E l  M i l i t a n t e   Nº 1 46

Sindical....

15 enero / 7 febrero 2002


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Las trabajadoras de Viveros del Sueve vuelven al trabajo tras un mes de huelga indefinida

Mónica Iglesias
CCOO · Asturias

Estas trabajadoras habían comenzado el 15 de noviembre una huelga indefinida para exigir la dimisión del antiguo gerente de la empresa, así como la emisión de una nota por parte de la Dirección de la empresa censurando la actitud de éste. Esta postura fue tomada a raíz del descubrimiento de que estaban siendo objeto de grabaciones íntimas, mediante cámaras de vídeo instaladas en los lavabos y bajo las mesas de las oficinistas. En el número anterior de El Militante publicamos una entrevista, donde nos manifestaron su optimismo ante la lucha que se avecinaba, y su intención de ir hasta el final con este tema. La gravedad de este claro caso de acoso sexual merecía una respuesta contundente, y la actitud tomada por ellas reflejó una postura valiente y decidida. Pero los resultados obtenidos, tras mes y medio de lucha, están muy lejos de poder ser considerados una victoria. ¿A que se debe esto? Desde estas líneas trataremos de exponer las claves que, a nuestro juicio, han conducido a esta situación.

En primer lugar, creemos que estas trabajadoras han demostrado la mejor disposición que se podía exigir, teniendo en cuenta que en esta empresa no existía ningún tipo de tradición sindical, ni de organización, y que, para la mayoría, ésta era la primera vez que trataban de unirse para hacer frente a la dirección. Por tanto, su primera reacción, su determinación de lucha, son admirables.

Pero no podemos decir lo mismo de la actuación de CCOO y UGT. Desde el primer momento, en lugar de iniciar una campaña seria de propaganda sobre esta lucha, ambos sindicatos recomendaron prudencia y "calma". Se prescindió de acudir a los distintos Comités de Empresa de la comarca para solicitarles su solidaridad, se obvió la presión que podía hacerse sobre determinados Ayuntamientos con vínculos comerciales con la empresa y, lo más importante: se renunció a un plan sostenido de movilizaciones que hubieran podido preservar la unidad y la moral de todas las trabajadoras. Lejos de esto se dedicaron a interminables negociaciones con la empresa, sobre unos supuestos que eran a todas luces innegociables (la readmisión de todas las trabajadoras, la dimisión del gerente, etc), y que podían haberse conseguido en base a una amplia movilización social. En un caso como éste, muchos vecinos y trabajadores en general se habrían solidarizado con sus reivindicaciones, y el desprestigio que suponía para la empresa haber dado cobertura a un caso de acoso sexual les hubiera presionado más que cualquier argumento. Pero nada de esto se hizo, la unión inicial comenzó a resquebrajarse y las dudas y la pérdida de la confianza fueron en aumento. Con este panorama, a la empresa no le resultó difícil llegar a un acuerdo de conciliación en el que su única concesión fue ¡la readmisión de toda la plantilla, a la que habían despedido mientras se encontraban en huelga!

Tras esto, todas las trabajadoras salvo tres de ellas, a las que la empresa no quiso readmitir, se reincorporaron a sus puestos de trabajo. Casi un mes después, el resultado es el siguiente: cinco trabajadoras de baja psicológica por depresión, cambio de puesto de trabajo por otro menos cualificado a las que poseían categoría de encargadas, diversas bajas voluntarias debido a la terrible presión soportada, etc. Ahora mismo sólo tres de las veintidós trabajadoras iniciales permanecen en la empresa. En medio de esto, el antiguo gerente, que sigue acudiendo a la empresa aunque está pendiente de juicio por los hechos, se pavonea por las instalaciones soltando frases como "ahora que las gallinas han vuelto al gallinero, vuelve también el zorro".

¿Están los responsables de CCOO y UGT, orgullosos de como han conducido éste conflicto? ¿van a escudarse en que la conciliación con la empresa fue aceptada por las trabajadoras "libremente"? ¿Creen de verdad que esto no podía acabar de esta manera? Siento tener que decir que la responsabilidad de esta situación recae única y exclusivamente sobre ellos, que han demostrado una ineficacia increíble para responder a las demandas de unas trabajadoras que se dirigieron a ellos en busca de apoyo y orientación. No es la primera vez que vemos cómo la pasividad de algunos dirigentes sindicales y su falta de confianza en la fuerza de los trabajadores da al traste con una lucha que reúne todas las condiciones para ser ganada. Desde aquí sólo nos queda tratar de aprender las lecciones necesarias para que esto ocurra cada vez menos.




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