Mónica Iglesias
CCOO · Asturias
Estas trabajadoras habían comenzado el 15 de noviembre
una huelga indefinida para exigir la dimisión del antiguo gerente de la
empresa, así como la emisión de una nota por parte de la Dirección de
la empresa censurando la actitud de éste. Esta postura fue tomada a raíz
del descubrimiento de que estaban siendo objeto de grabaciones íntimas,
mediante cámaras de vídeo instaladas en los lavabos y bajo las mesas de
las oficinistas. En el número anterior de El Militante publicamos una
entrevista, donde nos manifestaron su optimismo ante la lucha que se
avecinaba, y su intención de ir hasta el final con este tema. La gravedad
de este claro caso de acoso sexual merecía una respuesta contundente, y
la actitud tomada por ellas reflejó una postura valiente y decidida. Pero
los resultados obtenidos, tras mes y medio de lucha, están muy lejos de
poder ser considerados una victoria. ¿A que se debe esto? Desde estas
líneas trataremos de exponer las claves que, a nuestro juicio, han
conducido a esta situación.
En primer lugar, creemos que estas trabajadoras han
demostrado la mejor disposición que se podía exigir, teniendo en cuenta
que en esta empresa no existía ningún tipo de tradición sindical, ni de
organización, y que, para la mayoría, ésta era la primera vez que
trataban de unirse para hacer frente a la dirección. Por tanto, su
primera reacción, su determinación de lucha, son admirables.
Pero no podemos decir lo mismo de la actuación de CCOO
y UGT. Desde el primer momento, en lugar de iniciar una campaña seria de
propaganda sobre esta lucha, ambos sindicatos recomendaron prudencia y
"calma". Se prescindió de acudir a los distintos Comités de
Empresa de la comarca para solicitarles su solidaridad, se obvió la
presión que podía hacerse sobre determinados Ayuntamientos con vínculos
comerciales con la empresa y, lo más importante: se renunció a un plan
sostenido de movilizaciones que hubieran podido preservar la unidad y la
moral de todas las trabajadoras. Lejos de esto se dedicaron a
interminables negociaciones con la empresa, sobre unos supuestos que eran
a todas luces innegociables (la readmisión de todas las trabajadoras, la
dimisión del gerente, etc), y que podían haberse conseguido en base a
una amplia movilización social. En un caso como éste, muchos vecinos y
trabajadores en general se habrían solidarizado con sus reivindicaciones,
y el desprestigio que suponía para la empresa haber dado cobertura a un
caso de acoso sexual les hubiera presionado más que cualquier argumento.
Pero nada de esto se hizo, la unión inicial comenzó a resquebrajarse y
las dudas y la pérdida de la confianza fueron en aumento. Con este
panorama, a la empresa no le resultó difícil llegar a un acuerdo de
conciliación en el que su única concesión fue ¡la readmisión de toda
la plantilla, a la que habían despedido mientras se encontraban en
huelga!
Tras esto, todas las trabajadoras salvo tres de ellas,
a las que la empresa no quiso readmitir, se reincorporaron a sus puestos
de trabajo. Casi un mes después, el resultado es el siguiente: cinco
trabajadoras de baja psicológica por depresión, cambio de puesto de
trabajo por otro menos cualificado a las que poseían categoría de
encargadas, diversas bajas voluntarias debido a la terrible presión
soportada, etc. Ahora mismo sólo tres de las veintidós trabajadoras
iniciales permanecen en la empresa. En medio de esto, el antiguo gerente,
que sigue acudiendo a la empresa aunque está pendiente de juicio por los
hechos, se pavonea por las instalaciones soltando frases como "ahora
que las gallinas han vuelto al gallinero, vuelve también el zorro".
¿Están los responsables de CCOO y UGT, orgullosos de
como han conducido éste conflicto? ¿van a escudarse en que la
conciliación con la empresa fue aceptada por las trabajadoras
"libremente"? ¿Creen de verdad que esto no podía acabar de
esta manera? Siento tener que decir que la responsabilidad de esta
situación recae única y exclusivamente sobre ellos, que han demostrado
una ineficacia increíble para responder a las demandas de unas
trabajadoras que se dirigieron a ellos en busca de apoyo y orientación.
No es la primera vez que vemos cómo la pasividad de algunos dirigentes
sindicales y su falta de confianza en la fuerza de los trabajadores da al
traste con una lucha que reúne todas las condiciones para ser ganada.
Desde aquí sólo nos queda tratar de aprender las lecciones necesarias
para que esto ocurra cada vez menos.