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¡Abajo el
gobierno asesino de Duhalde!
David Rey
Más 50.000 personas se manifestaron el jueves 27 por
la tarde por las calles de Buenos Aires hasta la Plaza de Mayo en protesta
contra la brutal represión policial que sufrieron miles de piqueteros
(trabajadores desempleados) la mañana del día anterior, cuando
intentaban cortar las principales rutas de acceso a la capital, exigiendo
puestos de trabajo dignos y subsidios decentes para los desocupados. Dos
jóvenes piqueteros pertenecientes al Movimiento de Trabajadores
Desocupados de las poblaciones de Guernica y Lanús, Maximiliano Costequi
y Darío Santillán, fueron cobarde y vilmente asesinados a tiros, en el
pecho uno y por la espalda el otro, a manos de la policía. Además, el
local del PC y de Izquierda Unida de Avellaneda, localidad limítrofe con
Buenos Aires donde tuvieron lugar los asesinatos, fue allanado impunemente
por la policía.
En la manifestación, la más grande celebrada en
Argentina desde el 24 de marzo pasado (aniversario del golpe militar del
76), se podía masticar un ambiente de rabia contenida, de odio intenso
contra los matones policiales y contra este gobierno que condena el pueblo
al hambre.
En las últimas semanas la reacción había comenzado a
levantar la cabeza a través de una estrategia perfectamente diseñada por
las más altas instancias del gobierno y del aparato del estado, con el
fin de amedrentar a los sectores más luchadores y combativos del
movimiento piquetero y la juventud, y con la intención de hacerse con una
cierta base social de apoyo entre la pequeña burguesía para sus planes
de "mano dura" ante el agravamiento de la situación social.
Los ataques de grupos de matones contra vecinos
participantes en diversas asambleas populares se habían incrementado,
así como la intimidación (amenazas y palizas) a los elementos más
activos de las mismas y de algunos partidos de izquierda. Hace pocas
semanas un estudiante del instituto secundario Mario Moreno, participante
en la lucha contra el boleto estudiantil (lucha que exige una rebaja
drástica de los billetes de autobuses y metro para estudiantes), fue
asaltado por tres sujetos que le grabaron en el pecho con una cuchilla
tres A, en recuerdo de la siglas de la siniestra organización fascista
Triple A, que actuó contra activistas obreros y estudiantiles en los
años 70 en Argentina. La prensa, radio y televisión más venal y
reaccionaria aullaba en los días previos a la marcha piquetera contra los
"desmanes" piqueteros, exigiendo mano dura contra ellos. El
gobierno advirtió el día antes a los cortes de ruta que utilizaría
todos los medios para impedir los mismos y que se preparaba un
"complot" por extremistas de izquierda para derribar el gobierno
de Duhalde.
Los piqueteros organizaron doce cortes diferentes en
otras tantas rutas y puentes de acceso a la capital. En ninguno se
registraron incidentes a resaltar salvo en el corte que se preparaba en el
Puente Pueyrredón, que comunica las localidades de Avellaneda y Buenos
Aires. El gobierno y la policía prepararon conscientemente una celada
contra las columnas de los piqueteros de la Coordinadora de Trabajadores
Desocupados Aníbal Verón, que agrupa mayoritariamente al movimiento
piquetero del cono urbano del sur del Gran Buenos Aires y que tenía a su
cargo el corte de este puente, y que se ha destacado por ser uno de los
sectores más combativos del movimiento piquetero.
La estrategia policial era clara: reprimir
violentamente, incluyendo muertos; introducir provocadores policiales
entre los piqueteros que arrasaran los comercios y mobiliario público de
la zona para acusarles de violencia y vandalismo, y de esta manera
presentarlos ante la opinión pública como elementos desclasados y
antisociales con los que estaría justificado utilizar el "gatillo
fácil". En la medida en que el movimiento piquetero se ha situado
por ahora como el sector de la clase obrera argentina más combativo (dado
el papel que la burocracia sindical ejerce para contener y paralizar
temporalmente a la mayor parte de los obreros de la industria y el
transporte), el gobierno perseguía darles una lección para contener y
paralizar la lucha de las organizaciones piqueteras más luchadoras
durante un tiempo y aislarlas del resto de la clase obrera. Todo ello se
llevó a la práctica, hasta en los más mínimos detalles.
Intervención policial planificada
Sin dar tiempo siquiera a iniciar el corte del Puente
Pueyrredón, la policía inició la represión con botes de humo y balas
de goma. Grupos de provocadores policiales con indumentaria piquetera se
dedicaron a arrasar todo lo que encontraban a su paso. Uno de ellos sacó
una Itaka (fusil), paró un colectivo (autobús), ordenó a la gente que
lo abandonara para luego meterle fuego. La refriega no duró más de 20
minutos, pero en el interior de la estación de tren de Avellaneda
yacían, uno junto al otro, los cadáveres de dos jóvenes piqueteros,
junto a un charco de sangre y rodeados de policías. Además hubo más de
90 heridos (7 de ellos con balas de plomo) y 160 detenidos, algunos de
ellos estaban heridos y fueron sacados a punta de fusil del hospital
Fiorito adonde habían sido llevados para tratar sus heridas.
Los mandos policiales y los portavoces del gobierno
dieron comienzo a la segunda fase del plan. Declararon en todos los medios
que las muertes fueron producto de enfrentamientos entre diferentes
sectores de piqueteros que iban armados, que los desmanes fueron
realizados también por esta gente y que la policía sólo utilizó balas
de goma en la represión.
Obviamente, esta burda farsa no convenció a nadie, y
más cuando poco después se conoció el allanamiento del local del PC e
Izquierda Unida en Avellaneda y la detención indiscriminada de piqueteros
a las puertas del Hospital Fiorito adonde habían ido a interesarse por el
estado de los heridos. De todas partes comenzó a emerger un clamor de
repulsa. Conociendo los criminales antecedentes de la policía bonaerense,
la indignación comenzó a extenderse entre trabajadores, desocupados,
jóvenes y amas de casa. La jugada le salió mal al gobierno y sus
secuaces.
El gobierno, aún más debilitado
Está claro que el gobierno calculó mal. En este
punto, los sectores más inteligentes de la clase dominante en Argentina
comprendieron que, en estos momentos, deslizarse por la represión
sangrienta y desnuda contra los piqueteros podría acarrear efectos
contraproducentes: lejos de amedrentar a la gente, llenar de más odio y
rabia a sectores crecientes de la población contra el gobierno Duhalde,
debilitando su posición.
Después de todo un día insultando y desprestigiando
la lucha piquetera, la prensa y la televisión no tuvieron más remedio
que revelar lo que decenas de testigos vieron: los asesinatos de los dos
piqueteros fueron realizados a sangre fría por el Comisario Franchetti
(que se encontraba al mando del operativo policial) y sus ayudantes. El
diario Clarín y la cadena TV Crónica, después de mantener
guardadas secretamente durante más de 24 horas las fotografías y el
vídeo que recogía el momento en que era asesinado Darío Santillán a
manos de la policía, hicieron público el material. Era un claro mensaje
de este sector de la burguesía al gobierno de que, por ahora, no eran
éstos los métodos a utilizar para reprimir a los piqueteros. Los medios
de comunicación "serios" han revelado nuevamente su carácter
de clase y sus conexiones con el gobierno.
Toda la teoría de la "conspiración" lanzada
por el gobierno se derrumbó en cuestión de segundos, dando marcha atrás
de manera vergonzosa. Ahora reconocían que la policía se había
"excedido", eso sí achacando en exclusiva la responsabilidad a
la "incompetencia" del comisario Franchetti. Duhalde, con
lágrimas de cocodrilo, habló de que la policía había cometido una
"atroz cacería".
Franchetti y cuatro de sus colaboradores han sido
detenidos y toda la cúpula de la policía de Buenos Aires ha sido
destituida o ha dimitido. Y todo está en manos de los jueces. Pero nadie
confía en la justicia burguesa argentina, recorrida por la corrupción y
su alianza con el poder político.
Las direcciones de las organizaciones sindicales
mayoritarias jugaron un papel vergonzoso. Ni la CGT "oficial" ni
la "disidente" de Moyano hicieron ningún llamamiento a los
trabajadores para oponerse a esta provocación policial, dada su abierta
colaboración con el gobierno Duhalde. Por su parte, la dirección de la
CTA convocó un paro de protesta al día siguiente de la masacre que, dada
su fuerza, sólo se sintió en trabajadores docentes, estatales y
judiciales, y se adhirió a la convocatoria de manifestación de repulsa
que organizó el Bloque Nacional Piquetero el jueves, aunque
vergonzosamente apenas si movió un dedo para hacer un llamamiento a sus
bases para que participaran en la misma, al igual que la Corriente
Clasista y Combativa (CCC). Ambas direcciones juegan en la práctica el
papel de muletas "de izquierda" del gobierno Duhalde. Aun así
la dirección de la CTA se ha visto obligada a convocar una jornada de
movilización para el miércoles 3 de julio contra la represión policial.
Los asesinatos de Darío y Maximiliano no pueden quedar
impunes. Deberán ser vengados, como otros tantos luchadores, por los
trabajadores argentinos, derribando este podrido sistema capitalista que
excarcela a banqueros y empresarios, ladrones del pueblo y responsables de
la miseria de millones de familias trabajadoras, pero que asesina a los
compañeros que exigen pan y trabajo para sus familias.
La lucha de Darío Santillán sigue viva
Tuve el privilegio de conocer personalmente a Darío
Santillán hace unos meses. Era un joven de 21 años completamente
dedicado a la causa de los oprimidos, y rebosaba una humildad, una
sencillez y una honestidad realmente conmovedoras. Recuerdo con qué
satisfacción me enseñaba los modestos pero firmes avances que los
compañeros del MTD de Lanús estaban haciendo en unos terrenos que
habían ocupado a la municipalidad meses antes, fabricando con bloques y
ladrillos, hornos de pan; mostrándome las humildes casas construidas por
ellos mismos, y sus lugares de reunión. En un terreno descampado me
señaló, orgulloso, un rincón donde pensaba hacerse su vivienda. Comimos
juntos con otros compañeros. Y me acompañó amablemente a la parada del
colectivo, donde nos despedimos.
Hoy, su cuerpo descansa en la tierra, pero las ideas
que le nutrieron desde su temprana juventud, esas ideas que hablan de
justicia social, de una sociedad libre de explotación, auténticamente
humana y solidaria; esas ideas permanecen de pie, alimentando a nuevos
luchadores y reafirmando a los que le acompañamos hasta el final del
camino.
Buenos Aires, 28 de junio de 2002
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