto de mundo. La revolución
cubana forjó dirigentes de la talla de Che Guevara, mártir y
revolucionario, patrimonio de todos los oprimidos del mundo. Su efigie y
su espíritu combatiente se han convertido, justamente, en un estandarte
enarbolado por millones de revolucionarios en todos los rincones del
planeta.
La eliminación del capitalismo y el latifundismo y la
introducción de la economía nacionalizada y planificada, permitieron
realizar avances colosales en la sociedad cubana en terrenos como la
sanidad, la educación, la cultura, la atención a la infancia y el
mejoramiento en la situación de la mujer; a pesar de las enormes
dificultades, de la falta de recursos y del embargo comercial contra Cuba
decretado por el imperialismo americano desde hace más de cuarenta años.
Para todo marxista y obrero consciente es un deber
defender incondicionalmente las conquistas de la revolución y oponerse
por todos los medios a cualquier intento del imperialismo por socavar la
economía planificada y reinstaurar el capitalismo en Cuba. Además, dada
la innegable simpatía que la revolución cubana despierta en millones de
obreros y jóvenes de todo el mundo, la derrota de la misma sería una
formidable arma ideológica y propagandística en manos de la burguesía
para hacer ver una vez más a los trabajadores que no hay alternativa al
capitalismo, lo que tendría innegables efectos en la conciencia de las
masas.
La hipocresía del imperialismo
Los intelectuales burgueses y la prensa capitalista
siempre han insistido en señalar la ausencia de derechos y libertades
democráticas en Cuba en todos estos años.
Es evidente para cualquiera que las críticas hechas
por esta gente rebosa hipocresía por todas partes. En particular, resulta
escandalosa esa preocupación por los derechos humanos en los dirigentes
del PP, compinches de la mafia cubana asentada en Miami, y partícipes y
herederos de la dictadura franquista padecida durante cuarenta años por
las familias trabajadoras del Estado español. Ni qué decir tiene que esa
misma preocupación en boca de los presidentes de Estados Unidos y sus
acólitos en el resto del mundo apenas tienen incidencia en los
trabajadores y jóvenes con conciencia de clase de todo el mundo
¡Esta misma gente que ha apoyado y fomentado
dictaduras feroces en todos los rincones del planeta para salvaguardar los
intereses de los monopolios y las multinacionales capitalistas! ¡Los
mismos que diseñaron y perpetraron todo tipo de crímenes en las
dictaduras sangrientas de Chile, Argentina e Indonesia y llevaron la
destrucción y la miseria a Vietnam, Irak, Yugoslavia y, más
recientemente, a Afganistán! No, los trabajadores no podemos prestar el
más mínimo crédito a esta gente. Son nuestros enemigos de clase y
mañana no dudarán en intentar utilizar los mismos métodos contra
nosotros si la continuidad de su sistema se viera en peligro.
En realidad, a esta gente no le importa lo más mínimo
los derechos humanos y la democracia, ni en Cuba ni en ninguna parte del
mundo. Lo que no soportan de Cuba es la existencia de un sistema social
antagónico al capitalismo, que impide a las multinacionales de las
metrópolis imperialistas tomar el control y saquear los recursos de la
isla para engordar sus beneficios, a costa, eso sí, de hacer retroceder
50 años a la sociedad cubana y dejar una estela de miseria y penalidades
para las masas como vemos en todos los países del entorno.
La reintroducción del capitalismo en Cuba llevaría
aparejada una catástrofe gigantesca en la economía, la sociedad y la
cultura.
Pero, en el fondo, lo que más les preocupa de Cuba es
que su sistema económico y las conquistas que le son inherentes, puedan
ser en un momento dado un punto de referencia para las masas de los
países capitalistas más pobres y menos desarrollados, impulsándoles a
luchar contra el capitalismo en dichos países.
No obstante, Cuba se enfrenta a desafíos importantes y
tomar una posición correcta ante los mismos es vital para el futuro de la
revolución. Es por ello que los marxistas tenemos la obligación de
seguir atentamente la realidad cubana, estudiar y opinar sobre la misma.
Socialismo en un solo país o socialismo mundial
Los marxistas de El Militante ya hemos dejado clara
nuestra postura sobre la revolución cubana al comienzo de este artículo.
Ahora bien, para los marxistas el socialismo es algo
que hay que construir a nivel mundial, porque sólo con una planificación
democrática y armónica de los recursos y las fuerzas productivas creadas
a escala internacional se darían las premisas necesarias para asegurar
unas condiciones de vida, sociales y culturales a toda la población del
planeta superiores a las que existen en los países capitalistas más
desarrollados, para a partir de aquí elevarlas infinitamente y acabar con
el legado de barbarie y miseria que ofrece el capitalismo. De hecho, esta
es la justificación histórica del socialismo, si no ¿cuál sería?
Es nuestra obligación como marxistas decir la verdad a
los trabajadores cubanos y de todo el mundo. En este sentido, somos
discípulos de esa máxima latina que dice: "Platón es mi amigo,
pero quiero más a la verdad".
Un país aislado, aún con una economía planificada,
como ocurre en Cuba, y como ocurría en la antigua URSS, pero rodeado de
un entorno capitalista hostil, no puede sobrevivir indefinidamente.
Décadas de aislamiento y de acoso imperialista feroz provocan inevitables
distorsiones en la economía y en la conducción política que pueden
amenazar en un momento dado la continuidad del sistema. La pérdida del
horizonte de la revolución socialista mundial tiende siempre, además, a
degenerar en una estrecha visión nacionalista, con la búsqueda de
acuerdos diplomáticos imposibles con las diferentes potencias
capitalistas y el abandono de la lucha por la revolución socialista
mundial.
Por eso la única garantía para la supervivencia de la
revolución cubana reside en la revolución mundial, en extender la
revolución socialista al conjunto de Latinoamérica y, posteriormente, a
los países capitalistas más desarrollados. De esta manera el socialismo
tendría un futuro garantizado, no sólo en Cuba sino a nivel
internacional.
La naturaleza del régimen cubano
A diferencia de las revoluciones obreras clásicas, la
revolución cubana no triunfó como un movimiento insurreccional de la
clase obrera de las ciudades, sino por medio de un ejército guerrillero
compuesto por campesinos, intelectuales, obreros aislados huidos a las
montañas y estudiantes. A pesar de que el triunfo final se decidió
gracias a una huelga general en La Habana, la clase obrera cubana no fue
la fuerza dirigente de la revolución ni actuó a través de sus propios
órganos de poder obrero, como sí lo hizo en Rusia y en otras partes. La
nacionalización posterior de la mayor parte de la economía dio lugar
formalmente a la creación de un Estado obrero de una forma peculiar. A
diferencia de Rusia en 1917-1922 donde el poder descansaba en los soviets
(consejos obreros) de obreros y campesinos, el poder real en Cuba
descansaba en la estructura jerárquica del ejército guerrillero que
ocupó el espacio vacío dejado por la desaparición del Estado
capitalista. Esto fue inevitable, ante la ausencia de genuinos órganos de
poder obrero emanados de las fábricas, empresas y haciendas agrícolas. Y
éste sigue siendo el caso hoy día donde las decisiones fundamentales en
la economía y la sociedad son tomadas directamente por el Comité Central
del PC cubano. El problema es que eso crea las condiciones para la
aparición de tendencias burocráticas y diferencias sociales en las
condiciones de vida entre diferentes capas de la población, según la
posición que ocupen dentro de la sociedad.
La vinculación de los dirigentes cubanos con la URSS
estalinista les forzó a perpetuar este sistema político. Pero esta forma
de Estado no es la verdadera democracia obrera que Lenin resumió en sus
famosos cuatro puntos, extrayendo lecciones de las experiencias
revolucionarias pasadas:
-
Elegibilidad y revocabilidad inmediata de todos los
funcionarios del Estado por la población.
-
Que ningún funcionario reciba un salario superior
al salario medio de un obrero cualificado.
-
Participación de toda la población en las tareas
de administración y gestión de la economía y del estado, por
turnos.
-
No a un ejército permanente separado del pueblo.
Las armas deben permanecer en manos de la población por medio de
milicias obreras.
Es verdad que por las razones antes expuestas, por el
aislamiento de la revolución en Cuba, por la escasez de recursos en un
país tan pequeño y por la hostilidad implacable de un entorno
capitalista se hace muy difícil llevar a la práctica estas medidas, por
eso insistimos en que la única esperanza para la revolución cubana es su
extensión a escala internacional.
Es imposible construir el socialismo en un país
aislado. Si por socialismo entendemos la existencia de una sociedad donde
el desarrollo de las fuerzas productivas, del bienestar social y de la
cultura sean superiores al del país capitalista más desarrollado que
existe, entonces tenemos que reconocer que en Cuba aún no existe todavía
socialismo, como tampoco lo existía en la antigua URSS, sino un régimen
de transición al socialismo. Por otro lado, una auténtica democracia
obrera implica que los elementos de coerción y represión, lejos de
fortalecerse, deberían debilitarse hasta su desaparición final. El
socialismo es incompatible con la ausencia de derechos democráticos
básicos, como la libertad de expresión, la existencia de cualquier
organización que defienda las conquistas de la revolución y la libertad
de participar públicamente en todos los aspectos de la vida social. Y
tenemos que reconocer que todos estos elementos de democracia obrera aún
no están presentes en Cuba.
¿Quiénes son los verdaderos amigos de la revolución
cubana?
Nosotros pensamos que los dirigentes cubanos, con
Castro a la cabeza, se equivocan cuando buscan salvar el destino de la
revolución cubana confiando en alcanzar acuerdos diplomáticos con
algunos gobiernos capitalistas, aprovechando eventuales fricciones que
éstos puedan mantener con el imperialismo americano, o creando ilusiones
en la labor de personajes como Carter (ex presidente de EEUU) o el Papa,
agentes declarados del capitalismo y sus intereses. Estos mismos
"amigos" no dudarán ni un momento en apoyar a la
contrarrevolución cubana para reinstaurar el capitalismo allí cuando las
condiciones lo demanden.
Los dirigentes cubanos deberían buscar sus aliados en
la clase obrera mundial, haciendo un llamamiento a los trabajadores de
todo el mundo para que se opongan activamente a los intentos de sofocar la
economía cubana por los capitalistas y alentándoles a luchar por el
socialismo en cada país. Es verdad que los bolcheviques, en vida de Lenin,
también firmaban acuerdos comerciales y diplomáticos con las diferentes
potencias capitalistas, pero no por ello dejaban ni un momento de alentar
la revolución socialista en todos los países. La Internacional Comunista
jugaba ese papel.
Si los dirigentes cubanos actuaran como verdaderos
comunistas harían un llamamiento a la clase obrera, a la juventud y a la
base de los partidos y organizaciones comunistas y socialistas de todo el
mundo para que se organizaran dentro de los mismos bajo las ideas del
marxismo revolucionario. Al mismo tiempo, un llamamiento enérgico hecho
por ellos para promover una nueva organización internacional marxista
encontraría un eco poderoso en todas partes, y la posición de Cuba se
fortalecería, al igual que las fuerzas del marxismo revolucionario a
nivel internacional. De esta manera, la tarea de la revolución socialista
avanzaría enormemente en todos los rincones del planeta.
La situación de la economía cubana
En última instancia, la marcha de la economía es
decisiva para el futuro de la revolución cubana. No existe ningún país
en el mundo que pueda escapar al dominio aplastante que ejerce el mercado
mundial. Cuba está aprendiendo esta lección muy duramente,
particularmente tras la caída del régimen estalinista en la antigua URSS.
Tras la eliminación del capitalismo en la isla y su
paso a la órbita "soviética" la dependencia económica de Cuba
en relación a la URSS fue decisiva para el crecimiento y desarrollo de la
economía cubana. Más del 40% del comercio exterior se realizaba con la
URSS y el 80% de los intercambios se realizaban con los antiguos países
estalinistas de Europa del Este y Asia. La URSS vendía petróleo muy
barato a Cuba que ésta posteriormente revendía en parte a precios
internacionales consiguiendo así importantes divisas. Al mismo tiempo era
la URSS quien compraba la mayor parte de la producción de azúcar cubano,
principal recurso productivo de la isla.
Pero la desaparición del bloque estalinista ha tenido
consecuencias catastróficas para la economía cubana. Entre 1989 y 1993
el Producto Interior Bruto (PIB), es decir la riqueza generada en la isla,
cayó un 35 %, una cantidad asombrosa. Actualmente, Cuba sólo llega a
producir el 87% de lo que producía en 1989.
Ante la catástrofe económica, los dirigentes cubanos
lanzaron en 1991 el llamado Periodo Especial: la instauración de
una especie de "economía de guerra" para hacer frente a la
crisis, que se concretó en un descenso importante del nivel de vida de la
población, recortando gastos y estimulando la producción de bienes de
consumo para la exportación, a costa del mercado interno, para obtener el
máximo de divisas con las que comprar productos esenciales de los que
carecían.
El otro aspecto de las medidas fue abrir la economía
cubana a las inversiones extranjeras para estimular el desarrollo de las
fuerzas productivas, a diferentes niveles. En unos casos con libertad para
expatriar beneficios para estas empresas y en otros con participaciones en
proyectos conjuntos. Se liberalizó en parte el monopolio del comercio
exterior y se permitió de manera limitada a los particulares abrir sus
propios negocios, fundamentalmente orientados al turismo. La inversión
extranjera se ha centrado fundamentalmente en el turismo, aunque también
se ha dado en otros campos como la producción de níquel, siendo Cuba el
sexto productor mundial. El objetivo de estas medidas, además de reanimar
la economía es conseguir divisas en dólares, a través de los beneficios
del turismo y de impuestos al sector privado.
En Cuba funciona actualmente un sistema monetario con
dos monedas paralelas: el dólar y el peso cubano. Esto ha profundizado
las desigualdades sociales. Esto es debido a que la población que vive
del dólar puede acceder a un mercado de bienes de consumo mucho mayor que
la que vive (la inmensa mayoría) del peso cubano, teniendo en cuenta
además que un dólar americano se cambia entorno a 21 pesos cubanos.
Esto ha aumentado las contradicciones dentro de la
sociedad cubana, entre una mayoría que sufre escasez y una minoría que
vive holgadamente. Dentro de esta última capa está la pequeña
burguesía que vive del negocio privado, pero también la mayor parte del
sector dirigente del Estado cubano. Por esta razón el gobierno cubano se
ve obligado, periódicamente, a limitar las tendencias pequeñoburguesas
que se incuban dentro de la sociedad cancelando o prohibiendo el acceso a
los negocios privados, para amortiguar los choques sociales. En todo caso,
el sector estatal de la economía sigue siendo abrumador, entorno al 90%.
La dependencia de la economía cubana de los vaivenes
de la economía mundial es mayor que nunca antes en la historia. Esto hizo
que en los últimos años, desde 1997 a 2000, Cuba experimentara un
crecimiento importante, con tasas de crecimiento del PIB que superaban el
5%. Sin embargo, esta tendencia se cortó el pasado año cuando el
crecimiento económico quedó reducido a un 3%. Las perspectivas para este
año es que este estancamiento se profundice. Las causas son varias. Ha
habido una fuerte caída en la actividad turística que es la principal
rama productiva de la isla. El turismo sólo creció un 1% en 2001, y
entre enero y abril de este año ha caído un 15%. Los precios
internacionales del azúcar y el níquel también han caído, lo que ha
generado menores ingresos en divisas a la economía cubana. Actualmente,
el sector azucarero padece una fuerte crisis (3,5 millones de toneladas
producidas en 2001 frente a los cerca de 9 millones de 1989) y el gobierno
cubano ha anunciado el recorte de 100.000 empleos en este sector.
La subida del precio del petróleo está teniendo
también consecuencias fatales para la economía cubana. Cuba importa
alrededor de dos tercios de sus necesidades de crudo. Hasta el mes de
abril, la Venezuela de Chávez suministraba un tercio de las mismas a
precios sensiblemente más bajos que los que se pagaban en el mercado
mundial, permitiendo algo de respiro a la economía cubana. Pero después
del golpe fallido contra Chávez, la empresa estatal de petróleos
venezolana ha decidido sorprendentemente cortar el suministro a Cuba con
la excusa del impago de algunos suministros. Esto ha agravado más la
situación. Se calcula que cada dólar que sube el barril supone para Cuba
un gasto extra de casi 50 millones de dólares al año.
Gracias a la economía planificada el Estado
subvenciona la mayor parte de los productos de consumo básico de la
población, lo que amortigua parcialmente los efectos de la crisis. Pero
una crisis económica profunda y duradera en la economía capitalista
mundial crearía contradicciones insalvables en la economía cubana por la
falta de recursos y divisas.
Perspectivas políticas
A pesar de la propaganda capitalista, Fidel Castro
todavía goza de una importante autoridad política y moral entre la
mayoría del pueblo cubano, lo cual no quiere decir que el pueblo cubano
sea ajeno a la escasez en sus niveles de vida y a los abusos, a la asfixia
burocrática y a la corrupción que se dan en las altas esferas del
sistema político. Pero ellos comparan su situación con los países de su
entorno y son conscientes de que las conquistas de la revolución están
indisolublemente ligadas al mantenimiento de la economía nacionalizada y
planificada.
Pero a medio y largo plazo esta situación no se podrá
mantener. En particular con la desaparición de la figura de Castro, sin
la existencia de un dirigente con su misma autoridad y ascendente entre
las masas.
Las potencias capitalistas maniobrarán entre los
dirigentes cubanos para intentar abrir huecos más importantes para la
penetración de la economía capitalista; intentarán ensanchar su base de
apoyo entre la población, en particular entre aquellos sectores que viven
del dólar, para las ideas capitalistas con una masiva propaganda con
promesas imposibles de mejoras en el nivel de vida y con una alta dosis de
demagogia a favor de la "democracia". Se abrirán fisuras
inevitables entre un sector dirigente del PC cubano que apueste por
abrirse al mercado y otro sector que comprenda que el desmantelamiento de
la economía planificada conducirá al desastre. La mafia cubana de Miami
permanecerá expectante con el cuchillo entre los dientes para tomarse una
revancha después de décadas de exilio humillante. Esta situación de
incertidumbre se trasladará al conjunto de la población. Y todo ello
puede llevar incluso a una guerra civil y a la posibilidad de un triunfo
sangriento de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Consideramos equivocada la posición de aquéllos que,
desde la izquierda, intentan adormecer al pueblo cubano con frases
tranquilizadoras afirmando que en Cuba jamás entrará la
contrarrevolución capitalista. Lo mismo decían de la antigua URSS y los
países estalinistas del este de Europa.
En los próximos años la revolución cubana se
enfrentará a una encrucijada: capitalismo o socialismo, socialismo o un
retroceso a la barbarie. Corresponderá a la clase obrera cubana y a los
militantes y dirigentes verdaderamente comunistas dentro del PC cubano
dotarse de la estrategia política y organizativa para enfrentar este
desafío, luchando por cambiar las deficiencias del régimen cubano e
impulsando la revolución socialista fuera de las fronteras de la isla.